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19/11/2015 - 04:00

Competencias afectivas y auto conocimiento

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Miguel de Zubiría Samper
,

Seis preguntas iniciales

Hablaremos de competencias afectivas, entonces, comencemos por nosotros mismos. Le formulo cuatro preguntas un tanto íntimas; la ventaja es que solo usted conocerá las respuestas, las suyas propias. Le pido, eso sí, por favor, que las examine a conciencia, les destine su tiempo… y, en adelante, más, ¡mucho más!

1. ¿Tiene la mejor pareja? ¿Lo es usted?

2. ¿Desempeña el mejor trabajo?

3. ¿Sus variadas relaciones interpersonales son gratas y fluidas?

4. ¿Destina mucho tiempo libre para sus quehaceres personales? ¿Al menos, tiene un hobby intenso y muy exigente?

Seguramente, tales preguntas nunca se las formulará a ningún estudiante ningún profesor, ni siquiera el orientador o el psicólogo escolar, durante las 11.000 horas que transcurra en el colegio, y tampoco en las 5.000 ó 7.000 restantes de la universidad. 

Primera fuerte conclusión provisional: La educación se ocupa de todo, ¡menos de lo importante!

Las anteriores cuatro cuestiones no son cualesquiera; aparentan ser interrogantes comunes, sin serlo, para nada. ¡Bien pueden constituir los cuatro temas centrales de la existencia humana! No exagero, repáselas una vez más, son necesarias para lo que sigue. Súmele dos temas adicionales:

 ¿Conoce no menos de 15 cualidades suyas relevantes?

 ¿Tiene claros –y por escrito– sus cuatro proyectos de vida?

En mis seminarios en los que se desarrolla el Programa SÓCRATES, las respuestas son pobres o pobrísimas sobre estos dos nuevos temas fundamentales. Y no formuladas por cualquier persona, sino por dos grupos de profesionales, cuyo quehacer versa sobre lo humano, por promover el desarrollo humano de los niños y jóvenes. Me refiero a los profesores y a los psicólogos. 

Tampoco los jóvenes, ni de bachillerato ni de universidad, responden mejor; sus auto conocimientos son más pobres, vagos, difusos. ¿Por qué habrían de hacerlo?

En este asunto yo tengo una ventaja sobre usted. Mis aprehendices existenciales y yo hemos llegado en solo ocho sesiones a conocer nuestras principales cualidades. Yo conozco 19 mías, precisamente las que me han salvado de un completa tragedia existencial –ahora lo comprendo– a causa de mis graves nueve defectos personales.Tal vez sea la única ventaja mía sobre usted: la precisión de mi auto conocimiento. Permitido por el reciente y genial campo de investigación mundial del desarrollo afectivo, nuestro único tema en este artículo… polémico e interesante, sobre todo con importantes aplicaciones para usted y sus estudiantes. 

De estas nueve cualidades elija tres para su hijo

No es que nos interesen nuestros sentimientos, es que los sentimientos son los órganos con los que percibimos lo interesante, lo que nos afecta. Todo lo demás resulta indiferente.

José Antonio Marina

Qué gran distancia existe entre el filósofo Marina, con su afirmación de que “…los sentimientos son los órganos con los que percibimos lo interesante, lo que nos afecta. Todo lo demás resulta indiferente” y el Ministerio de Educación Nacional, para el cual ¡lo único importante es todo lo demás, lo otro! 

Nunca nosotros, ni los otros, mis compañeros y amigos: ni ellos, ni yo hacemos parte de las materias duras e importantes. Los sentimientos… esos órganos que perciben lo que nos afecta… ahora abordados timidísimamente con el área transversal de competencias ciudadanas.

Sin más preámbulos, una sorprendente pregunta: ¿Usted es un papá de qué siglo? ¿Cómo lo sé? Fácil, mediante los resultados de un sencillo ejercicio socrático. Por favor, elija de nueve cualidades, las 3 que considera serían más importante para su hijo o hija. Si no los tiene, ¡imagíneselos! Tres cualidades de cualquier reglón. 

Talentoso en matemáticas / Talentoso en ciencias y tecnología / Talentoso en 

sociales. 

Brillante / creativo / excelente lector. 

Buen amigo / Optimista / Buen amante.

En unos momentos le daré las respuestas dadas hoy por la psicología positiva, ocupada en estudiar las cualidades humanas, nuestras virtudes; no los defectos, como fue la tradición del siglo pasado. 

Tesis: Ningún conocimiento supera al auto conocimiento 

… el héroe no es tanto quien sabe lo que quiere, como quien quiere lo que sabe.

