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26/05/2015 - 15:45

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Acoso escolar en casos de conducta suicida

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Resumen

El acoso escolar es una forma de agresiones repetidas a una persona, por lo general, indefensa, a quien se le conoce como víctima. La víctima se encuentra en un riesgo mayor que las demás personas de carecer de afecciones y emociones afectivas, hasta el punto de llegar a cometer un suicidio consumado, dado el estado de desesperación y desesperanza en el que se encuentra por el acoso escolar al cual es sometido. Por ello, se hace imperativo trabajar en la prevención del suicidio relacionado con el acoso escolar. Una de las herramientas de intervención y prevención para los docentes es reforzar en el agresor la conducta prosocial de forma asertiva, y mediar en la solución de problemas, mediante acuerdos de respeto dentro y fuera del aula.

 

Palabras clave: suicidio, bullying, acoso escolar, prevención.

 

En la literatura, al acoso escolar se le conoce también como bullying, violencia escolar, intimidación escolar o matoneo. Todos estos comparten el mismo significado: “una persona está siendo intimidada cuando está expuesta repetidamente durante un tiempo a acciones negativas por parte de uno o más estudiantes” (Olweus, 1993, p. 18). Otros autores como Ortega y Mora-Merchán (2014) entienden el acoso escolar como una “secuencia de acciones repetidas entre unos protagonistas, agresor/es y víctima, cuya relación persiste en el tiempo y desarrolla una determinada y conocida dinámica […] proceso de desigual equilibrio en el igualitario y recíproco equilibrio de relaciones interpersonales esperables entre los que tienen, formalmente, un estatus social homólogo” (p. 516). Es importante resaltar que el acoso escolar tiene tres características, las cuales se evidencian en las definiciones anteriores: debe tener un componente de agresión, y esta debe ser impartida repetidas veces, y además, la víctima suele ser indefensa, lo que hace que se presente un desbalance de poder. Así mismo, se pueden presentar diferentes tipos de agresión física, verbal, relacional o indirecta, virtual o cyberbullying; se puede presentar una de ellas, todas o una combinación de varias (Chaux, 2012).

 

+Lea: Acoso Escolar, su caracterización y modelos de intervención

 

En las víctimas de acoso escolar, las agresiones sistemáticas generan consecuencias devastadoras tanto para la víctima como para el agresor, siendo la víctima quien mayor riesgo presenta. El menor víctima de acoso escolar tiene una probabilidad alta de sufrir trastornos mentales como los del estado de ánimo (depresión), ansiedad y de la conducta alimentaria. También da muestras constantes de sentimientos de minusvalía, desesperanza, desmotivación, bajo rendimiento académico, deserción escolar, sentimientos de venganza y en los casos más graves, el suicidio consumado. En el agresor aumenta el riesgo de ser victimario de violencia de pareja y/o intrafamiliar a futuro, y está más propenso a emitir conductas delictivas durante su vida (Chaux, 2012). 

 

Uno de los estudios más importantes realizados sobre acoso escolar en América Latina y en Bogotá, Colombia, es el realizado por Chaux (2013), donde realizó dos mediciones, una en 2006 y otra en 2011, encontrando una disminución en los autoreportes de víctimas de acoso escolar. Sin embargo, este fenómeno continúa teniendo una alta prevalencia con consecuencias sumamente graves en quienes la padecen. Si bien los resultados vislumbran una disminución en la intimidación escolar, en los últimos años se ha venido presentando una nueva forma de acoso escolar, el cyberbullying y es probable que la disminución en la intimidación escolar no sea otra cosa que un cambio en la modalidad de hacer violencia escolar.

 

+Conozca la Revista Violencia escolar

 

A raíz de una situación de violencia escolar, se han reportado varios casos de suicidio consumado en menores. En Colombia, uno de los más recientes es el conocido caso del joven Sergio Urrego, quien se suicidó aparentemente por las constantes humillaciones por parte de algún personal de colegio donde estudiaba, debido a su orientación sexual (El Tiempo, 2014). Otro caso conocido a nivel mundial fue el de la joven Canadiense Amanda Todd, víctima de cyberbullying.

 

En Colombia, para 2013 se reportaron 1.810 casos de suicidio consumado, de los cuales ciento seis suicidios fueron en niños, niñas y adolescentes entre los cinco y los diecisiete años; doce de estos casos fueron por razones educativas o escolares, y siete casos se presentaron dentro de centros educativos (Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, INMLCF, 2013). La Secretaría Distrital de Salud, desde su programa Sistema de Vigilancia Epidemiológica en Conducta Suicida (SISVECOS), vigila la presencia de la conducta suicida solo en la ciudad de Bogotá. Sin embargo, a pesar de que dos autoridades y entes gubernamentales vigilen o reporten la conducta suicida, hasta la fecha no se vigila ni se tienen datos sobre los casos de conducta suicida desencadenados por violencia escolar en Colombia.

