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Aprender, desaprender y el arte de innovar

Por José Manuel Pérez Tornero
Magisterio
09/05/2019 - 10:00
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By Freepik

«If we teach today’s students as we taught yesterday’s, we rob them of tomorrow».

John Dewey

La innovación, en tanto que proceso activo y motor de progreso, se constituye en una constante en los diferentes sectores económicos, políticos y sociales.

En una sociedad centrada en el conocimiento, el mecanismo para mantener la competitividad es la innovación. Y en el caso de la educación, hoy más que nunca, se requiere de su aplicación, porque los medios electrónicos llevan el conocimiento de manera irrestricta a todos los públicos; las nuevas generaciones entienden el mundo en ciento cuarenta caracteres; y los esfuerzos de los profesores para alcanzar los objetivos de aprendizaje requieren de maneras diferentes para relacionarse con el estudiante y con la tecnología. De acuerdo con el Instituto de Inovação: «La innovación es la exploración con éxito de nuevas ideas» , lo que implica la comprensión del éxito de acuerdo con los objetivos de la organización que innova. Para las organizaciones educativas, este representa el logro de los objetivos misionales, expresados en el perfil de egreso del estudiante, por lo que se circunscribe a la denominada innovación de procesos, que es definida en el Manual de Oslo sobre innovación como «un nuevo o significativa mente mejorado proceso» que en el escenario de la educación incorpora tres actores principales: el profesor, el estudiante y la tecnología que se involucra en la formación.

+Vea: Descargue el primer capítulo del libro: Innovación educativa y TICs

En esta tríada se genera la innovación educativa, que implica y desarrolla las metodologías que el profesor trae al aula de clase para establecer una relación renovada con el estudiante y de este con el conocimiento; el aprovechamiento que el profesor logra sobre las tecnologías ofrecidas por la institución o sobre las identificadas por él mismo para generar ambientes de aprendizaje; y el diseño de ambientes de aprendizaje en los que el estudiante se relacione con la tecnología para alcanzar los objetivos de formación esperados. Como resultado de esta interacción, hoy en día se avanza en el desarrollo de los MOOC (Massive Open Online Course), webinars, flipped classroom, learning analytics, ecosistemas de aprendizaje (digitales y mixtos), uso de redes sociales, blogs, wikis, OCW (OpenCourseWare), entre otros. Esto sumado a la experiencia individual de muchos profesores que han dinamizado el proceso de enseñanza y aprendizaje dentro del aula, lo que los ha llevado a diseñar sus propias metodologías que permiten generar engagement (compromiso) en el estudiante.

 «La innovación es la exploración con éxito de nuevas ideas»

Tipologías de la innovación

El más visible de los procesos de innovación educativa se ha dado con el apoyo de las instituciones, utilizando metodologías de innovación top-down con las que se han desarrollado —o solicitado incorporar a su cuerpo de profesores— plataformas tecnológicas para aproximar el conocimiento a los estudiantes o como parte del desarrollo de las actividades de clase. Y no solo se da en procesos de formación a distancia, con el posterior desarrollo virtual de las plataformas e-learning y la evolución hacia las metodologías blended, sino con los medios que se han utilizado para dotar las aulas de instrucción para el correcto desempeño de las metodologías presenciales, herramientas que permiten usar bases de datos, vídeos, simuladores, pizarras inteligentes, entre otros.

Casos de apoyo institucional reconocidos son la disposición en internet de los materiales de clase que universidades como el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) han incorporado y ofrecido, en ocasiones, abiertamente desde el año 2000, tendencia que hoy ha sido implementada por muchas otras instituciones educativas; o la avalancha de cursos que prestigiosas universidades han diseñado y ofertado por medio de los MOOC, con la posibilidad de certificar el aprendizaje obtenido, después del primer gran éxito de 2012 del curso de Inteligencia Artificial ofrecido por la Universidad de Stanford; o la más reciente metodología de flipped classroom desarrollada por dos profesores norteamericanos de preparatoria y que hoy en día se fortalece en muchas universidades del mundo. Estos procesos, de alta visibilidad e impacto en el medio educativo, son innovaciones jalonadas de manera institucional.

+Video: ¿Por qué innovar en educación?

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Un segundo tipo de innovación educativa se da directamente en las salas de clase. Si las instituciones documentasen mejor las buenas prácticas de los profesores, descubrirían que superan las mencionadas anteriormente, tanto en el número de acciones desarrolladas como en el aprendizaje alcanzado por los estudiantes. Este trabajo realizado por innovadores entusiastas no se ha valorado suficientemente ni se han generado mediciones de su impacto real en el logro de objetivos o en la huella que ha dejado en sus estudiantes. En muchos casos, son innovaciones a las metodologías tradicionales que han permitido su reinvención desde la clase magistral, los talleres, el trabajo en equipo o las mismas metodologías clásicas centradas en el aprendizaje por casos o el cooperativo, e incluso, en el experiential learning, el PBL (problem-based learning) o el POL (project-oriented learning), que se impusieron en el ámbito educativo a lo largo del siglo XX. Esto se ha dado debido a que los esfuerzos individuales de los profesores por lograr estudiantes más comprometidos con su propio aprendizaje no siempre pasan por la tecnología, o no dependen necesariamente en un alto porcentaje de ella, sino porque buscan impactar en mayor grado en el desarrollo del perfil de los egresados, así como lograr que la mi sión institucional se alcance de manera más efectiva.

Este tipo de innovación educativa posee, en esencia, un altísimo potencial. En ese sentido, los profesores no deberíamos solamente esperar las decisiones de las instituciones para incorporar la tecnología como mecanismo de la innovación educativa a ejecutar, sino que debemos continuar aportando desde nuestras propias experiencias en el aula, para generar proyectos de I+D+i, en los que logremos la sistematización de la experiencia conjunta y realicemos las mediciones del aprendizaje alcanzado y el impacto sobre el perfil de egreso. Estos proyectos se deberían difundir entre colegas, de manera que se validen en colectivos docentes que los puedan comprobar (utilizar) también —construyendo y deconstruyéndolos— para luego ser difundidos como aporte desde las metodologías de acción y práctica a la renovación del proceso de enseñanza-aprendizaje. Claramente, el apoyo institucional es necesario, pero la gestión de ideas a proyectos de innovación se da desde el profesor, en procesos innovadores bottom-up.

Tomado del libro: Innovación educativa y TICs. Guía básica. Autores: José Manuel Pérez Tornero y Santiago Tejedor. pp. 41-44

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