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Antón pirulero: juego y música en la educación inicial

Magisterio
28/02/2019 - 10:45
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Foto de Pixabay
Antón pirulero: juego y música en la educación inicial es una reflexión acerca de la importancia de ofrecer experiencias sonoras, musicales y de juego en la primera infancia como alternativas para beneficiar el desarrollo integral. En dicha reflexión partimos de la premisa de que la primera infancia es el escenario ideal para establecer vínculos afectivos entre niños y adultos a través del juego, de las diferentes sonoridades y de la música y de que dichos lenguajes son óptimos para que padres, maestros y cuidadores compartan y presenten el mundo a quienes se encuentran entre el vientre materno y/o en edades entre 0 y 6 años. Hablamos, también, sobre los beneficios emocionales, sociales, intelectuales y corporales que devienen de estar en contacto con dichos lenguajes, resaltando el hecho de que posibilitan la expresión desde muy temprana edad y ayudan a la consolidación de la identidad. Con este artículo pretendemos hacer una invitación para que los adultos que tienen a su cargo el cuidado y desarrollo de los más pequeños les entreguen el mundo del juego, la sonoridad y la música de manera consciente, respetuosa y comprometida. 
Antón pirulero: juego y música en la educación inicial
El juego y los lenguajes creativos en general, han estado presentes a lo largo de la existencia del ser humano. Sin embargo, en América latina solo hasta hace muy poco las tendencias pedagógicas, psicológicas, médicas, políticas y económicas han empezado a tomarlos en serio. En Colombia, para citar solamente un ejemplo, la aparición de la Ley 1098 de 2006 por la cual se expide el Código de la infancia y la adolescencia en cuyo artículo 30 se establece el “Derecho a la recreación, participación en la vida cultural y en las artes”, ha sido un paso muy importante, ya que en esta “Los niños, las niñas y los adolescentes tienen derecho al descanso, esparcimiento, al juego y demás actividades recreativas propias de su ciclo vital y a participar en la vida cultural y las artes” . Sin duda, con esta ley y algunas políticas derivadas se les ha ido reconociendo al juego y al arte un papel definitivo en la primera infancia y en la educación; se han empezado a considerar como importantes para favorecer la totalidad de las áreas del desarrollo humano y se han ido posicionando como medios para la expresión de particularidades tanto personales como culturales. De hecho, en los últimos 6 años han aparecido innumerables reflexiones sobre el tema y sobre la participación que deben asumir quienes tienen a su cargo el cuidado y desarrollo de los niños en estas actividades propias de la infancia; sobre cómo establecer relaciones sanas entre padres, educadores y niños a partir de prácticas lúdicas y artísticas que estimulan los sentidos. No podemos dejar pasar aquí el hecho de que tenemos lineamientos pedagógicos y curriculares para la educación inicial que destacan como pilares de la educación al juego y al arte, la literatura y la exploración del medio .
Se ha ido reconociendo que el juego, la música, la danza, la literatura, el teatro y las artes plásticas tienen un valor a la hora de enseñar de una manera más efectiva y divertida, aunque es importante anotar que una de las mejores conquistas del juego y de las artes es la de haber logrado reconocimiento como espacios que promueven la creatividad, dan rienda suelta a la imaginación y permiten soñar. En este sentido es importante comprender que, aunque con el juego y los lenguajes creativos se aprende, no los debemos considerar como un fin sino como tiempos y lugares que permiten ser y propician placer; como actividades que tienen un valor en sí mismas y que, por ende, se disfrutan en el momento de su realización, sin propósitos externos a ellas. Obviamente tienen un papel fundamental en la apropiación y comprensión que hace el niño del mundo que lo rodea, así como en la manera de entender y asumir lo que le está sucediendo. Con el juego y la exploración a través de los sentidos, el niño nombra lo innombrable, lo hace consciente y va construyendo su mundo y una manera de expresarlo. Es decir, va elaborando su lenguaje como opción expresiva pero, también, como posibilidad de pensamiento.
