Tópicos

24/05/2016 - 10:30

Publicado en

Publicado en: 

De las discretas adversidades y vericuetos del liderazgo educativo en Colombia

Entrevista con Francisco Cajiao

0 comentarios

Sandra Patricia Ordóñez Castro
,

Institucionalidad, transformación del sistema educativo y de la perspectiva cultural sobre la educación, tales son las grandes dimensiones sobre las cuales se funda la posibilidad de un liderazgo históricamente pertinente, capaz de potenciar desde la educación la construcción de futuros concertados.

 ¿Cuáles son desde su perspectiva las dimensiones humanas fundamentales que habría que tener en cuenta para poder hablar de “liderazgo”?

Creo que hay por lo menos tres cosas: la primera es conocimiento, es muy difícil tener un liderazgo legítimo, auténtico, honesto, si uno no tiene conocimiento del entorno en el que se mueve; la segunda es el reconocimiento de la propia actuación en el sistema, porque puede haber quien aún teniendo el conocimiento, se haya mantenido siempre como viendo los toros desde la barrera, y entonces no tiene legitimidad en el sentido de habérsele medido a la solución de los grandes problemas que caracterizan ese entorno; sobre esas dos condiciones se ancla la tercera: una gran capacidad de comunicación que, más allá de la claridad o de la facilidad de expresión, tiene que ver con la facultad de contagiar una mística, un entusiasmo, un convocar a la gente y ser capaz de derribar barreras que causan divisiones, para propiciar una búsqueda de propósitos comunes. Si no hay esa condición, uno puede ser un genio y un sabio, puede haber tenido las mejores experiencias y, sin embargo, no tener la capacidad de propiciar el encuentro con otros y generar espacios para crear. Eso es justamente lo que debe hacer un líder.

 ¿Cree usted en la pertinencia y eficacia del concepto de “futuro concertado”, vinculado al liderazgo educativo?

Por supuesto. Creo que un liderazgo fuerte puede hacer exactamente eso: contagiar a la gente de una esperanza cierta. No de una esperanza religiosa, metafísica, sino de una perspectiva basada en hechos, en datos que muestren la realidad de puntos concretos en los que el progreso sería viable, a partir de ciertos acuerdos. Eso es precisamente lo que no hemos logrado en Colombia: tenemos muchas perspectivas dispersas. Creo que si uno piensa en los discursos sobre lo políticamente correcto, parecería que hay unidad; los documentos del Ministerio de Educación hablan de la equidad, de la igualdad, de que Colombia sea el país más educado en América Latina, que a los maestros les vaya bien, etc. Si se revisan los comunicados de las organizaciones sindicales es posible ver lo mismo: consignas por una educación de calidad, maestros bien remunerados; pero cuando se ve la realidad, no hay concertaciones concretas, no hay ninguna porque cada quien está atrincherado en unas posiciones absolutamente radicales e inmodificables. Por ejemplo, el tema de la jornada única es una reivindicación en la que hay coincidencia, por parte del gobierno y de las familias, de la sociedad y de los educadores. Sin embargo, los educadores pretenden que la jornada única sea “niños de tiempo completo con maestros de medio tiempo”, y el Ministerio pretende, en cierta forma, “maestros de tiempo completo con salarios de medio tiempo”. Hay algo que no funciona. Ambos tienen que ceder: por un lado, los maestros, si creen en esa consigna, tendrán que, eventualmente, decir: “vamos a trabajar el mismo tiempo que los niños van a estar en el colegio”; y el Estado, por su parte, debe llegar a la conclusión de “pagarle a los maestros por el tiempo que están en el colegio”. Así ambos ganan, la sociedad gana, los niños ganan. Entonces, sí me parece que, en términos del liderazgo, es fundamental esa capacidad de propiciar una concertación de los futuros, pero en cosas muy concretas.

 Es decir, más allá de lo nominal, del horizonte de lo deseable, que suele quedarse en el discurso…

Exactamente. Más allá de las consignas.

 ¿Y cómo se logra eso?

Es complejísimo porque la educación se mueve por grupos de interés. Entonces resulta que los liderazgos importantes en un grupo de interés son invalidados automáticamente en otro. Tendría que haber unos mediadores reconocidos por su compromiso, no con los sectores polarizados, sino con el interés general, con el desarrollo del país. 

 ¿Cuál es el panorama en el sector público para la autonomía institucional en nuestro país?

