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PERSONAJE INVITADO: Tecnología educativa, un asunto de confianza y perspectiva. Entrevista con Nick Hine

Nick Hine, profesor de la de la Escuela de Computación de la Universidad de Dundee (Escocia) y experto en la inclusión de nuevas tecnologías en el entorno educativo.

 

Por Sandra Patricia Ordóñez Castro

 

Sandra Patricia Ordóñez Castro: ¿Cuáles son las principales razones para usar la tecnología para educar?

Nick Hine: Creo que la principal razón es la oportunidad que la tecnología nos brinda de mejorar lo que se puede hacer en una situación regular de enseñanza cara a cara o con recursos tradicionales: tienes acceso a mucha más información y, algo muy importante, tienes acceso a otra gente, de manera que los estudiantes pueden trabajar con otros en una situación de aprendizaje colaborativo o tener acceso a los profesores: si el profesor está dispuesto a usar la tecnología, lo más seguro es que el feedback que reciban los estudiantes de su parte, sea mejor. Lo que con mayor frecuencia ocurre es que el estudiante es evaluado en una prueba final y ese es el único momento en el que el profesor, realmente, se pone en contacto con lo que el estudiante sabe, lo cual es un problema.

 

A través de la tecnología es posible que estudiante y profesor entablen una conversación antes de la evaluación final, ya sea en una asesoría formal, o a través de un simple diálogo. Así, el profesor puede recibir alertas tempranas acerca de los errores o ideas equivocadas que los estudiantes tienen acerca de aquello que, se supone, están aprendiendo. Considero que ese es uno de los saltos cualitativos más importantes que emergen de las tecnologías sociales.

 

Su importancia radica en que uno de los principales problemas que afrontan los maestros es determinar si los estudiantes, realmente, entendieron, y pienso que el diálogo que permite comprobarlo es casi imposible en otras situaciones: si tienes un salón con 40 niños es muy difícil establecer un diálogo uno a uno, pero, a través de la tecnología, superamos el “tiempo real” y es más fácil hacer un comentario, compartir inquietudes, y que el profesor vuelva sobre algo que tal vez pasó inadvertido en un primer momento. Todo eso es posible ahora y creo que los profesores deberían aprender a sacar ventaja de ello en todos los niveles de la educación.


S.P.O.C.: No se trata, simplemente, de darle computadores a los estudiantes…

N.H.: No. En muchos sentidos, es mucho más que eso: se trata de tener un repertorio de estilos y recursos pedagógicos. Lo que se ve con frecuencia son laboratorios de enseñanza donde hay filas y filas de computadores y los estudiantes sentados frente a ellos… pero, ¿qué hacen? ¿revisan su cuenta de facebook? Algunos de los mejores laboratorios de enseñanza que yo he visto, en realidad, están organizados alrededor de las mesas: mesas para trabajar en grupo, para discutir… y en el momento en el que se necesita la tecnología, los estudiantes van a la tecnología y luego regresan a las mesas. En un mundo ideal los estudiantes deberían poder ir de la mesa a la tecnología y de vuelta a la mesa, pero no suele ser así.

 

S.P.O.C.: ¿Entonces, tiene que ver mucho más con la teoría del aprendizaje activo y con el constructivismo?

N.H.: Sí. Tiene que ver con temas como aprendizaje colaborativo y cooperativo y, en muchos sentidos, con el aprendizaje situado. Ahora con las tecnologías móviles, puedes comprometer al estudiante en el lugar y en el momento en el que tienen lugar actividades reales, en los que el contexto es real. Nosotros hemos trabajado con salidas de campo coordinadas a distancia. El punto aquí es que no es fácil llevar a todo un grupo a un lugar en el que el contexto sea real, ya sea una fábrica, una oficina o la naturaleza. Entonces, llevamos algunos niños al campo y los conectamos a los salones de clase. Así que tienes 25 niños en el salón de clase, enojados porque no los llevaste a la salida, y tienes 5 o 6 fuera. Pero les das roles concretos a los niños en el salón, los pones a dirigir a los niños que están afuera, y entonces ellos les dicen: “Muy bien. Ustedes van a recoger la información que nosotros necesitamos aquí”. Y es una gran idea. La pregunta, entonces, es: ¿está la institución preparada para usar la tecnología? porque los niños, sílo están. Y la pregunta no es solo por los profesores, sino por la administración de los colegios, por las Secretarías de Educación: ¿están listas para dar a los profesores la libertad para hacer cosas como esa y para proporcionar un soporte técnico sensible a las necesidades del profesor? Es decir, tenemos que pensar no solo en la pedagogía, que es crucial, ni solo en la tecnología, sino también en la institución frente a la tecnología.


