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04/08/2015 - 10:30

La ética del cuidado como estrategia convivencial en el aula de clase. “El aula que soñamos”

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Sonia Camacho Quintero
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Resumen 

Proyecto desarrollado con estudiantes y docentes de primero de primaria, basado en la metodología investigación acción en el aula, con un enfoque de Marco Lógico. Las aulas son espacios en los cuales se gestan diferentes interacciones, orientadas por liderazgo, preferencias, aceptación, rechazos e imitación. En estos procesos influyen las familias, los docentes, el contexto y las reglas implícitas de los grupos; así, es posible generar prácticas conjuntas de exploración, sensibilización y formación, que favorezcan la adquisición de valores y permitan experimentar la aceptación y reconocimiento mutuo, partiendo del cuidar y ser cuidado como eje convivencial, esto lo que se pretende presentar en el artículo.

 

Palabras Clave: convivencia, aula, ética, cuidado, interacción.

 

Introducción 

El proceso educativo involucra aspectos decisivos para la formación de niños y niñas. En un colegio y sus aulas se gestan diferentes tipos de relaciones implícitas y explícitas entre estudiantes y docentes, con sentidos y significados diferentes para cada uno de ellos, que pueden crear, a corto y largo plazo, referentes internos de comportamiento entre los principales participantes de la situación educativa, como son los estudiantes, y desencadenar en ellos actitudes positivas (tranquilidad, seguridad, apoyo, felicidad) o negativas, frente a sí mismo y frente a los otros (agresividad, intolerancia). Estos referentes crean marcas e improntas en las cuales inciden, tanto el contexto del colegio y del aula, como el contexto familiar, social y cultural. Las relaciones entre iguales y la amistad son consideradas vitales para un desarrollo armónico y saludable, pues proporcionan oportunidades de aprender y ensayar importantes habilidades, siendo el motor primordial del desarrollo en niños y niñas. La escuela y la vida en el aula, en el grupo de pares, ofrecen espacios de interacción social que llevan a la aceptación y el reconocimiento de los compañeros y profesores. Ser aceptado por los demás supone una precondición para desarrollar ajustes y adaptación escolar y social. 

 

Los niños interactúan con diferentes realidades personales y grupales que rodean su contexto, conformando una red de vínculos interpersonales que se denomina convivencia. La educación para la convivencia se caracteriza por generar acciones con el fin de que los alumnos aprendan a vivir juntos respetándose, conservando las normas básicas y aprendiendo a resolver problemas de la vida cotidiana. Al identificar las características de los procesos de convivencia y las dinámicas que se gestan al interior de las aulas, se pueden generar (desde el aula) herramientas conjuntas (docente, estudiantes) que permitían a cada estudiante experimentar, en el marco de la interacción, la aceptación y el reconocimiento mutuo, nuevas formas de cuidado propuestas por ellos mismos y el manejo asertivo de los desacuerdos y conflictos, la tolerancia y la inclusión del otro.

 

Proyecto de aula 

Se establecen dos etapas en el proyecto, una de investigación y otra de intervención. La etapa inicial se aborda teniendo en cuenta las aulas como espacios de relación social, donde se evidencian procesos de interacción a partir de diferentes aspectos y actores como el maestro, el espacio, la arquitectura, el proceso de enseñanza aprendizaje, la organización escolar, entre otros, que tienen que ver directa e indirectamente en el establecimiento de relaciones entre pares, entre pares y docentes y en la forma como se solucionan los desacuerdos y conflictos que surgen al interior de la misma. Existen diferentes formas de interacción que se gestan al interior de las aulas, las interacciones horizontales se dan entre estudiantes, y las interacciones verticales son entabladas con el maestro y los estudiantes con motivo de la clase, Vásquez (1996). Las primeras se encuentran a diario dentro de la dinámica del aula, se van gestando de forma individual entre los estudiantes con características afines entre ellos, en sus juegos, actividades y cercanía; con el paso del tiempo y el compartir, se amplían a más compañeros formando diferentes grupos que pueden constituirse por un plazo breve, éstos pueden hacerse permanentes en el conjunto de la actividad durante el año, ya que los niños buscan realizar sus tareas con compañeros con los cuales han logrado un nivel de entendimiento y encuentro.

