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23/08/2017 - 09:30

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Educación para jóvenes y adultos a través de los ojos de tres expertas latinoamericanas

Entrevista con Rosa María Torres, Graciela Messina y Mireya Lozano

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Sandra Patricia Ordoñez
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Rosa María Torres, Ex-Ministra de Educación y Culturas del Ecuador y Coordinadora del Pronunciamiento Latinoamericano por una Educación para Todos. Graciela Messina, miembro del Equipo de Investigación de la línea de Educación, Trabajo y Pobreza del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana de México (INIDE), y Mireya Lozano, Psicóloga colombiana, magister en desarrollo educativo y social, especialista en gerencia social, Pedagogía para la formación de jóvenes y adultos y en Formación de formadores. Ellas conforman el panel de expertas que hoy comparten con Magisterio su visión y perspectiva de la Educación para Jóvenes y Adultos (EPJA) en el contexto latinoamericano.

 

¿Cuáles son las particularidades del proceso de aprendizaje de una persona adulta y qué implicaciones tienen para el sistema educativo en términos de currículo, formación, gestión educativa, etc.?

Mireya Lozano: Hay varios elementos determinantes en este sentido, entre los cuales se pueden mencionar edad, situación económica, posición social, experiencia, e intereses y demandas, y con ello me refiero a sus necesidades particulares de aprendizaje en contexto, en todas las dimensiones de su ser, y en los diferentes niveles y campos de acción en los que transcurre su día a día. Así pues, el sistema educativo debe ser capaz de asumir de manera intensa permanente la transformación de sus políticas, y adaptar sus modelos y propuestas para que den respuesta a tales necesidades específicas. Ello supone que el sistema esté en capacidad de movilizar tanto los recursos como los gestores que garanticen los mínimos necesarios para que el proceso de aprendizaje sea una experiencia enriquecedora, plena y satisfactoria. Así mismo, implica una formación competente de los educadores que acompañan el proceso educativo de los jóvenes y adultos. Esta formación debe enmarcarse en la profesionalización del ejercicio docente, de manera que se garantice que la adquisición de conocimientos, habilidades y destrezas por parte de los educandos, tenga como marco un proceso organizado, flexible y dinámico.

 

Rosa María Torres: Así es. Pero, evidentemente, entre esas particularidades, la principal tiene que ver con la edad y ello tiene varias implicaciones: una persona adulta tiene autonomía, capacidad de decisión y discernimiento. Decide estudiar/aprender. Tiene creencias y conocimientos sedimentados, experiencia de vida, juicios y prejuicios formados. También tiene a menudo inseguridades, miedos, dudas acerca de su capacidad para seguir aprendiendo. No es población obligada ni cautiva; se va cuando quiere irse. Valora su tiempo. Es capaz de hacer esfuerzos y sacrificios. Y, en efecto, requiere ofertas educativas flexibles, atractivas, diversas, adaptadas a necesidades y posibilidades específicas. Todo eso se ha caracterizado en el pasado como 'educación no-formal', dada la rigidez del sistema formal para ofrecer diversidad y flexibilidad. Un programa escolarizado para adultos no es –no debe ser─ simplemente una versión acelerada del mismo programa diseñado para niños, adolescentes o jóvenes. Lastimosamente, esto es por lo general lo que se sigue haciendo.

 

Graciela Messina: Sí. Yo destacaría esa flexibilidad. Ante jóvenes y adultos que viven en la urgencia, que trabajan de forma precaria o están angustiados por un trabajo que se escurre, ante mujeres “amas de casa” que siguen viviendo el trabajo reproductivo más lo que sea, la flexibilidad es una condición necesaria. Flexibilidad de horarios, propuestas, espacios, sujetos. También la apertura a la diversidad, así como estar siempre alertas en torno a generar condiciones de igualdad en la diferencia y crear un tiempo propio en el tiempo social dominante, como lo plantea Ranciere: un tiempo que desafíe el “no tengo tiempo”.

 

¿Qué nuevas corrientes conceptuales y de innovación pedagógica se perfilan como prometedoras en este renglón de la Educación Latinoamericana?

Rosa María Torres: Yo no veo nuevas corrientes conceptuales y veo poca innovación pedagógica en el campo de la educación de adultos. Un campo con poco dinamismo, que sigue siendo la Cenicienta de las políticas educativas. Una pregunta que me hacen a menudo, en distintos países, es cómo desescolarizar la educación de adultos. Muchos países vienen ofreciendo programas de “segunda oportunidad” ─completación de primaria o secundaria─ destinados sobre todo a jóvenes y adultos jóvenes. Hay poca oferta educativa por fuera del sistema formal. Se niega generalmente a las personas adultas, por ejemplo, la alfabetización digital y el manejo de las modernas tecnologías y del internet. Gran error. Igual con el arte, la música, la danza, la fotografía, el aprendizaje en campos muy diversos del conocimiento y la cultura.

