Tópicos

23/06/2016 - 09:45

La infancia: Concepción compleja y diversa. Una perspectiva sico-pedagógica. (Esbozos de una historia)

Gustavo Escobar Baena

0 comentarios

,
Ilustración de Henry González en Revista Internacional Magisterio 54-web

Este trabajo es apenas un esbozo de lo que puede ser una investigación más dedicada y sin la premura de un artículo por publicar. La historiografía es un estudio reciente, de los últimos cuarenta años, al menos en lo concerniente a las obras que en este escrito se mencionan y al aporte de sus autores. En él aparece una nueva mirada sobre el niño, que no reconoce como tal el aporte de la pedagogía y, a nuestro modo de ver, sí está muy relacionada con la sicología, enalteciendo el mundo de la educación. Phillips Aries, investigó desde el arte pictórico, en un estudio iconográfico sobresaliente, y con reconocimiento universal, e indicó elementos muy significativos que, sin embargo, no son aceptados tan fácilmente por otros autores como LLoy De Mouse, en Historia de la infancia, Linda Pollock y otros, generando una controversia significativa en este campo del conocimiento.

La investigación sobre la vida infantil está escrita, por lo general, en singular, se habla de infancia. Sin embargo, en algunos pocos trabajos aparecidos en el ámbito de nuestras universidades se empieza a hablar de las infancias, en personas que han recibido formación infantil y se inician en el mundo educativo como pedagogos. Este plural puede llamar la atención, dado que hoy en nuestra realidad y en el mundo, se habla de diversidad, de pluralismo, de diferencia y, por supuesto, de dificultad familiar y escolar. A nuestro modo de ver, comienza a surgir una nueva sensibilidad, un nuevo reconocimiento acerca de esta denominación.

Luego de haber recorrido distintas experiencias educativas vemos, en espacios de familia, escuela y comunidad mediados por el aporte de la historiografía, el derecho, la sicología y por supuesto el impacto tecnológico. En el trabajo de Aries se diferenció la sociedad medieval de la moderna, en relación con el reconocimiento del niño. Se indicó desde su libro El niño en el antiguo régimen, que hubo una época en la que no se pudo representar al niño y tampoco al adolescente, más allá de verlo como bebé, y de allí pasó a ser adulto. Llama la atención cómo el aprendizaje fue entendido como convivencia directa del niño con los adultos, donde el infante aprendió, se constituyó en un lugar de afecto entre los esposos, y apareció la escuela. Este aspecto, de separar a los niños de los adultos y hacerlos entrar en razón, se interpretó como un aspecto más de la llamada moralización realizada por los reformadores católicos o protestantes de padres a hijos, lo que antes no se daba. Este afecto se manifestó a través de la importancia que se dio en adelante a la educación. “Ya no se trata de establecer a sus hijos únicamente a través de la fortuna y el honor. Surge un sentimiento completamente muevo: los padres se interesaron por los estudios de los hijos y los siguen con una solicitud propia de los siglos XIX y XX”. Con ello se inicia la investigación historiográfica.

No obstante, los estudios de la historiografía sobre la niñez no reconocieron la obra de los pedagogos. Fue así como la niñez, en el contexto de estas obras, tuvo una significación, según Mariano Narodowski, quien en su trabajo sobre Infancia y poder se refirió a la concepción de Pedagogía moderna, analizando el discurso pedagógico en un campo más o menos previsible, con reglas de formación más o menos constantes, y con mecanismos discursivos más o menos variables. En el trabajo del autor mencionado, se indicó cómo “la niñez representa el punto de partida y el punto de llegada de la Pedagogía. El motivo de casi todos los desvelos, y la fuente de buena parte de las preocupaciones” .

Al contrario de la sociedad medieval, la sociedad moderna se obsesionó en cierta manera con el niño. El siglo XX fue denominado como el siglo del niño, el siglo del adolescente, y se le reconoció una condición de sujeto, en la cual tuvo mucho que ver la posición sicoanalista sobre el niño que no solamente lo reconoció en su unidad síquica y corporal, sino también en su manifestación social, en lo que implicaba el mismo concepto. Además, le otorgó el reconocimiento de sujeto, con el aporte de diversas personas y expresiones de pensamiento y de la ciencia jurídica hasta lograr que la Asamblea de las Naciones Unidas promulgara tres generaciones de derechos, y los consagrara con mayor claridad y determinación hasta lograr que 178 países se comprometieran a cumplirlos.

