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Acoso Escolar, su caracterización y modelos de intervención

Magisterio
20/01/2017 - 11:45
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Foto de Working Word. Tomada de Flickr

La violencia escolar es un fenómeno complejo que ha sido descrito desde distintos modelos teóricos. No existe, a la fecha, un total consenso sobre su definición, pero sí una robusta evidencia sobre sus alcances en los actores involucrados y en la comunidad escolar en general. En el presente artículo se presentan algunos conceptos clave relacionados con el fenómeno: modelos conceptuales, prevalencia, relación con la edad y género. Junto con esto, se describen aquellos elementos clave a tener en cuenta a la hora de intervenir frente al fenómeno, revisando en detalle algunas experiencias internacionales, pioneras y destacadas en la materia.

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Palabras clave: Violencia escolar, bullying, ciberbullying, programas de prevención e intervención.

Entender el acoso escolar como un tipo particular de violencia

Se puede pensar que la aparición de la violencia escolar ha estado de la mano con la institucionalización de la educación. No obstante, fue en los años 70 cuando comienzan los primeros de estudios sistemáticos acerca de este fenómeno en particular (Olweus, 1988, 1993, 1999). Ya para las décadas de los 80y 90, el bullying (acoso) escolar toma relevancia pública, legal y empírica en países como Japón, Inglaterra, Canadá Australia y EE.UU. (Ananiadou & Smith, 2002).

+Lea: Del Maltrato Infantil a la Violencia Escolar Familia y Escuela - Acoso escolar en casos de conducta suicida

Si bien, dentro de la definición de violencia se puede entender que existe una intención, una amenaza o un daño efectivo (físico o psicológico) hacia una o varias personas, los acercamientos de diferentes disciplinas han hecho que las distintas perspectivas teóricas a la vez que enriquecen la definición del fenómeno, también la complejicen, desfavoreciendo aplicaciones prácticas a partir de ellas.

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 Charlot (2002) propone ver el fenómeno de violencia escolar de acuerdo con el vínculo que se puede establecer entre la violencia y la escuela. En relación con esto describe tres formas posibles de relación: violencia en la escuela, hacia la escuela y de la escuela.

  • Violencia en la escuela. Cualquier fenómeno de agresión que suceda en la escuela, como un escenario más. Por ejemplo, cuando se da una pelea entre un grupo rival que usa la escuela como una escenario más ya que dicha situación también se hubiese podido dar fuera del recinto educacional.
  • Violencia hacia la escuela. Violencia ligada a la naturaleza de las actividades del establecimiento o hacia la institución misma, por ejemplo, daño contra su infraestructura e inmuebles o contra los docentes y directivos.
  • Violencia de la escuela.  Violencia institucional o simbólica ejercida por la escuela en sus prácticas pedagógicas hacia los alumnos.

Tal clasificación permite tener un acercamiento compresivo de las manifestaciones del fenómeno que involucra no tan sólo a hechos de agresión entre pares, sino que intenta describir un fenómeno en el cual están insertos todos los actores del sistema escolar: alumnos, inspectores, profesores, apoderados, a la institución y entorno de la organización escolar, entre otros.

El fenómeno de la violencia depende del contexto en donde ocurre y de la interacción de los actores que están involucrados. La escuela es una organización que se regula y define a través de procesos que utilizan el uso del control y el poder para dar orden (Bardisa, 1997). Al poner como referente el uso del poder, es posible describir un tipo particular de agresión o violencia denominada como “acoso escolar”, que se le reconoce como el fenómeno, en el cual un estudiante u otra persona es expuesto, repetidamente a través del tiempo a acciones negativas por parte de uno o más individuos, entendiendo por acción negativa el acto donde alguien intencionalmente causa o intenta causar daño a otra, que es básicamente lo que define el comportamiento agresivo. La víctima, siendo afectada por un sistemático abuso de poder, es incapaz de defenderse con facilidad y está desamparada frente a quienes la agreden (Olweus, 1993; Farrington, 1993; Magendzo et al., 2004).