 

Graciela Messina: Yo creo que la educación de adultos en América Latina, más que un asunto de aprendizaje y de currículos, requiere de propuestas políticas y éticas que sin descuidar lo pedagógico, sean más amplias, más inclusivas...

 

Mireya Lozano: Y no se puede desconocer que, a partir de la CONFINTEA V, año 1997, hubo una re-conceptualización de la EPJA, a la cual se le otorgó un marco amplio, extenso, reconociéndola como una instancia que va más allá de la escuela, de los centros formales y/o de los "referentes educativos" (currículos impuestos por los estados). Esta nueva visión trajo de la mano un enfoque constructivista y humanista, que al hacer parte de las teorías del aprendizaje, le permitió dinamizarse hacia el reconocimiento de los saberes previos, la experiencia y la capacidad de construcción conjunta de nuevos conocimientos por parte de quienes acceden a ella y a sus formadores. Esta visión sigue vigente y permite considerar la EPJA como un conjunto de procesos y experiencias educativas que pueden tener lugar a lo largo de toda la vida en ambientes y entornos diversos (tanto geográficos como virtuales), lo cual fortalece las opciones de participación y construcción colectiva del conocimiento. En tanto opción permanente de cualificación integral para todos y todas, en las diferentes condiciones que pueden incidir en el desarrollo y crecimiento del ser humano, la EPJA constituye, así mismo, la llave para acceder a los demás derechos sociales, económicos, culturales y políticos.

 

Ahora bien, las nuevas apuestas pedagógicas dependen del énfasis y la orientación y han ido cobrando forma en cada contexto, buscando dar respuesta a las necesidades de desarrollo y crecimiento personal y social de los sujetos para quienes se convierte en una alternativa. Existe pues un marco conceptual y ciertos referentes metodológicos, pero el diseño pedagógico y la innovación dependen en cada caso del contexto y en este sentido trascienden las dimensiones disciplinar y tecnológica.

 

Graciela Messina: En efecto, como lo señala Mireya, en América Latina han surgido desde los años 90 numerosas iniciativas que reivindican el lugar del sujeto y el “entre los sujetos” como el centro descentrado de los procesos educativos; se han dado a llamar “pedagogía del sujeto”, “sistematización deconstructiva”, “investigación participativa de segunda generación”. Las une buscar un lugar diferente a los de los congresos internacionales, las CONFINTEAS, las reformas, las múltiples formas de ser en el discurso; se cobijan en los procesos comunitarios, buscan crear comunidades no sólo de aprendizaje sino de vida, creen en el conocimiento colectivo y en la pedagogía como acontecimiento cultural, político y ético. Estas pedagogías no se limitan a la educación de adultos sino que se hacen presentes en otras modalidades y niveles, mientras han nacido desde la educación popular y han buscado ser algo diferente. Por supuesto estas iniciativas son “transdisciplinarias” integrando enfoque de género, enfoque intercultural y enfoque pro derechos humanos.

 

 

¿Qué lugar se otorga a la alfabetización y la educación de personas jóvenes y adultas en los sistemas educativos de América Latina? ¿Cuáles serían las principales consideraciones para el diseño de políticas educativas en este campo?

Mireya Lozano: la inclusión de programas nacionales dirigidos a disminuir los índices de analfabetismo, así como a reducir los niveles de escolaridad básica y media inconclusa en jóvenes y adultos en los planes de desarrollo de los países de la región (dando cumplimiento con ello a la normatividad existente en el marco de la EPJA en cada uno de ellos), puede dar la idea de que la misma es un asunto que ocupa y reviste un relevante interés para los sistemas educativos de América Latina. Sin embargo, puede evidenciarse igualmente, que el énfasis se ha centrado en dar cuenta de la cobertura, de la cantidad de personas atendidas, del dato estadístico y de los recursos invertidos en esa atención, más que en la calidad del proceso mismo de enseñanza-aprendizaje.

 

Rosa María Torres: El problema es que la alfabetización sigue siendo considerada el corazón de la educación de adultos, al punto que muchos reducen educación de adultos a alfabetización. Venimos insistiendo hace tiempo, por ello, en la necesidad de pasar “de la alfabetización al Aprendizaje a lo Largo de la Vida”, el nuevo paradigma propuesto por la UNESCO para la educación del siglo XXI. Estamos lejos de que eso suceda. Más aún: el propio objetivo de la alfabetización viene reduciéndose. Hemos pasado del objetivo “erradicar el analfabetismo” (Proyecto Principal de Educación, 1980-2000) a reducirlo a la mitad (Educación para Todos, 1990-2015) y a “garantizar que todos los jóvenes y al menos una proporción sustancial de los adultos tengan competencias de lectura, escritura y aritmética” (Objetivos de Desarrollo Sostenible, 2015-2030).

