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Afectaciones de la violencia en niños y adolescentes de la ciudad de Medellín

Magisterio
24/04/2020 - 10:45
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No siempre es fácil sepultar a nuestros muertos… la presencia de la ausencia nos va volviendo más capaces…

nadie que sufra una pérdida sustancial continúa siendo el mismo de antes. La reivindicación es una exigencia de la vida.

(Paulo Freire)

En la ciudad de Medellín, la violencia expresada de diversas formas, está afectando directamente la configuración de subjetividades de los niños y adolescentes . En sus entornos barriales y escolares se están creando nuevos espacios de socialización en relación con actores armados, hacia los cuales se sienten atraídos los estudiantes, incidiendo éstos en su construcción de referentes de vida. De otro lado, se presenta una situación novedosa y tiene que ver con una mayor presencia de las niñas y adolescentes mujeres en el conflicto urbano-escolar, hecho que está ubicando en otro lugar a las mujeres, como botines y actoras de la guerra. 

La oferta de la guerra y el abandono de las aulas

La mayor parte de los estudiantes de la ciudad, habitan entornos con unas condiciones de existencia y de posibilidad restringidas, donde permanecen mucho tiempo solos, en medio de realidades como el conflicto armado, el maltrato intrafamiliar, el abuso sexual, el trabajo infantil, el comercio sexual adolescente, entre otras. Todas estas problemáticas se van incorporando y naturalizando en la configuración del habitus de los escolares: 

“Según Pierre Bourdeau, el habitus es la generación de prácticas que están limitadas por las condiciones sociales que las soporta, es la forma en que las estructuras sociales se graban en nuestro cuerpo y nuestra mente, y forman las estructuras de nuestra subjetividad (Socialización). Aparentemente el habitus parece algo innato, aunque se forma de esquemas de percepción y valoración de una estructura social. Hace referencia a aquello que se ha adquirido y se incorpora en el cuerpo de forma duradera” . 

En este sentido, los estudiantes están habitando en medio de la violencia, donde, grupos armados se disputan el poder y en medio de esta pugna se cometen actos de barbarie en la cotidianidad de la vida de NNA, que causa en ellos diversas huellas y expresiones, entre ellas el querer ser como los actores armados para dominar un territorio y ejercer control sobre el resto de habitantes del barrio, iniciando por la casa, que por múltiples razones se convierte en un ámbito de socialización que legitima y naturaliza estos hechos. 

La escuela no puede ser un escenario aislado de lo que acontece en nuestra ciudad, los docentes y demás actores educativos deben aprovechar situaciones violentas y conflictivas que ocurren para reflexionar con los escolares; 

La naturalización y el acostumbramiento al hecho violento son un rasgo de subjetividad notorio en los niños y adolescentes. Al vivirse como una forma ya dada de relación, no permite que los NNA reflexionen sobre el hecho mismo. En esta medida, aparecen posturas de endurecimiento frente al dolor, y otras de venganza. Al naturalizarse, la violencia es asumida como un bien, como manifestación de la justicia: a quien se castiga es porque se lo merecía (“alguna cosa habrá hecho”).

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En los NNA, la configuración del sustrato moral está sometido y referido a los agentes socializadores, en tanto la limitación en el manejo de los propios referentes les dificulta tomar distancia y posturas críticas frente a lo que los adultos les proponen como bien o mal. El sustrato moral endurecido por la irreflexividad pone en tensión las relaciones con los otros, ubicando a los NNA en un ‘limbo moral’, que puede llegar a producir injusticia y destrucción del otro, sin que haya dolor moral, lo que los hace permeables a razonamientos y prácticas violentas. Los sentimientos morales de justicia se trastocan, expresándose en actos ligados a la conveniencia propia, al tiempo que valoran como admirables y humanos a actores violentos: los asesinos, sicarios también tienen su corazoncito.

Los NNA legitiman la violencia como un bien y justifican la guerra desde el ámbito privado que se materializa en los juegos, y se proyectan desde ya, como niños y jóvenes que podrán poseer armas: ellos saben que con las armas serán reconocidos y temidos. Los niños justifican la muerte de alguien que no hace parte de su paisaje, de su ámbito privado y fraternal; toman como referente, muchas veces, al “malo” de la película y terminan inclinándose hacia él y admirándolo profundamente, establecen una relación simbólica con los patrones impartidos por la televisión, incidiendo en su configuración moral. Sus expectativas empiezan a ser influenciadas por los medios, y al no contar con un acompañamiento efectivo de un adulto o alguien que permita reflexionar en torno a situaciones límite que se presentan en sus fuertes escenas, reciben la información sin pasarla por el tamiz de la reflexividad y la representan en su vida cotidiana, muchas veces invisibilizando al otro que tienen al frente, desconociéndolo, careciendo de la responsabilidad con los otros.