Para empezar, de grande a pequeño, recordemos que la Constitución del 91 tomó claramente la vía de la descentralización. En la Ley 60 se dio autonomía a los entes territoriales, con unas condiciones de certificación para hacerse responsables de la educación local. Inicialmente había unos recursos financieros que fueron definidos en la Constitución y se asignaban por proyección demográfica desde un modelo de situado fiscal. Así que a una entidad territorial, a un departamento, a un municipio grande, se le entregaban unos recursos que debían manejar con autonomía el alcalde o el gobernador, quienes, se suponía, podían entonces proyectar a largo plazo la educación de su región. Pero eso se prestó para una cantidad de problemas: Colombia no es un país precisamente transparente. En alguna parte la plata de la educación terminó invirtiéndose en la construcción de urbanizaciones, etc. Entonces la ley 715 dijo: “Vamos a regular todo esto y a ser eficientes”, y optó por la capitación, que es la asignación por persona sobre matrícula. Eso le quitó todos los recursos a las entidades territoriales. Así las cosas, si usted quiere invertir más en educación, tiene que poner impuestos o dedicar parte de su presupuesto. ¿Qué pasa? Que ciudades muy ricas como Bogotá pueden aportar el doble, mientras que las más pobres no pueden dar nada; lo que queda es una administración local muy frágil, y el Ministerio, viendo la debilidad de los departamentos, cada vez asume más funciones, de manera que se ha dado un proceso de re-centralización.

 ¿Cómo se ve esto reflejado en las instituciones?

Si continuamos con el marco legal, recordamos que la Ley 115 también entregó una enorme autonomía a los colegios, dijo: “Ustedes tienen su gobierno escolar y todas sus tareas, empezando por la concepción del PEI, el cual debe ser aprobado por el consejo directivo, que tiene representación de padres, maestros, estudiantes y comunidad”. A continuación afirmó: “El PEI es su carta de navegación”, como quien dice: “Ustedes tienen su propia constitución”. Pero cuando uno llega a una ciudad como Bogotá y descubre que la administración es muy creativa y con una nómina enorme a nivel central (con personas en la Dirección de Género, otras en la de Medio Ambiente, otras en la de Discapacidad y otras en la de Evaluación, etc.), en la que cada una de las direcciones hace un programa y que, además, tienen plata, entonces se ve cómo salen a contratar quién les haga el programa, y ¿dónde los hacen? En los colegios. Pero esos programas no pasan nunca por los consejos directivos de los colegios. Así, la administración, en lugar de apoyar el desarrollo institucional, termina por desorganizarlo, porque el rector lo único que tiene que hacer es caso.

 ¿Cómo es eso?

Lo sé porque lo he visto: a un rector le llega una razón: “Necesitamos 150 niños para mañana, ahí le mandamos unos buses porque tienen que ir a una conferencia, a una recreación o a un concierto que ya les organizamos desde las oficinas de la Secretaría”. ¿Qué hace el rector? Pues los manda porque es una orden. ¿Perdieron clases? Ahí sí no le dicen cómo las va a reemplazar, lo cual realmente le quita mucha autonomía. Obviamente esto pasa en mayor o menor medida en todas las entidades territoriales. Entonces el rector no es el líder real de la institución educativa, al final, es un intermediario que lleva y trae razones.

 Es decir que ni el rector ni la comunidad académica tienen injerencia real en la concepción pedagógica de la institución…

Exactamente. Además porque la Ley 715 y otros decretos y normas reglamentarias le fueron quitando a los rectores esa competencia y los convirtieron en gerentes. Entonces el rector administra el colegio, no es quien lidera los procesos pedagógicos. Así, llega un momento en el que hay una enorme contradicción, porque se quiere que los colegios tengan muy buena calidad, pero en ellos no hay un liderazgo capaz de organizar el trabajo en equipo o los tiempos. El rector no puede hacerlo aunque quisiera, porque a él le dicen que todas las clases deben durar 57 minutos, que no pueden hacerse fuera del salón, etc., y él no puede hacer nada porque no tiene espacio para hacer una reunión de profesores, para hacer una reforma interna del currículo que permita mejorar el rendimiento de los niños, porque los profesores nunca están disponibles, pues obedecen a unos reglamentos externos; él no manda en nada. Ya he planteado antes esta metáfora: es como el capitán de un barco al que ningún marinero le hace caso porque recibe órdenes por celular desde otro centro de control. Entonces, si el barco llega a puerto es un milagro, porque el capitán está ocupado, no en la brújula o el timón, sino mandando correos electrónicos, llenando formularios sobre cuánta gasolina o diesel se ha gastado.

 La política pública está entonces lejos de fomentar el liderazgo institucional… ¿Quien pretenda ser un líder educativo tendría que fungir entonces como mediador entre las imposiciones oficiales y las tentativas locales de autonomía?