 

Al interior de la dinámica escolar no sólo se da un aprendizaje de tipo cognitivo, sino que en este ir y venir de actividades, de conceptos y nuevas ideas, se da un “aprendizaje social, a través de las interacciones que se ejecutan cotidianamente” Vásquez (1996). Teniendo en cuenta que el aprendizaje social es parte fundamental del proceso de formación escolar, que se configura a partir de la relación social, en el proyecto de aula se implementan las técnicas del sociograma, la cartografía social y el diario de campo, para visibilizar la interacción en el aula y el establecimiento de relaciones entre pares y entre pares y docentes, además de la exploración de los procesos de convivencia y los significados construidos por los grupos respecto a los objetos relacionales en el marco de un lugar físico simbólico (aula).

 

Los resultados de esta fase permiten establecer las relaciones que se dan al interior de los cursos. Al parecer, a la hora de conformar sus grupos, los niños tienen en cuenta el momento presente, el aquí y el ahora, mencionando a compañeros que asisten; que ven en el aula en ese instante. Tal como lo afirma  Piaget, (citado por García, 2001): “los niños pueden utilizar representaciones (imágenes mentales) que son sólo acciones motoras para pensar sobre los objetos y acontecimientos”. Para el momento de dar respuesta al cuestionario del sociograma, tienen la imagen mental de los compañeros presentes, olvidando otros que no estaban en su visualización motora. En este proceso de selección grupal, se destaca que los estudiantes que han perturbado el ambiente del aula reciben pocas aceptaciones y mayor número de rechazos (Figura 1). Todo ello puede estar relacionado con el comportamiento y las características negativas de agresividad y malos tratos hacia los compañeros, situación que incide en la elección e identificación de los estudiantes problemáticos. 

 

Vásquez (1996), explora estos rasgos de aislamiento y/o rechazo, afirmando que: “la incapacidad de algunos niños para entablar interacciones es reflejo de una problemática personal exterior a la dinámica de la clase, como dificultades de aprendizaje, dificultades al interior de la familia, delincuencia o marginamiento”. Piaget también esboza dentro de sus teorías algunas afirmaciones que permiten entender un poco más el aislamiento, manifestando que, aunque “el pensamiento de éstos niños entre los 5 a 7 años es más flexible, eficiente y compartido socialmente, aún existen limitaciones por el egocentrismo debido a la influencia familiar que genera rigidez de pensamiento en el niño ” (citado por García, 2001); situación que se puede comparar con aspectos como el egoísmo, el querer ser el mejor y demostrarlo por medio del trabajo, o la planificación de actividades y juegos grupales que incluye y excluye de acuerdo a la imagen que cada compañero ha reflejado en los intercambios que han experimentado mutuamente. 

 

En este mismo sentido, los niños que se observan aislados, pueden llegar implícitamente a excluirse ellos mismos, al preferir estar solos cumpliendo las normas personales y/o familiares de interacción. En uno de estos grados, un estudiante, quien al parecer ha sido aislado y se ha autoexcluido por los fuertes lineamientos familiares de relación con los compañeros y con el cuidado de sus útiles escolares, se expresa de la siguiente forma: “trabajo solo porque los demás no saben, tengo que hacerlo como mi mamá me dijo que lo hiciera”.

 

El maestro es visto como modelo de aprendizaje, de comportamiento y de interacción, él puede orientar diferentes procesos en los estudiantes, como la construcción de normas. Esto se ve reflejado en la réplica constante de los estudiantes hacia las normas implícitas que ha dado el docente. El proceso de enseñanza aprendizaje no sólo abarca aspectos académicos, sociales y personales, sino que incluye las características de personalidad de los niños (as), la influencia de su entorno, del docente, la familia, el barrio, los medios de comunicación, entre otros. La influencia familiar se visualiza en expresiones, actitudes y comportamientos de los estudiantes, situación que puede afectar positiva o negativamente la convivencia y el aprendizaje, de acuerdo al estilo de interacción que predomine. Vygostky (1980) (citado por Osorio (s.f.)), señala que: “un niño usualmente aprende en circunstancias en las que un guía (por lo general sus padres) le va presentando tareas cognoscitivas, entonces aquí vemos lo importante del trato interpersonal”. En algunas situaciones se observaron niños con directrices familiares muy fuertes, que al parecer podrían ocasionar el rechazo o aislamiento por parte de sus compañeros. Se diría que los niños asumen y aceptan las prescripciones de sus padres para no romper con una norma familiar. Estos factores relacionales y de interacción afectan la dinámica y el clima del aula, sin embargo, es importante incluir los factores ambientales, los cuales tienen un efecto positivo o negativo en el espacio de trabajo escolar. El apropiarse del espacio del aula, de su cuidado, conservación y embellecimiento, hace parte de aspectos elementales que favorecen y/o obstaculizan la convivencia. 

