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20/12/2016 - 14:15

Educar para experimentar

Marina Galetto y Antonia Romano

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Es inútil mostrarle a nadie la verdad.

Para convencerle, hay que ir a buscarlo allí donde se encuentre;

y después encontrar el camino adecuado

para conducirlo hasta donde estamos”.

 

Ludwig Wittgenstein

 

El término «experimentar» ha asumido ya un significado más amplio, no limitado solo a una acción desarrollada en un espacio físico preparado, como puede ser el laboratorio de ciencias de la escuela o el laboratorio didáctico propuesto por los museos científicos. Por laboratorio se entiende, de hecho, una suma de actividades estructuradas en un proyecto que explora temáticas de amplio alcance a través de una operatividad cognitiva que se funda en la ejercitación del pensamiento y que le atribuye al aprendizaje basado en la experiencia concreta un rol central en la constitución de los saberes.

 

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Con la finalidad de que los saberes no se queden en meros conceptos adquiridos y almacenados, es importante favorecer el conocimiento metacognitivo, aquello que Mayer (1998) llama metaskill, y que ejerce un rol fundamental en la formación del pensamiento.

 

Partiendo de esta convicción se propone en este texto un acercamiento fenomenológico operativo que tiene en el constructivismo la principal referencia pedagógico-metodológica. Los alumnos se convierten en sujetos activos en la construcción de sus propios conocimientos a través de una operatividad cognitiva y no solo manual; los fenómenos que se estudian no se proponen solo por su pertenencia a una disciplina específica, sino también en relación a su accesibilidad cognitiva y a su significación.

 

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Los fenómenos se deben observar y estudiar, se formulan hipótesis y experimentaciones para entenderlos a fondo, razonando sobre ellos, para hacer que las observaciones relativas a los hechos se conviertan en conceptos.

 

Es fundamental que a un primer momento de experimentación-observación le siga un segundo momento de reflexión sobre la experiencia realizada (identificación de diferencias, semejanzas, relaciones, conexiones causales, descripciones de lo que ha sucedido que sea significativo). El mero acto de mirar o de experimentar, óptimos para la motivación, no produce construcción de conocimiento o un proceso de conceptualización; lo que debe interesar de los fenómenos (además de sorprender) no es solo su vertiente estética o «mágica», sino su fenomenología lógica, la red de conexiones que se puede construir; esto no sucede en la experiencia, sino en la reflexión sobre ella, que se realiza a través de la mediación lingüística.

 

Así, se hace indispensable la fase de narración, de puesta en común, de debate colectivo con la posible revisión de nuestras propias convicciones y observaciones.

 

Tras la puesta en común cada uno corrige, modifica, integra a la luz de la discusión su conceptualización anterior. La conceptualización no consiste, de hecho, en un listado de aspectos perceptivos, sino en su concatenación en una trama narrativa.

 

El objetivo final de la enseñanza no es crear pequeños científicos, sino crear una mentalidad científica que sea duradera para los futuros ciudadanos, de tal manera que sepan vivir de un modo activo, crítico y responsable su participación en la vida social.

 

Referencia

Mayer, R.E. (1998) Cognitive, metacognitive, and motivational aspects of problem solving <<instructional science>> 26.

 

Título tomado del libro: Saber experimentar. Autor: Marina Galetto y Antonia Romano. pp. 45-46

 

Foto de Ciencia Viva. Tomada de Flickr

 

 

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