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16/06/2017 - 15:45

¡Hagamos una nueva Escuela!

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Dino Segura
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Hace unos sesenta y cinco años o un poquito más, íbamos a la escuela con una maletica de cuero que dentro llevaba todo lo que necesitábamos para ser escolares: un gis y una pizarra. En la pizarra estaba escrita la tarea que eran unas operaciones de aritmética, sumas y restas y unas palabras para ejercitar la escritura.

 

En la escuela aprendíamos a hacer sumas y restas. Y teníamos que aprenderlo muy bien pues no había manera de sobrevivir en un mundo en el que no podemos eludir las sumas y las restas. Luego aprendimos otras operaciones y otros números, los quebrados, por ejemplo.

 

¡No había escapatoria¡ Elevar al cuadrado y sacar las raíces cuadradas y cúbicas no era tarea fácil, teníamos que comprar libros (tablas) que tenían ordenadamente los datos para consultarlos cuando fuera necesario. En una de esas tablas estaban los números hasta 100 en una columna y al frente en columnas sucesivas, los cuadrados y cubos y raíces cúbicas y cuadradas de cada uno de ellos. Otras tablas tenían ordenadamente los logaritmos naturales y comunes; otras, los números que eran grados convertidos en radianes y con los respectivos valores de los senos y cosenos y tangentes y las funciones hiperbólicas y ¡Qué se yo qué más! Necesitábamos esos libros para cumplir con las tareas escolares.

 

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Cuando alguien tenía que sumar utilizaba el algoritmo de la suma y si había que dividir, pues el de la división ¿Cuánto tengo que abonarle mensualmente si me prestas trescientos pesos y debo amortizarlo todo en 12 meses? ¡Tocaba dividir! Esto no era todo. Si hablábamos de Europa la escuela nos exigía que supiéramos las capitales de los países o su localización. Había que saber de dónde vienen los aparatos que comprábamos. Me demoré mucho tiempo en saber ¿Quién era Madein? Que era una garantía, pues para convencernos de la calidad del producto nos decían que el producto era bueno porque ahí decía que “Made in USA”.

 

¡Eran otros tiempos¡La escuela nos ayudaba a meter toda esa información en la cabeza. Historia, gramática, operaciones matemáticas, procedimientos datos y más datos. Y admirábamos a los eruditos quienes tenían infinidad de datos en la cabeza¡Esos señores saben mucho!

 

Lo que no sabíamos es que los eruditos normalmente no sabían para qué servían todos esos datos aunque, eso sí, se utilizaban para hacer crucigramas ¿Para qué sirve saber un procedimiento para separar el oxígeno del hidrógeno que están en el agua? ¿Si lo que hago diariamente es conducir un taxi o calcular la cantidad de cemento? ¿Cúando se hace una viga? ¿Si soy abogado? Pero había que aprenderlo en la escuela.

 

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Todas esas cosas se aprendían como la base de una cultura general. Después de tres años de pre-escolar, cinco años de primaria, seis de bachillerato y cinco de universidad, por fin podíamos poner en movimiento todo ese saber acumulado durante más de 15 años para resolver los problemas de nuestra profesión o de nuestra vida cotidiana y ser útiles a la sociedad en la medida en que se abocaban y solucionaban los problemas y dificultades de la vida, de la casa, del barrio o del país. Era entonces cuando caíamos en la cuenta de que de tanto resolver los problemas que nos planteaban otros, no éramos capaces ni de plantearnos un problema. Ni mucho menos de resolverlo si es que lográbamos lo primero. Éramos ciudadanos sin problemas, destinados a continuar siendo repetidores y repetidores.

 

¡Cómo han cambiado las cosas!

Hoy no tenemos que llevar en la cabeza la información. La información la llevamos en la maleta como calculadora, smartphone o computador. Y lo que tenemos que hacer es saber en el momento que lo necesitemos ¿Cómo se accede a la información? ¿Cómo se utiliza? Concretamente se podría decir que lo que se requiere es indagar ¿Cómo se convierte la información en conocimiento?

 

Es una oportunidad increíble: Como no tenemos que aprender toda la información (es tedioso e inútil) y está ahí en la maleta para cuando la necesitemos, lo que podemos hacer desde ya, desde los primeros años, es entrenarnos y entrenarnos en el uso de la información para solucionar nuestros problemas y dificultades a todo nivel, personal, familiar, barrial, nacional.

 

Esta debería ser la misión de la escuela: enseñarnos a utilizar la información. Entonces ¿Qué es lo que tenemos que hacer?

 

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Me parece que puede ser por aquí: Si lo determinante de nuestra formación es que seamos capaces de contribuir a la solución de los problemas y que seamos capaces de orientar nuestra vida de manera inteligente; esto es, como un proyecto debemos actuar en consecuencia.

 

Ya lo hemos dicho:

 

1. Lo más difícil: inventarnos un problema que nos atrape o que posea tal importancia que nos veamos instados a solucionarlo. Concebir las dificultades como asuntos que pueden superarse si persistimos y trabajamos inteligentemente en ello.

 

2. Acceder a la información disponible (no es tarea fácil, Google nos da miles de entradas para cada pregunta ¿Cómo sabemos cuál es la información pertinente?). Entre las fuentes de información no solo está Google, están también las bases de datos, los especialistas, los abuelos, el saber ancestral, etc.

 

3. Con la información en la mano podemos considerar los contextos y entonces con ayuda de la conversación, la experiencia, el razonamiento, la lógica, los valores, la creatividad y la imaginación, actuar.

 

4. Y si actuamos movidos por el deseo de solucionar el problema o de solucionar la dificultad siempre tendremos resultados positivos: un fracaso es un dato más para el siguiente intento. Así sucesivamente En cambio, si nos mantenemos tercamente insistiendo en meter una cantidad de información en la cabeza sabiendo que esa información en general es inútil, equivocada y neutral, estaremos haciendo la escuela cada día más insoportable, distante y aburrida. Si nos comprometemos con los problemas reales de la vida aprenderemos desde el principio como se trabajan los problemas, aprenderlo es como montar en bicicleta, solo se aprende haciéndolo. ESA ESCUELA QUE NO ESTÁ HECHA ¡HAGÁMOSLA!

 

Tomado de: http://www.dinosegurarobayo.com

 

Foto del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Tomada de Flickr

 

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