 

Mireya Lozano: Así es. Sin desconocer algunos desarrollos importantes que son referente dentro de la Región para quienes aún están rezagados con los compromisos adquiridos a nivel internacional (lograr la universalización de la alfabetización en la región, en el menor tiempo posible y en cualquier caso antes de 20151), la meta que aún está por cumplirse.

 

Graciela Messina: La alfabetización y la educación de personas jóvenes y adultas siguen siendo marginales en las políticas públicas, además de estar orientadas por un enfoque de educación por competencias y de logro de metas por encima de los sujetos participantes y los educadores.

 

Mireya Lozano: Y ese es apenas un primer nivel de satisfacción de las necesidades educativas de este sector de la población. Por ello, es necesario avanzar en términos de política educativa de manera contundente, real y responsable. Ello supone en primer lugar reconocer la identidad propia, la autonomía y las condiciones que la EPJA debe tener para que se convierta en una línea de acción fuerte, estratégica y visible de los gobiernos centrales (ministerios de educación), que cuente con garantías del orden institucional y presupuestal.

 

La EPJA debería incidir de manera directa en las transformaciones sociales, culturales, económicas y políticas que la región está necesitando urgentemente. Y ello supone su fortalecimiento y desarrollo. Lo cual implica, entre otros aspectos, la revisión de nuevos referentes educativos, en el marco de un enfoque inclusivo, diverso y de derechos. Para que eso sea posible, habría que recuperar toda una experiencia acumulada en el sector estatal y el privado, y hacer uso de los mecanismos institucionales, políticos y jurídicos con los que cuenta cada país.

 

Graciela Messina: En mi opinión habría que crear espacios alternativos a los ministerios de educación, para pensar en otro tipo de programas donde se integren las artes, la educación y el cuidado del cuerpo. De hecho, eso es algo que ya se está haciendo.

 

 

Entre los aportes de la Psicología Positiva y la perspectiva del Desarrollo de las naciones y la reducción de la pobreza, ¿cuál sería un derrotero posible para la EPJA en la región latinoamericana?

Mireya Lozano: La psicología positiva o del bienestar, propuesta por Martin Seligman, aporta un interesante planteamiento en relación a cómo se puede promover una vida plena y significativa desde la perspectiva individual hasta la proyección social; esto a partir de cultivar las emociones y los rasgos positivos de las personas, como las experiencias subjetivas (asociadas a la percepción personal de bienestar), la satisfacción vital, la fluidez, el optimismo y la esperanza.

 

Los rasgos individuales y virtudes sociales, representadas en la capacidad de amar, la sensibilidad estética, las habilidades interpersonales, el civismo, la ciudadanía, la sabiduría, la responsabilidad, el trabajo ético y el altruismo, se convierten a su vez en un vehículo para aumentar la satisfacción con la vida, y en una ayuda para lograr un mejor aprendizaje y un mayor pensamiento creativo, por ello, para la psicología positiva resulta benéfico profundizar en aquellas condiciones y estados que hacen que la vida valga la pena y tenga sentido; más cuando considera que los individuos cuentan con diferentes recursos personales, sociales y materiales que les permiten alcanzar sus objetivos y afrontar las situaciones que se presentan en su vida diaria.

 

Desde estos planteamientos, podría pensarse entonces, que en la concepción de la EPJA, debe incluirse esta perspectiva que invita a potenciar el sentido y significado del proceso de enseñanza-aprendizaje, como una experiencia altamente satisfactoria que genera condiciones para optimizar el desarrollo de los rasgos individuales positivos de los participantes, y que, además, implica un desafío capaz de estimular las fortalezas del carácter, los talentos y los intereses de cada sujeto involucrado, incrementando sus posibilidades de fluir y sentirse pleno y feliz.

 

Y es desde este enfoque que la EPJA podría jugar un papel fundamental en la co-construcción de los proyectos de vida de las personas jóvenes y adultas, en tanto capaces de pensarse y repensarse en pro de la gestión social de sus expectativas con la mediación del conocimiento. Esta sería una manera de apostarle al desarrollo de las naciones y a la reducción de la pobreza, en la medida que le otorgaría a los sujetos y las comunidades un sentido proactivo y responsable frente a sus posibilidades de transformación y crecimiento.

 

Graciela Messina: Desde luego, se necesita un enfoque donde los jóvenes puedan pensarse como sujetos autónomos y capaces de trabajo intergeneracional, mientras los adultos se integren como sujetos plenos y abiertos a la transformación. 

