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01/03/2017 - 16:45

El Maestro, un intelectual público

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Javier Camilo Rojas
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Los intelectuales, según Jürgen Habermas, deben intervenir en los debates públicos; desde esa perspectiva el maestro ha de tomar partido en las deliberaciones que conlleven a la construcción del mejor mundo posible. Participará haciendo uso de unos argumentos afilados, que deben ser expuestos, necesariamente, en unos escenarios de participación propios del Estado social de derecho. El maestro debe asumir el rol de intelectual afrontando los debates que se presentan en el mundo de hoy. Un ejemplo de intelectual a seguir es el filósofo Antanas Mockus.

 

Palabras clave: Intelectual, maestro, deliberación, debates, filosofía habermasiana.

 

La empresa intelectual que adelantaré, con el acompañamiento de uno de los filósofos más influyentes de nuestro tiempo, Jürgen Habermas, tendrá como punto de partida su exhortación a los intelectuales y, entre ellos, al profesor, a intervenir en los debates públicos; este incisivo llamado se desprende de los nuevos roles que este pensador determina para el filósofo de la Edad Contemporánea, y para los mares en que debe navegar en razón de los cambios estructurales en la Filosofía.

 

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De tal manera, con mi reflexión no me distancio del interrogante propuesto por Habermas: ¿Para qué seguir con la filosofía?, cuestión que bien podría traducirse en: ¿cuál es el papel que juega el intelectual de hoy? Habermas sostendría: “Aunque la Filosofía abandone las funciones difíciles de acomodadora y de juez, puede y debe mantener otras más modestas como vigilante e intérprete” (1985, p. 14).

 

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Por consiguiente, como un primer acto, sin descuidar lo anterior, me centraré en el rol que el intelectual debe asumir bajo el llamado habermasiano. Como segundo acto, expondré la forma en que, según Habermas, debe intervenir el intelectual en los debates públicos, estableciendo una bisagra con la experiencia de Antanas Mockus, fiel exponente de algunos preceptos habermasianos. Finalmente, presentaré mis conclusiones para un tema siempre insuficiente e inagotable.

 

El rol del intelectual desde la perspectiva habermasiana

Abro este acto con la pretensión inicial de ubicar al lector en el llamado habermasiano al intelectual, deseando lograr que dicha señal toque las fibras del ser que en algún momento de su vida laboral idealizó un mundo mejor a partir de su aporte e intervención como agente de cambio; deseo también, que desde lo más profundo de su conciencia social surja la pregunta: ¿Cuál es mi papel como maestro en el mundo de hoy? Sin más preámbulos comparto de manera textual –por considerarla brillante y profunda–, la cita de Habermas:

 

Los profesores son ciertamente no solo científicos, que se ocupan desde una perspectiva del observador de la cuestión de la esfera pública política. Son también ciudadanos. Y ocasionalmente participan en la vida política de su país como intelectuales […] El intelectual sin ser preguntado, esto es, sin que tenga que recibir encargo por parte alguna, debe hacer un uso público del saber profesional del que dispone […] Sin ser imparcial, debe expresarse con conciencia de su falibilidad. Debe limitarse a los temas relevantes, aportar informaciones objetivas y en lo posible suministrar buenos argumentos (2006, p. 29).

 

Toda acción lleva consigo una intención, y la mía es colocar al maestro frente a las discusiones que se afrontan cotidianamente, anotando que muchos, por fortuna, han comprendido el deber que tienen desde su labor como orientadores e intelectuales, lo que ha posibilitado el fortalecimiento de la lucha sindical y la participación directa en la política; de esa comprensión debe partir la decisión de asumir el rol que el maestro debe jugar en el mundo de hoy. Dejando la indiferencia, muchas veces obtenida por temor, tomará partido haciendo uso de la deliberación y los argumentos, bajo el entendido de que es un guía de seres humanos, pero también un ciudadano que ha de estar comprometido con los debates públicos que arrojarán como resultado los consensos humanos para construir el mejor mundo posible.

 

Intervención del intelectual en los debates públicos

Ahora abordaré la intervención efectiva del intelectual en los debates públicos, anhelando que para este momento de la lectura, quien la tenga en sus manos haya experimentado, al menos, ese instante en que nos detenemos a pensar: “Y yo, ¿qué debo hacer? Habermas anota, respecto del tipo de intelectual moderno, que:

 

Cuando, con argumentos retóricamente afilados, los intelectuales ejercen su influjo en la formación de la opinión de la ciudadanía, necesita un ámbito público con capacidad de resonancia, despierto e informado. Precisan un público de mentalidad más o menos liberal, y han de contar para ello, con un Estado que funcione más o menos como un Estado de derecho (2009, p. 58).