Fernando Savater (2000)

La anotación de Savater es aguda. Me imagino que nos permitiría agregarle algo como: Por supuesto que el auto conocimiento –que comenzamos a estudiar– es importante, necesario para arribar a algún puerto futuro, de lo que se trata toda la existencia humana. Si bien, al auto conocimiento le falta un segundo ingrediente decisivo: querer alcanzar esas metas, amarlas… y de paso ¡quererse!

Ante la importancia crucial del auto conocimiento, el sistema educativo está patas arriba. Los actuales estudiantes saben mucho de lo otro, muy poco de los otros, y prácticamente nada de ellos mismos. Mientras que lo que llevamos hasta aquí sugiere que debería ser exactamente al revés: saber demasiado de ellos mismos, mucho de los otros, y algo de lo otro. 

No ocurre así porque esta novedosísima postura humanista requiere romper con el pasado de la vieja educación industrial, que parece invencible y resistida a morir. Educación industrial cuyo centro es el intelecto, el conocimiento, los estándares curriculares cognitivos. Las viejas asignaturas, la fatal tesis de Comenio, su fundador, de ¡Hay que enseñarles todo!

Tesis de los siglos pasados que no captan que siempre el intelecto es el esclavo. Lo es y siempre lo será. La vida humana la rigen siempre mecanismos afectivos, no cognitivos; mecanismos que operan al orientar nuestros pasos, metas, anhelos, magistralmente puntualizados por José Antonio Marina cuando afirma: “Afortunadamente, tenemos, tres modos de orientar nuestros pasos. Primero, las sensaciones de placer y dolor. En segundo lugar, los deseos, las ganas. Por último, los sentimientos. Sin estas experiencias, que revelan un mundo hosco o amable, cálido o gélido, no sabría cómo obrar”.

Sin embargo, los estudiantes actuales le destinan más tiempo a los números fraccionarios, ¡demasiado!, a las células eucariotas, y a los virreyes, que a los otros, y, prácticamente, nada a estudiarse a ellos mismos. Recuerdo algún brillante alumno de nueve años cuando durante el recreo se me acercó, y sin mayor preámbulo me dijo –y se retiró sin esperar réplica alguna–: “Profesor Miguel, aunque usted diga lo contrario, en este colegio nosotros no somos tema de ninguna clase. Nunca ningún profesor me ha pedido decir nada de mí, ni a mis compañeros”. 

Y tenía toda la razón. Fue mi primer baldado de agua fría sobre mis creencias entonces apuntadas a las operaciones e instrumentos de conocimiento, como si fuesen lo central de la existencia humana. Hoy las pienso en segunda importancia. Importantes, sin duda; aunque incomparablemente menos que el auto conocimiento y el conocimiento de los otros, ¡y ni qué decir, de las otras!

Hecha la advertencia previa, retomemos el ejercicio de elegir de nueve tres cualidades para su hijo. Vamos con las respuestas del siglo XXI. La clasificación depende de la ideología y los ideales educativos de cada siglo. 

Si eligió cualidades de la serie uno ¡es usted un papá de siglo XIX, y comparte los ideales del Ministerio de Educación! Si eligió cualidades de la serie dos es un papá de siglo pasado, y comparte los ideales de las pedagogías de entonces; ¡si bien todavía inaplicables a los quehaceres reales del aula! Claro que importa que su hijo sea brillante, creativo o excelente lector. Nadie lo duda, son valiosas cualidades intelectuales. Solo que, ante cualidades afectivas como ser buen amigo, optimista o sobresaliente amante, aquellas palidecen. Debimos esperar hasta los estudios de la psicología positiva para redescubrir qué es lo primero para llevar una vida de óptima calidad, y saber qué es lo segundo.

Fase cognitiva

Sin embargo, se me ocurrió que ser desdichado era fácil, en realidad, era la manera más fácil de hacer las cosas; no exigía valor, esfuerzo ni grandeza. Cualquiera podía serlo. La verdadera realización, comprendí a una temprana edad, era luchar por ser feliz.

Dennis Prager

¿Qué es la felicidad?

Por supuesto, que ser desdichado es más fácil. Como lo es ser un pobre jugador de fútbol, a diferencia de uno talentoso. Este requiere amor, aptitudes, prácticas de miles de horas. Igual ocurre con la felicidad. 

Comencé por interrogar, disculpe mi osadía, cuestiones íntimas suyas.

 ¿Tiene la mejor pareja? ¿Lo es usted?

 ¿Desempeña el mejor trabajo?

 ¿Sus variadas sus relaciones interpersonales son gratas y fluidas?

 ¿Destina mucho tiempo libre para sus quehaceres personales? ¿Al menos, tiene un hobby intenso y muy exigente?

