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Actor, comediante, activista: nuevos perfiles del maestro

Por José Manuel Pérez Tornero , Por Santiago Tejedor
Magisterio
25/08/2017 - 13:45
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Foto de V. Ivash. Tomada de Freepik

Yo sé que difícilmente un docente podría ganar un Óscar, pero lo desafío a intentarlo. Si se genera en la clase algo que está fuera de la realidad participa. El «como si» es el secreto del teatro. Muchas veces se emplea en una clase. Por ejemplo, cuando simulamos ser miembros de una legislatura o un personaje de la historia. En una de mis clases propuse que Calixto, el personaje de la célebre tragicomedia, fuera el protagonista de una conferencia de prensa entre periodistas de su tiempo. (No te preocupes por las transgresiones. En el «como si» todo es posible). Le preguntaron a Calixto de qué se ocupaba y contestó: «Pertenezco a la honorable clase ociosa y por favor, no me tutee». Desde el punto de vista del objetivo, el alumno había captado perfectamente quién y cómo era Calixto.

 

Actuar es muy útil. No tengas miedo de ser actor o actriz, pero hazlo sinceramente. Estoy convencido de que los programas de formación docente deberían incluir clases de actuación. Es una manera de conocerse a sí mismo, descubrir los límites de cada uno y convertir la clase en lo que se quiera: una nave espacial, un noticiero del siglo XVII, una selva galáctica, etc. Ponerse en el lugar de otro es aprender para la vida. Para ese fin, las nuevas tecnologías generan posibilidades infinitas. Son formidables instrumentos para la creación. ¿Y el desorden que provoca una actuación? Como maestro y actor o actriz no te olvides de orientar a tu clase para evitar circunstancias no deseadas. El motor orientador no se apaga nunca.

 

El código del humor: Quino

Todos conocen al creador de Mafalda. Todos saben que «sopa» no es solamente caldo con fideos, sino la imagen de lo desagradable y rutinario. El humor no es inocente. Quino reconstruye la realidad: donde hay una cachiporra en manos de un policía ve un «palito de abollar ideologías». El humor —y más aún cuando tiene un matiz de ironía— multiplica los sentidos de las palabras en un marco placentero y liberador. El docente debe tener sentido del humor, utilizarlo cuando sea oportuno y no temer a las explosiones de risa en el curso. Claro, pensarás, pero uno no está siempre con ganas de reírse. De acuerdo. Hay muchas causas que impiden el humor. Algunas están en la entradilla de este capítulo. Podemos agregar los magros salarios, la burocracia de los ministerios, la falta de visión de algunos funcionarios, etc. El aula es tu país personal. Pasa la frontera. Olvídate (ojalá puedas hacerlo) de todo aquello que quedó afuera. Por otra parte, el humor como estrategia es formidable. Yo suelo comenzar mis clases contando algo gracioso. Veo que todo se vuelve más humano. Probablemente el camino más efectivo para usar el humor es entrenar la sensibilidad. Una vez en un curso imaginamos un país donde debían convivir seres humanos y dinosaurios. Viendo la violencia entre los hombres, Dios les mandó los dinosaurios para enseñarles a tratarse mejor. Cada grupo con sus ordenadores generó proyectos distintos. Las contradicciones eran tan cómicas que todos se divirtieron. Además aprendieron mucho sobre la condición humana.

 

+Lea: Emprendimiento, creatividad y TIC. Tres retos del docente del siglo XXI, una relación inseparable

 

Participante activo de tu comunidad: Gandhi

Nuestra tarea está insertada en una comunidad. La educación no es un trabajo solo del docente. Muchas fuerzas convergen en una clase. Entre ellas, todas las dificultades de los alumnos por problemas económicos o familiares y otros inconvenientes que sufren los habitantes de su comunidad. Ser sensible a esas dificultades es parte de las condiciones de un buen docente. Gandhi fue la expresión más significativa de la no violencia y de los objetivos con respecto a su pueblo. No temas participar o liderar algún movimiento con el que sientas simpatía. Comprendemos más los problemas cuanto más los conocemos y los internalizamos. Hay establecimientos, afortunadamente son muchos, donde los docentes se organizan para llevar adelante tareas comunitarias. Hoy las tecnologías nos permiten estar permanentemente comunicados con personas o grupos. Los tiempos se han reducido notablemente. Todo esto asegura una labor más efectiva y eficaz.

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Amante de las tecnologías como Bill Gates

No sueñes. Probablemente por más que te dediques todo el tiempo a explorar el campo de las tecnologías no llegarás a tener la fortuna de Bill Gates. Pero tampoco lo descartes: al fin y al cabo Bill compró su primer sistema operativo MS-DOS a un principiante con poco dinero. Lo más valioso fue la visión de Bill. Es fundamental que el docente abra sus ojos frente a los nuevos fenómenos y se pregunte cómo y para qué puede utilizarlos. Hoy los jóvenes aman la velocidad y buscarán todo aquello que les permita cumplir con su objetivo en la menor cantidad de tiempo. De todos modos, el docente debería tratar de evitar que esos pasos —valiosos, sin duda— se hagan a costa de su silencio. El silencio es creador, revelador y un lugar adecuado desde donde mirarse. En todos, docentes y alumnos, debería existir ese espacio que nos permite descubrir quiénes somos y qué sentimos.

 

Leonardo da Vinci, Julio César, Robert de Niro, Meryl Streep, Quino, Gandhi y Bill Gates. Todo esto sin dejar de ser tú mismo. A estas alturas estás al borde del suicidio. Si de verdad hay que ser como esos genios y además sumados, nadie diría seriamente que esto es posible. Te proponemos un camino: olvídate de todos los nombres propuestos. Toma solamente lo que significan.

 

Empieza a darte permiso para crear, para inventar una estrategia, para comprender la alegría de descubrir, para compartir un «como si» con tus alumnos, para reírte con ellos, para ayudar a su comunidad, para evitar todo ruido que implique violencia, y para divertirte con la informática y crear con ella lo que se te ocurra.

 

Las nuevas tecnologías extendieron hasta el infinito las dimensiones del aula. Conoce los nuevos paisajes, úsalos para tus objetivos y disfrútalos. Y extiende también hasta el infinito tus posibilidades. Basta con darse permiso. La «escuela de magia online» (si es que existe) te enviará un e-mail de respuesta diciendo: «Todo lo que necesitas está en ti».

 

+Lea: ¿Cómo desarrollar la creatividad en el aula desde el taller educativo?

 

Algunos consejos

1. Deja que la barcarola de tu imaginación vaya donde quiera. No la condiciones.

2. Ser feliz frente a una clase no es una consecuencia. Es una condición necesaria.

3. Tu misión es tender puentes. El docente no es solo un mediador. Es el creador de un espacio donde habita la magia.

 

+Conozca el libro La creatividad en la ciencia y en la educación

 

Título tomado del libro: Innovación educativa y TICS guía básica. Autor: José Manuel Pérez Tornero y Santiago Tejedor (eds.) pp. 138-142

 

Foto de V. Ivash. Tomada de Freepik