El fenómeno del acoso escolar se centra en el abuso sistemático del poder, que se materializa en actos de intimidación o en la inequidad del acceso del poder. La intimidación envuelve el deseo de provocar estrés en la víctima, no tan sólo por la ocurrencia de la intimidación misma sino, también, por el miedo a que ocurra (Naylor et al., 2006).

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En un inicio se consideró a la intimidación como un fenómeno individual y aislado que tan sólo involucra a dos personas: victimario y víctima. En ese sentido, tanto víctima como victimario han sido objeto de estudio para indagar aspectos como rasgos de personalidad o inteligencia (Olweus, 1993).

Aunque los intimidadores difieran en el uso de la violencia, comparten una serie de características:

  • Son agresivos, destructivos y disfrutan dominando a otros (Carney & Merrell, 2001).
  • Poseen un temperamento fuerte y presentan una baja tolerancia a la frustración (Olweus, 1993).
  • Presentan dificultades para comprender la información en situaciones sociales y tienden a interpretar la conducta de otros como antagónica a ellos (Smokowski & Kopasz, 2005).
  • Presentan una valoración positiva de la violencia, en tanto les permite resolver sus problemas y obtener lo que quieren (Carney & Merrell, 2001).
  • A veces son recompensados por sus agresiones (Olweus, 1993).
  • Mantienen sus actos intimidatorios con el afán de perdurar en su dominio frente al resto de los niños y, además, presentan una baja empatía con sus pares (Beale, 2001).
  • Las familias de los intimidadores son, a menudo, problemáticas o disfuncionales (Olweus, 1993).
  • La supervisión de los lugares y las actividades de los niños es mínima. La disciplina en estos hogares es, usualmente, inconsistente. El castigo es a menudo físico, en un arrebato emocional y es seguido de un largo período de tiempo en el cual el niño es ignorado (Roberts, 1988).

Por su parte, las víctimas se caracterizan por:

  • Ser recipientes de abuso (Smokowski & Kopasz, 2005).
  • La mayoría son pasivas y permisivas, tan sólo una pequeña parte presenta actitudes agresivas (Brockenbrough, Cornell, & Loper, 2002).
  • Físicamente, tienden a ser de pequeña estatura, débiles y frágiles comparados con sus acosadores (Smokowski & Kopasz, 2005).
  • Se presentan ansiosas, con miedo a ser dañadas y con una actitud negativa hacia la violencia. Tienden a ser poco exitosas en los deportes y actividades físicas (Olweus, 1993).
  • Ser tendencialmente más tranquilas, nerviosas, inseguras y sensibles que el resto y presentan una comunicación pobre y carecen de habilidades para resolver problemas (Glew, Rivara & Feudtner, 2000).
  • Ser abandonadas por sus compañeros, tienen pocos o ningún amigo y es común verlas solas (Olweus, 1993).
  • Tender a tener una autoestima pobre. Se ven a sí mismas como poco atractivas, tontas e insignificantes (Carney & Merrell, 2001).
  • Provenir de familias que tienden a ser sobreprotectoras, haciendo que los niños sean inseguros y ansiosos (Smokowski & Kopasz, 2005).

Sin embargo, si se considera al fenómeno como de naturaleza colectiva, fundada en las interacciones sociales, surge la necesidad de considerar elementos como el grupo de pares, el clima, la cultura escolar, por lo que la intimidación se vuelve un fenómeno que involucra tanto el contexto de la sala de clases como a la comunidad escolar en su conjunto. Los trabajos de Salmivalli, Lagerspetz, BJÖrkqvist, O¨sterman & Kaukiainen (1996), permitieron visualizar y ampliar el número de actores y roles, desde distinguir a los “cabecillas” que organizan las agresiones y dan pie al maltrato, hasta los “seguidores”, quienes si bien no inician las agresiones, se unen a ellas una vez comenzadas, o los “reforzadores” que no agreden directamente, pero que con su actitud pasiva (mirar, reír o animar) ayudan a perpetuar la situación de abuso. Por último, se destacan los “forasteros”, que no se involucran en lo absoluto en la agresión, y los “defensores”, los cuales se preocupan de pedir ayuda, detener al agresor o ayudar a la víctima.

