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14/09/2015 - 09:15

Bullying y el proceso del chivo expiatorio

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Silvana Giachero
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Este artículo tiene como fin analizar la dinámica perversa del bullying, cuando queda atrapada la víctima y los cómplices silenciosos, cuando el instigador “hecha la bola andar” desatando el proceso del chivo expiatorio, el cual se retroalimenta a sí mismo. Al mismo tiempo, detallaré los síntomas que presentan las víctimas y los mitos que banalizan y naturalizan esta violencia. Destacaré la importancia del rol de los docentes, padres y psicólogos, no solo para detener este proceso sino para no caer en la victimización secundaria. El bullying no es conflicto, por esta razón, mostraré que la mediación, en estos casos, es un gravísimo error.

Palabras clave: bullying, chivo expiatorio, víctima, instigador, cómplices silenciosos, mediación.

1. Introducción 

Para que podamos entender la lógica perversa, voy a un ejemplo simple de la vida cotidiana de muchas víctimas que no se reconocen como tales: cuando una mamá le dice a su joven hija que va a salir esa noche de fiesta con sus amigas “ve hija, no te preocupes por mí, sal y diviértete, yo me quedo acá solita, aburrida, si me pasa algo yo me las arreglo”. Esa situación ambivalente donde queda atrapada la joven la deja en una situación de indefensión, donde queda atrapada la víctima de bullying. Ella no sabe si salir o quedarse, por la culpa y el miedo que siente; queda paralizada. Todo lo que haga se vuelve en su contra, porque independiente de la decisión que tome, siempre se va a sentir culpable. Esta telaraña que entreteje el perverso deja a la víctima paralizada, como Blanca Nieves cuando come la manzana envenenada, símbolo de la culpa, ni viva ni muerta, paralizada entre dos mundos.

Cuando hablamos de bullying, nos referimos a esta dinámica que implica sutilmente agredir, humillar, maltratar, burlar, aislar, dejar de lado, culpar, lastimar físicamente a un compañero/a con intención de hacerlo, en forma sistemática y repetitiva, como la gotita de agua de la tortura china. Es una violencia psicológica que se da en los centros educativos, entre pares y que tiene graves consecuencias para la víctima, ya que genera daños irreversibles con cambios permanentes en la personalidad de quienes la sufren y pueden conducirlos al suicidio como la única salida de la tortura. 

Destaco que todas estas agresiones en sí mismas y por separadas pueden no tener sentido, justamente lo que hace que sea grave y vaya erosionando el psiquismo y la autoestima. Este es el encadenamiento de los hechos, cada nuevo accionar violento dispara en el chico la memoria de los anteriores sucesos, generando un dolor grande que va invadiendo su vida y del que no tiene escapatoria por sí solo. Nada de lo que él haga va a cambiar o frenar esta violencia, siempre deben actuar los adultos, porque hay una relación asimétrica, pues el hostigador asume el poder y controla a sus cómplices.

2. No hay un perfil de víctima 

Cualquier niño o joven puede ser víctima de acoso psicológico, la timidez, la baja autoestima, el aislamiento, la autoexclusión y la hiperactividad son algunas de las consecuencias del hostigamiento. Durante el proceso de victimización, estos actos son los que se van a usar para seguir hostigando, acusando a la víctima de “ser rara”, “algo habrá hecho”, haciéndola una supuesta merecedora del castigo que recibe. Esto es lo que llamamos error básico de atribución. El querer buscar el problema en la víctima es desconocer la dinámica perversa del bullying. Algo que tienen en común las víctimas es que en algún momento se convierten en una amenaza para un hostigador.

3. El chivo expiatorio 

Para que este proceso comience a funcionar, un instigador “hecha la bola a andar”. Hay un incidente que desata este proceso: el efecto señal. En la mayoría de los casos, se da en el aula frente al docente e incluso puede ser el mismo docente quien inicie el problema, por ejemplo, cuando se burla del alumno por algún motivo, o lo deja en evidencia por algo, o hace un chiste sobre su persona. Cuando es otro chico el instigador, el motivo puede ser cualquiera, como, por ejemplo, celos, envidia, no tolera que sea diferente o exitoso en algún área escolar, o solo por gusto.

En esta etapa inicial, la violencia es uno a uno, es periférica, es decir, no involucra al resto del grupo y lo que observamos en el niño es una respuesta de temor y por lo general, responden con perfil bajo, viendo que nadie hace nada para sancionar y prohibir esa primera conducta de hostigamiento.

Pero este proceso continúa, por efecto de la mimetización, se empiezan a sumar otros chicos, y entre todos persiguen y hostigan a la víctima con la excusa de que la víctima es “rara, está loca, algo habrá hecho” o para que no se lo hagan a ellos, los niños suelen decir “antes de que me lo hagan a mí, lo hago yo”. De esta manera, se va dando el proceso de victimización, de satanización de la víctima. En este punto, ella se va enfermando, desgastando psicológicamente y comienzan a aparecer los primeros síntomas psicológicos y físicos que más adelante detallaré. Todo aquel chico que intente proteger a la víctima o defenderla también se convertirá en víctima, por eso vamos viendo cómo esta espiral va camino a aniquilar, destruir y expulsar al chivo expiatorio.

