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5 elementos pedagógicos sobre la formulación de hipótesis en el aula

Magisterio
19/12/2016 - 10:45
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Foto de Museo del Oro . Tomada de Flickr

En primer lugar, hay que tener presente que plantear hipótesis parece tratarse de un acto cognitivo fuertemente conectado con otro que le precede, típico de la especie humana: el acto de explorar el mundo. Algunos investigadores, en este sentido, postulan la existencia de una tendencia innata del individuo hacia la exploración del ambiente que le rodea, que se ha definido como «curiosidad epistémica». Es, precisamente, gracias a ésta que toda persona trata de comprender lo que observa y que estimula su propia curiosidad, identificando las lagunas de comprensión y tratando de explicarse las cosas. Construir una hipótesis quiere decir, por tanto, elaborar una posible explicación de cómo funciona el mundo, un modelo general que, naturalmente, hay que comprobar. Plantear hipótesis, en consecuencia, se puede considerar como un acto cognitivo que es parte integrante de la necesidad de toda persona de hacer del mundo un lugar más comprensible y transitable.

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Un segundo aspecto de la operación de plantear hipótesis atañe al hecho de que la explicación que tratamos de darle a un determinado acontecimiento no puede ser única. Es más, el acto interpretativo que realizamos resulta más productivo cuando se enfrenta a diversas explicaciones posibles para un fenómeno, que compiten entre sí. Saber plantear hipótesis significa ser capaz de sostener una mirada que se componga de múltiples perspectivas respecto a la realidad o, dicho de otro modo, partir de distintos puntos de vista. Quienes han visitado el Museo de Pablo Picasso en Barcelona, habrán podido admirar las distintas versiones que el excéntrico pintor español logró producir del cuadro de la Infanta de Velázquez; quitando un personaje, jugando con la luminosidad y con el color, o bien deformando las masas de las figuras. La multiplicidad de perspectivas plasmada por el artista y típica del cubismo representa de forma eficaz la flexibilidad que requiere y produce este acto cognitivo. Por tanto, el acto de plantear hipótesis es una operación de la mente que pone en juego y estimula continuamente la creatividad del individuo.

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Un tercer elemento relevante atañe a la naturaleza del acto de plantear hipótesis, que no puede ser considerado como algo meramente cognitivo, sino que debe reconocerse también en su dimensión cultural y social. Este aspecto es más evidente para quienes se dedican al conocimiento, pero puede ser captado en la actividad cotidiana incluso por parte de los no adeptos a este tipo de operaciones. Cuando se trata de dar una explicación a un determinado fenómeno, partimos siempre del camino de conocimiento ya trazado por otros miembros de nuestra comunidad, a nivel más o menos consciente. El nivel menos consciente está representado por el hecho de que las categorías con las que estamos interpretando el problema están embebidas por la cultura a la que pertenecemos, intrínsecas al pensamiento occidental. Podemos intuir que quien pertenece, por ejemplo, a una cultura oriental o africana podría hacer referencia a unas categorías interpretativas muy distintas de las nuestras. En cambio, el nivel más consciente está representado por el hecho de que nuestro intento por construir una o más de una hipótesis interpretativa a menudo viene mediado por los instrumentos que utilizamos, los expertos a los que nos dirigimos y las gentes de las que tratamos de extraer información, que nos ayudan a disponer de un mayor número de elementos interpretativos.

Lea: El desarrollo de habilidades del pensamiento y el papel de los maestros en este proceso

Por tanto, crear, formular hipótesis, significa participar en la aventura que protagoniza toda comunidad cultural, en su intento por comprender el mundo en el que vive.

El cuarto elemento, tan relevante como el anterior, atañe a una dimensión que podríamos definir como «estética», en el marco del impulso por conocer el mundo. Ocuparse de formular la explicación para un determinado fenómeno significa tratar de imponer un orden en eso que a primera vista parece desordenado. Antonino Zichichi (1999:48), recuerda que Galileo Galilei estaba convencido de que: «La Ciencia tiene como objetivo entender lo que Dios ha escrito, usando el rigor de las Matemáticas. Las Leyes Fundamentales de la Naturaleza, de hecho, se expresan mediante precisas ecuaciones matemáticas; así lo decía y lo pensaba Galilei».

La matematización, o en términos más generales, la explicación del sentido de las relaciones existentes entre una serie de variables que describen un determinado fenómeno se corresponden con la idea de la dimensión estética de la elaboración del conocimiento. Y es que la percepción del Caos y de la arbitrariedad absoluta va siendo sustituida por una visión más armónica del mundo, en la que se van haciendo reconocibles ciertas regularidades. La dimensión estética abre así el camino también hacia una dimensión espiritual de la experiencia cognoscitiva, de contemplación del misterio del mundo y de su origen.

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El quinto elemento que hay que tener presente atañe al recorrido histórico del conocimiento, en el que se sitúa la operación de plantear de hipótesis. Al mismo tiempo, es necesario tener presente que nuestras explicaciones representan el estado más avanzado de la comprensión de un fenómeno que para nosotros y en nuestra época es posible, con los medios que tenemos hoy en día a nuestra disposición. Zichichi (1999:46) lo explica como sigue: «La luz, durante muchísimo tiempo, se consideró como un fenómeno corpuscular. Después ondulatorio. Y ambas descripciones parecían mutuamente exclusivas. Y en cambio, la luz es, al mismo tiempo, onda y partícula. Para llegar a entenderlo han tenido que pasar varios siglos». Aquello que hoy nos parece una potente teoría, podría no serlo ya mañana. La dimensión histórica nos recuerda que el mundo que nos rodea presenta un aspecto de ulterioridad continua, que siempre va más allá de nuestras teorías.

Referencias

Enrico Franceschini, La ecuación resuelta tras 140 años. «La Repubblica», 5 de marzo de 2008.

Antonino Zichichi (1999:48) recuerda que Galileo Galilei estaba convencido de que: «La Ciencia tiene como objetivo entender lo que Dios ha escrito, usando el rigor de las Matemáticas.

Zichichi (1999:46) lo explica como sigue: «La luz, durante muchísimo tiempo, se consideró como un fenómeno corpuscular

Zichichi A. (1999), Perché io credo in Colui che ha fatto il mondo, Milano, Il Saggiatore.

Tomado del libro: Saber formular hipótesis. Autor: Stefano Cacciamani. pp: 8-10

Foto de Museo del Oro . Tomada de Flickr