En este sentido, para algunos escolares, este panorama puede significar un impulso apresurado para abandonar sus estudios a temprana edad, para poder salir y empezar a responder ante una oferta que le muestra, tal vez, un futuro mucho más concreto y esclarecedor desde su mundo, de su vida. 

+Lea: Resiliencia e inteligencia emocional: líneas de investigación convergentes para empoderar al estudiante

La escuela tampoco le ofrece algo distinto que lo conecte y lo haga renunciar a la oferta posible que tiene a su alcance. Y esto se refleja en indicadores de permanencia y abandono del sistema educativo que se enuncian desde la Secretaría de Educación, a saber: 

“La tasa bruta de la secundaria esta en 112% y la tasa bruta de la media está en 76% (esto quiere decir que un 35% de estudiantes se desescolariza en la media, hay un salto del 112% al 76%). Hay 18.000 estudiantes que deberían terminar sus estudios y los interrumpen en este periodo” .

En correspondencia con lo anterior, los indicadores muestran un alto porcentaje de la población que abandona el sistema educativo en un rango de edad entre 15, 16 y 17 años. Si bien, no toda la deserción escolar está directamente relacionada con el conflicto armado, gran parte de ellos abandonan la escuela de manera provisional o definitiva, tal como se enuncia en el siguiente testimonio de un funcionario de la Personería de Medellín: 

“En días en que se presentan alteraciones de orden público en alguna Institución Educativa, pueden ausentarse hasta 350 estudiantes de la Institución Educativa. Y si es el caso de algún estudiante que muere violentamente y hace parte de la Institución desertan un número promedio de 40 estudiantes”. 

Por lo tanto, hay implicaciones en el disfrute del derecho a la educación, debido a hechos conflictivos y violentos vividos por los NNA, como lo ilustra el siguiente testimonio:

“A una estudiante, la estaban buscando en la parte de afuera de la escuela. La razón por la que la esperaban, era que había sido testigo de un asesinato. Cuando la coordinadora se dio cuenta sacaron a la estudiante, tomando una medida que consideraron era la mejor: que un día fuera una estudiante, y otro día otra” . 

Algunos actores educativos se refieren a la inmersión de los escolares en algunos grupos al margen de la ley y en otras situaciones delictivas justamente en el rango de edad antes expuesto. A continuación se amplía esta observación:

“Un reciente informe de Codhes lo confirma: ‘El reclutamiento forzado está cambiando la dinámica del conflicto y los desplazados ahora temen represalias por no entregar a sus hijos a la guerra’. Y según el informe Prisioneros combatientes (2008) de la Organización Internacional de las Migraciones, dirigido por la consultora Natalia Springer, ‘si antes la población desplazada era la que usualmente servía a los grupos armados porque le quitaban los niños para sus propósitos, ahora tenemos el efecto contrario: desplazados huyendo para evitar que se lleven a sus niños. Hace tres años, las autoridades calculaban entre 6.000 y 11.000 el número de niños combatientes. Hoy la cifra podría estar entre 14.000 y 17.000 menores, la mitad de los cuales estaría en las filas de las Farc, según un informe del Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza, publicado hace tres meses, en el cual Colombia figura en el quinto lugar de los países donde los grupos armados reclutan más menores de 17 años. Uno de cada cuatro combatientes es un niño –afirma Sergio Tapia, fiscal del Tribunal–. Están utilizando niños hasta de seis años para trabajos de inteligencia, siembra de minas antipersona, transporte de explosivos’. Agrega que esta cifra se dispara porque ‘los actores del conflicto armado mutan, se transforman en bandas criminales, se retroalimentan con alianzas y operan como carteles del narcotráfico’" . 

De igual modo, según la Personería de Medellín, se está presentando reclutamiento de estudiantes para que pertenezcan a combos , en algunos sectores de la ciudad. La oferta económica va desde 140.000 pesos mensuales y tener derecho a portar armas siempre y cuando las utilicen y las sepan manejar, de la misma forma, les solicitan que puedan vender sustancias psicoactivas al interior de sus Instituciones Educativas.

