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24/11/2015 - 17:15

Familia y educación ¿Un matrimonio disoluto?

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John Jorge Castiblanco Palomino
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Los hombres somos capaces de redactar leyes y de redactar constituciones y en Colombia tenemos la fea costumbre de pensar que una vez que se expide la ley el problema desaparece. (…) El desmejoramiento en su situación de orden público de toda situación no tiene nada que ver con la Constitución Nacional, tiene que ver con la falta que ha existido en Colombia de un criterio claro sobre la importancia de la educación como base fundamental de tener un pueblo capaz de vivir con una constitución civilizada, pluralista, amplia y generosa como es la de 1991. 

 

Carlos Lleras de la Fuente, Constituyente de 1991.

 

Entre los fines que la educación se propone se identifica la socialización de las nuevas generaciones que requiere, en cada sujeto, el reconocer un bagaje previo o primera socialización que se logra única y exclusivamente en la familia de procedencia. Presentamos una reflexión e inquietudes para el lector acerca de la relación Familia y Escuela desde la mirada educativa que propone elementos que, acogidos por maestros, pueden marcar la diferencia para humanizar el trato en las instituciones educativas y ayudar a que las jóvenes generaciones descubran que el camino contribuye a que lleguen a la adultez.

 

Palabras clave: socialización, autoridad, función social, adultez, educación, sujeto, 

 

Funciones de la educación y su relación con la escuela

Esta relación como matrimonio establece la corresponsabilidad de la función social específica tanto de la Educación como de la Familia para que los nuevos individuos (hijos) lleguen a ser adultos y, bajo esta nueva condición social y psicológica, contribuyan al desarrollo y avance del camino de las sociedades de las que forman parte. Esta relación familia-educación puede ser disoluta en el sentido de degradación, en cuanto que factores deshumanizadores presentes en la sociedad han llegado a impedir, suplantar o tergiversar la función de alguno de estos elementos del matrimonio educativo y socializador. Este matrimonio contribuye en la metamorfosis ser humano-individuo luego sujeto social en el camino de perfección permanente de ser persona, que se socializa por vez primera en la Familia y, por segunda vez, en la Escuela en el acto educativo. Se busca, en definitiva, que llegue a la adultez.

 

+Lea: Los nuevos desafíos para la familia y la educación

 

Desde la perspectiva educativa y de la psicología evolutiva se presentan algunos rasgos que permiten caracterizar la adultez como una etapa de la vida que es el referente para revisar y evaluar lo que la Educación, como institución social, está en condiciones de proponer para llevar a las jóvenes generaciones a empoderarse de su desarrollo y el de las sociedades. Por adultez entendemos aquella etapa del desarrollo humano “que define las otras: la infancia como inocencia; la adolescencia como preparación; la adultez como el hombre en plenitud; la vejez como la experiencia y el deterioro” (Amorín, 2007, pp. 36-38). Podríamos sugerir otros rasgos propios de la adultez en la perspectiva de identificar si la Educación está logrando su función social en ese propósito de llevar a la adultez, por ejemplo, cuando se logra un sujeto capaz, en primer lugar, de ver los objetos, las personas y lo hechos tal como son, es decir, que, logrando superar los bloqueos del simbolismo infantil, pueda describir la realidad sin prejuicios fantásticos; del mismo modo, que el sujeto se ajuste a las situaciones inevitables con el mínimo de conflictos, lo cual indica madurez emocional y, junto a esta, que se muestra tolerante ante la frustración. En lo tocante a su madurez intelectual, que se exprese en un oficio o una profesión realizada con gusto, satisfacción y vocación de servicio a la sociedad, haciéndose útil para ella; y, finalmente, que sea modelo para otros en cuanto que como adulto opta responsable y libremente en sociedad definiendo su orientación sexual más allá del esnobismo y que, habiendo superado situaciones traumáticas, pueda relacionarse entre iguales de modo saludable, porque considera la persona como fin y no como medio para satisfacer sus deseos o frustraciones egoístas.