Ese es un punto bien interesante, porque no estoy tan seguro de que la labor sea de mediación. El asunto viene a ser un trabajo de experticia. Creo que la autonomía de las instituciones no tiene que ser cuestionada, sino rediseñada en sus procedimientos. Ese es un trabajo eminentemente técnico y un asunto de actitud política. El liderazgo de las instituciones ya no depende de mediadores, sino de una concepción de la institución misma, y eso va incluso más allá de la política pública, pero ciertamente hay que hacer políticas públicas alrededor de una concepción local. No podemos seguir pensando que las instituciones son una especie de filamentos terminales de una gran raíz que solamente está en el centro.

 Abogar de nuevo por la autonomía local, hace pensar que el liderazgo en educación sería necesariamente histórico, en el sentido de la subjetivación política de los actores involucrados en los procesos educativos ¿Es acertada esta apreciación?

Bueno, histórico es todo lo que hacemos, porque se va inscribiendo con tinta indeleble en la línea del tiempo. Pero no todo lo que hacemos es histórico en el sentido de que pase a los libros de Historia. Sin embargo, si sigues la ruta de la historia de la vida privada, como es tendencia más o menos desde los años 80, pues cada institución educativa tiene su microhistoria y, efectivamente, esa es la historia del liderazgo de esa institución desde una perspectiva más profunda, que tiene que ver con la trascendencia: en el sentido de la huella y los imaginarios que logre dejar en su comunidad de incidencia, y esto desde luego está vinculado a un criterio pedagógico, al liderazgo de los grandes educadores que logran leer su entorno y direccionarlo con criterio.

 Entonces estamos pasando de una noción muy básica de administración, hacia una idea conceptual del liderazgo. Desde esta perspectiva: ¿Considera usted que, en este momento histórico del país, los mejores resultados esperables en términos educativos se relacionan con el concepto de “alto rendimiento”?

No y sí. No, porque el alto rendimiento por sí solo no asegura nada; sí, porque una excelente educación siempre produce alto rendimiento. Creo que hay una confusión. Quienes simplemente van por la meta de ser los primeros en el ICFES, no necesariamente logran un patrón general de formación humana, de compromiso de los chicos con el conocimiento, de entusiasmo por saber más de la realidad, de dimensión y construcción política, etc. Hay modelos educativos diseñados para responder pruebas y lo consiguen. Es una técnica que puede funcionar. Pero luego no encuentras gente que logre los mejores resultados a lo largo de la vida. Si se hiciera una investigación que tomara los primeros 1000 puntajes del ICFES en el año 2000, y buscara a esas 1000 personas para ver quiénes son y qué han hecho, seguramente se encontraría a algunos que no hicieron nada que no hubieran logrado con la mitad del puntaje, mientras otros han hecho carrera maestría, doctorado, empresa y son líderes en sus campos. Sin duda, se hallaría que salieron de ciertos colegios. Es más, si uno hiciera la misma prueba buscando 1000 personas al azar, cuyos puntajes estuvieran en el medio del espectro, encontraría que algunos son destacadísimos ciudadanos, dependiendo del colegio en que estuvieron. El puntaje por sí mismo no te asegura la calidad, pero un colegio de muy alta calidad, entendido como aquel que desarrolla las capacidades de liderazgo de los niños, la autonomía, la capacidad de debatir, de argumentar, de comunicarse, de expresarse, de desarrollar iniciativas, puede no estar entre los primeros del puntaje, pero muy seguramente prepara a sus alumnos para que les vaya muy bien.

 ¿La diferencia estaría dada por ese plus en la formación, que constituiría una perspectiva más integral del ser humano desde lo educativo?

Claro. Y por la valoración del conocimiento que de ahí se desprende, pero además porque esos estudiantes, así formados, tienen la tendencia a ser más persistentes, pues no estudiaron para pasar un examen, sino porque les gustaba estudiar. Creo que ahí está la gran trampa por salvar, como en el deporte, está el tenista que trabaja solo para ganar partidos pero no le gusta el tenis; en los procesos de formación muchas veces hay jóvenes realmente talentosos, con una capacidad increíble, pero no funcionan sino empujados por los papás, presionados. Lo mismo puedes decir con el arte, los ponen a tocar violín desde los tres años, y cuando cumplen quince le rompen el violín en la cabeza al profesor porque no era esa su pasión, no les enseñaron a amar el violín, sino a tocarlo muy bien. A veces, cuando persisten, son buenos técnicos, pero no buenos artistas, creo que ahí es donde está un poco la gracia…

 ¿En la inspiración como estrategia del liderazgo?

¡Exacto! Un buen liderazgo pedagógico hace que los buenos resultados sean una consecuencia natural y no el objetivo.