 

Bajo esta descripción la deliberación entra a jugar un papel preponderante que, desde luego, no tendrá en las sociedades que estén regidas por dictaduras o gobiernos autoritaritos. Profundizar para comprender los rasgos de la Democracia deliberativa propuesta por Habermas, le haría mucho bien al maestro, que ahora actuará convencido de que el diálogo, la deliberación argumentada y el consenso son esenciales para alcanzar la vitalidad de una sociedad pluralista, enfrentada a debates que procuran la igualdad, la inclusión y el respeto a las diversas opiniones, propias de un mundo multicultural. Así, podrá apuntar al diseño y experimentación de puntos comunes de encuentro, en donde, sin distinción alguna de credo, género, raza, etc., se logre una convivencia ciudadana en la que todos tengan cabida. El maestro intelectual es indispensable como sujeto que invita a la aportación de saberes en el acto de corresponsabilidad societal.

 

Ejemplo a seguir es el rastro que ha ido dejando el filósofo Antanas Mockus, quien con su participación en el escenario de la política colombiana, más precisamente, como Alcalde de Bogotá, introdujo elementos de la filosofía habermasiana, haciendo alarde de los principios de la Democracia deliberativa. La necesidad de exponer ideas con argumentos sólidos fue y sigue siendo la constante de un personaje que retornó el anhelo de los colombianos a los cimientos de la democracia misma, al pretender lograr un ciudadano comprometido con su ciudad y sus semejantes; en ese pasado griego estaría comprometido con la polis.

 

“El maestro de la ciudad”, como fue denominado en un artículo que tuve la oportunidad de leer hace algún tiempo, lo sitúa dentro del interrogante: ¿los filósofos y los intelectuales deben gobernar?, haciendo reminiscencia del filósofo-rey platónico; sin embargo, su proceder político está más ajustado a la convicción de Platón de que con buena educación y buenas leyes se puede realizar un orden social justo. Pero allende del pasado griego, Mockus, filosóficamente tiene un mayor acercamiento al pensador Jürgen Habermas, que se evidencia en sus esfuerzos por lograr el consenso ciudadano a través de la comunicación, entre ciudadanos y entre éstos con sus autoridades: “Uno no nace ciudadano, uno se va volviendo ciudadano”, expresaría para la entrevista que dio vida al artículo referido. Antanas Mockus siempre apuntará a que la gente debe resolver, con herramientas terrenales, problemas terrenales.

 

Pretender abordar en pocas líneas el significado inconmensurable de legado mockusiano es una tarea retadora, por cuanto se corre el riesgo de dejar fuera aspectos sustanciales de su forma de intervenir en los debates públicos; precisamente ahora tengo la sensación de no haber tocado aspectos valiosos como: lo que representó para Bogotá la “Ley zanahoria”, su perspectiva de “Anfibios culturales” y la relación entre ley, moral y cultura. No obstante, suscita la reflexión de cuán importante es la intervención en los debates públicos, cuando hay la plena convicción de que, a través de la comunicación, los beneficios a favor de la ciudadanía son palpables.

 

Conclusiones

La reflexión que he adelantado, me lleva a proponer las siguientes conclusiones:

 

  1. Es necesario, según Jürgen Habermas, que el profesor –maestro me agrada más–, en su reconocimiento como intelectual, debe intervenir en los debates públicos que afronta el mundo en determinados momentos, aportando el saber profesional del que dispone.

 

  1. Desde el rol de intelectual, el maestro debe hacer uso de buenos argumentos que apunten a la intervención en los debates públicos, a través de los cuales se materializarán los consensos que buscan la construcción del mejor mundo posible.

 

  1. La experiencia de Antanas Mockus, como un intelectual que ha intervenido en los debates públicos y en la política, es un ejemplo a seguir, por cuanto evidencia que haciendo uso la comunicación entre ciudadanos, y de éstos con sus autoridades, se pueden lograr excelentes índices de convivencia. La intervención del intelectual en los debates públicos es una necesidad apremiante.

 

Referencias

Habermas, J. (1985). Conciencia moral y acción comunicativa. Madrid: Península.

Habermas, J. (2006). Entre naturalismo y religión. Madrid: Paidós.

Habermas, J. (2009). ¡Ay, Europa! Madrid: Trotta.

 

Tomado de la Revista Internacional Magisterio No. 77

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Foto de Universidad de Navarra. Tomada de Flickr

 

 

 

 

 

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