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25/11/2015 - 17:00

Los nuevos desafíos para la familia y la educación

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Juan Carlos Montero Ordinola
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El presente artículo busca sensibilizar a la comunidad educativa para que comprenda la familia como un sistema de apoyo instrumental y afectivo para las nuevas generaciones, y dotarle de nuevos patrones de acción y relación familiar, como son los estilos parentales; esto, considerando que la mayor parte de la controversia sobre lo que constituye una buena o mala paternidad, tiene que ver precisamente con los estilos parentales. Las reflexiones que se deriven de este desafío no se deben esquivar, pues facilitan conocer y comprender mejor a la familia como un sistema dinámico e interactivo, en el que padres e hijos se influyen entre sí.

 

Palabras clave: Crianza, familia, estilos parentales, conducta infantil, escuela, comunidad.

 

Lo que se espera de los padres 

Si lo único estable en un mundo de cambio permanente es la inestabilidad, hay que estar preparado para ella, señala Schneider (2013); los cambios culturales y educativos demandan, a padres y madres, reubicarse frente a los nuevos procesos de la escuela y la sociedad. Esta situación plantea retos en la crianza e implica contextualizar la educación desde la perspectiva del tejido social en que los niños, niñas y jóvenes viven y se proyectan hacia una sociedad que tendrán que vivir y construir. 

 

+Lea: Del Maltrato Infantil a la Violencia Escolar Familia y Escuela

 

El contexto social no se relaciona solo con factores macrosistémicos, sino con las responsabilidades personales de sus miembros; por tanto, el desarrollo personal, no solo en el contexto escolar, sino a lo largo de la vida, debe tener un rol protagónico. La inserción en el entramado social hace que determinados agentes sociales vayan “enseñando” aquellos comportamientos propios de nuestra cultura y aceptados o rechazados por la mayoría. Dos de esos grupos, la familia y la escuela, se sitúan en la base del proceso y son los pilares básicos de nuestra socialización. La familia, como agente que precede en el tiempo a cualquier otro grupo social, emerge aquí con un estatus de privilegio por su gran poder conformador (Olivares, 2006).

 

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Se pueden distinguir al menos cuatro funciones o responsabilidades de lo que se espera de la familia en relación con los hijos.

 Mantenimiento físico de sus miembros.

 Apoyo social y afecto.

 Socialización.

 Control social. 

 

Siguiendo a Cataldo (1991), se puede decir que la familia, y concretamente los padres, debe proporcionar sustento, cuidado y protección a sus hijos; mediante las conductas de apoyo y afecto el niño percibe que es querido y aceptado por el núcleo familiar. Éstos pueden dividirse a su vez en dos dimensiones bipolares que caracterizan las relaciones afectivas entre padres e hijos: 1) En forma de aceptación-rechazo, dimensión que oscila entre el afecto, el cariño y la expresión de sentimientos cordiales hacia la conducta del niño, y las expresiones físicas o verbales de agresividad, hostilidad o indiferencia; 2) En forma de sobreprotección-distanciamiento, en familias que se agrupan en torno a un miembro familiar, y familias que carecen de identidad de grupo, caracterizadas por una comunicación muy poco fluida.

 

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Por otra parte, la socialización se puede describir como el proceso por el cual los individuos, en interacción con otros, desarrollan las maneras de pensar, sentir y actuar que son esenciales para su participación eficaz en la sociedad. En ese sentido, la responsabilidad de control social se asume como un proceso en el cual la familia modela, orienta, conduce y limita la conducta de sus miembros; se refiere, por tanto, al modo en que los padres pretenden influir en la conducta de sus hijos. Así, la mejor forma de conocer cómo influye este control en el proceso socializador del niño, es examinar la implicación y participación de los padres, así como las técnicas o estrategias disciplinares que ponen en juego para conseguir y mantener el comportamiento deseado o eliminar o reducir un comportamiento no deseado.

 

Dada la especial relevancia del tipo de control que los padres ejercen sobre los hijos, Blechman (1990) recuerda que la familia también posee funciones educativas, proporcionando pautas útiles para el desarrollo de sus miembros. Eso explicaría el por qué los educadores con frecuencia se sienten desorientados acerca del tema de los límites y de la disciplina que deben establecerse en la educación de los jóvenes, mucho depende del control social y de los criterios básicos que deberían guiar la implantación de las normas a cumplir.

 

Relaciones familiares: La familia como sistema 

La familia consta de elementos que interactúan: progenitores e hijos influyen unos en otros, recibiendo, desde una perspectiva ecológica, el influjo de otros sistemas sociales como la vecindad y las organizaciones comunales. En el enfoque de sistemas, los padres de familia siguen ejerciendo sobre sus hijos un influjo directo, por ejemplo, alentándolos a poner empeño en el estudio, o indirecto, siendo generosos y amables; pero la influencia ya no es exclusiva de padres hacia hijos, sino recíproca: con sus conductas, actitudes e intereses los niños inciden en cómo son tratados.

