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10/06/2014 - 08:30

Las direcciones escolares y la práctica docente

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A. Campo
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Día 1 de septiembre de 2011. En medio de una crisis económica que parece que va a hacer tambalear los cimientos del
sistema financiero, empiezan las soluciones de urgencia: recortes en los servicios públicos, nuevas reglas de los mercados
financieros…

Las crisis difícilmente se solucionan con repuestas técnicas. Requieren de la acomodación de las creencias, actitudes y reglas de juego que las provocaron. Está bien ganar tiempo haciendo una cirugía rápida para estabilizar la situación, pero posteriormente se requiere el trabajo de adaptación. Heiftez, R. (2002) dice que cuando un paciente viene con un ataque al corazón, no tiene sentido en ese momento intentar convencerle de que deje de fumar, de que tenga una alimentación más saludable. Primero hay que hacer algo inmediato para estabilizarlo, quizá una angioplastia o la reconstrucción de una arteria obstruida o quizá un Bypass coronario. Ganar tiempo permitirá abordar luego las causas subyacentes que provocaro la enfermedad, quizá la mala alimentación, el exceso de trabajo, el tabaquismo… Todo ello implica que las soluciones técnicas son una parte de la solución, pero los cambios de conducta son esenciales y no dependen en exclusiva del médico. En la sociedad actual, para hacer frente a esta crisis económica acuciante se requerirán nuevas reglas que compensen adecuadamente al capital y al trabajo, que impidan las distancias cada vez mayores entre ricos y pobres, que imposibiliten que los bancos vampiricen a sus usuarios con condiciones abusivas, pero también habrá que instaurar modelos de consumo razonables y sostenibles y unos valores en que los coticen al alza, como la solidaridad, la austeridad y la justicia.
En educación, las medidas de urgencia para cuadrar un presupuesto, que casi siempre conducen a una peor atención de los que más la necesitan y a una reducción de la partida de gastos, no parecen estar encaminadas a la estabilización del “enfermo” y a ponerle en situación para un mejor tratamiento de su dolencia en el futuro; desde nuestra valoración éste debería consistir en modificar aquellas prácticas que, aunque avaladas por creencias culturales, no son eficaces y sustituirlas por otras que garantizan una buena educación. Los centros educativos que funcionan mal (y los hay), se caracterizan por los sentimientos de desesperanza del profesorado, por su negación en la responsabilidad en el aprendizaje de todos y cada uno de sus alumnos y por la resistencia a las intervenciones externas. El profesorado,aunque es consciente de los pobres resultados de su alumnado no acierta a ver cómo sus esfuerzos pueden cambiar la situación. Se achacan los malos resultados a la escasa capacidad y al entorno familiar y comunitario, y estas excusas impiden trabajar de otro modo, con otras estrategias y con objetivos compartidos. Aunque se puedan poner en marcha soluciones técnicas de urgencia, el cambio es de adaptación, de cambiar las actitudes del profesorado y la cultura escolar. Esto supone un reto complicado a las direcciones de los centros educativos que tienen que trabajar para modificar tres conjuntos básicos de creencias entre el profesorado: Todos los alumnos y alumnas son capaces de aprender cuando se utilizan las estrategias apropiadas de instrucción.

Aunque el entorno familiar tiene consecuencias importantes para el aprendizaje, los centroseducativos son capaces de compensar los efectos negativos de determinadas circunstancias familiares, así lo avalan las investigaciones sobre el valor añadido en educación. Lo que los centros escolares necesitan hacer para mejorar el rendimiento en el aprendizaje es conocido y se puede aprender. Se requiere que todo el mundo trabaje en la misma dirección, con objetivos compartidos. La presión de las administraciones educativas no funciona si no va acompañada por un apoyo sistemático, con las mejores actividades de desarrollo para el profesorado en su lugar de trabajo.
Junto al cambio de actitudes, el profesorado tiene que ir ganando confianza en las nuevas técnicas profesionales. Los problemas técnicos y los retos de adaptación suelen darse mezclados, pero necesitan abordajes distintos, muchas veces complementarios, para afrontar una crisis.

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