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03/11/2016 - 10:45

Resolución de conflictos: Estrategias para educar en el valor de la justicia

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Luz Stella Isaza Mesa
Martha Lorena Salinas Salazar
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Antes de entrar al análisis de la estrategia de la resolución de conflictos, es importante hacer precisión sobre el concepto mismo. Él supone una interacción entre varias personas o grupos de personas con algún tipo de interdependencia, con objetivos o fines incompatibles, o bien de competencia en la consecución de ciertas recompensas. El conflicto es inherente a lo humano, no es sinónimo de violencia como frecuentemente se concibe en el ámbito de la escuela; por el contrario, se puede convertir en motor que dinamiza las relaciones y conduce a un ejercicio de reflexión crítica.

+Lea La ética del cuidado como estrategia convivencial en el aula de clase. “El aula que soñamos” y El pensamiento crítico reflexivo como herramienta para la educación de la competencia socioemocional.

 

En consecuencia, la resolución de los conflictos debe tener un espacio importante en el trabajo escolar. En este orden de ideas, Grasa (1994) sostiene que no todos respondemos de la misma manera ante un conflicto, porque en ellos intervienen situaciones, estados evolutivos de las personas, contexto, personalidad; elementos que hacen compleja su resolución o su mediación. Puig (1995), ubica la resolución del conflicto como parte de la educación moral, que en situaciones controvertidas o difíciles, ayuda a orientar y a conducir reflexivamente la búsqueda de las herramientas básicas para la solución de los mismos.

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Siguiendo a Grassa (1991), otro aspecto importante en la utilización de esta estrategia, tiene que ver con la toma de conciencia sobre las actitudes y comportamientos que se asumen con mayor frecuencia en los ambientes escolares para su solución; ellos son: competir, evitar, huir, pactar, negociar, ceder, acatar, colaborar.

 

Volviendo a Puig (1995), éste propone que a la hora de acercarse al análisis y búsqueda de salidas al conflicto, deben evitarse las posiciones pasivas o egoístas, para priorizar la negociación y la colaboración como alternativas que permitan encontrar fórmulas que favorezcan a todos los implicados.

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Se sugiere realizar la aplicación de esta estrategia en la escuela, siguiendo algunos de los pasos que ya han sido trabajados por autores como Lederach (1994), Grasa (2000) y Puig (1997); veamos:

 

• Iniciar con el análisis de los tres elementos involucrados: las personas, los procesos y los problemas. En este aspecto se sugiere diferenciar, claramente, los actores que están involucradas en la situación conflictiva teniendo en cuenta las posturas de cada uno; reconocer el origen y el desenlace de los acontecimientos; e identificar el problema en el que convergen.

 

• Hacer claridad sobre el origen, la forma que ha tomado el conflicto y su magnitud.

 

• Favorecer el desarrollo de un clima propicio no solo para la comunicación entre las partes, sino la expresión de experiencias, información y sentimientos, como la confianza.

 

• Buscar estrategias que permitan orientar adecuadamente el problema; esto implica: definirlas, aplicarlas y evaluarlas en relación con los resultados.

 

En la solución de los conflictos que se presentan a diario en la escuela, toda la comunidad escolar tiene que aprender a actuar como mediadora. En este sentido, el lugar del maestro cobra vital importancia en la medida en que ofrece, con esta estrategia de resolución de conflictos, una herramienta para el acercamiento más positivo a las situaciones que generan conflicto; además, la presencia del maestro como mediador es importante porque hace posible la visión global del conflicto en la comprensión de sus pasos, es decir, ampliar el conocimiento sobre la posición que tiene cada una de las partes, precisar el problema, identificar las personas involucradas y visualizar las soluciones posibles.

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Tan importante como la aplicación de la estrategia metodológica sugerida para la resolución del conflicto es, como lo afirma Puig (1995), la actitud con que el maestro aplica y usa dicha estrategia. Así mismo, se recomienda al maestro, utilizar adecuadamente cada uno de los recursos de que dispone, para el diseño de estrategias y manejo del debate, pues esta tarea exige, por su parte, la búsqueda de salidas dialogadas y creativas, sin olvidar por supuesto, que su posturas y opiniones han de estar enmarcadas por principios como el respeto, la libertad, la igualdad, la justicia, el diálogo y la solidaridad.

 

Referencias:

GRASA, R., 1994, “Resolución de conflictos”, en: MARTÍNEZ, M. y J. Puig, (coord.), 1994, La Educación Moral: Perspectivas de futuro y técnicas de trabajo, Barcelona, Grao, Instituto de Ciencias de la Educación, Universidad de Barcelona ICE, pp. 105-112.

PUIG, J., 1995a, Aprender a dialogar, Buenos Aires, AIQUE.

PUIG, J., 1995b, La educación moral en la enseñanza obligatoria. Barcelona, Horsor.

PUIG, J., 1997, «Conflictos escolares: Una oportunidad», en: Cuadernos de Pedagogía,(257), Barcelona, pp.58-65.

LEDERACH, J., 1994, «Mediación», en: Documentos «Red Gernika», Gernika Gogoratuz, 1997, http://pangea.org/edualter/material/euskadi/mediacio.htm.

 

Tomado del libro: Para educar en el valor de la justicia. Representaciones sociales en el marco de la escuela. Autor: Marta Lorena Salinas Salazar - Luz Stella Isaza Mesa. pp: 169-170

 

Foto de Isadora Gobetti. Tomada de Flickr

 

 

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