 

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Sin embargo, el enfoque de sistemas no se agota en eso. La familia forma parte de otros sistemas sociales que afectan la dinámica familiar, algunas veces facilitando la crianza, entre ellos es posible contar al barrio y las instituciones comunales, incluyendo a la iglesia. El siguiente diagrama sintetiza las numerosas influencias interactivas que incluye una concepción de la familia basada en los sistemas.

 

Áreas problemáticas identificadas 

Montero y Delgado (2001, p. 5), realizaron una experiencia que permitió desarrollar un programa para promover la participación de la familia en el apoyo de los aprendizajes infantiles, en actividades y prácticas de comportamientos saludables, alentando la creación de espacios útiles e integrando al grupo familiar en la organización escolar, de modo que conozca y asuma su corresponsabilidad en la educación de sus hijos. En el programa, los padres aprenden a desarrollar habilidades de relación con los niños según sus necesidades, como cambiar sus conductas y mejorar su relación con ellos; para hacerlo, se recogió información acerca de las áreas problema de los padres y los hijos.

 

Informadas por los hijos

 Expresión de afecto  

 Comunicación  

 Críticas  

 Exigentes  

 Muy controlador 

 Desinterés en lo que hago 

 

Informadas por los padres 

 Dominante 

 Poco comunicativo 

 Creo conocer a los hijos 

 Poco tiempo juntos 

 Poco afectuoso 

 Desconozco como orientar a los hijos 

 

En síntesis, las relaciones afectivas, el nivel de comunicación, la intimidad y privacidad, la confianza, los estilos paternos que determinan el grado y el tipo de control ejercido, así como los mecanismos de adaptación a los cambios, constituyen las variables que más frecuentemente se relacionan con un desarrollo personal positivo o negativo.

 

Dimensiones y estilos parentales 

En función de la presencia e intensidad de los componentes de apoyo o afecto, control, valores y creencias de los padres, se va a desarrollar en cada familia, en cada padre/madre, un modelo de estilo educativo, entendido como el conjunto de ideas, creencias, valores, actitudes y hábitos de comportamiento que los padres mantienen respecto a la educación de sus hijos y que guían y orientan su relación con ellos (Olivares, 2006). Es evidente que educar hoy, en la familia o en la escuela, es un asunto difícil, y lo es porque la realidad social ha cambiado drásticamente. 

 

Piénsese solo en la complejidad de nuestro mundo: grandes empresas, poder adquisitivo, medios de comunicación de masas, nuevas tecnologías, competencia profesional, competitividad, masificación, reclamos placenteros o de ocio. Con estas descripciones, ya nadie duda de lo difícil de educar, si además se habla de un escenario generalmente democrático donde no vale la imposición, sino la reflexión, el respeto y el sentido de libertad. En una sociedad que evoluciona tan rápidamente, los patrones clásicos de comportamiento se difuminan y desaparecen, mientras que los nuevos empiezan a establecerse.

 

Esta situación de cambio permanente llega a desarmar y desconcertar a padres y educadores: “¿Cómo actuar, cómo educar, qué es lo mejor para mi hijo, cómo tratar a los alumnos para que sean más responsables, autónomos, eficaces o simplemente, más felices?”. No queda otra salida que “profesionalizarse” tal como lo enfatiza Hernández (2005), incluso como padres; pero cuando decimos “profesionalizarse”, hablamos de tomar conciencia de los factores que inciden en la educación, como el clima familiar, el liderazgo educativo, los estilos de educar, las estrategias a utilizar, entre otros, y de ser conscientes de que el proyecto educativo de un hijo o un alumno es un proceso largo y complejo que va configurando su identidad.

 

De los estilos parentales 

Existen algunos acercamientos empíricos que favorecen la descripción y explicación de la disposición o modo de actuar que los padres muestran habitualmente hacia los hijos o alumnos. Los aportes de Becker (1964), Baumrind (1991) y Patterson (1995), parecen indicar aspectos estrechamente relacionados con la crianza. Uno ligado al nivel de afabilidad y sensibilidad (calidez) que se muestra ante los hijos; otro relacionado al control que se ejerce sobre ellos; veamos lo siguiente.

 

-  Control: Control firme. Gran control. Poco control. No hay control 

-  Calidez:  Poco afecto. Afecto y sensibilidad. Afecto e interés. No ofrece afecto

 

Baumrind evaluó la conducta de niños pequeños observándolos en centros de cuidado y en sus casas, también valoró los comportamientos de los padres hacia sus niños mediante entrevistas y observaciones en casa. Sobre la base de estas observaciones, clasificó a los padres en cuatro estilos arquetípicos de la conducta parental.

 

A continuación se describe la contribución de Baumrind: 

 

 El estilo parental autoritario combina un control firme, con poco afecto. Los padres fijan las reglas y exigen que sean cumplidas sin discutir. Se manifiesta un deseo de inculcar el trabajo duro, el respeto y la obediencia, se dan pocos intercambios con sus hijos, porque prescinden de sus necesidades y deseos.

