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4 aportes de la Escuela Nueva

Por Julián De Zubiría Samper
Magisterio
28/03/2019 - 15:15
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Foto de Pixabay
  • Primero: la humanización de la enseñanza

Son significativos los aportes de las teorías pedagógicas generadas a comienzos de siglo y denominadas genéricamente Escuela Nueva (que cómo puede verse no es tan nueva como parece). En primer lugar, promovieron lo que se podría llamar la humanización de la enseñanza. El niño por primera vez aparece en la escuela como un ser con derechos, con capacidades e intereses propios, los cuales deberán ser tenidos en cuenta y desarrollados por el proceso educativo. Por su parte, el maestro, pierde la connotación del ser omnipotente que lo sabe y lo regula todo. La escuela, se torna en un espacio más agradable para el niño, en el cual el juego y la palabra sustituyen la disciplina de la sangre. El niño opina, pregunta y participa, derechos antes sólo reservados al docente.

Se rescata el aire libre y –en algunos casos– las actividades grupales, en forma de periódicos, imprentas, de cooperativas o excursiones, entre otros.
Este aporte podría no valorarse en su verdadera dimensión en una época en la que nos hemos acostumbrado a hablar de libertades y derechos individuales e infantiles (aunque sólo a hablar). Sin embargo, frente a una escuela que se soporta en el convencimiento de que son necesarios los maltratos, las humillaciones y la vara, la postura de la Escuela Nueva resulta esencial. Frente a una escuela que concebía al alumno como a un ser sin luz, que llegó a denominar al maestro como golpeador de niños y que postuló que “la letra con sangre, entra’’; resulta a todas luces un sensible aporte la reivindicación de los derechos infantiles y la lucha constante por humanizar la enseñanza.

+Lea: Perspectivas para una educación humanista en la actualidad

  • Segundo: la valorización de la niñez

La mayor conquista de la pedagogía, en su penoso estructurarse a lo largo de casi dos siglos, es el reconocimiento de que el niño es el eje de la educación. No obstante, es un triunfo que se presenta como una victoria vacía de contenido cuando preguntamos [...] ¿De cuál niño se trata? (Merani, 1971, p. 65)

La primacía asignada al sujeto en el proceso de conocimiento conducirá necesariamente a profundizar su estudio y comprensión. Freud y el psicoanálisis habían identificado la infancia como la etapa más importante en el desarrollo del ser humano; Binet avanzó en la descripción y medición de las capacidades de los niños y la incipiente sicología genética abría la reflexión sobre el lenguaje, las estructuras y los procesos de pensamiento desde los primeros años.
La Escuela Activa es causa y consecuencia en este proceso de revalorización de la niñez. Sus seguidores profundizarán esta línea de investigación y de
acción. Merani identifica ésta, como la mayor conquista pedagógica de la humanidad hasta nuestros días.

  • Tercero: la reivindicación del interés por el conocimiento y la autonomía

La Escuela Tradicional había descuidado profundamente algunas actitudes esenciales. Al ser su prioridad la formación de obreros y empleados rutinarios, privilegió totalmente las actitudes de la obediencia, la rutinización y el cumplimiento. Acorde con los intereses que defendía, en una estructura rígidamente jerarquizada, para formar un empleado o un obrero de la era industrial, ha sido mucho más importante la sumisión y la heteronomía. De la misma manera que lo son el cumplimiento y la rutina para participar adecuadamente en los procesos en serie propios de una producción masificada y repetitiva que  demanda la industria y la burocracia.