S.P.O.C.: ¿Qué necesita aprender la institución?

N.H.: Qué tiene que proporcionar y cómo debe hacerlo. Se trata de la flexibilidad para ser receptiva a la cambiante situación de aprendizaje. El profesor lo es: él no hace lo mismo un lunes por la mañana que un viernes por la tarde, porque los niños tienen un ánimo diferente. El soporte técnico de la institución debe funcionar de la misma manera cada minuto de cada día. Esa flexibilidad debe atender la situación que está enfrentando el profesor y considerar todos los factores implicados.


S.P.O.C.: ¿Y qué hay de los profesores y de los estudiantes? ¿Qué deben ellos aprender para hacer un efectivo uso de las tecnologías educativas?

N.H.: Es una pregunta difícil. Porque el profesor siempre es criticado por no usar la tecnología lo suficiente. Si piensas que la tecnología educativa sólo se hizo posible en los 80 tempranos, significa que hemos tenido tecnología disponible desde hace 28 o 30 años y la gente dice que si no se está usando, es una falla de los profesores. Mi tesis es que probablemente sea una falla de los maestros, pero pienso que hay dos factores externos: primero, los profesores están cada vez más ocupados. Las demandas que la administración hace a los profesores son más y más todo el tiempo: que sean capaces de defender las decisiones que ellos han tomado, asegurarse de que todo quede consignado por escrito. Segundo, ¿qué nos hace suponer que la tecnología es apropiada para enseñar? Un ejemplo muysencillo: pensemos en las manos de un niño pequeño: son muy pequeñas. Mis manos abarcan el teclado, así que sólo tengo que mover los dedos y las teclas están justo debajo de ellos. El niño tiene que mover sus manos y usar un grupo muscular completamente diferente. Si yo hiciera las mismas acciones que tiene que hacer el niño, estaría usando un teclado enorme, lo cual significa que sólo usar el teclado es algo agotador para el niño. Ese es un ejemplo realmente simple.

 

Se trata de equipos hechos para la industria o para el comercio, puestos en manos de los niños. Hay software grandioso disponible, pero la tecnología de base que ha sido proporcionada a los colegios no es fácil de usar en este ámbito. Ahora está mejorando. Pienso que tecnologías como el i-pad están poniendo a la industria a pensar muy seriamente acerca de cómo usa la tecnología la gente: el más reciente sistema operativo de Apple está tratando de volver a la gente y creo que eso va a hacer la diferencia. En la actualidad hay, además, un problema de confianza. Los niños tienen mucha confianza, pero los profesores, no. Y eso pone una barrera entre los profesores y los niños. En cualquier otro sentido los profesores tienen confianza y conocen estrategias para poner a funcionar el salón de clase. Pero en el momento en el que entra la tecnología, ellos pierden el control y si no tienes control, pierdes la habilidad para enseñar.

 

Por eso es importante que la tecnología se ajuste realmente al entorno educativo y que todos los que están allí sepan hacer uso de ella, y que los profesores puedan sacar el mejor partido poniendo a los niños a trabajar en equipos de manera colaborativa, valiéndose de la tecnología para hacerse sensibles a las necesidades de cada estudiante (lo cual es difícil cuando tienes 40 niños y un método de enseñanza sin asistencia tecnológica).


S.P.O.C.: ¿Cómo introducir la tecnología en un salón de clase tradicional?

N.H.: Hay diferentes maneras de hacer eso. Por ejemplo, yo soy un gran partidario de las historias como vehículo de aprendizaje, en especial con los niños pequeños: si los profesores enseñan algo acerca de, digamos, la música de Colombia y luego los estudiantes se van y escriben una pequeña composición al respecto, eso es una historia. Pero si pensamos que los niños ahora tienen acceso a otras tecnologías en sus casas –cámaras fotográficas, sonido, incluso video– entonces tienen el material para hacer historias grandiosas. En el pasado hablaríamos de un dibujo y texto. Ahora pueden hacer cómics (hay software disponible), pueden poner videos, fotos y si cada niño aporta una perspectiva diferente de la historia, es decir, un niño habla acerca del Vallenato, otro habla del Reggaeton y otro habla sobre la Salsa, el tema será cubierto por el grupo de una manera muy rica e interesante y cada uno va a poder comentar el trabajo del otro.

