Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0
ANUNCIO
editorial_magisterio_cajiao.png

Alma de maestra, acción en el aula

Por Ruby Esperanza Arias Cadena
Magisterio
15/05/2019 - 10:00
0
Foto de Adobe Stock
Enseñar es algo que llevo en mis entrañas, respiro lo que soy, maestra. Vivo  como la semilla que busca la luz del sol para desplegarse. Crecer significa reflexionar sobre lo que soy y sobre mi  quehacer en el aula. Es un camino en el que hay días de días: unos llenos de optimismo, seguridad, satisfacción, alegría y tranquilidad, y otros de dudas, inquietudes, interrogantes retos y decisiones por tomar. Como el refrán, unas son de cal y otras son de arena. Justo por ello vivo llena de expectativas, buena energía y confianza para seguir adelante. 
Soy maestra de todas las áreas en los primeros grados, y acompaño a cada grupo dos años. Creo que los grandes cambios los he  forjado en y con el lenguaje por ser este la vida misma. Establezco cierta semejanza con un árbol. La raíz es la base, el apoyo, como el lenguaje es el cimiento del ser humano para expresarse. El tallo por donde circulan los alimentos que nutren al árbol, son la oralidad, la lectura y la escritura, necesarias para permear las áreas del conocimiento. Las hojas, las flores y los frutos son el lenguaje propio de cada una de las disciplinas. Ver el aprendizaje atravesado por el lenguaje es un valor agregado, inherente a los proyectos de aula, significativo para los niños, una tarea de la vida que la escuela nutre con su saber. Recorrer caminos que les permitan a mis pequeños estudiantes explorar la oralidad, la lectura y la escritura, a la par que la disfrutan es una de mis prioridades. Me interesa sobre manera formar verdaderos lectores deseosos de crear y representar con palabras su propio mundo.
Esa travesía es, precisamente, la que en esta oportunidad quiero compartir con ustedes. Voy a caminar en el aquí y en el ahora, con las enseñanzas de la senda recorrida. Los llevaré con mi relato a seguir mis pasos durante un día. Iré describiendo paso a paso lo que acontece durante la mañana en aspectos puntuales de la oralidad, la lectura y la escritura en el salón de clase. Me referiré al pasado, les contaré lo que hacía antes en esos mismos aspectos, como mirándome por un espejo retrovisor. Es un paralelo que me permite detenerme un poco, evaluarme,  reinventar el camino. Voy a confiar a ustedes lo que soy y las conexiones que tengo con la vida.
El camino inicia cuando salgo de mi casa cada mañana; de frente, el sol es un  saludo inevitable, lleno de buena energía. Junto a él, en el firmamento, como guiñándome el ojo, veo siempre el cerro de Monserrate, icono de Bogotá. Bajo la mirada y veo allí, como si me esperara con los brazos abiertos, la institución donde estudié y en la que trabajo hace dieciocho años, el Colegio Carlos Arturo Torres, de la localidad de Kennedy. En esta institución educativa nos tomamos en serio la inclusión escolar; en cada curso hay estudiantes con deficiencia cognitiva leve o limítrofe, que se benefician de las dinámicas del aula regular. Cuenta con una sede adjunta de aulas de apoyo pedagógico para niños con deficiencia cognitiva moderada, síndrome de Down y autismo.  
Basta solo caminar unos minutos y estoy en la puerta. Me esperan varios niños y niñas que me reciben con un saludo efusivo: “¡Profe, buenos días!”. Todos quieren ayudarme a  llevar  la cartera, los materiales y recibir las llaves para abrir la puerta del salón. Juntos, como preámbulo a lo que será nuestra jornada, caminamos  hablando de todo un poco, es un diálogo informal pero significativo. Me cuentan,  preguntan, manifiestan inquietudes, experiencias y miedos. 
De mí lo intuyen todo, es una conexión inexplicable entre ellos y yo. Hacen su lectura, reconocen mi estado de ánimo, se dan cuenta de si me maquillé  diferente, si me pinté el cabello y no dudan en exteriorizarlo: se ve bonita, o se veía mejor antes, dicen, y me preguntan por qué me corté el cabello así. Cuando empecé como maestra este ritual estaba impregnado de formalidades que obstaculizaban la cercanía, conocimiento familiar y social que se requieren para abordar,  contextualizados en la realidad, los conocimientos.
Es un camino en el que hay días de días: unos llenos de optimismo, seguridad, satisfacción, alegría y tranquilidad, y otros de dudas, inquietudes, interrogantes retos y decisiones por tomar.
