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05/12/2016 - 15:00

El fin de las tareas

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Carlos Santos Henao
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Las tareas, como instrumento naturalizado de evaluación, se acoplaron a la vida escolar de tal manera que no son cuestionadas… Pero hay un lugar en el mundo – para felicidad de los estudiantes y profesores- donde las tareas en casa no existen: Finlandia. Este país ha sido reconocido desde hace más de diez años como una de las naciones más destacadas en la aplicación de las pruebas Pisa.

 

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El cineasta y documentalista Michael Moore en su reciente publicación El secreto de Finlandia, indaga acerca del éxito de esta extraña receta educativa que va en contra de todo aquello a lo que nos hemos aferrado: jornadas escolares extensas, tareas y más tareas, currículos que solo buscan buenos resultados en las pruebas estandarizadas internacionales, etc. Nada más lejano de la realidad del sistema educativo finlandés: bajas intensidades horarias, escuelas públicas de altísima calidad, docentes investigadores y, finalmente, una escuela que está diseñada para preparar para la vida y no solamente para responder preguntas de selección múltiple.

 

Entre tanto los finlandeses dedujeron más temprano que tarde, que los estudiantes necesitan tiempo… Tiempo para vivir, tiempo para jugar, tiempo para socializar; ahí emergen aprendizajes que vinculan a mayor escala el desarrollo integral del estudiante. Por lo tanto, para entender esta medida, es necesario ubicarnos en un sistema educativo más humano y que propende por una formación que busca en varias líneas lograr que lo realmente importante sea disfrutar la escuela y el aprender.

 

El sistema educativo finlandés se distancia de la tarea porque entiende que lo más importante no es crear estudiantes que respondan a estándares internacionales que ven en la educación una fábrica de personas uniformes. Lo realmente importante es crear estudiantes con ideas, con sueños, con metas.

 

La tarea se transformó en una estrategia evaluativa poco saludable para la escuela, los docentes y los estudiantes. Al igual que muchas prácticas naturalizadas, la tarea se volvió un filtro innecesario ya que el trabajo investigativo debe estar en cabeza del docente y no de los estudiantes. Para esto, es importante formar profesionales de la educación que recuerden cómo les gustaba aprender, para que así mismo, diseñen sus prácticas de enseñanza lejos de la comodidad de una cartilla y más cerca de temáticas que han sido relegadas en la escuela como la pintura, la poesía y las danzas. Esto, con el fin de volver a enamorarnos de las aulas como lugares que nos permiten materializar nuestras aspiraciones.

 

Es necesario pensar de qué manera el diseño del sistema educativo permite generar resultados de excelencia que originen reformas estructurales inagotables en el campo de lo económico: el desarrollo profesional docente de la mano de una remuneración dignificante, un esquema de educación infantil que integra a los mejores profesionales de la educación con formación post-gradual, y aulas de trabajo que no superan los 15 estudiantes. Todo esto en conjunto posibilita una receta perfecta

 

Finalmente, esta reflexión es una invitación a volver poco a poco sobre nuestros pasos y ver cómo desde nuestra práctica diaria podemos dinamizar espacios donde nuestros estudiantes asuman lugares de autonomía para que su paso por la escuela no sea una pesadilla y más bien se constituya en recuerdo memorable.

 

Foto de Fourbyfourblazer. Tomada de Flickr

 

 

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