 

Así mismo, si nosotros le decimos a un niño muy pequeño que ve un gato grande, no que es un gato, sino que es unperro, y él dice: No, es un perro. Entonces le preguntamos: ¿Qué es un perro? Él va a decir que es como un gato, pero que no es un gato. Asociar ideas en conceptos es algo que hacemos todo el tiempo. Si podemos enseñar de esa manera, estaríamos favoreciendo la asimilación del conocimiento por parte de los niños. Pero ellos lo hacen a través de historias. Eso lo puedes tomar de lo extracurricular. Ahora se está intentando enseñar de una manera más interdisciplinar. Claro, haces un examen de Química, un examen de español, un examen de Matemáticas, porque así es como tienes que enseñar, pero, a lo mejor, un niño puede aprender más sobre Química si también sabe algunas historias sobre el tema. Pensemos en que hubiera más historias en el currículo. Y luego pensemos en plataformas en las que pudiéramos colgar esas historias, explorar y contextualizar el conocimiento...

 

S.P.O.C.: ¿Es eso a lo que usted llama pensamiento reflexivo basado en la hipermedia?

N.H.: Si: porque un estudiante hace una parte de una historia, otro hace otra. Y este estudiante puede ir sobre la historia de aquel otro y decir: Leí la historia y tengo una pregunta. Entonces, el otro estudiante regresará y, claro, ellos están realmente orgullosos de su producción, así que regresará para defender el material que produjo, y se causará el diálogo. Lo hemos visto funcionar con niños muy pequeños, de digamos 8 o 9 años. Ellos no producen contribuciones muy grandes, pero sí muy ricas, ya que incorporan texto, audio, video, fotografías… Mientras estás haciendo esta producción hipermedia, un tema se tiene que conectar con otro. Tú tienes material para hacer el video pero la conexión no está allí. Así que tienes que encontrar las palabras correctas para hacer conexiones seguras. Ese es el juego de la hipermedia. Y luego la conversación entre los estudiantes sucede cuando cada uno lee el trabajo del otro y se hacen comentarios, es allí donde las comprensiones erradas o las imprecisiones quedan expuestas y pueden resolverse. Se trata de un proceso reflexivo porque no se da en tiempo real: una semana el profesor dice: Vamos a producir estos materiales… a la semana siguiente propone a los estudiantes que comenten el trabajo de los demás: Es tiempo de pensar sobre esto… y es entonces cuando la reflexión toma su lugar y con la reflexión viene el aprendizaje.

 

S.P.O.C.: Desde esta perspectiva, usar la tecnología para aprender es como ir trazando un mapa mental cada vez más y más grande a través de una especie de lógica del hipervínculo…

N.H.: Sí. Eso creo. La gente está tratando de usar mapas mentales y ese tipo de cosas, pero, con frecuencia, se trata de estrategias muy personales; el mapa mental es algo que hacemos para nosotros mismos. Pero con las historias hipermedia no estamos haciendo mapas individuales: se trata más bien de mapas conceptuales, si pensamos en los conceptos como territorios de acuerdos a los que se llega gracias a la conversación. Pienso que esto está más próximo a un espacio de aprendizaje colaborativo. Ahora se habla mucho de la web semántica (que se basa en la idea de describir el contenido, el significado y la relación de los datos de un documento, de manera que sea más fácil la decodificación de la información en un entorno artificial). De alguna manera creo que este concepto se acerca a la idea de aprendizaje que venimos proponiendo y que nos remite a la idea de cerciorarnos de que nos estamos comunicando, de que estamos llegando a acuerdos conceptuales a través del uso de un código.


S.P.O.C.: Entonces, no se trata sólo del hipervínculo sino de la interacción social.

