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01/03/2017 - 11:15

Educación para la igualdad

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Yolanda Herranz Gómez
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Una sociedad que se plantee caminar hacia la igualdad tiene que pretender un cambio de valoraciones, para lo cual tiene que poner la atención en la educación. Como señala Fernando Savater en "El valor de educar", la educación es siempre deliberada, “nunca es neutral, intenta favorecer un tipo de ser humano, un modelo de ciudadanía, de maduración psicológica y hasta de salud, que no es el único posible pero que se considera preferible a las demás”. En este sentido, una sociedad que prefiera la democracia, el respeto a la dignidad, la libertad y la igualdad, ha de hacerse cargo y educar en esta dirección, mediante una nueva valoración, nuevos modelos y nuevas pautas de acción. La no intervención en este sentido, lejos de ser neutral, perpetúa y reproduce la desigualdad al transmitir el orden dominante como el “normal” y “natural”.

 

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Es evidente el necesario cambio en la educación para la transformación social, pero la educación no es sólo responsabilidad del sistema de enseñanza y de sus profesionales, sino de todos, hombres y mujeres, en cuanto madres y padres y en cuanto participantes en diferentes ámbitos de la vida social. Porque, como afirma Savater, para educar, lo primero es haber nacido y vivido antes que la persona a la que se desea transmitir (la veteranía es siempre un grado) y considerar que lo que se le desea transmitir tiene un valor.

 

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Niñas, mujeres y superdotación. Un desafío a la discriminación educativa de las mujeres

 

Esto nos convierte a todas las personas adultas en responsables de la educación de las nuevas generaciones y hace necesaria la conciencia individual de una transformación y reeducación para no transmitir valores patriarcales castradores y poder ayudar a los jóvenes a crecer sin los desórdenes psicológicos ni los costes personales con los que nos hemos encontrado las generaciones que estamos viviendo el tránsito de la sociedad hacia la igualdad. Evidenciar la injusticia, romper con el silencio cómplice, visualizar el maltrato, las actitudes machistas y homofóbicas, cuestionar la normalidad masculina, es una responsabilidad que tenemos en la educación de las nuevas generaciones.

 

La educación para la igualdad es una responsabilidad de todos y requiere aumentar nuestra capacidad de conciencia para percibir y cuestionar el principio de dominación masculina. Una intencionada educación para la igualdad hace necesario promover políticas reales que incidan en las instituciones, no sólo con preciosos programas que hablen sobre la necesaria y justa igualdad, sino mediante el propósito de reeducar a la población en general, pero especialmente a los profesionales relacionados con la educación (maestros, profesores de diversos niveles, educadores de calle, pedagogos de cualquier actividad o conocimiento, terapeutas, asistentes sociales, etc.) y a los profesionales relacionados con la transmisión del conocimiento y la información (periodistas, publicistas, comunicadores, etc.).

 

Esta reeducación tendría que visibilizar y cuestionar el modelo masculino machista y mostrar nuevas masculinidades y, a la vez, revalorizar el principio femenino en todas las personas y mostrar también nuevos modelos femeninos. Reeducación también entendida como enseñar a detectar comportamientos y actitudes machistas, propios y ajenos, pues, al no reconocer el propio sexismo se sigue transmitiendo de forma inconsciente, reproduciendo una plataforma psico-social en la que prevalece la violencia masculina contra las mujeres. Individualmente y desde los espacios públicos podemos estimular el debate y la reflexión autocrítica sobre nuestros comportamientos, actitudes, pensamientos, para tomar conciencia todos, mujeres y hombres, de nuestro propio sexismo. Desde esta perspectiva de autoconciencia y autocrítica podremos transformar nuestros miedos en un estímulo para el cambio individual y colectivo.

 

Tomado del libro: Igualdad bajo sospecha. El poder transformador de la educación. Autor: Yolanda Herranz Gómez. pp. 210-211

 

Foto de Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Tomada de Flickr

 

 

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