 

Así es que cada uno de estos componentes del matrimonio contribuye socialmente en la metamorfosis que lleva a que un individuo logre la adultez. Tanto la Familia como las instituciones educativas son irremplazables y debe evitarse que en la sociedad en general, alguna llegue a ser suplantada por algún otro estamento social o interés ajeno a sus identidades, previniendo malestares sociales como el diagnosticado por el filósofo español Fernando Savater, cuando advierte que cuando la familia no cumple su función, hace que “las instituciones de la sociedad sufran una peligrosa sobrecarga, (…) cuando menos padres quieren ser padres, más paternalista se exige que sea el Estado” (Savater, 1997, p. 63). De ello vemos que el Estado se sobrecarga y de cualquier manera incluye la Educación como una parte de otros proyectos (económicos, políticos, de producción,…) y no como autónomo y de primera línea para el bienestar social de sus ciudadanos. Afirmamos en este mismo sentido que las instituciones educativas cuando no cumplen su función o se les tergiversa o suplanta. 

 

+Conozca el libro Familia escuela y educación de la sexualidad

 

Al respecto presenciamos que se le asignan nuevas funciones a las instituciones educativas que no son las directamente relacionadas con su función educativa y de segunda socialización. Algunas propuestas de políticas del Estado colombiano bajo el nombre de “políticas educativas” (Vr. Gr. Plan sectorial de Educación 2002-2006) y bajo el interés de mejorar las condiciones de vida socioeconómica de la población, así como de elevar el acceso a la cultura, proponiendo la enseñanza científica y sistemática orientada a la adaptación social de los individuos, para que puedan vivir como sujetos sociales a través del conocimiento, está orientando, sin reparos, a una formación técnica que garantice obra de mano calificada (obreros) para intereses netamente económicos y ajenos al avance integral de sujetos limitando lo educativo al desarrollo económico. Cuestión esta que resulta siendo una parcialización del saber científico en un saber técnico, que se verifica en instituciones educativas de nivel superior que ponen en tela de juicio si son realmente lugares en los que se cultivan los saberes universales (universitas) cuando dan prioridad al saber técnico bajo etiquetas de “universidad”.

 

Por ello lo universal se limita desde estas políticas cuando al sujeto se le hace menos ciudadano del mundo, cuando no se le ofrece acceder a otros referentes de costumbres más que los pocos que ofrece su grupo familiar y social, limitándole el camino del reconocimiento del pluralismo de todo tipo (ideológico, filosófico y religioso) presentes en otras sociedades humanas debido a que se condiciona su saber a un saber técnico orientado a la producción. Es diferente reconocer que las instituciones educativas, en el acto de enseñar, orientan al sujeto para que acceda al conocimiento sistemático y científico, concretando sus relaciones, sus aprendizajes en el marco de las intencionalidades educativas de la institución y del educador (Castiblanco, 2011, p. 321).

 

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La Educación, desde la clásica sociología educativa, ve en las instituciones educativas que su función es lograr nuevos ciudadanos mediante el cultivo de los saberes científicos y sistemáticos que los empodera como sujetos dueños de su destino y capaces de comprender su entorno social, fortalecer su herencia cultural en positivo y formándolos como seres humanos cada vez más libres en la medida en que conocen, se reconocen y transforman su entorno.

 

Sobre la relación familia y escuela

Las comprensiones acerca de la relación acción educativa en la escuela y la función formativa, también, en la familia, pueden ser diversas dadas las costumbres de los grupos humanos, las posibilidades sociales en las diferentes culturas, así como paradigmas en las épocas. Los diagnósticos del último siglo evidencian que la familia ha delegado su función de primera socialización de los nuevos sujetos sociales a la escuela y la formación de la conciencia moral y social de los hijos (Savater, 1997, pp. 55-63), sin descontar las propuestas educativas que enfatizan en la participación activa de las familias para implicarlas en la educación de sus hijas e hijos, como una nueva competencia educativa que deben desarrollar los maestros de hoy (Perrenoud, 2011, pp. 93-97) y no como una acción que debiera darse desde las mismas familias.

