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06/10/2015 - 11:00

La motivación: varita mágica de la enseñanza y la educación

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Diego González Serra
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Todo maestro es un factor motivacional. Quizá él no lo sepa, pero en realidad está cargado de una fuerza especial que moviliza de manera tremenda, o frena y desmotiva; que satisface pro-fundamente al escolar o lo llena de frustración, insatisfacción o resentimiento. Aquí queremos alertar al maestro sobre esa fuerza tremenda que lleva en sí, que él posiblemente desconoce, y que puede hacerlo feliz o infeliz, exitoso o fracasado a él y a sus alumnos.

 

¿Qué es la motivación?

Entendemos por motivación aquel complejo funcionamiento psíquico “que determina, regula, la dirección (el objeto - meta) y el grado de activación e intensidad del comportamiento” 1. La motivación despierta la conducta y la mantiene, refuerza o inhibe, hasta obtener el objeto-meta (motivación positiva), o evitar aquello que resulta insatisfactorio o amenazante (motivación negativa). 

 

+Lea: Cómo elevar su autoestima

 

En ese complejo funcionamiento psíquico que constituye la motivación humana, participan las necesidades de la personalidad, pero también interviene el reflejo del medio y la imagen de sí mismo. Cuando una persona percibe la posibilidad de satisfacer o asegurar la satisfacción de una necesidad suya, o percibe una situación externa que lo daña o amenaza, entonces se motiva para lograr la satisfacción o evitar la insatisfacción. La motivación surge cuando se relacionan las necesidades y valores con las circunstancias externas y la imagen de sí mismo: si el individuo se percibe a sí mismo como capaz de lograr la meta, entonces se motiva, pero si se percibe como incapaz, entonces no surge la motivación. De ahí la importancia de la imagen y de la valoración de sí mismo en la motivación humana. Por ello definimos el motivo como el reflejo del objeto-meta de la actividad, como algo que puede ser obtenido en dependencia de las circunstancias actuales, externas e internas (psíquicas).

 

+Conozca el libro Autoestima y motivación. Valores para el desarrollo personal

 

¿Cómo motivar para la clase y el estudio?

Esta es la primera preocupación de un maestro. En primer lugar tenemos que decir que hay que motivar no sólo para la clase, sino también para el curso total de la asignatura o asignaturas que impartimos. La motivación para cada clase se apoya en la motivación de las clases anteriores, y repercute sobre la motivación de las futuras. 

 

De acuerdo con lel planteamiento inicial de que la motivación ocurre cuando el sujeto encuentra en su reflejo de la realidad la posibilidad de satisfacer sus necesidades, entonces todo maestro debe conocer las mayores necesidades de sus alumnos, que el puede satisfacer en el aula: podríamos reconocer la importancia que tienen en nuestros niños y adolescentes la necesidad de afecto; los intereses cognoscitivos, (la curiosidad por lo nuevo y desconocido); la ne-cesidad de diversión y actividad; y, sobre todo en los adolescentes, la necesidad de independencia, y valoración positiva. En consecuencia, motivar para la clase es lograr que los alumnos descubran en ella la posibilidad de satisfacer estas necesidades. 

 

Y de aquí se deriva el criterio de que el maestro debe ser afectuoso y respetuoso con sus alumnos, debe despertar el interés por las materias que imparte, ha de promover la iniciativa, la creatividad y la actividad intelectual de sus alumnos, respecto a los contenidos que imparte. 

 

Conocer a los alumnos es ir penetrando en sus características individuales, descubrir sus problemas, sus necesidades afectivas, y, en consecuencia, es poder darle al niño o al adolescente lo que él necesita desde el punto de vista afectivo. Esto crea satisfacción en los alumnos y sienta las bases para el desarrollo de la motivación y el interés hacia las clases.

 

+Conozca el libro Motivación para el éxito

 

 Pero conocer a los estudiantes supone también saber qué temas son los que más les interesan, lo cual sirve para tratar de vincular la asignatura que se imparte con esos intereses. También, mediante la orientación de las clases, y sobre la base de los intereses cognoscitivos ya existentes, se pueden promover otros intereses. Es necesario exponer los temas de estudio con emoción, con interés por parte del maestro, y hacer preguntas que promuevan la actividad intelectual de los alumnos. Es muy conveniente poner siempre ejemplos y llevar al aula objetos o láminas que sirvan para explicar los contenidos, sobre la base de los cuales, el alumno memorice y piense. Igualmente, las visitas a lugares relacionados con los contenidos de las clases, despiertan vivencias afectivas y cognoscitivas muy importantes para promover la motivación y el interés cognoscitivo.