 

Los estudiantes no desean un cambio radical, acogen su aula como es, pero aportan diferentes posibilidades de conservación estructural y ambiental como mecanismos que pueden mejorar su convivencia y, por ende, su proceso de aprendizaje. Teniendo la configuración inicial del aula y los procesos de interrelación social que se dan en su interior, así como la definición de roles y grupos, se inicia la segunda fase del proyecto, fase de intervención, la cual se basa en la metodología del Marco Lógico dentro del Ciclo de Proyectos, y la Investigación Acción en el Aula, como herramientas flexibles que permiten un nuevo análisis con una visión centrada en el problema, y el establecimiento de un puente entre los resultados de la investigación y una propuesta de programa flexible, que, a su vez, requiere estudiar otros elementos relacionados, como la información, las técnicas, los aportes de los niños, las propuestas y la convivencia como un proceso viviente, continuo, siempre mirando la perspectiva del aula (qué se tiene, a dónde se quiere llegar). 

 

La investigación acción en el aula involucró un trabajo planeado y participativo de maestros, estudiantes y padres de familia. Situación que favoreció la inclusión e interrelación de diferentes temáticas, facilitando experiencias individuales y sociales a través de la construcción conjunta de herramientas entre docentes y estudiantes. Este proceso es realizado por el docente (investigador) con el propósito de emplear los conocimientos que obtenga durante el proceso de investigación para la solución de una determinada situación que se presente en todos o en algunos de los estudiantes. Se trabaja en equipo con los estudiantes, promoviendo la producción colectiva de conocimiento, para la identificación y búsqueda de soluciones a situaciones de violencia física, rechazo mutuo, entre otras. Teniendo la información diagnostica que aporta la investigación acción, el proceso de marco lógico permite analizar contextualmente la problemática identificada, partiendo de la descripción amplia desde la base misma, hasta llegar a la articulación de todos los aspectos, situaciones, personas y espacios. Proporciona una estructura para el diálogo entre las diferentes partes implicadas, incluye los diferentes elementos en un proceso de cambio (problemas, objetivos, partes interesadas, plan de implementación) y es un instrumento para crear participación, responsabilidad y apropiación frente a la situación planteada. La metodología del Marco Lógico resulta útil como instrumento que proporciona diferentes lineamientos para la gestión del ciclo del proyecto, orientando la conceptualización, el diseño, la ejecución y la evaluación del proyecto, utiliza una serie de técnicas.  La primera técnica implementada en este proyecto fue el árbol de problemas, se diseñó para analizar la situación inicial de los grupos de estudiantes.  Este árbol permitió visualizar una perspectiva de causa efecto, determinando la situación problema. 

 

Un segundo paso involucra el diseño del árbol de objetivos, en el cual se describió la situación futura que se quiere alcanzar según la problemática seleccionada, para luego representar las soluciones alternativas. Como tercer paso, se señaló la lógica del proyecto de intervención, estructurando el fin, el propósito, los componentes y las actividades pensadas a partir del análisis realizado por Chaux, et al. (2005), sobre el tipo de relaciones de cuidado que se necesitan en la formación de ciudadanos y la manera como esta formación puede ocurrir en toda institución educativa. La escuela y el aula son sitios privilegiados para la formación de relaciones de cuidado, espacios de formación donde los niños aprenden e incorporan nuevas estrategias y habilidades para relacionarse con otros (adultos y pares). Finalmente, se organizó toda la información en la matriz de planificación del proyecto Marco Lógico y se dio paso a la implementación de la matriz en las aulas de clase. 

 

Algunas conclusiones 

La exploración de los procesos de interacción entre pares que se desarrolla en las aulas, permitió crear espacios de reflexión y análisis con los estudiantes, padres de familia y docentes, sobre las características y el tipo de relaciones que se establecen al interior de las aulas, y la importancia de trabajar en la construcción común y colaborativa de un ambiente proactivo. Un aula escolar es un espacio facilitador para explorar y promover diferentes actividades de gran importancia en el proceso educativo y social. Si se realizan entre docentes y estudiantes, aunando sus esfuerzos hacia la solución de una problemática, es posible motivar la creación de diferentes ambientes colaborativos, de aceptación, aprendizaje, reconocimiento mutuo y solidaridad. Según Da Costa, citado por Lugo (2008): “[…] el logro de diferentes climas de convivencia es el desarrollo de modelos de relación dentro del aula que potencien los fines que deseamos. Dentro de ellas se encuentran las del profesorado con el alumnado”.