 

+Conozca el libro Drogadicción, familia y escuela

 

En lo tocante a las familias, desde un recientemente estudio en el Distrito Capital, la Secretaría de Integración Social –SDIS– desde su centro de investigación, publicó recientemente un estudio acerca de las familias en el Distrito Capital, dada su función de atenderlas desde las políticas sociales. La categoría “familia” va más allá de una caracterización estadística desde referentes socioeconómicos de los hogares (SDIS, 2011), por lo que resulta importante dar relevancia a las consecuencias generadas por los cambios sociopolíticos que han suscitado nuevos roles para mujeres y hombres. De la misma manera, las comprensiones acerca de la relación familia-educación son diversas dadas las condiciones sociales que han afectado a cada uno de estos dos estamentos de la sociedad en lo tocante a su función de corresponsabilidad para la adaptación de nuevos sujetos y para la vida en sociedad. 

 

A partir de ello, proponemos que una posible comprensión de la relación familia-educación en el marco de la sociedad occidental citadina, como en el Distrito Capital, y basados en la experiencia de maestros que interpretan esta relación como un eslabón de la cadena formativa de los primeros años de la vida para los seres humanos, debe restablecerse dadas las condiciones sociales que han generado sujetos cada vez más individualistas, pero menos autónomos; más informados, pero desproporcionalmente formados; con más conciencia de derechos, pero consentidos desde un paternalismo legalista pero limitados por la norma en la búsqueda de la autonomía y de la libertad; con más medios y posibilidades que en otros tiempos, pero más reducidos a sus mundos particulares, que los relega lejos del horizonte comunitario de la realización humana más allá de sus propias fronteras.

 

Con base en ello, concebimos que un horizonte de trabajo en el matrimonio familia-educación puede plantearse desde el diagnóstico dado para sociedades occidentales a partir de la perspectiva del filósofo Fernando Savater en El valor de educar, quien describe en su capítulo tercero, el eclipse de la familia, el diagnóstico de una sociedad que evidencia la crisis de las generaciones mayores para ayudar a la adaptación de las generaciones más jóvenes en el marco de una sociedad que muestra evidentes cambios y que el papel de autoridad en los adultos se desdibuja. Savater expresa gráficamente, casi intimidante y que a la vez reta no sólo a padres sino a educadores cuando afirma que: El padre que no quiere figurar sino como “el mejor amigo de sus hijos”, algo parecido a un arrugado compañero de juegos, sirve para poco (…) y la madre, cuya única vanidad profesional es que la tomen por hermana ligeramente mayor de su hija, tampoco vale mucho más (Savater, 1991, p. 63).

 

Es así como consideramos que el fortalecimiento de la relación familia-educación está no solamente en que cada quien asuma el rol que representa según su edad, responsabilidad y madurez psicológica proporcional a su edad, sino, además, en la tarea de proponer restaurar la autoridad como valor, aplicable a estos dos contextos de familia y escuela, pues socialmente un sujeto que la ejerza con propiedad, sea madre, padre o maestro es punto de referencia de las jóvenes generaciones y garantiza la credibilidad de estas instituciones que o bien padecen crisis, como la familia, o que se replantea constantemente sobre su función como la institución educativas.

 

Acerca de la autoridad

La clásica comprensión etimológica de autoridad, del latín augere, aumentar, promover o hacer progresar, marca una pauta de lo que realmente significa esta categoría para cualquiera de los dos estamentos que nos convocan. En la familia será el enseñar con el ejemplo a ser corresponsable del otro, a compartir lo que se posee y se es en términos de solidaridad con los demás, a aprender y diferenciar los roles de padre, madre, hijo, hermano, primo, sobrino, abuelo, nieto, pero, también, saber identificarse según sea la edad y estado (soltero, casado, divorciado, viudo) para apropiarse de un rol. Lo mismo aplica para el ámbito educativo en la identificación no solo de roles, sino de las funciones que contribuyen –analógicamente a la familia– a la adaptación del estudiante como hijo de la sociedad para su ser ciudadano. Se espera que se afiancen los roles del estudiante respecto a los de profesor; de compañero de trabajo académico y estudio respecto al de amigo; de alumno respecto al de las autoridades académicas de quienes se espera aprenda más; de reconocimiento a quienes contribuyen al bienestar ambiental de la escuela (personal administrativo, conserjes y personal de servicios generales). Todos ellos representan una autoridad en lo que hacen y coeducan a los más jóvenes con su ejemplo, con su rol, desde sus funciones y con su ser persona.