Para nada estos temas son casuales. Por lo que hoy sabemos de psicología de la felicidad –que es mucho, luego de 30 años de prolíficas investigaciones adelantadas en más de 120 países– cada cuestión define una fuente principal de bienestar subjetivo y prolongado o felicidad.

La felicidad como bienestar subjetivo

La primera distinción, casi obvia, aunque su comprobación científica requirió muchos estudios, es que difieren radicalmente la felicidad y los placeres –o momentos de alegría, júbilo, aún de éxtasis–. 

La razón neuropsicológica es precisa: los placeres y los momentos gratos solo producen endorfinas cerebrales, y estas sustancias –he aquí su limitación– poseen escasa resonancia temporal: una vez causan su gratísimo efecto este desaparece. Dura lo que dura el placer de saborear un exquisito chocolate. Obligando a “…distinguir la felicidad momentánea, del nivel de felicidad duradera (la que importa). La felicidad momentánea puede aumentarse fácilmente mediante distintos medios, como comer chocolate”. O muchos otros bien conocidos por usted.

La química de los placeres difiere radicalmente de la química de las satisfacciones, pero también los sentimientos psicológicos asociados con cada uno. Cada grato momento crea disfrutes, mas no bienestar subjetivo, con uno mismo, ni con la existencia, ni con los otros, ni los más próximos. No crean satisfacciones. Tal es la cuestión central que los diferencia, por ser la felicidad un estado plácido de bien-estar subjetivo. 

E igual la felicidad difiere por completo de la diversión. Aunque muchos padres actuales creen que porque le facilitan todo tipo de diversiones a sus pequeños y no tan pequeños, esto les causa felicidad, y no ocurre así. Química y psicológicamente difieren por completo. 

“El primer tipo de diversión es la simple entretención, como ir al parque de diversiones, asistir a un evento deportivo, ir al cine o ver televisión. Si bien, todas estas actividades son divertidas, ninguna de ellas proporciona la felicidad”. 

Sorprende que, siendo la felicidad el tema central de la existencia, se requirió un siglo completo, el pasado, para entender que no lo es el intelecto, y menos la inteligencia los responsables de este maravilloso sentimiento de bien-estar subjetivo perdurable. 

Gran parte de la culpa la tienen los ministerios de educación, con su empeño obstinado en enseñar a sus estudiantes todo, y no solo lo esencial. Y también, ni qué decir, la psicología negativa, de los trastornos, los desórdenes, las patologías. Su predominio fue tal que “Por cada cien artículos especializados sobre la tristeza, solo se publica uno sobre la felicidad”.

Menos mal la escena ha comenzado a cambiar para la psicología, y espero que pronto para la educación y la pedagogía. 

La felicidad como bienestar subjetivo prolongado

El primer paso debería impartir clases obligatorias en la escuela, para educar sobre la enorme tarea y responsabilidad que implica criar a un niño.

Antón Makarenko

Lo central es la duración y perdurabilidad de ese bien-estar subjetivo,

1. bien-estar con uno mismo

2. bien-estar con la existencia

3. bien-estar con los otros

4. bien-estar especialmente los más cercanos 

Cualidades muy poco que ver, prácticamente nada, con la riqueza material, como tantos piensan. Un interesante artículo del Wall Street Journal sobre millonarios norteamericanos que no habían heredado su fortuna, sino que la fabricaron con sus propios brazos, descubrió algo magnífico: “…la característica que todos compartían era el autocontrol”. O sea, una competencia intra personal.

Un creativo economista agrega: “Una cosa está clara, y es que, una vez garantizado un salario de supervivencia, hacer a la gente más feliz no es una tarea fácil”.

La síntesis más escueta de este encantador tema es que ser feliz o alcanzar un alto y perdurable bien-estar subjetivo requiere pocas condiciones esenciales: “Los factores que más destacan son siete: nuestras relaciones familiares, nuestra situación financiera, nuestro trabajo, nuestra comunidad y amigos, nuestra salud, nuestra libertad personal y nuestros valores personales. Salvo en el caso de la salud y los ingresos, todos ellos están relacionados con la calidad de nuestras relaciones”.

Más claro no canta un gallo…si lo sabemos escuchar. 

Para poca fortuna de quienes hemos destinado tantos años a la educación, ¡en mi caso cuarenta!, ese bienestar subjetivo prolongado tiene poco que ver con la educación recibida por nuestros niños y jóvenes. El pionero de la psicología positiva Martin Seligman puntualiza esta desconcertante constatación: 

“Aunque el nivel de estudios sea un medio para obtener mayores ingresos, no es un instrumento para ser más feliz, con excepción y solo de manera leve, entre personas con ingresos bajos. La inteligencia tampoco influye demasiado en la felicidad”.