N.H.: Sí. Creo que eso es muy importante. Cuando tratamos de entender cuáles son los factores que pueden determinar un aprendizaje apropiado a través del uso de la tecnología, la institución y la pedagogía son muy importantes, pero la categoría fundamental es la interacción social y, también, la referencia al contexto: tienes que saber de dónde vienen los estudiantes, hacia dónde creen que van, cómo se mueven, para lograr que el conocimiento cobre un sentido real para ellos… las historias se construyen de manera diferente según el entorno, la esfera social y el propósito en términos de aprendizaje. La historia acerca de, por ejemplo, un angiograma, no se hace de la misma manera para estudiantes de medicina que para estudiantes de nivel técnico con énfasis en medicina física. Para los unos ese es un conocimiento muy básico, para los otros se trata de conocimiento avanzado. La historia se construye de manera diferente. Y todo esto apunta a lo que plantea la pedagogía crítica acerca del uso del conocimiento en la sociedad. Eso es muy importante, y si pasas por alto algunos de estos pilares del aprendizaje a través de la tecnología (el contexto, la esfera social, los aspectos sociales del aprendizaje y la aplicabilidad del conocimiento en ese entorno social), sin duda vas a tener problemas.


S.P.O.C.: ¿De esta forma, estamos hablando de que la tecnología puede ser útil en una educación pensada en contexto y de cara al desempeño real de los estudiantes en el entorno social?

N.H.: Claro. Es interesante porque hablando con algunos estudiantes universitarios en Colombia, se encuentra que, a nivel de pregrado, todo está centrado en el conocimiento, pero a nivel de maestría, es el contexto y la aplicación de ese conocimiento lo que más importa. Es bueno ver eso. Después de todo, en nuestras carreras laborales recorremos caminos muy estrechos, así que deberíamos pensar si realmente necesitamos rutas curriculares muy definidas o más bien necesitamos que los estudiantes puedan seguir sus intereses, aun desde antes, en el pregrado e incluso en el colegio. La tecnología puede jugar allí un papel importante si se la piensa como un instrumento pedagógico. Para mí, la respuesta es pensar un poco más en la pedagogía, cosas como las historias en la educación, y luego pensar ¿cómo hacemos esto con la tecnología? Porquela tecnología permite enriquecer mucho la forma en que las historias se cuentan. Me gusta pensar que, quizá, ese es un modo de darles razones a los maestros para usar la tecnología. Porque, algunas veces, la tecnología sólo hace lo que ya hace el maestro; entonces, el maestro dirá: yo ya puedo hacer eso, y si la tecnología simplemente replica la biblioteca y el maestro puede decir: en realidad preferiría que los estudiantes fueran a los libros… pero si la tecnología hace algo que no se podía hacer antes, entonces el maestro podrá encontrar que hay un valor en ello, y si puedes demostrarle que el aprendizaje de los estudiantes se amplía a través de esa experiencia, probablemente el maestro dirá: quiero probar con esto.


S.P.O.C.: ¿Qué es un ambiente virtual de aprendizaje y cuáles son sus ventajas?

N.H.: Esto es algo muy interesante y creo que estamos empezando a ver dos tipos diferentes de ambientes de aprendizaje: tenemos, por una parte, los de almacenaje de datos tradicional y por otra estamos trabajando en la hipermedia adaptativa, que nos permite rastrear el progreso de los estudiantes. Pero, en ambos casos se trata de sistemas muy apegados al currículo, muy a su servicio: en la filosofía fundamental de lo que ese ambiente es, no hay mucha flexibilidad, no hay mucho espacio para el trabajo creativo. Es donde están los contenidos donde puedes ver cómo van a desarrollarse tus asignaturas y accedes a ellas.


S.P.O.C.: ¿Entonces, una mejor alternativa pedagógica podría ser el uso de herramientas como los blogs o los wikis?

N.H.: Claro, porque de lo que realmente estaríamos hablando es de espacios sociales, espacios de discusión, espacios en los que puedes hacer tus historias. Eso es mucho más creativo. Propones la discusión de un tema y luego la creación de historias al respecto. Ahora bien, lo que media entre esos dos pasos son las habilidades para manipular la tecnología: para crear una historia necesitas usar elidioma, necesitas también, por ejemplo, saber tomar una foto, procesarla y adecuarla de manera que sea útil dentro de esa historia (posiblemente eliminando algunos detalles irrelevantes o como sea que quieras manipularla…) Entonces está el currículum que es como una gran bodega de conocimiento, luego está la idea de la historia creativa y, mediando entren ambas instancias, todo un circuito de conocimientos y habilidades que te permite usar un nuevo tipo de ambiente de aprendizaje, el ambiente constituido por el espacio de la historia. Pero bueno, hasta ahora, gran parte del trabajo narrativo digital se ha hecho, por decirlo así, un poco fuera de línea.