La intimidación puede ser considerada la mayor expresión de violencia juvenil y que en escalada deriva en formas extremadamente serias de comportamiento antisocial (Smokowski & Kopasz, 2005). Tal expresión ocurre, mayoritariamente, dentro o fuera de la escuela; patios y pasillos son los lugares más comunes para esta clase de altercados. Generalmente, la intimidación ocurre en áreas donde la supervisión adulta es mínima (Beale, 2001; Glew et al., 2000).

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A diferencia de la comprensión actual del fenómeno, en los años 80 el acercamiento sobre el acoso escolar consideraba dentro del abuso de poder sólo los ataques físicos y verbales directos, donde la agresión física era entendida como cualquier ataque de la integridad física de alguien y la agresión verbal como cualquier ataque o amenaza en palabras o vocalizaciones (Hawker & Boulton, 2000). Tras años de investigación se ha ampliado el tipo de agresiones que están involucradas en la definición del fenómeno del bullying. Los aportes de autores como Bjorkqvist, Crack, Underwood y otros, en el transcurso de los años 90, permitieron insertar términos como agresión indirecta, agresión relacional y agresión social (Underwood, 2002).

El desarrollo de este fenómeno psicosocial ha permitido visualizarlo fuera del espacio físico de la comunidad escolar, utilizando medios comunicacionales virtuales, lo que en la actualidad ha sido denominada como cyberbullyng; lo que se ha tornado un tipo de violencia que utiliza como medio la tecnología, primordialmente, el uso de Internet a través del envío o publicación de material dañino u otras formas de agresión social usando tecnologías digitales (Smith, Mahdavi, Carvalho, Fisher, Russell & Tippet, 2008).

Sobre las intervenciones

El modo de comprender el fenómeno de la violencia escolar y del acoso escolar, particularmente, es central en la determinación de las directrices que adoptan las estrategias de intervención y prevención. Autores como Orpinas (2009; Orpinas & Horne, 2006) asignan una vital importancia a los modelos teóricos que confrontan el fenómeno de la violencia entre pares. La autora destaca los siguientes modelos:

Un modelo, es el Modelo ecológico, el cual permite considerar una multiplicidad de factores que pueden influir en cómo actuará una persona. Para entender el funcionamiento de la violencia escolar, es necesario comprender cómo los distintos niveles influencian a las personas para poder determinar las acciones que se pueden adoptar, dependiendo del nivel, para afectar al fenómeno en su estructura total.

Otro modelo corresponde a uno basado en las Teorías del desarrollo, que intentan explicar cómo se inician, desarrollan y progresan las conductas agresivas. Acá, la autora propone el modelo desarrollado por Horne llamado Modelo Social-Interaccional, el cual pretende explicar cuáles son los factores que influyen en el desarrollo, ya sea de conductas pro-sociales o por el contrario, conductas agresivas y delictivas.

Para confrontar el fenómeno del bullying se han desarrollado una serie de estrategias, unas con mayor éxito que otras. Por ejemplo, la resolución de conflictos, estrategias de mediación pobre y terapias grupales, que se focalizan en aumentar la autoestima, han demostrado ser relativamente ineficaces con los intimidadores porque el comportamiento de intimidación es resultado de una asimetría de poder más que de un déficit de habilidades sociales (Dupper & Whitted, 2005).

Los programas de prevención escolar son más exitosos que las intervenciones individuales. Esto también guarda relación con el cambio de la cultura y el clima en la escuela (Atlas & Pepler, 1998). Prevenir o minimizar la intimidación en la escuela está envuelto en una estrategia comprensiva y multinivel que tiene por objetivo a los intimidadores, sus víctimas, testigos, familias y comunidades (Atlas & Pepler, 1998). Las estrategias utilizadas para prevenir o minimizar la intimidación en las escuelas incluyen intervenciones a nivel de escuela diseñadas para cambiar la cultura y el clima escolar; intervenciones a nivel de sala de clases que trabaja con los profesores y otros adultos de la escuela; e intervenciones a nivel de estudiantes que tiene por objetivo el individuo o pequeños grupos de víctimas y victimarios (Dupper & Whitted, 2005).