Acabo de mencionar dos de las decenas de falsas creencias que se tienen sobre qué produce felicidad. 

Fase expresiva

Auto evaluación 

Un escalador puede estar a punto de congelarse, totalmente exhausto, correr el peligro de caer por una grieta sin fondo, pero no cambiaría ese sitio por ningún otro. Dar sorbos a un coctel puede resultar exquisito, pero no es comparable a la exultación que siente en ese risco helado

Martin Seligman.

Con Ortega y Gasset, cada uno somos dos ingredientes definitivos: 

1) nosotros mismos 

2) nuestras circunstancias, asumidas por la psicología afectiva más que como el lugar de vivienda o los ingresos, nuestros vínculos. 

¿Y nosotros mismos, qué venimos a ser? ¡Nuestras cualidades!, adquiridas durante la nuestra larga travesía por el mundo, con el concurso definitivo de nuestra madre, padre, muchos hermanos, vecinos, compañeros, algún profesor, amigos, amigas… y de allí en adelante del conjunto de tutores afectivos… cada vez más escasos. 

Veamos un breve ejemplo de algunas posibles cualidades intra personales suyas. Intente responder una a una, a conciencia, y luego, lo mejor es consultarlas con un amigo, mejor amiga, novia o su pareja. Si coinciden y aparece en el extremo derecho, es candidata a posible cualidad humana, o grave defecto intra personal, al lado derecho. 

 

                     Poco  Sí   Mucho                                      

Apasionado _____ _____ _____

Persistente _____ _____ _____ 

Emprendedor   _____ _____ _____ 

Comprometido _____ _____ _____ 

Valiente _____ _____ _____ 

Calmado _____ _____ _____ 

Feliz _____ _____ _____ 

Maduro _____ _____ _____ 

Auto crítico _____ _____ _____ 

Humilde _____ _____ _____ 

 

              Nada Algo   Sí

Pasivo _____ _____ _____

Despreocupado _____ _____ _____

Pesimista _____ _____ _____

Deprimido _____ _____ _____

Creído _____ _____ _____

Indeciso _____ _____ _____

Impresionable _____ _____ _____

Inestable _____ _____ _____

Irritable _____ _____ _____

Híper activo _____ _____ _____

                  

¿Qué hacer?

Saber lo que pasa en mi vida y en mi calle es más importante que saber lo que ocurre en el corazón de Venus (el planeta)

José Antonio Marina.

Concuerdo completamente con el filósofo, si bien los ministerios de educación piensan al revés: que a nuestros jóvenes les es más importante conocer el corazón del planeta Venus, la materia física, en lugar de la materia auto conocimiento ¡inexistente! Qué grave equivocación. 

Tales son los tres grandes propósitos del ambicioso programa SÓCRATES. Permitir a los jóvenes de bachillerato descubrir:

1. Sus mayores aptitudes y motivaciones intelectuales, sus mejores aptitudes y motivaciones profesionales para, con este saber, definir su mejor rol laboral, el más satisfactorio. 

2. Un detallado perfil de sus vínculos y cualidades humanas. 

3. Sus cuatro hojas de ruta bien apuntadas hacia los cuatro puertos centrales de la existencia. Sus proyectos de vida.Sí, es un programa muy ambicioso, como su nombre.

Conclusión personal

 ¿Vive con la mejor pareja? ¿Lo es usted?

 ¿Desempeña el mejor trabajo?

 ¿Sus variadas relaciones interpersonales son gratas y fluidas?

 ¿Destina mucho tiempo libre para sus quehaceres personales? ¿Al menos tiene un hobby intenso y muy exigente?

 ¿Conoce, al menos, 15 cualidades suyas personales relevantes?

 ¿Tiene claros –y por escrito– sus cuatro proyectos? 

No son cualesquiera, son los temas fundamentales, imprescindibles del existir humano, relativos a las competencias propias del desarrollo humano… hasta ahora, la cara oculta opacada por el intelecto.

Tomado de: Revista Internacional Magisterio No. 59: Competencias afectivas

Comentarios

Es esencial... que cada día ...en nuestra aulas y en sus primeros minutos enseñemos a los niñ@s el valor de la vida...ante un Dios único (sea Yave, Jehova,Jesucristo,Espiritú Santo,-buda-Ala-...) o cual fuere su Fe religiosa. El agradecimiento sintoniza al niño con su presente en excelencia para sus actividades...¡ahora! si que la INTELIGENCIA EMOCIONAL brille en nuestras aulas. Firma, Geovanny Manuel Avila Perilla Normalista Superior

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