El chivo expiatorio es el “mejor amigo del hombre”, porque gracias a él todo el grupo se libera de todas las culpas y de todos sus males, ya que es él quien pasa a ser el causante de todo e incluso del castigo que le infringen.

En esta fase de estigmatización, de todos contra uno, la víctima ya se encuentra paralizada, con indefensión aprendida y va a hacer todo lo posible para evitar ir al lugar donde es torturada. Pero justamente porque comienza a tener los primeros síntomas es llevada, en algunos casos, al psiquiatra y psicólogo, que si son ignorantes en la materia, le van a dar el tiro en la nuca que le faltaba con errados diagnósticos, como por ejemplo: tiene problemas de adaptación (pues si no se adapta a que le maltraten), padece de fobia, o de crisis de ansiedad, o síndrome de hiperactividad, o lo que es peor, es depresivo o sufre de paranoia. Este proceso de victimización secundaria no hace nada más que fortalecer el proceso del chivo expiatorio, ya que todos se van a quedar tranquilos al confirmar que el problema lo tiene la víctima.

Ya en la fase final del acoso, que son el 10 % de los casos, son la punta del iceberg que vemos, ya que antes muchos se fueron del colegio, se enfermaron y abandonaron los estudios, o peor se suicidaron. Allí nos encontramos con que todos están en contra de uno, la unanimidad persecutoria, la exclusión y la autoexclusión causan daños irreversibles para el resto de la vida de la víctima. Creen que “muerto el perro, se acabó la rabia”, gravísimo error, ya que el instigador-hostigador sigue en el centro de estudios sin atención y con total impunidad, y va a ir por otra víctima.

Este proceso de victimización se da más fácilmente en aquellos grupos donde reina el caos y la autoridad está desdibujada y recrudece peligrosamente si llega a las redes sociales. El efecto es desbastador para la víctima, ya que con el ciberbullying se viraliza en pocas horas, se extiende a toda la sociedad y el chico víctima ya no tiene salida.

4. Síntomas de las víctimas de bullying 

 Cambios de humor.

 Retraimiento, aislamiento, timidez, no quieren ir a cumpleaños o salidas extraescolares, no invitan amigos a su casa.

 No miran a los ojos, se encorva como consecuencia de las humillaciones de que es objeto.

 Llora por cualquier cosa, se pone triste constantemente. 

 Sufre dolores abdominales y de cabeza frecuentes. Utiliza esta excusa para faltar al colegio. 

 Presenta trastornos del sueño, (se despiertan a la madrugada, tienen pesadillas, padecen de insomnio, o quiere dormir más que antes, o los escuchamos gritar, entre sueños, déjame, ándate, suéltame).

 Sufre de síndrome del domingo por la tarde. Se enferma porque no quiere ir al colegio.

 Comienzan a perder útiles, cuadernos, aparecen útiles rotos en la mochila, o la mochila dañada, golpes y arañazos en su cuerpo, de los cuales no sabe dar explicación. No quieren hablar del colegio ni de sus compañeros y se quejan de que lo cargan o le toman el pelo. 

 Empiezan a tartamudear o presentan algún tic. 

 Tienen flashback: reviven durante el día y la noche los acontecimientos traumáticos. 

 Se vuelven agresivos con hermanos o mascotas. Se orinan en la cama.

 Piden dinero o empiezan a hurtarlo.

 Diagnóstico diferencial: Síndrome de Estrés Postraumático (hipervigilancia, agotamiento psicológico, flashback, pérdida de atención y de la memoria a corto plazo, disociación, crisis de pánico).

5. Síntomas que pueden ser visibles por los docentes 

 Sale solo de la clase frecuentemente, no se reúne con otros para hacer trabajos. Se aísla, prefiere trabajar solo.

 Empieza a faltar a clase.

 Le da vergüenza o se pone muy nervioso al intervenir en clase, o deja de intervenir. Sus compañeros se ríen de él cuando participa.

 Comienza a bajar las notas. 

 Casi siempre llega con el tiempo justo y evita encontrarse con los compañeros. Sale, frecuentemente, él primero de la clase o se queda en la clase. Pide ir al baño en hora de clase habitualmente (no quiere ir en el recreo porque es justamente donde se puede estar dando el acoso). No quiere ir a las clases de educación física ni a actividades extras. 

 No participa de salidas extraescolares, siempre tiene alguna excusa o se enferma.

 Busca estar cerca de un docente en el recreo 

 Tienen reacciones explosivas frente a hechos menores.

 Les cuesta concentrarse en la tarea. 

 Corporalmente se lo ve “encogido” como que quiere no ser visto.

 Ninguno de estos signos aislados son bullying, lo que deben hacer los docentes es estar atentos y no banalizar, minimizar las conductas de burla hacia un alumno por parte de otros e intervenir inmediatamente protegiendo a la víctima y sancionando a los hostigadores.