 

El empleo del método problémico (plantear al alumno problemas y preguntas relativas a la temática que estudia), resulta decisivo, no sólo para promover el desarrollo intelectual, sino también para despertar una intensa y profunda motivación por el estudio.

 

En dos palabras, para despertar la motivación hacia el estudio, es necesario conocer bien la materia que se va a explicar, y hacerlo con claridad: favorecer al máximo la comprensión del alumno sobre lo que se explica, pero, al mismo tiempo, actuar de manera que se despierten sus intereses cognoscitivos y la actividad intelectual de búsqueda y reflexión sobre aquello que se estudia. Y no olvidar nunca, que la instrucción es obra de ternura apasionada y constante.

 

Debemos tener en cuenta que los exámenes y las notas o calificaciones constituyen también un importante factor motivacional. Pero una motivación hacia el estudio, centrada sólo en los exámenes y calificaciones, puede perderse fácilmente, o, en el mejor de los casos, convertirse en un patrón de conducta puramente adaptativo, que sólo responde a los premios y castigos. La motivación autónoma, real, y más positiva hacia el estudio, es aquella que surge como resultado de la combinación armónica del método problémico con los exámenes y las notas, que despierte los intereses de los estudiantes y una actitud activa y creadora en ellos. Éste último, ha de ser el estímulo fundamental.

 

Promover una motivación autónoma hacia el estudio, desarrolla intelectual y moralmente al estudiante.

 

¿Cómo lograr la disciplina consciente?

Junto con la motivación hacia el estudio, la escuela tiene que promover la motivación por la disciplina. Sin disciplina una escuela no puede funcionar. Todo lo que hemos dicho sobre la motivación hacia el estudio vale para sentar las bases de la disciplina: un estudiante motivado por el estudio y por su escuela tiende a ser disciplinado en el aula. 

 

La disciplina, o sea, el cumplimiento con las normas y valores de una institución, y el acatamiento de las órdenes impartidas por sus dirigentes, puede ser reactiva, adaptativa o autónoma. La disciplina reactiva es aquella que engendran la presencia e insistencia directa del maestro o del director, y que se debilita o desaparece en ausencia, o ante el descuido de la figura de autoridad. La disciplina adaptativa es aquella que el propio estudiante asume con la finalidad de lograr premios y evitar castigos; es una disciplina formal, no aceptada por sí misma, pero indiscutiblemente superior a la reactiva, pues parte de la propia iniciativa del estudiante. La disciplina autónoma es aquella que se fundamenta en la asimilación de los valores que rigen la institución por parte del estudiante, quien, en consecuencia experimenta la necesidad de cumplir con sus normas y directivas, independientemente de los premios y castigos. Es una disciplina consciente, y la verdadera auto disciplina.

 

A veces un estudiante se comporta de manera totalmente indisciplinada. El logro de la disciplina reactiva es un paso de avance. Pero la disciplina adaptativa es superior. Ahora bien, la verdadera y profunda educación requiere lograr la disciplina autónoma o consciente: la auto disciplina.

 

La educación que lleva a cabo la escuela sobre el estudiante consiste en inculcarle sus valores y el estudio, la escuela tiene que promover la motivación por la disciplina. Sin disciplina una escuela no puede funcionar. Todo lo que hemos dicho sobre la motivación hacia el estudio vale para sentar las bases de la disciplina: un estudiante motivado por el estudio y por su escuela tiende a ser Los premios y los castigos ejercen una notable influencia y favorecen la disciplina reactiva y en definitiva la adaptativa. De ahí su importancia. Sin embargo, el castigo percibido como algo injusto puede conducir a la rebeldía y ser contraproducente, sobre todo en la adolescencia y la juventud. 

