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Arte, arteterapia y educación artística

Por Diana Carolina Vera Ardila
Magisterio
22/05/2018 - 11:45
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Foto de Krys Alex. Tomada de Unsplash

Con este texto se pretende dar inicio a la discusión frente a cómo se ha venido desarrollando la educación artística a nivel escolar a través de la experiencia en el aula. Posteriormente se incluyen elementos para profundizar en la experiencia sensorial a través del tacto y el uso de la arcilla como un medio para la creación y la generación de conocimiento en esos espacios. Finalmente se expone la experiencia personal como arteterapeuta con un colectivo en riesgo de exclusión para construir un espacio de autoconocimiento, en el que se favorezcan las estrategias de empoderamiento y comunicación y se fortalezcan las relaciones sociales por medio del proceso creativo.

 Palabras clave: tacto, arcilla, educación artística, arteterapia, proceso creativo, transformación.

En el campo de la educación artística, ante los ojos de los estudiantes y compañeros de trabajo se repite la misma escena, la clase de arte es para jugar, una extensión más del descanso, un tiempo sin un propósito diferente al de hacer cualquier cosa. Esta es la visión que los jóvenes de algunos colegios tienen acerca de este espacio. Desde el rol de educador artístico, más específicamente desde la óptica de las artes plásticas, se exalta el principio de que el arte va más allá, ya que la experimentación y la exploración con los materiales gesta también ideas y sensaciones dentro de un concepto de verdad y realidad. El arte va más allá de un hacer y de una habilidad sin pensamiento ni sentimiento, ya que trasciende fechas, épocas, artistas, movimientos, técnicas y obras que el sistema educativo considera relevantes. 

Muchas veces teorizar en el arte muestra un sinnúmero de posibilidades de acción que conducen al desarrollo de procesos creativos a partir de lo que se es, se piensa, se siente y se vive. En esa creación en donde opera el cuerpo, la emoción y la razón, por qué no confiar en la potencia del arte como aliado en el desarrollo personal  y como medio de conocimiento de sí mismo y de los otros y por qué no confiar en los sentidos para sorprenderse de lo habitual, dado que estos son el canal de expresión del subconsciente, que emergen en el cuerpo y generan una relación directa y real con el entorno.

Tocar es una de las primeras vivencias que se experimentan desde antes del nacimiento; la piel contacta y limita con el otro, es frontera y territorio para  el conocimiento de sí mismo, establecida en el cuerpo, en un recuerdo, en un momento o en un dolor. Todos han tenido en su propia historia eventos importantes en los que a través de una caricia, un roce, se ha dejado huella, ya que es en el contacto de las manos con la materia que se imprimen marcas, rastros o cicatrices de un encuentro, ya que tocar implica emoción y a su vez  movimiento, con lo que se convierte en un acto presente y merecedor de descubrir. No se puede imaginar otra experiencia más íntima y cercana, pero a la vez más potente que la que permite el tacto. 

La arcilla como material primigenio es metáfora y materia de origen, de fuerza, de humildad y de vida en diferentes culturas, es la representación del ser humano, nace de la misma tierra que contiene todos los elementos de la naturaleza y que es transformada por el entorno, hasta convertirse en paisaje. En el arte, los materiales en el proceso de creación cobran un carácter relevante, pues soportan el tránsito entre la idea y el hacer, son herramientas mediadoras en el proceso arteterapéutico que inciden en su potencial comunicativo, expresivo, simbólico y matérico (López Martínez, 2011), a través de un diálogo intuitivo y sensible en el que se crea el contacto, el vínculo y la obra, configurando un espacio propio para cada persona y un canal de libertad donde se permite sentir y pensar.

Mientras la gente, los estudiantes, amasan la arcilla, hablan, relatan historias, juegan, ríen, se untan, tocan, palpan, observan, sienten, hay un diálogo consciente e inconsciente con la materia y con el cuerpo, con las manos, con el entorno, con los otros, generando relaciones en el hacer por medio del movimiento de las manos, que es un físico y mental. Cada experiencia es personal, pero hay una sensación colectiva de placer, una carga de valor y un movimiento emocional inexplicable que conecta con el otro y es en el cuerpo donde el pensamiento y la imaginación emergen.

Las situaciones que dejan huella y marcan a las personas son aquellas que desmontan mitos o prejuicios, que confrontan con lo desconocido y hacen reflexionar y sentir de manera diferente. Es curioso los lugares o las circunstancias que se presentan para corrobor o para transformar y reestructurar ideas aprendidas o conceptos establecidos, que se enriquecen a través de la experiencia. Mediante el trabajo con diferentes poblaciones sociales en riesgo se puede evidenciar la potencia de los sentidos. Tener una idea de cómo es la vida en prisión, de padecer la migración o de habitar en la calle no es fácil, porque son situaciones que tocan de manera tangencial a gran parte de la población, sólo se puede opinar desde supuestos, desde lo que dicen los noticieros o las estadísticas.