 ¿Pero qué pasa cuando las personas encuentran una desconexión entre el sistema educativo y la realidad, cuando los jóvenes no ven cuál es el sentido de ir al colegio y terminar el bachillerato, por ejemplo, porque no encuentran que eso tenga una aplicación directa en su vida, en su entorno, en sus intereses, ni mucho menos un vínculo con sus pasiones o inspiraciones? ¿Es necesario que el liderazgo educativo aporte respuestas frente a esa desconexión, para poder cobrar un sentido genuino como institución social?

Ahí entramos en un problema mucho más complejo, porque para mucha gente, para la sociedad en su conjunto, la educación es un medio para alcanzar unos fines, no un fin en sí mismo. Tener una buena educación es un medio para desarrollarse en la vida, tener mejores empleos y mejores ingresos. Si el fin es tener dinero, que es lo que se ha ido colando en nuestra concepción cultural de consumo, pues si veo a mucha gente de mi región muy adinerada, en cuatrimotos y camionetas 4x4, comerciando esmeraldas, sin necesidad de haber ido nunca al colegio, pues me pregunto para qué voy al colegio, cuando todos los que lo hicieron están vaciados. Entonces el estudio no cumple la función de medio, estudiar no paga, y lo que señalas es cierto: Bogotá atraviesa en este momento una situación complejísima, porque durante los últimos cuatro años la matricula en el sector público se redujo en ciento ochenta mil niños. Es decir que hay una deserción muy fuerte, pues aparentemente el sector privado no absorbió sino unos cincuenta mil, o sea que hay ciento treinta mil que se fueron del sistema. No creo que se hayan ido del país o que se hayan ido a vivir a otros municipios, porque, al contrario, Bogotá es una ciudad receptora. Entonces uno se pregunta: ¿será que esta gente valora la educación como medio? Algo muy distinto es cuando se la entiende culturalmente como el fin; cuando se comprende que soy más humano si soy más educado, no si gano más dinero.

 ¿Entonces estamos hablando de la necesidad de cambiar la perspectiva cultural frente a lo educativo?

Claro. Es que hay una confusión muy grande, porque además la “empleabilidad” es el criterio de las universidades para diseñar sus programas de educación superior, el cual es solicitado por el Ministerio a través de los sistemas de acreditación y aprobación del programa. Entonces ¿Cuál es la empleabilidad de alguien que estudia Escultura? Yo estudio Escultura para hacer esculturas, no para ser rico, así no vamos a tener escultores; ¿Cuál es la empleabilidad de alguien que estudia Teatro, Filosofía? Y el criterio de “empleabilidad” implica que si usted no va a producir dinero, entonces no tiene sentido que estudie “eso”. Lo que sutilmente se ha ido agazapando en nuestro ADN cultural es que si la educación no produce plata, entonces no sirve, y resulta que en muchas regiones de Colombia la educación no produce plata. Eso no quiere decir que no haya cada vez más demanda por educación; tampoco se puede desconocer el salto infinito entre la Colombia de hace quince años y la de hoy: pasamos de una cobertura en educación superior del 14 o 15% en el año 2000, a cerca del 40% en la actualidad. Es mucho, y quiere decir que hay más gente que valora la educación y que también se le está ofreciendo. Pero la sociedad aún no tiene un liderazgo suficiente entérminos de transformar la mirada cultural con respecto a lo educativo. Los cambios de la cultura no son fáciles, el gobierno ha hecho un gran esfuerzo y hay que reconocer el énfasis hecho en ese sentido, con programas que valoran el tema de ser estudioso, como el de “Ser pilo paga”. Eso es un liderazgo del Estado que genera movilidad y funciona, pero hay un montón de cosas que no. Hay muchos profesores que lastimosamente producen en los muchachos una terrible fatiga de ir a estudiar; el colegio es a veces como el jarabe contra el estudio; se encargan de desanimarlos todos los días.

 ¿Pero eso será solo cuestión de la actitud de algunos profesores? ¿O tendrá que ver con la concepción y la estructura misma del sistema?

Bueno, claro, los modelos pedagógicos son muy anquilosados, los contenidos que se ofrecen no responden a las necesidades del día a día; no se estimula el espíritu científico ni el talento en los estudiantes, y naturalmente eso va en contravía de esa concepción más humanista de lo educativo.

 Entonces el liderazgo no solo debería apuntar a la transformación cultural de la percepción de lo educativo, sino a la de su sistema…

Claro. En este momento hay una gran discusión sobre qué va a ser el currículo de esta jornada única, porque si se centra otra vez en dar más Matemáticas, más Ciencias y más Lenguaje para aprobar las pruebas, pues no estoy tan seguro de que más horas vayan a producir mejor educación. Si eso se combina con más cosas que estimulen los talentos individuales, investigación científica, arte, deporte, probablemente sí se logre más.

 La noción de liderazgo distribuido no es nueva en absoluto. Pero ¿qué habría que decir al respecto cuando se piensa en el fortalecimiento institucional como factor de liderazgo en educación?