Vale la pena aclarar que el juego y los lenguajes creativos permiten una exploración tranquila y auténtica, sin temor a cometer errores o a equivocarse. Esto se debe, en gran parte, a que todos estos lenguajes transitan por la deriva, es decir cobran vida en la acción y van llevando a los involucrados, por diversos caminos, a crear nuevas y propias maneras de hacer. 
Ahora bien, si nos centramos particularmente en la conexión juego-música o cuerpo-sonido, podemos decir que en la primera infancia estos conceptos van siempre de la mano. Comenzamos la vida explorando con el sentido auditivo y jugando con nuestras posibilidades sonoras. Desde el vientre materno, “aunque el feto sigue en el aislamiento que representa su ubicación intraabdominal, ya existe cierta sensibilidad del sistema auditivo a partir de la semana 32” . Así mismo, el movimiento es una constante desde que inicia la vida. Luego, en los juegos y repertorios de la primera infancia, encontramos infinidad de ejemplos que evidencian la indisoluble conexión: sonido-palabra-movimiento. 
En este artículo vamos a tratar el juego desde nuestra propia experiencia con los más pequeños y vamos a dar la misma importancia a lo sonoro que a lo musical. Partimos de la premisa de que lo sonoro nos permite ir más allá de lo convencional, de lo que los compositores o músicos puedan crear. Lo comprendemos como lo esencial, propiedad de todo ser humano. Lo musical, aunque se refiere a un terreno muy amplio, ocupa también el lugar del arte, propiedad de unos pocos. 
Explorando con el juego, la música y lo sonoro el niño nutre su desarrollo emocional, social, del lenguaje, cognitivo, sensorial y corporal. Conoce y hace una apropiación del mundo; transita por las sensaciones, emociones, necesidades y opiniones que van consolidando su propia identidad.
Expondremos nuestro punto de vista acerca de por qué este camino debe vivirse desde la primera infancia. Nos referiremos al sonido como entorno, como el que nos habita y donde habitamos pero, también, como la materia prima con la que trabaja la música. Vamos a subrayar la presencia del juego y de lo sonoro en la formación de todos los aspectos que integran al ser humano; consideramos que la relación juego-sonido o juego-música tiene un valor determinante en el fortalecimiento de todas las áreas del desarrollo pero, sobre todo, lo presentamos como oportunidad para cimentar una emocionalidad grata en los niños que, sin duda, deriva en una capacidad para la socialización plena y sana. Por último, queremos exaltar el valor que tiene la manera consciente, respetuosa y comprometida con la que nosotros, como adultos, entregamos un mundo sonoro, un juego rítmico o una canción a quienes están empezando su recorrido en la vida, a quienes acompañamos en su crecimiento. 
¿Por qué debe vivirse entre el juego, la música y lo sonoro en la Primera Infancia? 
Como se menciona en el Informe final para la Comisión sobre los Determinantes Sociales de la Salud de la Organización Mundial de la Salud, “todo aquello que los niños experimentan durante los primeros años de vida establece una base trascendental para la misma. Esto se debe a que el DPI (desarrollo de Primera Infancia) –incluidas las áreas física, socioemocional y lingüística-cognitiva– repercute substancialmente en el aprendizaje básico, el éxito escolar, la participación económica, la ciudadanía social y la salud” . Además, podemos decir que la Primera Infancia es el escenario donde transcurren las primeras experiencias de vida, las que determinan, en gran parte, el futuro de cada individuo y es la época en la que se hacen las conexiones neuronales que permiten el desarrollo del pensamiento, del lenguaje, de la sensorialidad y de la psicomotricidad. 
Explorando con el juego, la música y lo sonoro el niño nutre su desarrollo emocional, social, del lenguaje, cognitivo, sensorial y corporal. Conoce y hace una apropiación del mundo; transita por las sensaciones, emociones, necesidades y opiniones que van consolidando su propia identidad. Inclusive, desde el vientre materno, el ser humano se va conociendo a sí mismo. Así, con el juego, la música y lo sonoro los niños definen ¿quiénes son?, ¿cómo sienten?, ¿qué piensan?, ¿qué quieren?, ¿quién es el otro?, ¿cómo siente?, ¿qué piensa?, ¿qué quiere?... y de todas estas preguntas y respuestas van adoptando y creando sus propios recursos para socializar. Además, el juego, la música y lo sonoro promueven la creatividad, dan rienda suelta a la imaginación y permiten soñar, aspectos que conviene tener desarrollados para vivir una vida plena en la edad adulta. 