En los centros penitenciarios del país, como en el caso de una experiencia con internas del Buen Pastor, la relación se establece a través de talleres de arte con intención pedagógica; pero en España, a partir de una experiencia con varones con problemas de salud mental, el rol fue distinto, ya no se es educadora artística, ni artista, sino arteterapeuta, lo que hace que la visión sea otra y la incertidumbre mayor, no por no tener certeza de la potencia del arte, o de los procesos que se gestaban desde la creación y la libertad de expresión, sino por el acompañamiento y los vínculos que se establecen entre la obra, el otro y yo, un mundo diferente pero con matices del sistema conocidos.

Los encuentros semanales, de dos horas de duración, contaban con la presencia de un educador social y un monitor de zona. Los participantes de estas sesiones tenían prohibido hablar de sus delitos y las arterapeutas tenían prohibido preguntarles. El uso de materiales permitió nuevas formas de creación, lo que dio paso a la exploración y experimentación, en busca de hacer un autodescubrimiento a partir de las emociones estéticas y su expresión a través del arte. Un encuentro directo con el presente, a partir de la experiencia táctil, generada desde la libertad del hacer y la autonomía, donde la palabra no basta y es en el silencio donde se configura la creación. 

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La arteterapia como disciplina, según el Foro Iberoamericano de Arteterapia y la Asociación Americana de Arteterapia, está inmersa en el campo de la salud mental, donde el arte es el eje fundamental para que el proceso de creación se convierta en una herramienta terapéutica o en un canal alternativo de expresión. Esta experiencia posibilita un cambio significativo de la persona a través del acompañamiento y los vínculos que se generan desde el proceso con la obra y con el arteterapeuta como facilitador de la transformación, lo que configura un espacio emocional y reflexivo de soporte.

En ese espacio de trabajo, con el uso de la arcilla como herramienta, la arteterapia crea una experiencia inmediata y emotiva, pues contacta a los participantes con su propia historia, con la infancia y el juego, con la memoria y el recuerdo, con el espacio y el tiempo, con el vacío y el cuerpo; con la tierra; con un mundo entero de posibilidades que hay por crear, en el cual se siente en el cuerpo un diálogo entre la mirada, las manos, el movimiento, el pensamiento y la materia, que implica un esfuerzo físico y mental que muchas veces genera en el colectivo bienestar, mejora su calidad de vida a través de la construcción de un espacio de autoconocimiento, favorece estrategias de empoderamiento y comunicación y fortalece las relaciones interpersonales.

Los docentes siempre están en la búsqueda de nuevas posibilidades y alternativas para sus estudiantes y para ellos mismos como individuos, a fin de reconstruirse desde el quehacer docente, para repensar la educación artística de manera que cada estudiante se atreva a explorar la libertad que le brinda el arte para desarrollarse desde la diferencia, para que se conecte con su esencia primaria a través de los sentidos y experimente sensaciones simples pero al mismo tiempo se potencie como parte del entorno y pueda desarrollar transformaciones.

El sentido de humanidad se manifiesta en que todos los seres humanos pueden  reconstruirse y ser flexibles, por eso el trabajo con la arcilla tiene un potencial no sólo por su plasticidad y su carácter transformador sino por la esencia que lo contiene: tierra, agua, aire y fuego, los materiales de la creación; y si se es barro, se puede ser alfarero, para recrearse y dejar huella, descubrir una versión más completa y libre que pretende tocar al otro para untarse de mundo. 

Referencias
López Fernández Cao, M.; Martínez Díez, N. (2006). Arteterapia: conocimiento interior a través de la expresión artística. Madrid: Tutor.
López Martínez, M. D. (2011). Técnicas, materiales y recursos utilizados en los procesos arteterapéuticos. Arteterapia: Papeles de arteterapia y educación artística para la inclusión social. Vol. 6, 183-191.
Dezcallar Sáez, T.  (2012). Relación entre procesos mentales y sentido háptico: emociones y recuerdos mediante el análisis empírico de texturas (tesis). Barcelona: Universidad Autónoma de Barcelona.
Montagu, A. (2004). El tacto. La importancia de la piel en las relaciones humanas. Barcelona: Paidós.
Elbrecht, C. (2013). Trauma healing at the Clay Field: A sensorimotor art therapy approach. London: Jessica Kingsley Publishers.

La autora.  Máster en arteterapia y educación artística  para la inclusión social, la especialización e investigación en ámbitos culturales de la  Universidad Complutense de Madrid. Maestra de artes plásticas y visuales de la Universidad Nacional de Colombia.  Maestra de educación artística.

+Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 91

oto de  Krys Alex. Tomada de Unsplash