 

Es decir, tú haces narrativa digital y luego, probablemente, la pones en una página web. Lo que sigue es hacer esa narrativa digital como un espacio de conectividad en el sentido de la hipermedia, de manera que se convierta en un pretexto para la interacción y asociaciones de pares en el aprendizaje. Por eso, yo pienso que aún necesitamos ese tipo de ambiente de aprendizaje que llamo las “bodegas” de conocimiento, ya que, nos guste o no, tenemos que pasar los exámenes, pero al final de cuentas lo que los empleadores quieren y lo que la sociedad necesita es gente que pueda usar la tecnología de una maneracreativa. Por eso necesitamos ese otro tipo de ambiente de aprendizaje: un lugar en el que el conocimiento es usado y la creación es una práctica permanente.


S.P.O.C.: ¿Ahora bien, cuál es el papel del educador dentro del proceso de aprendizaje?

N.H.: Su función es catalítica. El profesor proporciona la estructura y la dirección: los estudiantes están produciendo y el profesor está retroalimentándolos todo el tiempo y animándolos a profundizar en algún aspecto o desafiándolos cuando simplemente reproducen lo que encuentran en Wikipedia. Es interesante porque los niños pequeños creen que eso es lo que deben hacer y les resulta difícil entender que no es eso. Dicen: Pero si está bien, ¿no? Te di la respuesta correcta. El reto para el profesor es decirle: Sí, lo hiciste. Bien hecho. Probablemente me diste la respuesta correcta, pero no era tu respuesta correcta. Era la respuesta correcta de los autores de los artículos de Wikipedia. Así que encontraste la respuesta correcta. Ahora dime tú cuál es la respuesta. Dilo con tus propias palabras. Ese es un reto real. El rol del profesor es desafiar siempre a los estudiantes para que produzcan.


S.P.O.C.: Hablando de procesos mentales superiores, la tecnología puede ofrecer muchas ventajas en términos de memoria y funciones ejecutivas. Pero ¿qué hay de la atención?

N.H.: Creo que es una pregunta interesante, porque los cambios en la atención, parecen ser reales. Hay una gran discusión en el mundo académico acerca de por qué la atención de los estudiantes en clase es menor de lo que solía ser y este tipo de cosas. Pero esto, probablemente, viene de otros medios como la televisión o de los videojuegos (y de juegos de ese estilo), y eso es algo que está pasando desde hace unos 30 años. Pienso que, en muchos casos, los profesores lidian con el asunto de la atención, pero no necesariamente de la manera más apropiada. Creo que sería realmente interesante que pudié-ramos desarrollar estrategias para ganar la atención de los estudiantes. Y en esto la tecnología podría ser de gran ayuda. Hemos visto algunos ejemplos interesantes de niños que tienen problemas reales de atención y que no logran comprometerse con las lecciones y algunos de mis colegas han logrado resolverlos empezando por el final y pidiendo a los niños que desarrollen un producto, sin darles una secuencia de acción.

 

De esta manera, los niños mismos durante la ejecución se dan cuenta de que, a lo mejor, se saltaron algo, de que tienen que volver sobre sus pasos y rectificar algo para poder seguir adelante, lo cual les demanda más tiempo, y ese es un aprendizaje importante, porque la próxima vez, el profesor propone un proceso y el estudiante comprende que, quizá, debería seguirlo para que no le pase lo que le pasó la vez pasada. Probablemente se trata de que los profesores sean creativos y traten de imaginar cómo volver a ganar la atención de los estudiantes. Pero creo que es un problema del salón de clase, en general. No se manifiesta únicamente cuando la tecnología está de por medio.


S.P.O.C.: ¿El uso de la tecnología en un entorno educativo sería, entonces, un asunto de confianza con perspectiva?