Como señala Magendzo et al. (2004) en toda intervención resulta indispensable que la comunidad escolar, en su conjunto, reconozca la existencia y gravedad de dicha problemática. Además, antes de iniciar cualquier tipo de acción, la comunidad educativa debe definir sus objetivos claros y precisos que orienten el trabajo. 

El primer programa desarrollado en el mundo, denominado Olweus Bullying Prevention Program (Olweus, 1993, 2003, 2004, 2005) desarrolla su intervención en diversos niveles en forma paralela: nivel escolar, nivel de curso/clase, nivel individual, tanto para víctimas y victimarios de bullying y nivel parental. La estrategia propuesta tiene que ver con los resultados de los estudios que fueron llevados a cabo y que sugieren efectividad cuando se adscribe a la importancia de (véase Error: No se encuentra la fuente de referencia):

  • Vsaalores escolares compartidos;
  • Coherencia de enfoque;
  • Acuerdo de conjunto de reglas;
  • Un plan de acción a largo plazo
  • Y al involucramiento de padres y apoderados.

Para cada nivel se ofrecen diferentes acciones concretas, las cuales se organizan de tal forma que abordan la intervención integralmente, considerando los distintos actores involucrados, afectando su interacción:

Medidas a nivel escolar. Por ejemplo: Supervisiones y espacios de recreo más atractivos, reuniones y encuentros entre profesionales escolares y padres, equipos de profesores para el desarrollo del entorno social escolar, formación de un equipo de prevención de bullying, aplicación de un cuestionario para conocer la naturaleza y prevalencia del problema, implementar un sistema de supervisión, adoptar reglas para toda la escuela contra el bullying, entre otros.

Medidas a nivel de sala de clases. Por ejemplo: Reglamento de clases contra el bullying: clarificación, refuerzos y sanciones, reuniones de clases regulares con los alumnos para incrementar su conocimiento y empatía, actividades grupales positivas, reuniones de clase profesores-padres/hijos informativas, reforzar las normas contra el bullying.

Medidas a nivel individual. Por ejemplo: Conversaciones con víctimas y victimarios de bullying por separado, conversaciones con los padres de los alumnos implicados, grupos de discusión para padres con hijos víctimas y victimarios de bullying, cambio de clase o de colegio.

Para la consecución de los objetivos que se plantea el programa existen dos condiciones: primero, los adultos del colegio (profesores, inspectores, etc.), así como padres y apoderados, deben estar alineados con las medidas que el colegio estime convenientes para abordar el tema del bullying; y, segundo, es indispensable que se involucren estos adultos en algún grado de acción en pos de cambiar esta situación.

Farrington (1993), ofrece otro enfoque que se focaliza en los factores de riesgo (psicológicos, familiares, sociales o situacionales). Sin embargo, tiene algunas limitantes debido a la imposibilidad de lograr modificar los factores causales del entorno social del fenómeno. Farrington (1994) propone que, dentro de la prevención en el ambiente, un tema central es la implementación de supervisión, sobre todo, en espacios como el patio del colegio, los pasillos y los baños. La supervisión de esos espacios debiera ser realizada por un adulto entrenado en detectar los signos de intimidación y proporcionar la asistencia adecuada a las víctimas. Para bajar las cifras de actos intimidatorios es recomendable separar a la población estudiantil según su edad, estableciendo espacios y tiempos para ciertas actividades (almorzar, educación física, etc.) para distintos grupos etáreos.

Para Horne & Orpinas (2006) lo esencial de la intervención a nivel de escuela es crear un clima positivo con el fin de mejorar la calidad de las interacciones entre los miembros de la comunidad. Ellos describen 8 elementos dentro de un clima positivo en la escuela:

  1. Enseñanza de excelencia: una buena enseñanza y alta promoción de la motivación favorecen un clima positivo y disminuye las malas conductas.
  1. Valores de la escuela: 4 pasos para la creación de un ambiente positivo libre de violencia: identificar los valores esenciales de la escuela; crear reglas y consecuencias basadas en los valores; modelar los valores; y, eliminar las intervenciones no congruentes con esos valores.
  1. Conciencia de las fortalezas y de los problemas.
  1. Políticas y credibilidad: la escuela debe tener políticas claras anti-intimidación basadas en los valores de la escuela.
  1. Solidaridad y respeto: los ambientes que refuerzan el respeto y la dignidad tienden a cultivar estudiantes que sienten menos rabia y, por ende, son menos violentos con sus compañeros.
  1. Expectativas positivas.
  1. Apoyo a los profesores.
  1. Buen ambiente físico.