¿Cómo se logra el conocimiento de sí mismo? A través del juego con los sentidos y con el cuerpo
El ser humano se conoce en su dimensión sensorial y se apropia del mundo oyéndolo, tocándolo, oliéndolo, chupándolo y mirándolo. Desde el vientre materno empieza a descubrir los alcances de sus sentidos y comienza a conocerse corporalmente y a tener noción de lo que su cuerpo puede lograr. Va adquiriendo, poco a poco, una personalidad corporal que se alimenta en la lactancia, en el abrazo, en el arrullo, en el cambio de pañal, en los juegos sonoros y corporales y en todo el manejo que se desprende de este complejo pero tan natural proceso. Así comenzamos a comprender y a apropiarnos del mundo, jugando con todos los sentidos, comenzando por el sentido auditivo. 
¿Cuál es el papel de lo sonoro y de la música en todo esto?
Lo sonoro y lo musical juegan un papel primordial, ya que promueven vivencias con poderes sobre lo corporal, lo mental y lo espiritual. El oído comienza a trabajar desde los primeros meses de gestación y más adelante, aunque se continúa la vida en ese ambiente sonoro, las estructuras auditivas van organizando el sonido para convertirlo en música. 
Vamos a abordar esta reflexión a partir de dos momentos de la Primera Infancia donde la música tiene total y pleno impacto en el desarrollo emocional, psíquico, físico y social, así: Antes de nacer y después del nacimiento. 
Primer momento: antes de nacer
Como lo citamos anteriormente, estudios científicos han comprobado que el sentido auditivo del bebé está plenamente desarrollado desde el vientre materno. Empieza a percibir, más o menos a los 5 meses de gestación, el latido del corazón y los sonidos que produce el aparato digestivo de la madre. Más adelante, la respiración y el mundo sonoro que rodea a la madre (la voz del padre, de los hermanos, abuelos, etc…) comienzan a dar mensajes de afecto al bebé, y es así como se prepara el terreno afectivo para el nacimiento. Pues bien, todos los sonidos del universo interno de la madre son el cimiento de lo que culturalmente conocemos como música, ya que estos instalan el sentido rítmico, tanto a nivel auditivo como a nivel corporal, el melódico a partir de la entonación de la voz de la madre y el armónico, legado de esa madre que instala huellas sonoras, que da mensajes de afecto al bebé que no ha nacido y que así dispone el terreno afectivo para el nacimiento. 
Si nos detenemos un poco, nos damos cuenta de que la evolución maravillosa del sentido auditivo le permite al bebé, a la hora de nacer, estar habilitado orgánicamente para percibir todas las cualidades del sonido (la altura, el volumen, el timbre y duración).
En esta etapa, el repertorio fundamental, el más apropiado, es el que le propicia bienestar a la madre. Aquí se instala la conciencia frente al hecho de que “escuchar” es el acto más serio en la formación del oído y de que la capacidad de producción futura depende, en gran parte, de la calidad con que escuchamos. La madre escucha, pero también busca y produce su propio sonido; tiene su propia voz. En esa búsqueda instala una sonoridad que el bebé va a reconocer cuando nace, cuando su madre lo tenga frente a frente. Esta será la voz que lo va a tranquilizar, este será el sonido que le permitirá conectar su bienestar intrauterino con la nueva presencia en el mundo exterior. 
Algunas madres y familias gestantes se enriquecen durante esta etapa con audiciones placenteras, haciendo coreografías que les permiten escuchar y jugar con todo el cuerpo, aprendiendo canciones, rondas y juegos corporales, recitando poemas que hacen alusión a este hermoso estado. 
Trabalenguas enamorado
Como sabes que te quiero
quieres que te quiera más.
Te quiero más que a mi vida
¿qué más quieres, quieres más?
(Tradición oral) 
Cuentas 
Las horas que tiene el día
las he repartido así:
nueve soñando contigo 
y quince pensando en ti.
