Tópicos

06/09/2017 - 14:15

La discriminación escolar: un cuadro desalentador

0 comentarios

Abraham Magendzo
,

Debemos reconocer con dramatismo que en el siglo pasado se cometieron las violaciones más brutales, a la dignidad humana por parte de los regímenes totalitarios de la Alemania Nazi, del fascismo y el comunismo. La Segunda Guerra Mundial condujo a que la Europa aquella de la ilustración y la emancipación, lograra en un período corto de tiempo imponer la doctrina del terror y el exterminio conculcando y privando a los ciudadanos considerados “inferiores”, judíos, gitanos, homosexuales y otros sus derechos políticos, civiles, económicos y culturales, para finalmente privarlos del derecho a la vida. El siglo XX, también implementó ideologías políticas que aceptaron la exclusión y reprimieron, e inclusive la eliminación física, de toda persona que sustentara ideas que se apartaran de los cánones oficiales. Éste es el caso de muchos de los países que conformaban la ex-Unión Soviética. Podemos decir, entonces que la discriminación tanto racial como ideológica fue el sustento que permitió dichas violaciones.

 

Se debe hacer memoria igualmente que el siglo XX vio el nacimiento de una serie de Estados independientes, en especial en el África y en el Asia, después de que éstos estuvieron sometidos a regímenes colonizadores que practicaban la discriminación y el apartheid como sistema político de gobierno. Los procesos de liberación e independencia comprometieron violaciones y discriminaciones de las libertades fundamentales de reunión, expresión, movimiento etc. En América Latina muchos de los países, en especial los del cono sur vivieron en la década de los setenta y ochenta bajo regímenes militares totalitarios y dictatoriales que hicieron de la geopolítica una doctrina que violó de manera coordinada, planificada y organizada los derechos humanos fundamentales con el fin de ocupar todos los espacios de expresión de ideas contrarias a esta doctrina.

 

+Lea:: Los derechos humanos, la educación y el concepto de equidad

 

Por su lado en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social realizada en Copenhague, Dinamarca en el año 1996 se hizo ver con dramatismo que en el mundo persisten, y se hacen cada vez más agudos los problemas de la pobreza, el desempleo y la marginación social., lo que constituye una ofensa a la dignidad humana. Se reconoce que han habido ciertos avances en la esperanza de vida, la alfabetización, la enseñanza primaria y el acceso a la atención básica de salud, que se ha producido una expansión en el pluralismo y la democratización. No obstante se constata que más de 1000 millones de personas en el mundo entero, es decir un cuarto de la humanidad vive en la pobreza extrema, en la incertidumbre, la inseguridad en el descontrol de las cosas más elementales de la vida, de ser incapaz de planificar, de tomar la vida en las propias manos, de depender de la adversidad. Con estupor se hace notar que si bien la riqueza se ha septuplicado en los últimos cincuenta años, ha aumentado la distancia que separa a los pobres de los ricos. Los desempleados superan los 120 millones y más mujeres que hombres viven en la pobreza absoluta, ellas son las que preferentemente deben hacer frente a la pobreza. La Cumbre consigna por un lado que se ha mundializado ciertas amenazas al bienestar del ser humano, como los riesgos ambientales y que decenas de millones son refugiados o están desplazados.

 

Ahora bien, frente a este cuadro desolador, que de por sí es deshumanizante e indigno y que se vincula estrechamente con todo tipo de discriminaciones, con la intolerancia con la incitación al odio y la xenofobia., surge una pregunta ineludible: ¿Cuál es el rol y la actitud que debe asumir la educación?

 

+Lea: 13 preguntas sobre el bullying y su manejo en la escuela

 

La no-discriminación un desafío de la modernidad

Los procesos de modernización y de modernidad a los que se desea hoy incorporar a la educación como un imperativo, exige también de manera impostergable atender el fenómeno de la diversidad cultural y contribuir con decisión a erradicar el fenómeno de la discriminación. Desde esta perspectiva, estamos sumando a la educación, al proyecto emancipador y democratizador que definen al ser de la modernidad (García, Canclini 1989 p. 32).