 

Se han realizado pocos estudios, sobretodo en Colombia, que den cuenta de la relación que existe entre el acoso escolar y la conducta suicida, pero de lo que sí se tiene seguridad al respecto es que el bullying, en todas sus formas, es un factor de riesgo tanto para la ideación suicida como para los intentos de suicidio y el suicidio consumado, en las víctimas e incluso en los mismos agresores. Esto lo afirma Herrejón (2014) “El bullying se confirma como un factor de riesgo importante a la hora de sufrir pensamientos suicidas en niños y jóvenes de estas situaciones” (p. 111). La exposición a las constantes muestras de agresión, violencia y malos tratos, actúa como un factor de vulnerabilidad-estrés, llevando a la víctima a un estado de sensibilidad emocional (Organización Mundial de la Salud, OMS, 2002; Lieberman y Cowan, 2011; Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, 2012).

 

Lea: Los futuros docentes ante el bullying y sus posibles repercusiones

 

Es importante entonces que tanto docentes como padres de familia estén muy pendientes de lo que sucede con sus hijos en el colegio, para así poder identificar cualquier cambio, por mínimo que sea, pero que pueda ser un indicio de que algo no anda bien y poder luego evaluar con mayor profundidad y detenimiento. Se hace necesario que los papás activen las alarmas cuando identifican algún cambio de comportamiento en el menor, en sus hábitos alimenticios, de sueño, temperamento, en el rendimiento académico, que últimamente esté más irritable, presente aislamiento social, y tenga escasas redes de apoyo sociales (Pérez, 1999). 

 

De acuerdo con el programa en prevención de la intimidación escolar de Olweus, (OBPP por sus siglas en inglés, Olweus Bullying Prevention Program), los docentes deben: a) evidenciar un interés genuino por la vida de los estudiantes y brindarles un trato positivo y cálido, sin sobrepasar los límites del respeto; b) establecer límites firmes a los comportamientos inaceptables; c) implementar constantemente consecuencias negativas (no físicas ni hostiles) cuando se quiebre alguna regla, y d) funcionar como autoridades y como ejemplo de un modelo positivo a seguir (Olweus y Limber, 2010). Así mismo, son valiosas las recomendaciones dadas por Chaux (2012). Él afirma que los docentes en el aula de clases deben identificar los agresores y trabajar con ellos en otras maneras de destacarse de forma constructiva, sensibilizar a los estudiantes y demás personal del colegio sobre la magnitud y gravedad del problema, establecer acuerdos de respeto dentro y fuera del aula de clases, fortalecer las redes de amigos y favorecer la inclusión social de los compañeros que lo requieran. De igual manera, deben ser un ejemplo a seguir, por lo tanto, es necesario guardar un comportamiento adecuado basado en la asertividad y en cualquier situación sospechosa, deberán reportar siempre el caso al orientador escolar o profesional en psicología del colegio. 

 

Finalmente, se recomienda que los padres de familia, los docentes y los mismos compañeros de estudio se conviertan en parte activa del proceso, y así siempre realizar la búsqueda, actualización, afincamiento y aplicación de estrategias para mantener bajo control y reducir ambas problemáticas relacionadas: bullying y suicido.

 

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Referencias

Chaux, E. (2012). Educación, Convivencia y Agresión Escolar. Bogotá: Ediciones Unidades. Taurus, Santillana. 
Chaux, E. (2013). Violencia escolar en Bogotá: avances y retrocesos en cinco años. Bogotá: Universidad de los Andes.
El Tiempo. (2014). Caso Sergio Urrego: ¿cómo evitar nuevas tragedias por ser gay? 9 de septiembre de 2014. 
Herrejón, B. (2014). Programas y planes de prevención de la conducta suicida. En Anseán, A. (Ed.), Suicidios. Manual de Prevención, Intervención y Postvención de la Conducta Suicida. (Cap. 5). Madrid: Fundación Salud Mental España.
Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. (2013). Comportamiento del suicidio, Colombia, 2013. Bogotá: INMLCF.
Lieberman, R. y Cowan, K. (2011). Bullying and Youth Suicide: Breaking the Connection. Principal Leadership, 12-17.
Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. (2012). Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida. España: Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Galicia, avalia-t. Consellería de Sanidad.
Olweus, D. (1993). Bullying at School: What We Know and What We Can Do. Oxford UK and Cambridge USA: Blackwell. 
Olweus, D. y Limber, S. (2010). The Olweus Bullying Prevention Program: Implementation and Evaluation over Two Decades. En Jimerson, S., Swearer, S. y Espelage, D. (Eds.), Handbook of Bullying in Schools. An international perspective. (Cap. 27). Nueva York: Routledge. 
Organización Mundial de la Salud. (2002). Multisite intervention study on suicidal Behaviours SUPRE-MISS. Ginebra: OMS.
Ortega, R. y Mora-Merchán, J. (2008). Las redes de iguales y el fenómeno del acoso escolar: explorando el esquema dominio-sumisión. Infancia y Aprendizaje, 31(4), 515-528.
Pérez, S. (1999). El suicidio, comportamiento y prevención. Revista Cubana de Medicina General Integral, 15(2), 196 – 217.

 

La autora

Carolina Carvajal Gamba: psicóloga especialista en Psicología Clínica y Autoeficacia Personal. Especialista en formación en Conducta Suicida-España. Docente de la Universidad El Bosque. Directora Asociación Red Nacional de Suicidiología Colombia (RNS Colombia).

 

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