 

Situaciones que enfrenta la escuela en su relación con la familia

Las actuaciones humanas anteriores a la conformación de familia manifiestan una crisis de identidades y afectos, ya por una psico-afectividad inmadura o trastocada que revelan emociones incontroladas, afectos descoordinados y desorientados de progenitores con relaciones disfuncionales marcadas por la inestabilidad y una falta de compromiso; seguidos por los nunca casados bajo cualquier figura jurídica o religiosas reconocidas que generan muestra de falta de compromiso o inseguridad de realización con otra persona; otras veces, progenitores separados entre ellos y ellos de sus hijos que repercute en la estima de sus hijos; otros casos en que progenitores desentendidos de sus hijas e hijos cediendo su responsabilidad en la familia extendida (abuelos, tíos, hermanos) y dejando en veremos la primera socialización o delegándola plenamente a la escuela.

 

Desde las instituciones educativas resulta muy provechoso elaborar una caracterización de la población estudiantil con la que se compartirá y que resulta necesaria al comienzo de cada año lectivo. Aquello que indican los PEI en la CONCEPCIÓN EDUCATIVA DE LA INSTITUCIÓN, invita a que los maestros reconozcamos el contexto familiar y situacional de nuestros estudiantes, para responder no solo a los intereses de formación académica, que es lo que tradicionalmente se entiende como la función propia de la escuela, sino que es conveniente complementar esta concepción con variables que afectarían el desempeño escolar de los estudiantes. Esta es una, tarea que conviene renovar anualmente de manera ‘dirigida’ y ‘científica’ al comienzo del año escolar como momento pertinente para el conocimiento (reconocimiento) del estudiantado, dado que es población fluctuante en la mayoría de casos. Se puede pensar que un responsable directo para esta caracterización dirigida y científica son las Coordinaciones de Convivencia y Académica. Esta tarea es una manera de humanizar la escuela desde otras competencias que promuevan la socialización porque se manifiesta el interés por equilibrar emocional y afectivamente a los estudiantes cuando se les hace ver que son importantes y que de ellos se espera que sean corresponsables de la orientación madura hacia la adultez de sus proyectos de vida.

 

A manera de conclusión

La imagen metafórica de matrimonio bajo la cual se ha presentado la relación familia-educación y que reconocemos como instituciones sociales irremplazables, conjugan sus esfuerzos para lograr el paso de individuos a sujetos sociales adultos que se reconozcan como itinerantes responsables de su ser personas y capaces de adaptarse a las costumbres y generadoras de nuevos horizontes humanizadores en sus sociedades.

 

Puede que este interés se entienda como como una utopía, en cuanto que no todo depende del logro de este deber ser, sino de las condiciones reales de acompañamiento y seguimiento que logren las familias y luego la Escuela, así como de la importancia que den a ello las instituciones sociales de primer orden para que los gobiernos, tanto locales como nacionales, puedan implementar caminos que apoyen la llegada a la adultez de los ciudadanos como posibilidades educativas, laborales y de realización personal para quienes se educan, como dignidad salarial, de vivienda, educativa y salud.

 