Emergencia de las niñas y adolescentes mujeres en el conflicto armado-conflicto escolar

Las mujeres están siendo protagonistas en conflictos urbanos y escolares. Las escolares están siendo incorporadas a grupos de violencia armada organizada, para que sean ellas las que lideren el microtráfico de armas y de drogas al interior de planteles educativos, al igual que sirven para labores de inteligencia en situaciones relacionadas con la ilegalidad. De igual modo la mujer está siendo acosada por actores armados y en algunos casos utilizadas en el comercio sexual. Estos hechos, que también están aconteciendo al interior de los planteles educativos, son el reflejo de lo que está ocurriendo en la ciudad en razón de la violencia, de la cual hacen parte las mujeres.

Algunos indicadores reflejan un incremento de las mujeres en el conflicto, pues los feminicidios hasta el 2009 eran explicados por situaciones relacionadas con la violencia intrafamiliar; hoy están apareciendo otras causas que tienen que ver con situaciones de conflicto armado. Según fuente del periódico El Tiempo, junio 5 de 2011: “Ya van 119 mujeres muertas de manera violenta en la ciudad en los primeros cinco meses del año”.

En este sentido se resaltan algunos hechos acontecidos en la ciudad: 

“El crimen de dos jóvenes tras haber concertado una cita por Internet, disparó la indignación. En la comuna 8 de Medellín buscarán que ese homicidio no quede impune. En los alrededores aseguran que, aparentemente, una de las dos había estado chateando con un amigo a través de Facebook y ahí concertó una cita que tendría que ver con el asesinato. Sin embargo, el encuentro no habría sido con un desconocido sino con dos integrantes de combos delincuenciales de La Sierra, el barrio vecino, apodados 'Mosquito' y 'Rapero'. Por eso, un funcionario de la Personería piensa que el hecho debe ser considerado más un incidente del conflicto urbano que delito informático. ‘El delincuente informático tiene otros móviles’. (El Tiempo, 24 de marzo de 2011).

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La hipótesis oficial que circuló en el 2009 y que afirmaba que el asesinato de mujeres era producto de violencia intrafamiliar comienza a desvirtuarse. El 43% de las mujeres a quienes les fue vulnerado su derecho a la vida se ubican en el rango de edad de los 11 a los 25 años y las víctimas de violencia intrafamiliar se ubican en el rango de los 35 a los 45 años, lo que no permite compatibilizar los datos empíricos con la hipótesis institucional . 

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No obstante, los delitos sexuales y de violencia intrafamiliar permanecen y se mezclan con situaciones de conflicto armado. Según la Personería de Medellín, en el primer trimestre de 2010 el 69% de denuncias penales por delitos sexuales reportan como víctimas a las niñas menores de edad. Y de estas menores de edad, el 51% son menores de 14 años. 

“Dos estudiantes de 5o de primaria se encontraron al salir de la Institución para enfrentarse por el padre de una de ellas, el cual sostiene una relación con la otra; al parecer la madre de la niña está de acuerdo con esta relación” .

La anterior situación, se considera un delito sexual que atenta contra la integridad de la niña, según la convención de los derechos de los niños y niñas y la ley 1098 de 2006, de infancia y adolescencia. En la mayoría de estos hechos, se percibe que al interior de las Instituciones Educativas hay un desconocimiento de los derechos de las NNA en razón de abusos y hechos presentados en contextos conflictivos. 

Algunas riñas y agresiones físicas en las que están participando las mujeres escolares, tienen motivaciones y causas asociadas con el microtráfico de drogas y de armas. De igual modo, relaciones afectivas con caciques o jefes de los combos en los barrios alternos a las instituciones. Esto ejemplifica el rol que está ejerciendo la mujer en la ciudad y que se evidencia en nuestra cercanía con la escuela. 

“El efecto de dominación simbólica no se ejerce en la lógica pura de las conciencias cognitivas, sino en la oscuridad de las disposiciones del habitus donde están inscritos los esquemas de percepción, evaluación y acción que fundamentan, más allá de las decisiones del conocimiento y los controles de la voluntad, una relación de conocimiento y reconocimiento prácticos profundamente oscura para sí misma. Así pues, sólo puede comprenderse la lógica paradójica de la dominación masculina, forma por antonomasia de la violencia simbólica, y la sumisión femenina, respecto a la cual cabe decir que es a la vez, y sin contradicción, espontánea y extorsionada, si se advierten los efectos duraderos que el orden social ejerce sobre las mujeres, es decir, las disposiciones espontáneamente concedidas a este orden que la violencia simbólica les impone” .