6. Mitos y verdades: a trabajar en clase 

El acoso escolar no son más que bromas y burlas 

Falso. El bullying es mucho más que simples burlas. Aunque muchos acosadores y acosadoras se burlan de sus víctimas, otros y otras recurren a la violencia, a la intimidación y a otras tácticas. Las bromas son divertidas si todos se ríen. Cuando alguien sufre, no. El acoso siempre es doloroso.

Hay personas que merecen que las acosen

Falso. Nadie es merecedor ni merecedora de acoso. Esa es la excusa que tienen los buleros y buleras para justificarse.

Los buleros son siempre varones 

Falso. También pueden ser acosadoras (principalmente en su forma de exclusión social).

Los que se quejan de los buleros son unos maricones 

Falso. Quienes se quejan de los acosos que reciben no hacen más que ejercer su derecho a no recibirlos. Son más maduros que quienes los acosan.

El bullying es una parte normal del proceso de crecimiento 

Falso. Que se burlen de una persona, se metan con ella, la manipulen, la amenacen, la acosen, la insulten, le hagan daño y abusen de ella; no es normal ni necesario.

Los acosadores desaparecen si se los ignora 

Verdadero y falso. Puede que algunos sí, pero otros se van a enojar aún más y van a seguir acosando hasta que consigan la reacción deseada.

Los buleros se meten con otra persona porque tienen baja la autoestima 

Falso. Algunos de ellos tienen la autoestima muy alta. Están satisfechos de sí mismos y el hecho de molestar a otros los hace sentirse aún mejor. El bullying, en la mayor parte de los casos, no tiene que ver con una mayor o una menor autoestima, sino con el hecho de tener poder sobre otras personas.

Decirle a un adulto que te están acosando es de delatores

Falso. Avisar a una persona adulta que pueda ayudarte a hacer algo para terminar con el acoso es una acción inteligente. También si avisas que están acosando a otra persona.

La mejor manera de enfrentar a un acosador es peleándose o intentando “devolvérsela” 

Falso. Si peleas con un bulero, puedes hacerte daño (y hacérselo a otras personas). Además podrías verte metido en problemas por estar involucrado en una pelea. Si intentas pagar al acosador o la acosadora con la misma moneda, te pondrás a su altura. Además, el bulero podría redoblar la apuesta y siempre sería peor. Sea como sea, pelearse empeoraría las cosas.

Tal vez las personas que son objeto de acoso sientan algo de dolor durante un tiempo, pero terminan superándolo

Falso. El acoso sigue doliendo aún transcurrido mucho tiempo. Algunos chicos y chicas dejan la escuela por culpa del bullying. Algunos alcanzan tal nivel de tristeza, desesperación, miedo y desesperanza que se enferman. Muchos adultos recuerdan episodios de acoso de su infancia. No se supera así nomás (www.libresdebullying.com.ar).

7. Lo que no se debe hacer 

El bullying no es un conflicto, por lo tanto, es inadmisible que se busque mediar, ya que estamos frente a una situación de abuso de violencia. Por lo cual, nunca se puede juntar a las dos partes. Para que se pueda entender mejor, llevemos esto a la violencia doméstica, y busquemos mediar: le decimos al hostigador que solo le puede pegar a su víctima los días pares de la semana y los impares le deje en paz. En situaciones de violencia, mediar es ponerse del lado del victimario y crucificar a la víctima. Por ese frente, a la duda, más vale activar el protocolo de acoso, ya que si estamos frente a un conflicto nos daremos cuenta con las entrevistas individuales, pero si actuamos mediando porque creemos que es un conflicto y es acoso escolar, vamos a ayudar a terminar de destruir a la víctima.

Otra cosa que no se debe hacer es culpar a la víctima, enviarla a ella al psicólogo o hacerle una evaluación. Frente a la duda, se debe evaluar a víctima y victimario y a todo el grupo, así como al docente a cargo, y si la mayoría o todos están contra la víctima, así como hay quienes dicen no ver, no meterse, será clarísimo ver el proceso de victimización del chivo expiatorio. Y nunca mirar para el costado. Siempre que haya una sospecha hay que actuar y el primer paso es proteger a la víctima. El acoso escolar es abuso, es un delito, y si no se actúa, se es cómplice. 

Referencias

Iñaki, P. (2007). Mobbing Escolar. Ed.: CEAC 

Inaki, P. & Oñate, A. (2010). Educar para contarlo. Recuperado de: Amazon.es

Girard, R. (1986). El chivo expiatorio. Editorial Anagrama. 

Mark, A. (2010). Œdipe mimétique, París: L'Herne.  I Congreso Internacional de mobbing y bullying, mayo 2013 Uruguay 

 

La autora es licenciada en sicología, Uruguay. Creadora y presidenta del I Congreso Internacional de mobbing y bullying.

 

Tomado de: la Revista Internacional Magisterio No. 73: Violencia escolar

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