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Alumnos que te callan la boca

Por Ramón Paraíso
Magisterio
26/07/2018 - 10:15
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Photo by Jordan Whitt on Unsplash

Hace ahora un par de años aterrizó en nuestro centro un alumno con la voluntad de matricularse en el curso de graduado en educación secundaria para personas adultas. Su expediente académico era un verdadero drama y la entrevista previa a su ingreso en el centro fue, por diversos motivos, un tanto desconcertante. A pesar de todo, el chico formalizó su matrícula y una semana después estaba puntualmente sentado en su pupitre presto a iniciar una andadura de dos años hacia la consecución de su graduado en ESO.

Los profesores, que en esto  somos como el común de los mortales, no esperamos demasiado para emitir un juicio sumarísimo sobre el futuro del chaval. Unos, más prudentes, quizá no llegamos a verbalizarlo. Otros, más expresivos, ocuparon varias jornadas a pronunciar su sentencia. Porque, independientemente de la prudencia o expresividad del profesor de turno, la opinión común del equipo era eso mismo, una sentencia, y no absolutoria precisamente. Según nuestros augurios el chico no tardaría en abandonar y, en caso que perseverara, difícilmente podría sacarse el graduado en educación secundaria. Pues eso, visto para sentencia.

El pasado viernes firmé el acta de módulos del GES que debemos remitir a inspección trimestralmente. En ella estaban las calificaciones de las últimas asignaturas que nuestro alumno en cuestión debía superar. No es necesario decir que, no solo no abandonó a los cuatro días como muchos esperábamos, sino que durante su itinerario en nuestro centro mostró una implicación, una perseverancia y una capacidad de superación que todos pusimos en duda desde un principio. Prejuicios se llaman, creo.

En mi opinión, cometimos dos grandes errores.

  • El primero fue poner en duda nuestra propia capacidad de trabajo y de favorecer la generación de oportunidades para el aprendizaje. Cuestionando  sus posibilidades de éxito, demostramos (sin saberlo y sin pretenderlo) muy poca confianza en nuestra capacidad como profesores y, en definitiva, en nuestra profesión.
  • El segundo error, sin duda el más importante, fue dudar de la capacidad de nuestro alumno simplemente por una serie de prejuicios basados en una opinión inicial totalmente superficial e incompleta. Ni un expediente académico, ni una entrevista (por detallada y profunda que sea), ni siquiera un mes de trabajo en el aula con un alumno puede permitir generar opiniones, juicios y sentencias como las señaladas más arriba.

Tenemos trabajo por delante: alfabetización emocional, empatía, colaboración, paciencia, comunicación... Todos ellos elementos que deben permitir acercarnos a nuestro alumnado para, trabajando conjuntamente, sacar lo mejor de todos nosotros.

¿Por qué encasillamos a nuestros  alumnos?

¿Cuántas etiquetas repartimos a diario en nuestras aulas?

¿Por qué tenemos alumnos de 6, de 0 y de 10?

Recuerdo la junta de evaluación en la que cerramos el acta que generaba la tramitación del título de nuestro alumno. Alguien dijo:

"Aquí hay alguien que nos ha callado a todos la boca". 

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Este artículo es publicado gracias a la alianza de contenidos entre el blog De vuelta y la Editorial Magisterio

Vea el artículo original aquí: Alumnos que te callan la boca

Photo by Jordan Whitt on Unsplash