N.H.: En un sentido diría que sí, porque si no confiamos en la tecnología estaremos perdiendo oportunidades. Es tiempo, pues, de que empecemos a confiar en la tecnología. Una frase que no me gusta oírle decir a los profesores es: Hemos tenido una semana pesada, así que vamos a dejar a los niños jugar con los computadores… pero los que se han portado mal, perderán ese privilegio. Yo pregunto: ¿Cuándo usar un lápiz o un papel fue un privilegio? Entonces, ¿qué nos hace pensar que un computador en un salón de clase es un privilegio? A estas alturas deberíamos tener claro que el computador es una herramienta, junto con la biblioteca, el lápiz, el papel, el escritorio, que es indispensable para la educación. Pero en el otro extremo, si esperamos que la tecnología se encargue de la enseñanza y tratamos dereducir el rol del profesor, vamos a tener problemas. Muchos de mis colegas están trabajando en el campo de la inteligencia artificial y están tratando de modelar el comportamiento humano, pero la tecnología no puede reemplazar al ser humano en su gran complejidad.

 

Mi investigación es sobre la tecnología como mediadora en las conversaciones de los seres humanos y creo que ese es su rol: la mediación. Las herramientas nos pueden facilitar el trabajo, pero aún somos nosotros quienes tomamos las decisiones. Es muy difícil dotar a la tecnología de todas las capacidades de las que dispone un ser humano en cada situación. Siempre puede suceder algo inusual, algo que no podíamos prever o que no nos imaginábamos que podía pasar y la tecnología no puede resolver eso. Así que los seres humanos tienen que tomar algunas decisiones basándose en su capacidad para pensar en el proceso y para imaginar cuál puede ser la consecuencia de una determinada acción. La tecnología no tiene imaginación. Lo único que puede hacer es seguir las reglas. Entonces, volviendo a la educación, la tecnología no puede reemplazar al profesor, es un complemento. Y esto se centra en la noción del aprendizaje situado en la que el maestro educa al aprendiz. En un momento dado el maestro puede decir: Simplemente ve al computador, a la web, y hazlo. Pero luego el aprendiz puede volver a donde el maestro y decirle: Listo. ¿Y ahora qué?


S.P.O.C.: Hay otras aplicaciones tecnológicas de las que no hemos hablado como los sistemas de simulación, por ejemplo.

N.H.: En cualquier área hay una progresión de conocimiento y habilidades. La simulación no es lo real, pero es un medio para aprender acerca de lo real. Y tiene su lugar. Un laboratorio tradicional de Química no es lo mismo que una planta química. Pero lo es, en miniatura, porque los procesos y las condiciones son los mismos. Pero si vamos a una planta química, tenemos que considerar muchos más factores que en el laboratorio. Eso está bien. Porque primero puedes ocupartede entender esto y luego te ocupas de lo otro, y luego de algo más… Igual sucede con las simulaciones. Creo que las simulaciones son muy útiles cuando no puedes tener acceso a la situación real, ya que te permiten, al menos, conocer algo al respecto, pero nunca podemos perder de vista que su alcance es limitado y que la realidad siempre nos va a ofrecer escenarios más complejos.

 

S.P.O.C.: ¿Entraña riesgos el uso de la tecnología con fines educativos?

N.H.: Claro. La tecnología puede ser mal usada. En los años 60 en el Reino Unido se estaba intentando acelerar la capacidad de leer en niños de mi edad y para tal fin utilizaron lo que denominaron el alfabeto de educación inicial, que era una representación fonética de la lengua inglesa. Fue un error en cualquier caso, porque la fonética inglesa es muy difícil. Lo que hicieron fue introducir el nuevo alfabeto con letras diferentes, que se basaban en la fonética. Así, niños como yo, fuimos capaces de leer a una edad muy temprana: a los tres y medio o cuatro años podíamos leer, pero nunca pudimos leer algo como un periódico, porque ese es un alfabeto diferente. El caso es que a la edad de 10 años, yo aún no era capaz de deletrear y no podía leer un periódico, mientras mis amigos que no habían participado en ese programa y que habían aprendido a leer de la manera convencional, más tarde que yo, tenían mucho mejores desempeños en lectoescritura. Yo todavía no puedo deletrear muy bien en inglés. Eso sucedió porque la instancia pedagógica no acompañó a la instancia práctica, no se hizo un estudio apropiado.

 

Lo que quiero decir con esto es que siempre que uno quiera introducir la tecnología en la enseñanza, tiene que primar un criterio pedagógico, hay que pensar cuidadosamente desde la pedagogía cuál es su valor. Y esto aplica para los juegos, para las simulaciones… para todas estas cosas que pueden ofrecer grandes oportunidades pero que, pobremente sustentadas, pueden ser desastrosas. Hay que saber identificar las limitaciones de las herramientas.

 

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