Abrimos la puerta del salón y corren a organizar el mobiliario armando grupos. Cada semana cambian de compañeros como resultado de una reflexión colectiva que hacemos que les permite ser concientes de la importancia de apoyarse y cuidarse mutuamente, de tener sentido común, de ser flexibles en muchos asuntos para favorecer la convivencia que se requiere en la vida, incluida la escuela. Es así como ellos mismos sugieren, por ejemplo, que alguno esté adelante por un tiempo porque se le rompieron las gafas o que fulana y sutana estén juntos ya que comparten un interés. Yo estoy muy atenta para hacerles ver en determinadas situaciones cuál debería ser nuestra actitud, con el fin de ser cada día mejores seres humanos. 
Hace unos años esta corresponsabilidad en la disposición del aula no existía. La organización era según mi criterio, que en realidad era un asunto guiado más por una máscara de autoridad que por las necesidades de mis estudiantes y de la sociedad. Detenerme a observarlos y detallar sus formas de actuar, me aporta elementos para saber qué les favorece y lo que necesitan. Recuerdo a Tatiana, una niña que había repetido varios años sin causa aparente. En los primeros días me pareció que no oía lo suficiente y empecé a rotarla de puesto y le pedí que me informara dónde se sentía y escuchaba mejor. Bastó solo eso y empezó a fluir. Les pedí a sus padres solicitar la audiometría y, vaya sorpresa, tenía un mínimo de audición en uno de sus oídos. Qué importante es ese caminar despacio, pero muy atento. 
¿Qué ocurrió para que ahora mi quehacer en el aula sea tan diferente? Fue la adquisición de nuevos conocimientos y la reflexión de mi propia práctica la que me llevó a desaprender algunas cosas y a adoptar otras formas. Dos escenarios confluyeron maravillosamente: mi licenciatura en Educación Básica, formación que me confirió la responsabilidad de trabajar todas las áreas del conocimiento, aunque desde entonces opté por profundizar en lengua castellana y como trabajo para obtener el título me incliné por una estrategia que me permitiera disponer de un paquete de libros para leer en la escuela y llevarlos a casa en calidad de préstamo. 
Así fue como llegué a un escenario de formación por excelencia, la Red Podemos Leer y Escribir, programa regional liderado por la Secretaría de Educación Pública de México, el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc) y la Secretaría de Educación de Bogotá, cuyo principal objetivo era fomentar la lectura y la escritura en la escuela y para lograrlo, entregaba un acervo de cien libros de alta calidad literaria, de diferentes géneros. Este programa que llegó al país en 1996, brindaba adicionalmente, formación en pautas para seleccionar libros y armar colecciones que garantizaran diversidad de textos, formatos, géneros, temas, manejo del lenguaje, estrategias didácticas y saberes que debe tener un maestro para promocionar la lectura y la escritura en el aula, así como ejemplos de los posibles usos del libro. Fue así como conocí autores para maestros como Emilia Ferreiro, Graciela Montes, Daniel Cassany, Delia Lerner, Kenneth Goodman, Michel Petit, y para niños y adultos: Anthony Browne, Roald Dahl, Ana María Machado y Francisco Hinojosa, entre otros. 
Yo buscaba apropiarme de manera consciente de la tarea de enseñar oralidad, lectura y escritura y este fue mi mejor escenario. Nunca lo habría logrado en solitario, necesité de un trabajo más que en equipo, en red, al que le debo mucho de lo que hoy soy como maestra. Digo red por la dinámica que había en el grupo en cuanto a intercambio de experiencias, libros, materiales, asistencia a congresos y eventos académicos. 
6:30 a. m. Lectura silenciosa 
Inicia la jornada escolar. Nuestra primera actividad del día está dedicada a la lectura silenciosa e individual. Cada niño saca de su maleta un libro de la colección Libro al Viento que siempre lleva para compartirlo en familia y que ha escogido bien porque la carátula le llamó la atención, le gustaron las ilustraciones o el título le pareció sugestivo. Es un momento de acogida. Sé que en los mejores casos las palabras del libro en casa se convirtieron en caricias y en clase son el lazo perfecto para conectarnos de nuevo con el acto de leer al iniciar la jornada escolar. Es importante dedicar tiempo a esta modalidad de lectura desde los primeros grados escolares, independiente de si leen convencionalmente o no. 
Mientras todos leen en silencio, en algunas ocasiones trabajo de manera individual con quienes tienen dificultades de aprendizaje; es una adaptación curricular en la que le doy a cada uno el apoyo que requiere, le ayudo a pronunciar mejor las palabras, a identificar el tema del libro, la parte que más les gusta, a buscar otros textos del mismo autor, a encontrar con sus propias palabras el significado de vocablos que para ellos son raros o de difícil interpretación.  
Luego de que cada quien se ha conectado con su libro y ha dedicado unos minutos a la lectura silenciosa, los invito a que cuentan a su grupo o a todos los compañeros del curso cómo lo leyeron en casa, si lo hicieron solos, si los compartieron con sus hermanos, con la mamá, el papá o un abuelo, a qué hora, en dónde. Enterarme de lo que sucede en casa con los libros y la lectura, es un excelente insumo  para priorizar las necesidades de libros, temas, formatos que prefiere el núcleo familiar del niño. Cumplir con dichas expectativas me garantiza de cierta manera  su colaboración y compañía en el bello acto de leer en casa.  