 

Rosa María Torres: Educar a la población adulta es educar a quienes tienen a su cargo el cuidado de los niños, a los que trabajan y sostienen la economía de un país, a campesinos, indígenas, amas de casa, ciudadanos, en general. Si no elevamos el nivel educativo de todos ellos, el rezago educativo seguirá siendo un fenómeno masivo en nuestras sociedades y las posibilidades de desarrollo sostenible se verán muy mermadas. No se trata sólo de reducir la pobreza; se trata de fortalecer la ciudadanía, el trabajo calificado, la participación social, la conciencia ambiental, el nivel cultural de un país. Ahora la UNESCO advierte que la pobreza en el mundo podría reducirse a la mitad si toda la población adulta completara la educación secundaria. No obstante, este objetivo no se incluyó en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): la meta de la educación primaria y secundaria universal se refiere sólo a la población infantil. Confío en que este reconocimiento de la UNESCO - la vinculación entre completación de la educación secundaria y pobreza - ayude a visibilizar e impulsar la educación de adultos más allá de la alfabetización y la completación de la primaria, que es lo usual.

 

¿Cuáles son los retos de la EPJA en América Latina desde el terreno pedagógico y curricular?

Mireya Lozano: Sigue considerándose un reto lograr que las propuestas educativas dirigidas a jóvenes y adultos realmente tengan en cuenta en su construcción y desarrollo elementos esenciales como la modalidad, los objetivos, los conocimientos, las competencias, las actitudes y las fortalezas que aborda de la persona; así como los ámbitos de la realidad en los que se enmarca, las dimensiones del ser en los que incide, el perfil y agentes educativos que intervienen, los contenidos contextualizados, las metodologías y las didácticas que dinamizan y atraviesan los ambientes y encuentros de aprendizaje.

 

Se suman a los elementos mencionados, los retos vigentes en los que se constituye avanzar en la construcción de sistemas de evaluación adecuados de aprendizajes, el diseñar o mejorar estructuras y mecanismos con miras al reconocimiento, la validación y la acreditación de todas las formas de aprendizaje, estableciendo marcos de equivalencia; el seguimiento, monitoreo y evaluación oportuna de los programas en marcha, la sistematización, investigación y socialización de experiencias y la priorización de recursos para financiación por parte de los gobiernos.

 

Es preciso, además, potenciar y fortalecer la creación de comunidades de aprendizaje virtual, desde donde se geste la co-construcción colegiada de un “conocimiento pertinente” sobre la EPJA, y la formación compartida, con otros y otras, donde la reflexión permita y convoque todas las miradas, desde los diferentes contextos y escenarios, tanto locales, como regionales que contribuyan a fortalecer y cualificar lo que hoy se está intentando hacer desde cada orilla y cada país latinoamericano.

 

Rosa María Torres: Yo soy de las que piensa que el gran reto no es mejorar nuestros sistemas educativos sino transformarlos radicalmente. Necesitamos construir otro modelo educativo, acorde con los tiempos, con el conocimiento que hoy tenemos disponible, con los problemas y avances del mundo de hoy. En ese marco es posible pensar en una EPJA renovada, con una nueva visión y un nuevo lugar en la agenda educativa global, regional y nacional. La expectativa de vida creció exponencialmente en todo el mundo. El envejecimiento de la población es un nuevo desafío global, con grandes repercusiones demográficas y en todos los órdenes. No podemos seguir pensando la edad adulta como hace 50 años. Estamos hablando ya, en muchos países, de la mitad o más de la población, de una "edad" que abarca desde jóvenes de 15 años hasta personas de la tercera edad de más de 90 años. Los retos curriculares y pedagógicos son enormes. Pero el principal reto es el cambio de mentalidad, la incorporación de nuevo conocimiento acerca de la cognición adulta que viene aportando entre otros la Neurociencia. Sin un cambio de mentalidad, no habrá posibilidad de cambios currriculares ni pedagógicos.

 

Graciela Messina: Los retos son políticos y éticos antes que pedagógicos y curriculares; necesitamos pensar para jóvenes y adultos de una gran diversidad; necesitamos pensar en los migrantes, los sin tierra, la gente que vive en la calle, no sólo en los adultos o jóvenes de sectores marginados pero un poco más integrados a la vida urbana. Necesitamos pensar en los jóvenes y adultos de las zonas rurales, de las comunidades indígenas, los que salen de sus comunidades para no regresar. Necesitamos pensar en programas flexibles, abiertos, donde el joven o el adulto se sienta acogido, respetado, con ganas de estar, donde se fomente el deseo de saber, donde sea más fuerte el aprendizaje que la evaluación, donde sienta que existe un futuro posible donde él puede ser protagonista.

 

 

1 OEI. Plan Iberoamericano de Alfabetización 2007 -2015.

 

Foto de Olga Berrios.  Tomada de Flickr

 

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