Cabe resaltar que la inmersión acelerada de niñas y adolescentes mujeres en el conflicto armado-conflicto escolar, refleja, en algunos rasgos de la configuración de sus subjetividades, expresiones como su reivindicación de género, quizás con una lucha activa de equipararse ante la dominación masculina, pero poco alcance en sus procesos reflexivos de subjetivación. Así, algunos docentes manifiestan que durante el tiempo que se realizó el rodaje de algunas narco novelas, hubo estudiantes que se apodaron la “Rosario Tijeras”, la cual tenía el control sobre los compañeros y compañeras en el plantel educativo. Estos patrones establecidos y proyectados por los medios de comunicación se están volviendo referentes de sentido moral, reflejando cómo estructuras de control y de dominación del conflicto armado en la ciudad, se transpolan a los imaginarios de vida de las estudiantes.

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¿Cuál es la escuela que se requiere, en un contexto conflictivo, como el de la ciudad de Medellín?

Una escuela inmersa en el conflicto urbano, como la de la ciudad de Medellín, requiere pensar no sólo en la calidad y la competitividad expresadas en estándares internacionales académicos, sino que se debe ocupar del reconocimiento de las situaciones de conflicto desde los diversos contextos, al igual que la tramitación de los mismos como oportunidad de aprendizaje. Esto se resalta en la siguiente cita: 

“Particularmente, es necesario que pensemos la escuela ahora desde otros referentes distintos a los tradicionales. Por eso, en lugar de pensar la escuela desde el currículo o desde el plan de estudios, en lugar de pensar la escuela desde la vida antigua, desde la pedagogía escolarizada, algunos nos hemos orientado más bien por otras opciones, como por ejemplo pensar la escuela desde la comunicación, desde la cultura, desde la categoría poder o desde la política” .

La escuela no puede ser un escenario aislado de lo que acontece en nuestra ciudad, los docentes y demás actores educativos deben aprovechar situaciones violentas y conflictivas que ocurren para reflexionar con los escolares; 

“Es en relación con el error y el conflicto donde se dan los aprendizajes significativos, las transformaciones conductuales, los cambios en las formas de expresión y acción. Es en torno al conflicto y a los desaciertos donde los procesos pedagógicos construyen las aptitudes reflexivas y autorreflexivas, las capacidades críticas y autocríticas que facilitan las transformaciones en la acción” .

En consecuencia con lo anterior expuesto, estamos abocados a una crisis de la escuela ingobernable y ante una precarización de lo subjetivo en niños y jóvenes, en tanto se restringen en el colectivo los intereses comunes y el reconocimiento por los otros de manera responsable.

Pueden ocurrir, e incluso, propiciarse acciones políticas, pedagógicas y sociales que hagan que estos niños y niñas vivan acontecimientos que cambien su horizonte de sentido moral y político y de esta manera aportar a una constitución de la subjetividad política desde la mutua interacción en donde se reconozcan unas generaciones con otras. Este es el reto pedagógico que le queda a la sociedad y quienes con ellos hemos compartido.

Notas

De ahora en adelante se nombrará NNA al referirnos a niños, niñas y adolescentes.
2 Bourdeau, Pierre. Capital cultural, escuela y espacio social, 2001
3 Informe de Gestión Secretaría de Educación, Medellín, 2010.
4 Registro Taller con maestros. Proyecto Paz a la Escuela, Medellín, 2011.
5 Revista Cambio: El Tiempo, 22 de mayo de 2011.
6 Informe de derechos humanos, IPC, 2010.
7Combos en Medellín, Colombia, se refiere a grupos de violencia urbana armada con un territorio delimitado.
8 Registro Taller con maestros. Proyecto Paz a la Escuela. Medellín, 2011.
9 Bourdeau. P. Meditaciones pascalianas, Barcelona, 1999.
10Aguilar. S, Juan Francisco. La escuela: cuerpo de crisis y cara de reforma. Convivencia escolar enfoques y experiencias,
 1998.
11 Guiso C., A. Pistas para deconstruir mitos y desarrollar propuestas de convivencia escolar. Convivencia escolar enfoques y experiencias, 1998.

Mary Luz Marín Posada. Coordinadora Proyecto “Paz a la Escuela”. Instituto Popular de Capacitación IPC Universidad de Antioquia, 2.004. Socióloga. Trabajo de Grado con Mención de Honor: Marín, M. y Hernández, M. Comercio sexual de adolescentes hombres un acercamiento a sus aspectos psicosociales. Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano –CINDE–. Aspirante al título de Maestría en Educación y Desarrollo Humano. Tema Trabajo de Grado: El lugar de la moral en la constitución de la subjetividad política en la primera infancia. Actualmente trabaja en el Instituto Popular de Capacitación –IPC– en el campo programático de Educación, niñez y juventud.

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 53

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