Desafortunadamente el concepto de liderazgo a lo largo de los años ha estado muy ligado a condiciones individuales: el líder, el gestor, la persona, el caudillo, y sí, a veces esa es una forma de liderazgo mucho más importante que otras, pero creo que en el caso de la educación, y si se quiere ir hacia una sociedad democrática, es necesario robustecer el liderazgo institucional. El fortalecimiento de una institución implica que pueda garantizar siempre las condiciones de apoyo y reconocimiento a quien la dirige, pues asume la responsabilidad de congregar e impulsar hacia adelante a la comunidad. De manera que cuando se vaya, quien llegue sea capaz y esté en posibilidad de recoger lo realizado. Un ejemplo muy claro son las comunidades religiosas que se dedican a la educación, sean Jesuitas, Hermanos de la Salle, Agustinos o Hermanas de la Presentación, ¿qué es lo que encuentras allí? Una concepción, no local, mundial, que dice: “¿Qué clase de ciudadano queremos formar en nuestros colegios?” El liderazgo no es del rector de tal colegio, tienen un sistema en el que cada cambia el rector de una institución cinco o seis años. Ese liderazgo compartido es para mí un liderazgo histórico, centrado en la institucionalidad, en unos principios rectores, de manera que quien llega a dirigir no llega a inventársela, sino a obedecer y a enriquecer los principios rectores sobre los cuales se montó. Es muy interesante, porque son organizaciones mundiales, en el caso de las comunidades religiosas hay un encuentro mundial de rectores de colegios de La Salle, e irán 25000 o 1000 o 10000, no sé cuántos, pero muchos asisten con un criterio común, van a enriquecerlo en el encuentro, de manera que el colegio de aquí termina recibiendo, por ejemplo, metodologías desarrolladas en México o en Francia, sufriendo adaptaciones y actualizándose. Allí el liderazgo es compartido, si dices “Estudié en un colegio de la Salle”, eso vale en cualquier lugar del mundo, y no solo eso, sino que ingresas a una de las tantas universidades de la Salle en cualquier lugar del mundo, ya eres de la familia. Es algo poderoso que uno no tiene en sus cuentas.

 En el caso del sector privado, esa institucionalidad cautiva a la población en torno a principios y valores que se hacen tradición de un colectivo del que se quiere formar parte y que se quiere perpetuar en el tiempo…

Claro. Si estudiaste en un colegio privado con esa capacidad real y la sentiste así, porque no todo el mundo siente del mismo modo, pero si te cuentas entre quienes se vincularon profundamente con la filosofía, pondrás a estudiar a tus hijas en el mismo colegio, desde antes de que nazcan irás a pedir el cupo. Si recorres los colegios muy consolidados del país, están compuestos en un 60% por hijos, nietos y sobrinos de ex-alumnos, han constituido un liderazgo distribuido entre toda la comunidad que participa, y eso es algo que logran las universidades de muy alto nivel de prestigio en el mundo, que no son las orientadas a producir las más grandes investigaciones, sino aquellas que han logrado generar un sentido de cuerpo más fuerte, que el que atrae los grandes científicos, no el sueldo. El sentido de cuerpo lleva a que los estudiantes rindan porque se sienten orgullosos de hacer parte de esa organización; motiva a los egresados, en el caso de las universidades de Estados Unidos, por ejemplo, a realizar donaciones enormes a sus universidades durante toda su vida, porque el nivel de reconocimiento y agradecimiento es permanente. Cuando hablamos de liderazgo institucional, no hablamos de la dirección del colegio, sino de una comunidad que ha logrado compartir futuros: en el niño de preescolar, el padre de familia y la comunidad educativa en su conjunto.

 ¿Y qué pasa con esa institucionalidad en el sector público?

La educación pública no tiene eso, en ella hay un liderazgo disperso, caótico y anárquico. Llega un Ministro de Educación y pone patas arriba lo que había hecho el anterior durante su permanencia, porque hay algunos que no duran ni seis meses, y aún si duran un año se sienten con la responsabilidad de desorden todo lo hecho en el pasado. Lo mismo pasa cuando cambian un Secretario de Educación, y resulta que a los rectores que rigen las instituciones educativas no los pone de acuerdo nadie, de manera que cada cual está disparando por su lado. Naturalmente, quienes van al sector oficial son los perjudicados por esa ausencia total de una línea de construcción coherente, colectiva e histórica, en el sentido de que acumula saberes, experiencia y corrige errores. Llevo cuarenta años en esto, hace poco estaba botando papeles viejos y me cuesta mucho hacerlo, porque encuentro textos de 1980 con proyectos que hoy se están presentando como nuevos; alguien los enterró y ahora aparece un joven de treinta años, con maestría y doctorado, a quien se le acaba de ocurrir algo que hace veinticinco o treinta años ya había sido formulado por otro que en su momento no tenía treinta, sino cuarenta y cinco, que no tenía maestría, sino la experiencia de muchos años trabajando en colegios. En fin, no acumulamos, y creo que así el sistema educativo público no tiene ninguna posibilidad de competir con el privado, porque en el sector privado es muy fuerte el liderazgo.