(Tradición oral) 
A mi hija
Yo soy la madre 
de Ana Sofía, la bebé
que nacerá en ese pueblo
en el que yo me enamoré.
(Sofía Cuestas) 
¿Y qué nombre le pondremos?
…Y qué nombre le pondremos, materile, lire, ro...
(Tradición oral)
José se llamaba el padre y Josefa la mujer,
Y tenían un hijito que se llamaba…
Manuel se llamaba el padre y Manuela la mujer…
(Canción de nunca acabar de la tradición oral) 
Así, compartiendo audiciones y un repertorio de juegos de palabras, poesías, canciones mimadas y juegos corporales, cada madre va creciendo a nivel melódico, rítmico, armónico y creativo para favorecer la comunicación con su bebé. Cada madre va construyendo el cimiento sonoro y musical de aquel que va a nacer. 
Segundo momento: después del nacimiento 
En este momento el bebé se enfrenta a innumerables estímulos sensoriales que, sin duda, lo desconciertan. Es entonces cuando, con su sentido auditivo, busca las estructuras sonoras conocidas que contribuyeron a formarlo (la inflexión de la voz de la madre, la canción que ya le cantaron, la música que ya escuchó, etc.) para sentirse seguro y crear lazos entre su mundo actual y su mundo anterior. 
Si nos detenemos un poco, nos damos cuenta de que la evolución maravillosa del sentido auditivo le permite al bebé, a la hora de nacer, estar habilitado orgánicamente para percibir todas las cualidades del sonido (la altura, el volumen, el timbre y duración). Este es un momento maravilloso en el que el niño está absolutamente abierto a recibir con atención cualquier estímulo y a traducirlo y percibirlo como afecto que se le entrega. Por eso es tan importante cantarles, jugarles con las palabras, arrullarlos y hablarles, para ir ayudando a que se den las conexiones neuronales de la zona auditiva, que también son cimiento para el desarrollo del lenguaje y, por ende, del pensamiento. 
No debemos dejar de lado otro vehículo que favorece estas conexiones: el cuerpo. El contacto físico que se genera con un arrullo, con un abrazo, con una caricia y con todos los juegos de cara, manos, pies, ombligo, etc… contribuye a fortalecer su esquema corporal, a asociar el ritmo a un movimiento, a la salud del niño y a la salud de la relación mamá-bebé. 
Para dormir: 
Arrullo del sillón
Mamá te está meciendo
al ritmo del sillón,
mamá quiere que cierres
los ojos de un jalón.
Si logra que los cierres,
mamá descansará,
y si ella también duerme,
mañana jugarán.
Mamá te está meciendo
al ritmo del sillón,
mamá quiere que sueñes
y así, sueñan los dos.
(Carmenza Botero)
Para comer: 
Arepitas de maíz tostado, 
para papito que no ha almorzado.
Arepitas de maíz con queso,
para papito que quiere un beso.
Para reconocer las partes del cuerpo: 
Cabeza, hombros, 
rodillas y pies, 
y todos aplaudimos 
a la vez.  
Para curar:
Mi cabecita me duele 
con qué la curaré, 
con hojitas de cilantro 
y clavitos de comer. 
Para poner y asumir penitencias: 
Antón, Antón, Antón pirulero, 
cada cual, cada cual que atienda su juego 
y el que no, y el que no, una prenda tendrá. 
¿Cuál? 
Paralelamente, y después de haber escuchado mucho, mientras el aparato fonatorio va madurando, cuando ya hay sonidos almacenados, palabras, estructuras gramaticales y, con ellas, todo el afecto con que su desprevenido sentido auditivo ha obrado, el bebé comienza experimentar con su voz, basándose en lo que tiene instalado auditivamente. Es aquí cuando, también, se empieza a vislumbrar una mayor autonomía de cuerpo, en todo su significado. Este momento puede suponer la capacidad para irse separando de la madre y puede coincidir con el ingreso a la escuela maternal. Entran, entonces, en el escenario otras personas, las maestras de preescolar, a quienes les es de extrema utilidad tener conciencia del poder que tienen para instalar huellas sonoras a través de la palabra, los juegos musicales como rondas, juegos acumulativos, juegos de manos, con gestos, con objetos y de la canción infantil. 