Con la vida moderna y el desarrollo de la ciencia, la técnica y la tecnología, tales derechos se desarrollaron plenamente, a fin de atender las necesidades de los infantes. Apareció la pediatría, se fortaleció la sicología, el derecho se ocupó de la infancia, la historiografía permitió volver sobre los documentos históricos del pasado y se retomó con fuerza la relación sico-pedagógica. Llegaron el televisor, el teléfono, la radio, el celular y el computador, incluso hasta hogares más pobres, como expresión de la llamada Mass media. En cierta manera se ocuparon de los hechos infantiles: aparecieron los juegos electrónicos y los robots.

El trabajo de P. Aries, fue de carácter iconográfico y se realizó en Francia. En él se estableció la diferencia entre la sociedad europea y la manera de representarse la niñez; sus conclusiones se aplicaron no solo en el ámbito de ese país, de ese continente, sino para toda la cultura occidental. Según este libro (Infancia y poder), el concepto de infancia solo aparecería hasta el siglo XVIII, luego de una serie de aproximaciones entendidas como el mimoseo, según el cual el niño fue visto como adulto en miniatura, donde la gente se divertía con el niño como si fuera una cosa graciosa, si el niño moría, no se daba mucha importancia al asunto.

Si el niño sobrevivía, a este periodo de “minotage”, solía suceder que el niño viviera fuera de la familia. Se hablaba de separar a los niños del hogar y hacerlos, “entrar en razón” (3). Luego la escuela sustituiría al aprendizaje como medio de educación, lo que significó que cesó la cohabitación del niño con los adultos y ello determinó la relación del niño con la comunidad, dando fin al aprendizaje. El niño fue separado de los adultos y entró en una especie de cuarentena, antes que dejarle suelto ante el mundo. Esta cuarentena fue llamada escuela o colegio, escolarización.

A su vez, este concepto se refirió a la especificidad del niño como tal, a la importancia de establecer la diferencia entre el niño y el adulto. Tal como lo indica el trabajo de Mariano Narodski, la modernidad trae un nuevo destino, la infancia deja de ocupar su lugar como residuo de la vida comunitaria, como parte de un cuerpo colectivo, (Celis, 1986), todo niño empieza a ser identificado como un ser inacabado, carente y por tanto individualizado como producto de un recorte que reconoce en él la necesidad de resguardo y protección. Ahora la infancia es individualizada, aparece el nuevo cuerpo infantil, cuerpo para ser amado y educado, entre otras manifestaciones.

El trabajo de P. Aries no solo se preocupó del origen de la infancia sino, también, de distintos aspectos de la educación, la iglesia, los magistrados, la vida de los príncipes, y los abusos que se cometieron con la población infantil reconociéndose que en esta época hubo muy poca conciencia sobre este sufrimiento infantil. De otro lado, aparecen la crueldad y la humillación. Así lo registra un trabajo que complementa el del investigador francés, el de LLoyd de Mause, quien indica: “La historia de la infancia es una pesadilla de la cual hemos empezado a despertar hace muy poco. Cuanto más se retrocede en el pasado, más bajo es el nivel de puericultura, y más expuestos están los niños a la muerte violenta, al abandono, los golpes, el terror y el abuso sexual”.

Este trabajo se ocupó de indicarnos los principios sicológicos que se fueron teniendo en cuenta en el registro de las poblaciones infantiles, las denominadas reacciones proyectivas y de inversión de la población adulta hacia los niños y las distinta formas de vida de la niñez en países como Inglaterra y América del Norte, Francia en el siglo XVII, en la Rusia Zarista, y los rituales de la iglesia ortodoxa frente a los niños, el niño de la clase media en Italia, entre otros elementos propios de las edades infantiles.

De diferente manera a como Aries se apoya en un método iconográfico, la historia de la infancia de De Mause, se ocupa de los modos educación y crianza infantil, registrando el impacto del infanticidio, la intrusión, la ambivalencia, la socialización y la mutua ayuda y la importancia de los rituales como el bautismo, la iniciación, las aspersiones, etc. Si Aries logró, con investigación iconográfica partir de la pintura, un impacto del sentimiento del artista sobre las manifestaciones del niño (no hay duda que estas sociedades partían de identificar al infante a partir de los rasgos y las impresiones adultas, que el artista plasmaba en sus pinturas), De Mausse, deja en claro que hay maneras de relacionarse a partir de principios sicológicos de la historia de la infancia, las lamadas reacciones proyectivas y de inversión. Indica el autor que el adulto dispone de tres reacciones: 1. Puede utilizar al niño como vehículo para la proyección de los contenidos de su propio inconsciente (reacción proyectiva). 2. Puede utilizar al niño como sustituto de una persona adulta importante en su propia infancia (reacción de inversión), y 3. Puede experimentar empatía respecto a las necesidades del niño y actuar para satisfacerlas (reacción empática).