6:50 a. m. Lectura colectiva 
El encuentro con nuevos libros que están a disposición de los niños en un maletín viajero, adaptado para que se vean las carátulas, es un momento que mis estudiantes esperan con ansiedad. Mi propósito es generar ese contacto visual directo y que nos lleva a los lectores a escoger un libro. La disposición que hago es estratégica, es decir, es intencionada, he seleccionado libros que hagan referencia al proyecto y a la secuencia que estoy desarrollando, los hay de temáticas variadas (animales, plantas, cocina, mapas, estructuras, sitios turísticos) y de múltiples formatos (cuentos, documentales, novelas, relatos, poesía, historias de hadas, valores, refranes y leyendas). 
Es muy emocionante observar el interés de los niños por este contacto con los libros. Algunos tienen en la mira desde hace rato uno, así que corren a ver si esta vez está a disposición para seleccionarlo antes de que lo haga otro compañero. La portada y el título son el primer criterio de selección que usan, a medida que pasa el tiempo adoptan otros como los dibujos y el contenido. Prefieren los libros con imágenes grandes de animales, el mar, la selva o el desierto, y que sean interactivos, con transparencias y con la posibilidad de mover algunas partes; aquellos que tienen sonidos asociados al contenido y los de texturas simulando la piel de los animales o las formas del relieve, les resultan muy llamativos. 
Este es un espacio de intercambio en torno a los libros, como ocurre en la vida cuando compartimos con otros lo que nos gusta o cuando una persona cercana quiere leer lo mismo que uno está leyendo. Suele ocurrir que cuando hay un libro que a todos les gusta, buscan a quienes mejor leen para que lo haga en voz alta y los otros se amontonan a su alrededor, como en mesa redonda, para escucharlo; muchas veces quien lee está sentado y los demás de pie. Entre ellos se formulan preguntas, dan explicaciones, establecen relaciones con otros formatos como programas de televisión,  películas, noticieros, periódicos, afiches, etc. Unos niños explican a otros el significado de lo que no comprenden. 
Es un momento emocionante y de mucha satisfacción, allí veo cómo poco a poco se van empoderando los niños de la lectura. Se da como inherente al hecho de leer. Lo planeo de esta manera para que se sientan protagonistas de su proceso de aprendizaje y para determinar las habilidades que para la lectura han incorporado ya como propias. En ese momento actúo como una compañera más, participo de la lectura, pregunto, me explican. Relaciono este hecho con una apreciación de Emilia Ferreiro y Jean Piaget, en la que defienden la habilidad de los niños para aprender, para inventar formas a pesar de las formas del adulto. Ser consciente de esta destreza que tienen ellos me lleva a generar espacios como estos. 
7:10 a. m. Lectura en voz alta 
Debe ser de un libro que me guste. En este caso escojo uno con mucha imagen y poco texto. Necesito animarlos a leer con el ejemplo. Antes lo leo en solitario para sentir también la lectura y encontrar en él posibilidades didácticas a la hora de ponerlo en escena. Cuando lo leo en público, le doy a mi voz todos los matices necesarios para que los pequeños logren imaginarse y casi adentrarse en la historia. Lo primero que hago es mostrarles el libro, exploramos su parte física: les muestro la textura de la pasta, les pregunto si hemos leído otros libros del mismo autor, y si tiene un dibujo, color o símbolo igual a otros que hayamos podido ver, como para indicarnos que forma parte de una colección.
Luego, presento la carátula, leo el título y pregunto: ¿de qué se tratará el libro? Todos dan su opinión. Con esta expectativa inicio la lectura y a medida que esta transcurre, lanzo más interrogantes: ¿ahora qué creen que pasará? ¿qué actitud va a tomar alguno de sus personajes? Esto les ayuda a corroborar sus hipótesis iniciales. Después de leer, formulo preguntas más complejas que les sirven para mejorar la comprensión, por ejemplo: ¿con qué episodios de la vida se relaciona esta lectura? ¿hay programas de televisión o películas que aborden el mismo tema? 
Para continuar leyendo el texto Alma de maestra, acción en el aula puede visitar el siguiente enlace  AQUI
Este texto fue construido en el “Taller de escritura Voces y Saberes: una oportunidad para comprender, fortalecer y hacer visibles experiencias innovadoras” llevado a cabo entre el 3 de julio y el 18 de octubre de 2018. El programa formativo fue seleccionado por la Secretaría de Educación de Bogotá para ser parte del banco de propuestas de formación permanente de docentes.
Si desea conocer más de la propuesta formativa escriba a: vocesysaberes@gmail.com
Foto de Adobe Stock
 
 
 

ANUNCIO
inteligencia_emocional_v2_1.png