 

Pero los premios y castigos por sí solos pueden no formar la disciplina autónoma o consciente, y a veces resultan insuficientes para lograr la reactiva o la adaptativa. Para el logro de la disciplina autónoma o auto disciplina, son decisivos los siguientes determinantes: en primer lugar, el ejemplo y el prestigio del director y del maestro basado en su firmeza, su justa actuación y fundamentalmente en su afecto, comprensión y respeto hacia los estudiantes; también vale mucho la calidad de las clases que el profesor imparte, sus conocimientos, su capacidad para despertar el interés y hacer atractiva y amena su exposición. Otro estímulo que se debe tener en cuenta es la persuasión que los directores y maestros realicen para convencer a los estudiantes de lo justo de los valores, normas y disposiciones que demandan cumplimiento: es necesario persuadir sobre su carácter justo, necesario o imprescindible.

 

Por lo general no es posible la ausencia de normas y exigencias que permitan al estudiante hacer lo que le parezca, en detrimento del buen funcionamiento de la escuela. Pero es muy importante la índole de las exigencias que se planteen. Estas exigencias deben estar basadas en valores y en los requerimientos del buen funcionamiento del centro, y en la procura de la mejor armonía entre dichos valores y requerimientos y las características y necesidades de los alumnos. Las exigencias innecesarias o extremas resultan incomprensibles para el estudiante y lo frustran agudamente. 

 

Otro importante aspecto que es preciso considerar para el logro de una disciplina consciente, es el trabajo con las organizaciones estudiantiles, la asociación o federación de estudiantes, etc.: es necesario promover las iniciativas y un rol dirigente autónomo y creador por parte de dichas organizaciones. No es educativo que el director y los maestros sustituyan y anulen a los estudiantes en la dirección de sus organizaciones, o que se opongan a ellas. La influencia del director y de los maestros debe ser indirecta, mediante el prestigio, el ejemplo y la actitud positiva de éstos hacia los estudiantes, en virtud de lo cual se convierten en líderes informales cuya opinión es muy respetada por los alumnos. Esta es la vía para persuadirlos de la necesidad de que las organizaciones estudiantiles hagan suya la tarea del mantenimiento de la disciplina. El trabajo educativo en cuanto a la disciplina, sólo será plenamente efectivo cuando sean los estudiantes los primeros interesados en mantenerla y perfeccionarla, y cuando sobre ellos recaiga principalmente la iniciativa en este empeño.

 

No se trata de hacer desaparecer los premios y los castigos (y son mejores los premios que los castigos), sino de mantenerlos de manera que no afecten negativamente los estímulos que favorecen una disciplina autónoma, a los cuales deberían estar supeditados.

 

 Todo profesor tiene que desarrollar y lograr una cierta dosis de dominación y control sobre sus alumnos. Ahora bien, lo fundamental es en qué tipo de estímulos apoya esta disciplina. Si la apoya solamente en la reprimenda, el maltrato, la amenaza y el castigo, esto puede conducir fatalmente a la rebeldía, al incremento o mantenimiento de la indisciplina, o en el mejor de los casos a una conducta reactiva o adaptativa basada en el miedo, lo cual no promueve el desarrollo moral autónomo del estudiante.

 

En conclusión

 La escuela debe ser para el estudiante y el maestro, o profesor, un lugar grato y atractivo donde se va a aprender y a educar: un lugar que nos motive y nos haga felices. Eso supone, lógicamente, una lucha, un esfuerzo. Y por ello el director, y los profesores en primer lugar, tienen que controlar y organizar su estado anímico de manera tal que la exigencia sea equilibrada y conduzca a las buenas relaciones. Si los profesores o maestros tienen buenas relaciones entre sí y con los alumnos, todos se sentirán motivados positivamente hacia su labor en la escuela. El ejemplo personal y el sentimiento del amor han de ser, pues, lo principal.

 

La motivación positiva, el deseo entusiasta de hacer el bien enseñando y aprendiendo, es la varita mágica de la felicidad y el progreso. Es necesario mantener en alto esta varita mágica a pesar de todas las dificultades y perspectivas negativas que pueden existir, pues nacimos para ser felices.

 

Tomado de: Revista Internacional Magisterio No. 5. Nuevas tecnologías en el aula

 

Foto de Serge Saint. Tomada de Flickr

 

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