La Escuela Tradicional subvaloró la importancia de los factores actitudinales en los procesos educativos, descuidó el trabajo del verdadero interés por el conocimiento y la formación de individuos autónomos. Con gran inteligencia la Escuela Nueva comprendió que factores actitudinales como el interés y la autonomía eran esenciales de cuidar, proteger y cultivar durante el proceso educativo. Coherentes con este principio, en instituciones como el Gimnasio Moderno, se elegía al alumno que tuviera el más “bello carácter’’; es decir, el más amigable, el solidario, el preocupado constantemente por los otros. Por su parte Kilpatrick sostendrá que el programa de la escuela deberá ser guiado por el “mapa de valores’’ del maestro periódicamente reconsiderado por cada miembro del grupo de enseñantes en los grupos anuales de discusión (Escolano, 1985, tomo II).
La motivación es un enorme impulso al proceso intelectual; y su carencia, una de las barreras más significativas en los procesos educativos. Si no se cultiva el interés, el papel de la educación se terminaría en el instante que el niño sale del aula, ya que un niño desinteresado será como un carro sin “gasolina’’ al decir de Piaget, en el que desaparece la necesidad por seguir conociendo.

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Una manera particular de verificar la importancia de la motivación se encuentra en los estudios de seguimiento de niños con capacidades excepcionales
en la vida adulta. Según plantea Sternberg dichos estudios muestran que:

..los que tuvieron más éxito en la vida fueron aquellos que descubrieron en qué cosas eran buenos y qué les interesaba y entonces lo persiguieron inexorablemente. Los que tuvieron menor éxito tenían dificultad para encontrar alguna cosa que les interesara y en muchas ocasiones se perdían mientras intentaban buscarse una buena posición (Sternberg, 1990, p. 72)


Al debilitarse el interés por el conocimiento falta la pasión que alimente la actividad intelectual, las preguntas, la curiosidad, la iniciativa, el deseo de saber. Pasión que puede ser generada internamente (motivación intrínseca en términos de Ausubel) o externamente (motivación extrínseca). La Escuela  tradicional desconoció por completo la motivación intrínseca, al tiempo que la Escuela Nueva prácticamente desconoce la motivación extrínseca. Si bien es loable el descubrimiento y la valoración del impulso interno por conocer, el cual sin dudarlo deberá ser prioritario en la escuela, no parece lógico desconocer que la motivación extrínseca es totalmente necesaria en un muchacho en formación como analizaremos luego. Por otra parte, la reivindicación de la autonomía es esencial en educación. Formar la autonomía es crear individuos que puedan actuar por sí mismos, individuos con principios para direccionarse moral e intelectualmente.

Evidentemente esta tendrá que ser una de las prioridades educativas, ya que la educación no puede restringirse al proceso realizado en el salón de clase, sin crear las condiciones para que el individuo formado salga y actúe de manera ética e inteligente en el mundo social, pero para ello se requiere la formación de individuos autónomos. Si bien discrepamos de la manera mediante la cual la Escuela Nueva intentará abordar este reto –como estudiaremos luego– de todas maneras es justo reconocer que la formación de la autonomía ha sido una de sus esenciales preocupaciones. El interés por el conocimiento y la autonomía son consideradas por la Escuela Nueva como las actitudes que van a garantizar el que la educación pueda modificar a largo plazo el papel del individuo en la sociedad. Y debido a ello, es un significativo aporte a la educación el que se reconozcan y valoren los intereses infantiles, las motivaciones intrínsecas y la necesidad de formar individuos autónomos y solidarios.

  • Cuarto: la supresión del mecanicismo y el autoritarismo de la escuela tradicional

El autoritarismo y el mecanicismo propios de la Escuela Tradicional no favorecen ni la comprensión ni la formación valorativa de los individuos. El autoritarismo inhibe, acompleja, genera inseguridad y dogmatiza al individuo. El mecanicismo por su parte, orienta la actividad del niño hacia los aprendizajes arbitrarios y no significativos. En esta medida la supresión del mecanicismo y el autoritarismo de la Escuela Tradicional creará condiciones más favorables para promover la comprensión y la formación valorativa de los individuos. La supresión del autoritarismo propio de la Escuela Tradicional, contribuirá a generar un ambiente más adecuado para el estudio y el desarrollo de la personalidad, al tiempo que la supresión del mecanicismo propio de la Escuela Tradicional, crea condiciones más favorables que pueden contribuir al aprendizaje significativo

Título: De la escuela nueva al constructivismo. Autor: Julián de Zubiría. pp.. 114-117

Foto de Pixabay

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