 

La convivencia involucra procesos de aprendizaje permanente, con cada interacción que se origina, con la cercanía a diferentes personas y ambientes, con el contacto directo o indirecto. Por ello, construir un ambiente de aula basado en los procesos de convivencia y en la ética del cuidado, debe ser un trabajo constante y cambiante, como parte de una educación “para toda la vida”, Delors, (1997), teniendo en cuenta el proceso evolutivo de las personas y de las instituciones.                               

                                                                       

Entre compañeros, en un contexto de iguales, en el aula, se observan procesos de convivencia y aprendizaje positivos y negativos. En la fase de investigación del presente proyecto, se observó que en algunos casos los niños imitaban o seguían patrones de comportamiento de compañeros más cercanos o líderes. Durante la fase de intervención, también se corroboró, una vez más, que los pares son agentes de influencia que despliegan actitudes con incidencia en los otros estudiantes. Son vigilantes del cumplimiento o incumplimiento de las normas que se han venido estableciendo como grupo. Las normas que organizan la interacción de un grupo tienen reglas implícitas, estas normas son acuerdos que regulan la dinámica de interacción entre ellos, definiendo roles, rechazos, aislamientos, preferencias, cambiantes y variables según la duración, la forma de comunicación o la inclusión y exclusión del compañero. En la definición de estas normas tiene influencia el contexto relacional que rodea a los niños y niñas, los intercambios que les son permitidos y las consecuencias que pueden generar.

 

El centro educativo se configura como una compleja red de relaciones que actúan en distintos niveles e inciden entre sí, formando lo que Pérez Gómez (1992) ha llamado la “estructura social de participación”, que al ser construida conjuntamente, teniendo en cuenta sus necesidades, intereses y expectativas, genera un mayor grado de apropiación, de sentido y significado. En los grados primeros se generó un espacio de diálogo, análisis, cambio y compromiso individual y grupal acerca del aula que soñamos y cómo todos los que participamos podemos aportar para construirla y mantenerla. Un proceso de educación integral orientado hacia las relaciones entre pares y la formación en valores con niños y niñas, no siempre es efectivo y duradero. Por ello, la propuesta de realizar un programa flexible y desarrollar un proceso de construcción de normas en el aula, conjuntamente con los estudiantes y docentes, basados en la participación, la lúdica, la búsqueda de acuerdos y el significar el aula como un espacio “hablante”, permite que el proceso sea de mayor aceptación y apropiación y conlleve una práctica y retroalimentación constante por los docentes y estudiantes. 

 

Todas las personas involucradas dentro del proceso de interacción en el aula, determinan acciones y comportamientos para la construcción de un ambiente de convivencia armónica, todos tienen influencia y, en esa medida, todos, como participantes de este espacio escolar común, tienen incidencia en el carácter que toman las relaciones entre pares, con las directivas y los docentes. El docente puede identificar y reconocer aspectos relacionales, familiares, personales, que facilitan el proceso educativo; cumple un importante papel, guía, orienta, direcciona y es el modelo a seguir por los estudiantes, él también contribuye y aporta en la convivencia del aula, puede estar favoreciendo o entorpeciendo los procesos de aprendizaje y socialización. 

 

El análisis, las reflexiones realizadas y las diferentes teorías, permiten afirmar que sí es posible generar, desde el interior del aula, herramientas elaboradas conjuntamente entre el docente y los estudiantes, que permitan a cada niño y niña experimentar, en el marco de la interacción, la aceptación y el reconocimiento mutuo como norma de convivencia que estimula el desarrollo de relaciones basadas en la ética del cuidado y en el manejo proactivo de los desacuerdos y conflictos, favoreciendo la adquisición de valores como la tolerancia y la inclusión del otro.

 

Todo el proceso concluye con la construcción de dos normas: Yo me cuido, tú me cuidas, todos nos cuidamos y Somos amigos, evitemos tratarnos mal. Sobre estas normas se continuará el trabajo de aula, motivando y reiterando el compromiso asumido por cada uno de los participantes (estudiantes y docentes) y la importancia que tiene para lograr el aula que soñamos. La investigación acción en el aula es un proceso inacabado. A partir de los resultados se propone implementar un segundo ciclo del proyecto con los padres, estudiantes y docentes, desde una mirada previa y con un nuevo plan de acción que permita sumar más esfuerzos promotores de la comprensión del aula como espacio de relación e interacción, y de las características de los procesos de convivencia y de la construcción de normas en el aula. 

 

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La autora es Psicóloga, Especialista en Psicología Social. MSc en Educación. soniaycamacho@hotmail.com

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