 Entonces lo que sucede es que hay una enorme brecha entre ese ideal de institucionalidad, fundada sobre una base conceptual, metodológica y ética (hablando de principios rectores en todos los órdenes), y la realidad, al menos en el sector público. ¿Cuál es el papel de la Academia frente esta absoluta falta de horizonte, cuando la práctica educativa se proyecta en gran medida en el sentido de mejorar los resultados obtenidos en las pruebas internacionales?

Desde hace mucho mi preocupación es precisamente que no hay Academia Pedagógica en el país. Hay Academia de Estudios Sociales de la Educación, que es una cosa distinta. Vas a las facultades de Educación y están llenas de historiadores, de sociólogos, de filósofos, de antropólogos, de psicólogos, pero no de maestros. Maestros con pasión pedagógica por el contacto en el aula, por saber cómo organizar un grupo o un colegio. Esa Academia no está produciendo ni un solo trabajo sobre organización escolar, y mucho menos una reflexión profunda sobre institucionalidad escolar. Es decir, no hay un modelo que permita identificar una institucionalidad. Vas a las instituciones educativas y nadie se ha puesto en la tarea de hacer una lectura crítica, una investigación juiciosa, desde la Academia, sobre, por ejemplo, los manuales de convivencia; entonces dichos manuales, que eran un principio de la Ley General de Educación para llegar a los consensos de los que hablábamos, se convirtieron en reglamentos estudiantiles con barbaridades infinitas, entre otras cosas, porque no fueron hechos con la colaboración ni la participación de los estudiantes, ni revisados anualmente por los nuevos estudiantes, sino hechos por abogados a prueba de tutelas, eso se desfiguró totalmente.

No puede haber liderazgo en una comunidad donde la disciplina sigue estando en cabeza de prefectos porque no hay manera de interiorizar la norma; tampoco se puede formar un ciudadano, ni una institucionalidad. No puede haber liderazgo cuando los rectores del sector oficial están tan maniatados, sin margen de acción para crear una regulación de las relaciones internas del colegio porque todo está dado desde afuera, cuando los códigos disciplinarios son externos; el rector no designa a los maestros y tampoco es libre para establecer con quien trabaja; es un minusválido en el ejercicio de la autoridad, y si lo ejerce es tildado de autoritario porque no tiene marco institucional. La Academia no está haciendo nada; podría hacer mucho, pero ello implicaría que las universidades contaran con gente que supiera de Pedagogía, y eso no sucede.

 ¿Desde su perspectiva, cuál sería el norte en el ejercicio de una autoridad legítima en el marco institucional? ¿Qué papel tendría la sanción, por ejemplo, en la promoción de la excelencia? ¿Qué otros mecanismos de control serían válidos, como parte de ese engranaje institucional, a la hora de pensar, no solo en la operatividad y eficacia del sistema, sino en la formación de sujetos políticos?

Lo primero sería preguntar por el papel de la norma. Ahí es donde está el problema: sin pecado no hay culpa. Si decides que nada es pecado, pues nunca experimentarás la culpa; si, por el contrario, todo es pecado, no podrás hacer nunca nada. Entonces, lo primero es pensar en cómo diseñar un sistema de normas claro, lógico, corto y comprensible, tanto para el niño de cuatro años, como para el de diecisiete. Lo siguiente es pensar cómo hacer para que esa norma se incorpore en todos como una condición básica para convivir y ser parte de esa comunidad, pero como “ser parte” es lo mismo que participar, entonces tiene que haber espacios de participación para sea posible discutir esas normas y acogerlas o exponer objeciones frente a ellas. Ahora bien, hay que establecer qué sucede a quien conociendo y entendiendo las normas, en cuya formulación participó, de todas maneras resuelve no cumplirlas. Debe haber algún tipo de sanción, pero, ¿es lo mismo sanción que castigo?; ¿hay castigos universales? Ni siquiera en el sistema penal existen: si vas al supermercado y te sacas dos chocolatinas, no te aplican la misma pena que si vas al banco y robas diez millones de pesos. Es relativo. Pero a veces los manuales de convivencia no hacen esas distinciones, en ellos no existe la circunstancia; el colegio es un lugar de educación de niños, están formándose en todos estos aspectos, por lo que no puedes dar el mismo tratamiento de la norma al niño de siete años que al de catorce o de diecisiete. No es lo mismo llegar tarde a clase cuando tienes ocho años, estabas en el baño y te enredaste para subirte el pantalón, que a los diecisiete años, cuando estabas en el baño, pero fumándote un porro de marihuana. No es lo mismo y la sanción no puede ser igual. Entonces la pregunta es: ¿Tienen los colegios la capacidad institucional para organizar un sistema de justicia? No. Eso ni siquiera se lo han planteado. No tienen eso. Cuando vas a un colegio encuentras que el discurso más avanzado es del “debido proceso”, que significa replicar lo que se da en la sociedad: un papeleo infinito, los descargos, el abogado y el fiscal; es decir, el sistema penal acusatorio. No hay un sistema de acuerdos ni de recapacitación, de decir: Oye, ¿eres consciente de que cometiste esta falta? ─Sí, yo soy consciente─. Bueno, ¿y tú qué propones? ¿Cómo hacemos para remediar ese problema entendiendo que estás en un proceso de formación y que uno se puede equivocar, pero que no se puede equivocar todos los días? Entonces, de verdad: ¿Es a punta de castigos?, o ¿es a través de unos mecanismos distintos que consoliden la institucionalidad y que hagan que ese individuo de cinco o diez años empiece a entender que las normas son buenas para vivir en comunidad?