El trabajo de Aries no escapó de la crítica. Sin dejar de identificar su preferencia por distintos autores y una especie de paternidad cultural que de este trabajo se desprende hacia otros trabajos, hay que indicar las duras críticas que de parte de historiadores y sicólogos le han aparecido a este tratado. Críticas como las de A Bensacon, y J. L. Faldrin, el primero indicándole que “infancia no era solo el traje, los juegos, la escuela, ni, incluso, el sentimiento (es decir, las modalidades históricas, aprehensibles de infancia), sino también lo referido a una persona, a un desarrollo, una historia, que los sicólogos tratan de reconstruir”.

Por su parte, la crítica de J. L. Flandrin se refiere a su obsesión por el origen y al uso de vocablos que, a veces, no tienen una significación clara para el lector que no estaba preparado. V.gr.: Minotage, aprendizaje, el sentimiento de muerte. No hay duda de que es en el recorrido de diferenciación entre adulto y niño, donde se va a marcar al niño como diferente al hombre, pero no solo por el tamaño y la fuerza sino en el conjunto de sus características sociales.

Consideramos que estos estudios generan una gran sensibilidad sobre lo que ha sido la vida del niño, y el papel que juegan la educación y las instituciones de protección de la infancia, a partir de acciones del Estado, la sociedad y la familia, el énfasis que se hace de la importancia de la educación. Todo ello conlleva a pensar en el papel de la Pedagogía, dejando en claro que, si la sicología se ocupa de la investigación del comportamiento infantil, la Pedagogía se ocupa del cambio que se da en el niño con la obra educativa.

El trabajo de Linda A. Pollock merece una reflexión singular. Ella rehace una historia de la infancia, su propia historia, a partir de reconocer los distintos aportes de diferentes autores y fuentes, como diarios privados y periódicos de los siglos XVI al XIX, refuta las tesis teóricas del cuidado materno en el pasado, y presenta una nueva historia. Nos parece que ella no está de acuerdo con la aparición tardía del concepto de infancia que sustenta Aries. Ella sostiene que hay autores que reconocen que el surgimiento pudo haber sido más temprano. Acerca de cómo surgió el concepto de infancia, se mencionan distintas explicaciones: por qué disminuyó la crueldad hacia los niños y por qué la relación padre hijo, se tornó menos formal. Tales afirmaciones se basan en los siguientes hechos, como lo señala la autora:

a) El surgimiento de un sistema educativo (Aries, 1960; Miterrau y Sieder, 1982; Pinch y Kewit, 1.969).

b) Cambios en la estructura de familia (Aries, Shorter 1976; Stone, 1977).

c) El auge del capitalismo (Hoyles, 1979; Shorter y Stone, 1977).

d) La mayor madurez de los padres (De Mause, 1976).

e) El surgimiento de un espíritu de benevolencia (Miterauer, Sieder y Sears, 1975; Shorter, Stone y Trumbach, 1978).

Algo que a nuestro modo de ver se desprende de estos trabajos, es reconocer que la resistencia del niño, nunca ha sido suficiente para responder a tanta agresión de los mayores hacia ellos en tiempos pasados y en el presente. Por ejemplo, en realidades como la nuestra, donde en la actualidad no deja de inquietar que se cometan atrocidades en contra de los niños.

En América latina, los padecimientos de los niños están registrados en artículos diversos, entre ellos un escrito de Eduardo Galeano, y trabajos de investigación, de los cuales no nos ocupamos en este trabajo, aspiramos hacerlo en otra oportunidad. El autor de Venas abiertas de América Latina, puso en evidencia cómo los hechos se burlan de los derechos, y cómo los niños son los más presos entre todos los presos, en esta gran jaula donde se obliga a la gente a devorarse entre sí. El autor habla de una América Latina donde los niños no pueden serlo. Según él, los niños ricos crecen encerrados en la burbuja del miedo; los niños de la clase media nacen atados a la pata del televisor, y los niños pobres están aspirando pegamento, viviendo de la prostitución, el gaminismo, el trabajo infantil, las drogas, que los tienen presos en su propia realidad. Este registro fue escrito en el año de 1996, cuando se registraba que había setenta millones de niños en estado de pobreza absoluta.