Por ello, creemos que un referente a rescatar es el horizonte de la vocación educativa y el ejercicio docente con autoridad, pues ya hemos mencionado que la familia también educa, pero es evidente que ella confía una mejor cualificación para la educación de sus hijos en quienes se han formado profesionalmente para este ejercicio. Comprendemos que la educación, desde las instituciones educativas, cumple un doble cometido: uno individual y otro social, en cuanto que ayuda a perfeccionar lo aprendido en la familia, cultivando facultades y habilidades físicas, intelectuales, intersubjetivas, espirituales y morales del estudiante para que aprenda a vivir en la sociedad diversa, plural y universal de su tiempo que reta cada vez las comprensiones y tradiciones de las culturas de los grupos humanos.Hacemos énfasis en que en la base de la educación está la comprensión de persona y lo que con ella se quiere para su quehacer futuro. Sabemos que, mediante el ejercicio educativo, se quiere ayudar a formar su identidad y afianzar su personalidad para que pueda adaptarse a la cultura a la que pertenece y ayude a su perfeccionamiento. Pero también sabemos que esta tarea no está en la Educación como ciencia o disciplina, debido a que cada una de las dimensiones y facultades humanas son un pretexto para educar personas que sean útiles y conscientes para una mejor sociedad.

 

En definitiva, comprendemos que la educación, además de su relación con la familia, se propone, como lo sintetiza García et al. (2009, pp. 33-34) (…) el perfeccionamiento, lo que implica que la educación está dirigida al logro de una modificación optimizadora, un enriquecimiento, el paso de un estado a otro mejor. Bajo esta comprensión, la educación, además de servicio público o derecho entre tanto otros, implica otros estamentos y acciones de la sociedad que espera la adaptabilidad del sujeto que se educa, entre ellos la familia, y ninguno de los dos debe ser suplantado.

 

Cada estamento e institución social es responsable –entre ellos los Estados– de propiciar recursos, tanto materiales como humanos requeridos, para que el individuo se socialice como sujeto y llegue a ser persona que se adapte a los cambios humanos que se suscitan en las sociedades y contribuya, desde su posición y función, a un mejor estar. Así es como a las jóvenes generaciones que se educan se les debe hacer conscientes de su responsabilidad primero de sí mismas, en cuanto toman conciencia de que su adaptación a la sociedad cambiante requiere que afine e integre sus capacidades y habilidades para hacerse más dueño de sí, que personifique de manera única e irrepetible lo humano consciente de que otro semejante no podría ser como él en la sociedad; y que de ello depende que la sociedad se humanice, no se estanque o retroceda. Con todo ello Familia y Educación en todos sus esfuerzos deben conducir a que los individuos lleguen a ser personas cada vez más dueñas de sí.

 

Bibliografía

Amorín, D. (2007). Adultez y masculinidad. Montevideo: Psicolobros Ltda.

Castiblanco Palomino, J. J. (2010). “Dignidad Humana en la Sociedad Colombiana: Una Lectura desde la Teología Cristiana de la Liberación”. En: Vinculum, N° 241, Octubre-Diciembre (p.p. 89-110), Conferencia de Religiosos de Colombia, Bogotá D.C.

Castiblanco Palomino, J. J. (2011). “Evaluación de la ERE”. En: Meza R. José L. (Director). Educación religiosa escolar. Naturaleza, fundamentos y perspectivas (pp. 323-364). Bogotá D.C.: San Pablo.

Duby, G. (s.f.) Los ideales del Mediterráneo. Historia, Filosofía y Literatura en la cultura europea. Barcelona: Icaria Editorial.

García Areito, L., Ruiz Corbella, M. & García Blanco, M. (2009). Claves para la educación. Actores, agentes y escenarios en la sociedad actual. Madrid: Narcea Ediciones.MEN-Ministerio de Educación Nacional de Colombia. (2002). Plan Sectorial de Educación 2002-2006. Bogotá D.C: MEN.

Ministerio del Interior. Dirección General de Asuntos Políticos y Electorales. (2002). Conmemoración y evaluación de los diez años de vigencia de la constitución política de Colombia (pp. 31-32). Bogotá D.C.: Ministerio del Interior.

Perrnound, P. (2011). Diez nuevas competencias para enseñar. Bogotá D.C.: Editorial Magisterio.

Savater, F. (1997). El valor de educar. Barcelona: Editorial Ariel S.A.

Secretaría Distrital de Integración Social. (2011). Documento de fundamentación del área de Investigación en familias. Bogotá D.C. Documento borrador.

 

Tomado de: Revista Internacional Magisterio No. 55. Educación y familia

 

Foto de Max Moura Wolosker. Tomada de Flickr

 

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