Luego aparecen los mecanismos de sanción social: ¿No te parece que debes pedir disculpas porque saboteaste una clase e hiciste que 30 compañeros perdieran una hora completa de su vida, eres consciente de que has robado treinta horas? Se trata de entender que la norma no es loca. Pero cuando ella es tan loca que establece que no puede comer chicle porque hacerlo no le gusta al rector y puede llevar a matrícula condicional, pues no hay nada qué hacer. Hay colegios que prohíben las manifestaciones de cariño en el manual de convivencia, mientras, al tiempo, dicen en el PEI que formarán jóvenes integrales con un sano desarrollo emocional. ¿Cómo van a lograrlo si tienen pánico de que dos muchachos se den un beso? Si todo está hecho de restricciones, tienes que armar un sistema policivo, como en las sociedades, como en cualquier ciudad del país. El problema es que la figura del policía desvirtúa el espacio, en esa lógica no sirve para nada. Todo esto es parte de un liderazgo institucional y por eso es tan importante la reflexión sobre la institucionalidad.

 Con la falta del horizonte que venimos perfilando en esta conversación, y en ausencia de un cuerpo académico que pueda dotar los liderazgos de reflexión y de fundamento, ¿el país, ad portas del posconflicto, está en capacidad de crear un futuro concertado a partir de la educación?

Francamente creo que no. Estamos muy lejos de eso. Es que de alguna manera la educación es también un reflejo de la cultura. En este momento al país le sería muy difícil decir que su educación, especialmente la básica, genera la cultura. Más bien, es donde se reproduce la cultura. En el colegio, al final, se dan un poco de conocimientos de algunas cosas, pero la cultura es tremendamente reproductiva en la institución educativa.

 Y ese carácter reproductivo, en ausencia de un liderazgo de un nuevo orden, ¿no avala la subjetivación política de los actores dentro el sistema?

En lo absoluto. Veíamos lo que pasa con los manuales de convivencia, que originalmente fueron pensados en ese sentido y que, sin embargo, perdieron todo su potencial como mecanismo de participación y concertación, debido a la falta de ese nuevo tipo de liderazgo, capaz de romper con la tendencia reproductiva de una cultura en la que el individuo no tiene consciencia de su capacidad de orientar los procesos históricos en los que se halla inmerso. Por ejemplo, todos estos mecanismos del gobierno escolar lo que hacen es reproducir la política de los gamonales, el clientelismo, bueno, hay una cantidad de cosas muy chistosas en eso: no hay un cambio en la metodología, es la urna, con el voto, con campaña en la que el niño de noveno ofrece piscina en el colegio y que no habrá exámenes, en fin, ofrece para que lo elijan. En otros colegios donde son totalmente apolíticos, buscan es al nerdo: ─Póngase usted, póngase usted, y eligen al más tonto porque tendrá que ir a reuniones y las reuniones son aburridas.

El asunto es que la cultura se refleja en la escuela. En sociedades que nos ponen de ejemplo, como Singapur o Japón, existe una cultura terriblemente competitiva, y es esa competitividad la que se refleja en la escuela. Desde dos años antes de ir a la universidad, todos se están matando por alcanzar los más altos puntajes académicos para poder entrar a la mejor de ellas, o a la segunda, a la tercera, porque allá llegan ejércitos de Toyota a reclutar los mejores ingenieros, y como son sociedades altísimamente reguladas, pues esa misma regulación se reproduce también en los colegios.