Para saltar: 
Teresa a condesa, tipití, tipitá. 
Tenía una corona, tipití, tipitá… 
Para jugar estatuas: 
Una, dos y tres
Caballito inglés.  
Para montar en tren y recoger pasajeros:
Corre trencito por la carrilera, 
corre y se para frente a la estación. 
Aló, aló, que suba otro señor.
Para nombrar la muerte: 
Estando la muerte un día, dividí, 
sentada en su escritorio, dovodó… 
Para retar la mente: 
… Con real y medio, con real y medio, 
con real y medio compré una lora. 
La lora tuvo un lorito. 
Tengo la lora, tengo el lorito, 
tengo la gata, tengo el gatito, 
tengo la pava, tengo el pavito… 
…siempre me queda mi real y medio
Acudir a la poesía (juegos de palabras, rondas, etc...) va instalando en el niño el afecto, la solidaridad, la curiosidad intelectual y corporal, el desafío a las dificultades de pensamiento simbólico, el amor por la palabra, el ritmo silábico y un contorno melódico. Esto hace que la poesía se convierta en un material musical de inigualable valor, en un juego que precede a las estructuras musicales más formales. 
Por otra parte, así como es muy positivo que las mamás canten y jueguen rítmicamente, desde el embarazo, a sus hijos, los maestros de los más pequeños, unidos en ese esfuerzo, pueden ayudarles a los niños con canciones y juegos sonoros a reconocer su cuerpo, a descubrir el lenguaje y, en general, a descubrir el mundo. Partimos del planteamiento de que las audiciones, los juegos sonoros y la canción infantil son el alimento musical más importante que recibe el niño, principalmente porque derivan y nos llevan al afecto. 
Insistimos en el valor que tiene todo material sonoro en la formación integral del niño y también en el valor que tiene el juego con la canción infantil en la formación musical del ser humano, ya que esta congrega todos los elementos musicales. La canción infantil contiene la melodía, el ritmo, la armonía y el poema. Obviamente, las primeras canciones que canta un niño tambalean, como tambalea su caminar en un comienzo, y por eso es importante contar con un repertorio adecuado que le permita, a la vez que escucha, ir puliendo su precisión melódica y rítmica y su sentido armónico. El texto, muchas veces sin sentido, va instalando también una sonoridad y un ritmo que, sin duda, apoyan enteramente el desarrollo musical.
Todos los que le hemos jugado con un ritmo o cantado a los niños hemos notado cómo, al hacerlo, afloran sus miedos, angustias y problemas íntimos. También hemos experimentado cómo se van desarrollando funciones psíquicas de percepción, memoria, lenguaje, razonamiento, imaginación que apoyan todos los otros aprendizajes escolares.
Con las rondas, los juegos de palabras, los juegos corporales y la canción infantil, entre otros juegos musicales, podemos apoyar el desarrollo auditivo, el desarrollo corporal a través del ritmo, el desarrollo lingüístico y el conceptual pero, lo más importante, el desarrollo emocional con sus posibilidades expresivas que posibilitan una sensibilización y una socialización sana. 
Para concluir, resaltamos que la pertinencia del primer acercamiento al juego con los materiales sonoros y musicales radica en que estos ayudan a preparar el terreno para el futuro. Tanto los padres como los educadores de los más pequeños deben comprender su poder en la formación del ser humano y lo que estos posibilitan a nivel de las relaciones con el mundo y con los otros. 
Finalmente, recomendamos a los adultos que comparten espacios de afecto con los más pequeños:
Gozar, al igual que los niños, del juego, de la exploración sonora, musical y corporal. 
Propiciar espacios que permitan a los niños escuchar el entorno, sonar, moverse y expresar.
Ofrecer recursos para que los niños tengan un vocabulario corporal, sonoro y de repertorio musical que permita satisfacer su necesidad de expresión.