 El estilo parental autoritativo combina un gran control, con afecto y sensibilidad hacia los niños. Los padres autoritativos explican las reglas y estimulan la discusión.

 El estilo parental indulgente-permisivo ofrece interés, pero poco control. Estos padres generalmente aceptan la conducta de sus hijos y rara vez los castigan. 

 El estilo parental indiferente-desinteresado no ofrece afecto ni control. Estos padres de familia atienden las necesidades básicas físicas y emocionales de los hijos, nada más. Procuran pasar el menor tiempo posible con ellos, sin adquirir lazos afectivos.

 

De los cuatro estilos, a los niños les favorece una combinación de afecto y de control, característica del estilo autoritativo (Olivares, 2006); sus hijos suelen ser responsables, confiables y amistosos. En cambio, los de padres autoritarios tienen poca autoestima y poseen menos habilidades sociales; los de padres indulgentes-permisivos son a menudo impulsivos y se frustran fácilmente, y los de padres indiferentes-desinteresados tienen poca autoestima y son impulsivos, agresivos y malhumorados. Es posible que el estilo autoritario pueda beneficiar a niños que crecen en la pobreza, debido a que cuando crecen en medio de condiciones de violencia y crimen, la obediencia a sus padres puede protegerlos (Kail-Cavanaugh, 2006).

 

Sin embargo, por mucho que estas dimensiones y estilos ayuden a entender el estilo parental, la crianza del niño no se limita a ellas. Queda claro que los padres de familia influyen en el desarrollo mediante la instrucción directa y el asesoramiento. Además, sirven de modelo a sus hijos valiéndose de la retroalimentación para influir en su conducta; ellos a su vez imitan su comportamiento. 

 

Una influencia recíproca 

Anteriormente se afirmó que la familia es un sistema dinámico e interactivo en el que padres e hijos se influyen entre sí; para entender esta influencia recíproca, imaginemos a dos niños de distintos temperamentos que reaccionan ante el estilo autoritativo de un progenitor. El primero tiene un carácter “agradable”, no vacila en cumplir órdenes y responde bien a las discusiones familiares y las expectativas de sus padres; esta relación es un ejemplo clásico de un estilo autoritativo exitoso; el segundo, con un temperamento “difícil”, obedece de mala gana o no lo hace, con el tiempo el padre se muestra más controlador y menos afectuoso, mientras el infante es menos obediente, haciendo que su progenitor adopte un estilo autoritario.

 

Las conductas y estilos parentales a menudo cambian por la conducta del hijo; con el transcurso del tiempo, las influencias recíprocas llevan a adoptar otras formas de interacción. Algunas terminan funcionando bien, otras suelen presentar serios problemas debido a los desacuerdos, a lo difícil que resulta ver objetivamente como funciona la familia, después de todo, forman parte de ella; a menudo carecen de los conocimientos necesarios para modificar la conducta de sus hijos. En tales circunstancias, la ayuda de la psicología puede darse y ofrecer las condiciones para un funcionamiento familiar exitoso.

 

Conclusiones 

 La familia es el grupo de referencia, en el que vivimos nuestras primeras relaciones sociales y comenzamos a asumir las normas y valores vigentes en la sociedad.

 En función de la presencia e intensidad de los componentes de apoyo o afecto, control y creencias de los padres, se desarrolla un modelo de estilo educativo en cada familia, entendido como el conjunto de ideas, creencias, valores, actitudes y hábitos de comportamiento que los padres mantienen respecto de la educación de sus hijos y que guían y orientan su relación con ellos.

 Los estilos señalados permiten a los padres acercarse más o menos, sirven de espejo, para verse reflejados en uno u otro estilo.

 

Referencias 

Álvarez C, M. A. (2006). Nadie nos enseña a ser padres. Manual de apoyo para padres y educadores. Santiago: Universidad Católica de Chile.

Cataldo, CH. (1991). Aprendiendo a ser padres. Conceptos y contenidos para el diseño de programas de formación de padres. Madrid: Visor.

Hernández, P. (2005). Educación del pensamiento y las emociones. Madrid: Narcea.

Kail, R. V., y Cavanaugh, J. C. (2006). Desarrollo Humano. Una perspectiva del ciclo vital. México: Mc Graw Hill.

Montero, J. C., y Delgado, C. H. (2001). Manual del Programa de sensibilización a padres de familia. Lima: UDECE, MED.

Olivares, R., Rosa, A., y Olivares, P. J. (2006). Ser padres, actuar como padres. Un reto que requiere formación y tiempo. Madrid: Pirámide.

Schneider, Ben. (2013). Post crisis. De una época de cambios a un cambio de época. Lima: El Comercio, Producciones Cantabria.

 

Foto de Srgpicker. Tomada de Flickr

 

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