Leyendo autores como Murakami, que habla mucho de los colegios, lo que se ve es una educación terriblemente opresiva para nuestro gusto, donde además los chicos estudian 16 horas al día porque salen de las ocho horas de colegio y los papás los llevan a tomar cursos adicionales de Matemática o de Inglés. Toda la cultura está puesta sobre eso y naturalmente hay una regulación tremenda de todo el aparato educativo; no puedes ser maestro si no cumples con los más altos estándares de toda la sociedad, para serlo debes estar entre los mejores bachilleres, que será lo permite entrar a la carrera educativa; todo lo contrario de lo que pasa aquí.

En Latinoamérica el maestro proviene de los niveles más pobres de la población, está entre los peor pagados, no sabe bien si es un profesional o un trabajador proletario y, en general, no comparte los objetivos del Estado. Entonces, cómo va uno a pensar que así se va a hacer una sociedad desde la educación pública. Lo que no se reconoce claramente es que esa situación se reproduce, es decir, que no contribuye a que los niños de los estratos más pobres de la sociedad lleguen a las posiciones del liderazgo, justamente porque lo reproducirán esas situaciones de marginalidad que les son transmitidas a través de la familia, del Estado, del aparato educativo, en una dinámica en la que los maestros terminan siendo a la vez víctimas y cómplices de la inequidad.

 ¿Qué interpretación de la realidad, y qué herramientas de gestión de la misma, tendría que ofrecer entonces el sistema educativo, para hacer sentido entre la gente y cobrar protagonismo en la construcción de nuestro futuro como nación?

Creo que hay algunas cosas que ya se están haciendo y que van bien encaminadas. El Ministerio ha empezado a plantear programas polémicos que si se conservaran durante largo tiempo producirían cambios importantes. Por ejemplo, Ser pilo paga empieza a generar importantes preguntas: el 70% de la población del programa elige universidades privadas, esto ya cuestiona mucho la calidad de las instituciones públicas y al sector de la educación pública básica, en relación con la valoración que sus estudiantes hacen de lo público. Además, empieza a cambiar gradualmente, así sea poco a poco, el perfil de las universidades privadas, porque llega otra población que tendrá otras posibilidades de movilidad social. Claro, será lento y hay quienes cuestionan esta movilidad porque consideran que la nueva población vive situaciones de bullying. Son los pioneros y les toca cargar con eso, que también ha sucedido en otros países y en los sesenta en los Estados Unidos, cuando la población afro empezó a entrar a las universidades de blancos. Creo que la situación no ha sido tan dramática, porque además en Colombia hay pocos ricos de verdad, verdad; hay gente acomodada, pero ricos, ricos hay pocos, y algunos no son estudiados, venden papa en Abastos.

Hay otro programa que me parece muy interesante: el modelo de evaluación del sistema sintético de calidad, que ya empieza a combinar distintas cosas, no solo los resultados en las pruebas, sino la retención de estudiantes y el clima escolar. Esto también comienza a generar polémica, porque ve institución por institución en el tiempo, y los planteles ya miden: ─Bueno, ¿y de esta cuántos han salido para Ser pilo?, aquellos que no produzcan nada a lo largo de los años, van a empezar a ver exigencias por parte de las familias y de la sociedad en general. 

Hay otro programa importante, el reconocimiento, una por una, de las instituciones más destacadas, dando prestigio social a algunas de ellas, lo cual lleva a que para los maestros sea mejor estar en las más reconocidas, porque además se da un estímulo colectivo; quienes trabajen en colegios de mayor rendimiento tendrán distintos estímulos, todos, no el maestro individual que ganó un premio; así, las instituciones empiezan a tener liderazgo local. Lo que falta saber es si estos programas tendrán continuidad, porque si son desechados se perderán muy buenas iniciativas. Para que esto se consolide y haya cambio cultural se requieren veinte años, digamos diez, para que los buenos maestros quieran ir a instituciones más productivas, de menos confrontación.

Otro aspecto interesante, que todavía está por verse, es el cambio en los modelos de evaluación de maestros por los concertados después del paro; aunque son muy difíciles de aplicar, son muy interesantes desde su intento por ver qué hace el maestro en el salón de clase y no qué contesta en un examen. Eso también es valioso. En la medida en que se perfeccionen esos sistemas, será posible un cambio de cultura. Bueno, lo logró Chile y lo está logrando muy rápidamente Ecuador, así que hay esperanzas en la contribución que pueden hacer unas buenas políticas públicas.

Agregar comentario

Debes iniciar sesión o registrarte para poder realizar comentarios.
PUBLICIDAD

Recibe nuestras novedades

PUBLICIDAD