Por último, la intervención-prevención del fenómeno del bullying se puede ejecutar a luz de la diada que lo protagoniza, victimarios y víctimas, en conjunto con los “espectadores” del hecho de violencia. Díaz-Aguado (2005) señala que es vital trabajar con los victimarios los siguientes aspectos:

  • Enseñar a condenar toda forma de violencia favoreciendo una representación que ayude a combatirla.
  • Favorecer la identificación con el respeto a los derechos humanos.
  • Desarrollar alternativas a la violencia.

A su vez, la misma autora señala que es esencial abordar los siguientes puntos para prevenir la victimización de algún miembro de un grupo de escolares:

  • Favorecer la cohesión entre compañeros y erradicar las situaciones de exclusión.
  • Incluir actividades específicamente dirigidas a prevenir la victimización.
  • Enseñar a detectar y a superar los distintos tipos de prejuicios existentes en la sociedad sobre determinados colectivos.

Entre los ejemplos de intervenciones concretas que reúnan lo expuesto anteriormente como modelos de intervención para la violencia escolar y, específicamente, el bullying, podemos presentar el proyecto Escuelas Sanas y Seguras de World Vision Chile. El logro final del proyecto es el desarrollo de Escuelas Sanas y Seguras, las cuales están caracterizadas por tener una estructura y organización efectiva, donde no hay riesgo de potencial daño psicológico ni físico, hay ausencia de violencia y presencia de un staff nutritivo, preocupado y protector.

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Para alcanzar tal logro el proyecto se ha definido como integral, es decir, que la intervención se aborda desde diferentes niveles: individual, sala de clases, familiar, escuela completa, entre otros. Y, también, como preventivo, donde el énfasis está dado para que la organización completa asuma la responsabilidad de desarrollar la prevención de cada establecimiento y concentre a toda la población de alumnos y no sólo aquellos que presentan problemas conductuales. Es por ello que el proyecto ha asumido en su diseño una lógica triestamental: intervención primaria o universal donde están comprometidos todos los alumnos; intervención secundaria focalizada para grupos de alumnos en riesgo y una intervención focalizada e intensiva para aquellos alumnos que requieren un apoyo individual.

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Conclusión

Hay distintas razones que justifican la importancia de prevenir la violencia en las escuelas. Por un lado, se sabe que la violencia incide en la convivencia escolar y, por ende, también dificulta el aprendizaje de los alumnos (Casassus, 2003; Arón & Milicic, 1999; Mena, Milicic, Romagnoli & Valdés, 2006). El bullying causa daños (físicos y psicológicos) a las víctimas, victimarios y a la comunidad escolar en su conjunto. Las víctimas de violencia pueden presentar problemas de salud mental tales como depresión, ansiedad, introversión e incluso el suicidio en los casos más extremos. Aquellos estudiantes víctimas de violencia tienden a tener pocos amigos y ser poco asertivos, podrían tener problemas de ajuste social y baja autoestima, rechazo por parte de sus pares e, incluso, convertirse en futuros agresores.

En general, las investigaciones e intervenciones señalan que cuando se interviene en la violencia escolar y, particularmente, el acoso escolar, es importante considerar intervenciones multiniveles, que propongan sistemas disciplinarios positivos, trabajos diferenciados con los alumnos, compromiso por parte de la comunidad escolar, desarrollo personal capacitado, de sistemas de información, de desarrollo de capacidades en los alumnos e intervención del espacio/ambiente físico de las escuelas.

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Los autores

Jorge Varela Torres. Psicólogo, Pontificia Universidad Católica de Chile. Magíster Psicología Educacional, Pontificia Universidad Católica de Chile. Investigador Fundación Paz Ciudadana.

Luis Agurto Álvarez. Psicólogo, Pontificia Universidad Católica de Chile. Coordinador Nacional de Infancia, World Vision Chile, www.worldvision.cl

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