 

La experiencia de la modernidad estima que la educación es la herramienta capaz de quebrar el círculo vicioso de la reproducción. Sin embargo, es importante reconocer que en nuestra realidad históricamente la educación ha jugado un rol reproductor, homogeneizante, y reforzador de discriminaciones. En efecto a la educación se la ha instrumentalizado y utilizado para perpetuar discriminaciones. Desde una mirada etnocéntrica el currículum ha desconocido la cultura de los indígenas, la de la mujer, de los campesinos, los pobladores, los pobres y muchos otros grupos marginados. Estos no han tenido espacios en los saberes que se transmiten. Hay, por así decirlo, una incapacidad de reconocer al “otro” desde una actitud de apertura, para utilizar el concepto gadameriano de alteridad. El otro distinto, para la educación es invisible, no tiene presencia (Magendzo, A. 1994, pp. 13-35).

 

En la sociedad moderna, en términos de Taylor (1986) uno de los más grandes filósofos contemporáneos –la identidad humana se constituye y crea dialógicamente– por consiguiente el reconocimiento de nuestras identidades exige una política que da espacio para la deliberación pública de aquellos aspectos de nuestras identidades que compartimos o que intentamos compartir con otros.

 

+Conozca el libro Convivir en la diversidad. Una propuesta de integración social desde la escuela

 

Desde su punto de vista una sociedad que reconoce las sociedades individuales es una sociedad deliberante y democrática precisamente porque la identidad individual se constituye en el diálogo colectivo. Todo esto presupone, en términos de Taylor (1986), algo así como un acto de fe de que todas las culturas que han “animado” a sociedades completas por un período de tiempo tienen algo importante que decirle a toda la humanidad. El término clave es la presunción que todas las culturas son igualmente válidas. Más aún, Taylor insistirá en que así como se acepta como derecho universal la igualdad de derechos civiles independientes de la raza o de la cultura, todos deben gozar de la presunción de la igualdad valórica de las culturas. En mérito a esta presunción ninguna identidad cultural puede a priori ser juzgada como no valiosa.

 

La educación si desea realmente sumarse a la modernidad debe ser capaz de reconocer con decisión que el respeto a las diferencias y la política de erradicación de las discriminaciones forma parte no sólo en el área de la democracia política, sino también del área de la democracia cultural. En otras palabras se ve como necesario –si se desea “ingresar” y “transitar” hacia una sociedad democrática y moderna– asumir, reconocer y potenciar el tejido intercultural como acervo cultural. Se indica que el potenciamiento de nuestros propios tejidos e identidades culturales lejos de constituir un obstáculo para nuestro “ingreso” a la modernidad, debiera ser nuestro resorte específico para ser modernos hoy día. Calderón, Hopenhayn, Ottone (1993) manejan la hipótesis que la transformación productiva con equidad, como propuesta de desarrollo para los países de la región, no puede prescindir de los principales rasgos culturales de nuestras sociedades. Estos rasgos son la condición de tejido intercultural como resorte de nuestra forma propia de apertura al mundo; y la superación de la dialéctica de la negación del otro como exigencia fundamental para nuestra integración social y para la consolidación de una cultura democrática.

 

Sobre dicha base, es posible la construcción de una moderna ciudadanía, en la cual “el sujeto será la voluntad del individuo de ser productor y no solamente consumidor de su experiencia y de su entorno social” y en donde la modernidad, además de progreso económico, tecnológico y social, será sobre todo “exigencia de libertad y defensa contra todo lo que transforma al ser humano en instrumento o en objeto”.

 

+Conozca la Revista Diversidad cultural

 

Referencias

García, Canclini 1989 p. 32.

Presencia (Magendzo, A. 1994, pp. 13-35).

Taylor (1986)

 

Título tomado del libro: Formación ciudadana. Autor: Abraham Magendzo. pp. 67 a la 70

 

Foto de Freepik para Free Photo

 

Agregar comentario

Debes iniciar sesión o registrarte para poder realizar comentarios.
PUBLICIDAD

Recibe nuestras novedades

PUBLICIDAD