Si propiciamos espacios donde los niños puedan escuchar canciones, juegos e historias, cantar, recitar, gesticular, moverse y expresar en plena libertad, plasmando su manera particular de ser, de ver y de relacionarse con el mundo, promovemos niños emocionalmente sanos, autónomos, seguros de sí mismos, capaces de defender su pensamiento y sus opiniones, respetuosos de las opiniones de los demás, capaces de socializar y con el cimiento necesario para instalar otro tipo de aprendizajes. 
Y eso sin mencionar que, seguramente, quienes crezcan al lado de estas experiencias, grandes o pequeños, serán personas muy felices. 
Como lo dijo Rudolf Steiner, creador del sistema de educación Waldorf: La música es cimiento de la capacidad espiritual, de la capacidad matemática, de la creatividad y del intelecto. Yo añadiría: La música y los lenguajes del arte son cimiento de la capacidad espiritual, de la creatividad y del intelecto.
Refrencias
Bruner, J. (1995). Acción pensamiento y lenguaje. Madrid: Alianza Editorial.
Callois, R. (1986). Los juegos y los hombres. México: Fondo de Cultura Económica. 
Cuadernos de literatura infantil colombiana. (2008). Música y literatura infantil colombiana. Biblioteca Nacional de Colombia.
Duvignaud, J. (1997). El juego del juego. México: Fondo de cultura económica. 
Hemsy de Gainza, V. (1964). La iniciación musical del niño. Buenos Aires. Ricordi Americana. 
Huizinga, J. (1987). Homo ludens. Madrid: Alianza. 
Malajovich, A. (compiladora). (2000). Recorridos didácticos en la Educación Inicial. Buenos Aires: Editorial Paidós. 
Maturana, H. & Verden Zoller, G. (1993). Amor y juego. Fundamentos olvidados de lo humano. Santiago: Editorial Instituto de terapia Cognitiva. 
Posada, P. (2000). Cantar, tocar y jugar. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia 
Ramos, T. (2003). El Juego. En: in-fan-cia, No, 77 Enero-Febrero. 
Reyes, Y. (2006). El libro que canta. Colección Nidos para la lectura. Bogotá: Editorial Alfaguara. 
Steiner, R. (1905). ¿Qué pretende la escuela Waldorf? Madrid: Ed. Rudolf Steiner. 
Vahos Jiménez, O. (1966). ¡Juguemos! Medellín: edición Oscar Vahos, Litoarte. 
Winnicot, D. (1982). Realidad y juego. Buenos Aires: Gedisa.
Notas 
Colombia. (2006) Congreso de la República. Ley 1098. Código de Infancia y Adolescencia. Bogotá.
2 Alcaldía Mayor de Bogotá. (2010). Lineamiento Pedagógico y Curricular para la Educación Inicial en el Distrito 
3 Barrio T., César. (2000). Desarrollo de la percepción auditiva fetal: la estimulación prenatal. Perú
4 Irwin, Lori G., Siddiqi, Arjumand, Hertzman, Clyde. (2007). Desarrollo de la Primera Infancia: Un potente ecualizador (Informe final para la Comisión sobre los Determinantes Sociales de la Salud de la Organización Mundial de la Salud). HELP (Human Early Learning Partnership) y Global Knowledge for Early Child Development.
5 Tradicional
6 Tradicional
7 Tradicional
8 Tradicional
9 Tradicional 
10 Tradicional
11 Tradicional 
12 Tradicional
13 Tradicional
Carmenza Botero. Licenciada en Pedagogía musical de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, se ha dedicado a trabajar con niños entre 0 y 6 años de edad, con padres de familia, docentes de preescolar y primaria, bibliotecarios y promotores culturales, desarrollando propuestas que favorecen el desarrollo integral fundamentadas en la participación de la música y su relación con otros lenguajes del arte. Fundadora y directora desde el 2007 de Malaquita Proyecto musical, directora del Grupo Malaquita, promotora de la Asociación Orff Colombia –música y movimiento en la educación–, asesora de proyectos culturales para la Primera Infancia relacionados con la música, el movimiento y la literatura, autora del ABC musical: guía de instrumentos para pequeños melómanos, Ediciones B, 2009 y productora del CD Zumbido aquí, zumbido allá, publicado en diciembre de 2011. carmenza.botero@malaquita.com.co  -  www.malaquita.com.co
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