Otros trabajos, como los de Neil Posman, profesor de Nueva York, muestran cómo el surgimiento de la imprenta generó transformaciones en las formas de representar simbólicamente al mundo adulto, en el que el niño no tenía cabida; quedaba, entonces, la tarea de definir, a partir de lo silenciado y lo oculto, los límites del aprendizaje y la participación del niño. Esto generó un mundo dedicado a alfabetizar y disciplinar al futuro adulto, la escuela cobró entonces un protagonismo de acuerdo con los intereses de la iglesia y del Estado.

Asimismo, la literatura tendría un papel que jugar, como difusora ideológica. Fue decisivo el rol de la iglesia católica, a través de la adoración de íconos y del protestantismo que, a su vez, renegó de los íconos y se revistió de un simbolismo austero. Esta acción cubrió la misma formación escolar, y solo hasta ahora y con el mandato constitucional, en nuestra cultura se abrieron posibilidades distintas, pero sin que sea claro el papel de la escuela en materia religiosa.

Llama la atención, el trabajo de Hugh Cunnigham Evolución de una ideología de la infancia que rastrea los cambios en el concepto de infancia a partir de manifestaciones simbólicas en distintas épocas, desde el humanismo, con sus autores más representativos, hasta las doctrinas de Erasmo y Martín Lutero, sin dejar de reconocer las extrañas posturas de la iglesia católica y cómo se va armando el espacio social del niño, que parte de elementos planificación de un futuro adulto y de la estructuración de la familia.

El mundo de la niña, es un universo bastante significativo, que nuestra misma cultura nos ha enseñado a ignorar. U, C Knoefflmacher, en un trabajo llamado Niñas pequeñas sin sus rizos, da cuenta de la agresión femenina en la literatura infantil e indica cómo se maneja y se moldea el mundo de la niña, demarcada en la relación madre e hija y acaba revelando comportamientos agresivos y antisociales desde obras como Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carrol y Amelia de Edwing en el cuento irlandés, que merecerían otro escrito, en otra oportunidad, con menos complicaciones de tiempo que ahora.

Nuestra preocupación central es indagar esta historia como una manera de repensar las relaciones de unos adultos llamados maestros y maestras, que vivimos nuestras vidas en la institución escolar, y que merecemos pensar y actuar distinto a la hora de relacionarnos con nuestros estudiantes, de tal manera que haya respeto, consideración y compromiso, con el mundo de la infancia, el mundo de los adolescentes y la causa de los niños y los jóvenes. Queda pendiente una segunda parte de este trabajo, donde nos ocuparemos del aporte de la Pedagogía y la Sicología, para registrar cómo estas disciplinas se han ocupado del mundo del niño, con el fin de contribuir en algo al hecho de proyectar una disposición pedagógica que, poco a poco, vaya hilvanando una construcción social para lograr la transformación de las condiciones de existencia de la infancia, responsabilidad que compete tanto al Estado como a la misma sociedad.

Referencias

1. Aries, P. (1987). El niño en el antiguo régimen. Madrid, España: Edit. Taurus, p. 12.

2. Narodowski, M. (2004). Infancia y poder. Méndez de Andes, Capital Federal: Edit. Aique, p. 13.

3. Aries, P., idem, p. 10.

4. De Mause & Aries, Historia de la Infancia, p. 15.

5. Aries P., Ibid, p. 20.

6. Narodoski, M., ibid p. 30.

7. Pollock, L. A. Los niños olvidados. Edit. Fondo de Cultura Económica.

8. Postman. (2004). Los incunables de la niñez, Ediciones arte, para-para. Clave, p. 17, Caracas, Venezuela, 2.004.

9. Narodowski, M. (2004). Infancia y poder. Edit. Aique, p. 101. Méndez de Andes, Argentina.

El autor

Escobar, Baena Gustavo. Estudios en Pedagogía y Administración educativa de la Universidad Nacional de Colombia; licenciado en Sicología y Pedagogía, de la Universidad Externado de Colombia; especializado en Infancia, cultura y desarrollo, de la Universidad Distrital, Francisco José de Caldas; estudios de magíster en desarrollo educativo y social. Profesor catedrático de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

Ilustración de Henry González en Revista Internacional Magisterio 54-web

Agregar comentario

Debes iniciar sesión o registrarte para poder realizar comentarios.
PUBLICIDAD

Recibe nuestras novedades

PUBLICIDAD