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21/04/2017 - 16:00

Diatriba sobre la vocación

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Isaac Pinedo Pérez
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A principios del mes de marzo en Argentina se comenzó a convocar a los profesores a un paro docente por las malas condiciones laborales y principalmente por la baja salarial producto de la inflación. En la marcha del lunes 6 de marzo no solo se encontraban los maestros de escuelas públicas sino también los sindicatos de escuelas privadas.

 

Ante esta presión, el presidente Mauricio Macri no ha dado el brazo a torcer y ha afirmado que esta acción es “oportunista” por parte de los sindicatos profesorales, y agregando: “Lamento mucho que muchos hayan vuelto a elegir el oportunismo a través de un paro. Ya hemos probado décadas haciendo paros. ¿Y cuál ha sido el resultado? Cero. Nada ha mejorado, hemos ido empeorando". Días después el jefe de Gabinete de Ministros, Eduardo Levy afirmó "la docencia no tiene que ser una salida laboral, sino una vocación”.

 

+Lea: La fórmula coreana para lograr el éxito educativo

 

La lucha entre sindicatos y el Gobierno sigue y no es muy claro el desenlace de esta situación, pero ¿cuál es la reflexión que nos dejan para los países de América Latina estas intervenciones como la que hace Eduardo Levy? ¿Será la vocación docente una categoría que carga implícito un lastre histórico en la profesión? ¿Por qué se vuelve sobre la palabra vocación en tiempos donde la estructura educativa no está en manos de la iglesia católica? Es necesario virar sobre esta categoría que produce un efectivo negativo pero invisible.

 

En la doctrina católica los maestros han sido utilizados históricamente no solo para impartir conocimientos y contenidos sobre las ciencias básicas, sino también sobre hábitos y moral religiosa. A mediados del siglo XIX, mucho después de los procesos de independencia en la región se decía que “el carácter del maestro de escuela debe ser tan santo como el del mismo párroco […] el primer sacerdote para el niño es el maestro, no es la iglesia, es la escuela” (Gil de Zarate: 1855, 307). Este “llamado de Dios” (definición de la palabra vocación) produce un imaginario histórico en la cual la labor docente se ha estructurado.

La naturalización de la palabra vocación establece unas prácticas socialmente aceptadas de degradación sobre el ejercicio docente, se mostrarán dos de ellas:

 

Mendicidad del salario

En Colombia es conocida la historia de Agustín Joseph de Torres, pionero del magisterio y redactor de una de las primeras cartillas de aritmética la “Cartilla Lacónica de las Cuatro Reglas, de la Aritmética Práctica”, este profesor pasó más de veinte años pidiendo el pago de su estipendio y sin lograr ninguna respuesta por parte del Virreinato murió, dejando un legado importante en sus cartillas a diferentes instructores del siglo XVIII.

 

El estatuto vocacional de los profesores ha convertido a la pobreza en un paradigma, y así como los sacerdotes o las monjas la misión de educar se hace “sin esperar nada a cambio”. Frete a esto Martinez, Castro y Noguera (1999: 116) dicen sobre Agustín Joseph de Torres “Su ilusión como intelectual surge entonces como producto del enfrentamiento entre las condiciones de miseria, las urgencias lloradas, las súplicas por un socorro de limosna, y la figura idealizada promovida por el Estado. En la lucha contra el hambre, contra la desnudez, el maestro interioriza esa imagen delineada desde el discurso estatal como forma de dignificarse, como estrategia para derrotar su condición subordinada, sus miserias”.

 

Como lo hizo Torres en su momento, la lucha por la dignidad docente es algo que no se puede olvidar, y así algunos llamen a los profesores “oportunistas”, esa construcción histórica heredada e impuesta desde las huestes católicas y estatales es algo que hay que disputar, cambiar el imaginario social no es fácil, pero en pleno siglo XXI nadie vive de la bienaventuranza de Dios ni del “Dios proveerá”.

 

La ilusión del maestro intelectual

Los profesores tenemos que luchar a diario contra un imaginario colectivo, la profesión docente no es realmente una profesión. Estas palabras no se dicen en voz alta, no se encontrará un presidente, un ministro o un padre de familia que se atreva a decir esto, pero en la práctica es otra cosa. ¿Por qué los profesores no tenemos tarjeta profesional como sí pasa en otras profesiones? ¿Por qué es la docencia en el espacio donde “cualquiera” puede trabajar, sin tener ninguna formación como profesor?

 

La profesión docente tiene que ser leída desde la falta, una de las más importantes es la falta de un constructo epistemológico que haga que otros profesionales de otras áreas no migren tan fácil a la docencia, no porque per se esté mal, sino porque un licenciado en ciencias sociales no puede entrar a laborar como un analista económico, o una licenciada en física no puede entrar a construir un transbordador espacial, esa tarea es para “especialistas”, pero la fórmula cambia cuando se intenta entrar en la docencia. ¿Cuántos abogados, historiadores, sociólogos o politólogos dan clase de Ciencias Sociales? O ¿Cuántos ingenieros, geólogos, arquitectos dan clase de matemáticas?

 

Históricamente la formación docente se ha subestimado, “cualquiera” puede ejercerla, esto ocurre porque se cree que la labor docente es de intermediación, puede ser entre la iglesia y la sociedad o entre el Estado y la sociedad. Esa intermediación está guiada y estructurada por fuera del círculo docente, principalmente en cargos directivos que en la mayoría de los casos carecen de una formación pedagógica. Pero esta labor de mediación fue visto en el siglo XVII y XVII como un privilegio dado por Dios, el maestro era un elegido el cual iba a estar acompañado por un sacerdote guiando la tarea encomendada, pero en realidad poca injerencia tenía en la construcción del plan de estudios ni en los métodos de enseñanza.

 

La lucha por la dignidad docente también pasa por una lucha desde el saber pedagógico, que la intelectualidad no solo sea una ilusión.

 

Para finalizar, hay que problematizar el uso y abuso de la palabra vocación, es necesario no utilizar más esta palabra para autodefinirnos, las maneras en las que nombramos nuestra labor serán las maneras con las cuales nos lean adentro y afuera de los círculos educativos. No se estudia pedagogía por un llamado de dios, se estudia pedagogía para mejorar las condiciones sociales de la población, así como en la Argentina desde las luchas profesorales se hace en estos momentos.         

 

+Conozca la Revista Internacional Magisterio No. 85. Escuelas que se transforman

 

Foto de Acanyl.  Tomada de Flickr

 

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