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Arte, estética y educación: escenarios para pensar al ser humano

Magisterio
21/05/2018 - 11:45
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Foto de Ari He on Unsplash

El artículo tiene como objetivo desarrollar diversas miradas sobre el arte, la estética y la educación y la emergencia del ser humano. Se aborda la perspectiva de la educabilidad de la sensibilidad, la afectividad, la inteligencia y la autodeterminación a obrar libremente, como facultades que deben ser educables y el papel fundamental de la educación artística y estética en este proceso. Desde otra perspectiva, se aborda el cuerpo como construcción simbólica y el papel de las estructuras de acogimiento referidas a contextos, situaciones, tiempos y espacios con sus correspondientes significados. Finalmente, se desarrolla una reflexión fundamental desde el desarrollo de la sensibilidad estética, para comprender las formas de construcción de sentidos y significados que construye el sujeto en interacción con el otro. 

Palabras clave: arte, desarrollo estético, educabilidad, cuerpo, estructuras de acogida y reconocimiento.

En el contexto contemporáneo de la educación se insiste, desde diferentes conceptualizaciones, en la necesidad de formar seres integrales que posean un desarrollo armónico de los aspectos intelectuales, éticos, corporales y emocionales. Con respecto a este propósito se debe anotar que el arte ofrece enormes posibilidades para descubrir y desarrollar las diversas potencialidades individuales y sociales. 

Así mismo, el desarrollo de la creatividad es otro elemento de la educación artística y estética que posibilita sensibilidad ante el mundo, fluidez y movilidad del pensamiento, originalidad personal, indagación, observación, aptitud para transformar las cosas, espíritu de análisis y de síntesis y capacidad de organización. Todas estas cualidades parecen ser fundamentales para un sujeto creador. 

Desde las reflexiones anteriores, una perspectiva educativa debe permitir la construcción de nuevas formas de apropiación e interpretación del mundo, el arte es un camino pero no el único, la estética es, como lo afirma Vicenc Arnaiz Sancho: “la capacidad de interpretación de la realidad desde la sensibilidad” (2008, p. 13).

Otra perspectiva fundamental, está relacionada con el cuerpo; éste ha tenido en los últimos años una relevancia fundamental como objeto de estudio para las ciencias sociales y humanas y, actualmente, para la educación artística. El cuerpo, hacia los años 70, va adquiriendo visibilidad en los discursos y en las prácticas educativas. Esta reciente visibilización implica entender que existe una amplia proliferación de diferentes concepciones, análisis y abordajes sobre el cuerpo.

Este interés por el cuerpo como campo de investigación va propiciando nuevos enfoques interdisciplinarios, nuevos diálogos entre el arte, la educación y otras disciplinas, las teorías y tecnologías que posibilitan nuevos interrogantes sobre las concepciones y abordajes sobre el mismo. 

Pensar el cuerpo desde lo simbólico es comprender que no involucra solamente un conjunto de órganos y aparatos sino que está asociado a lo cultural, social y político; es entenderlo como una representación construida histórica y culturalmente; es entender su permanente resignificación en la interacción subjetiva. Un proyecto pedagógico que tenga una perspectiva interdisciplinar de Educación Artística debe potencializar integralmente los requerimientos de cada una de las esferas del desarrollo del niño y enriquecer las dimensiones perceptivas e interpretativas que posee el sujeto.

En el mundo contemporáneo, y desde una perspectiva antropológica, se indaga el cuerpo desde sus prácticas y comportamientos, sus discursos, sus imaginarios, representaciones y usos. El cuerpo no es sólo un hecho físico, también es un hecho sociocultural, donde se revelan los hábitos sociales y los estereotipos culturales. 

En el ambiente pedagógico se debe asumir el “cuerpo como construcción simbólica”. De acuerdo con Le Breton, “las representaciones del cuerpo y los saberes acerca del mismo son tributarios de un estado social, de una visión del mundo y, dentro de esta última, de una definición de la persona. El cuerpo es una construcción simbólica, no una realidad en sí mismo” (1995, p. 13). 

Para estas consideraciones, es relevante comenzar por una aproximación a la construcción particular del cuerpo en la modernidad. En este contexto, hay una característica importante: la “autorreferencialidad”.

En oposición a la negación del cuerpo en la escuela se debe proponer la ubicación del cuerpo como centro de los procesos pedagógicos e investigativos, en tanto está en relación con las diversas disciplinas y formas del conocimiento. De hecho, somos cuerpo biológico, cuerpo físico; como metáfora, pertenecemos a un cuerpo social; pero también nuestro cuerpo representa una historia individual y colectiva y es también una geografía. Por tanto, el reconocimiento del cuerpo es una forma de reconocimiento del mundo; uno y otro se imbrican, se yuxtaponen.

El sujeto necesita interactuar con los demás. Para ello se requiere un proceso de alfabetización de los sentidos y de la percepción, que facilite la estructuración del conocimiento, las imágenes y las vivencias. El hombre construye diferentes lenguajes a través de sus percepciones y expresa sentimientos ya sea por medios orales, verbales, corporales, musicales o plásticos y esta simbología se va transformando a través del tiempo de acuerdo con su evolución intelectual-creativa, sensitiva, social y cultural.

La educabilidad del ser humano

Otra perspectiva fundamental para los procesos de educación artística está relacionada con el ser humano y su educabilidad. Retomaremos los planteamientos desarrollados por García Amilburu (2009) en donde plantea que es por medio de la educación como se transmite y se asimila la cultura. La autora sustenta esta discusión desde la educabilidad, entendiéndola como la “capacidad específica del ser humano para ser educado” (García, 2009, p. 91). El ser humano es un ser biológicamente inacabado, requiere de su libertad e inteligencia para poder transformar el mundo, la condición humana remite a la cultura y a su vez la crea y ésta es la que permite la perfección de la humanidad, es así como el sentido de la naturaleza debe ser teleológico y dinámico. Esta característica permite que el hombre sea un sujeto creativo, flexible, crítico, reflexivo y transformador. Y, finalmente, se plantea las posibilidades que tiene el ser humano de educar sus facultades y llegar a la perfectibilidad humana. 

El ser humano está constituido por una biología esencialmente plástica, es decir, no solamente satisface sus necesidades, ni se adapta a un único ámbito físico; el ser humano posee unas características que le permiten interactuar en contextos llenos de sentidos y significados; tiene libertad, dada su condición de obrar por sí mismo, e inteligencia: capacidad de inventar, resolver problemas y aprender de otras experiencias. García retoma a Gehlen quien afirma que “el hombre tiene mundo… porque está abierto a toda realidad (García Amilburu, 2009, p. 91).

El ser humano no está programado biológicamente, ni sus comportamientos están predeterminados genéticamente, la condición humana se constituye por la cultura y se resignifica por la creación de la misma emerge a partir de los procesos educativos.

La segunda perspectiva que desarrolla la autora está centrada en la relación entre la biología humana y la cultura. Esta discusión remite a la capacidad transformadora del mundo que posee el ser humano, característica que le permite superar su naturaleza biológica inacabada. Según Ghelen (1980, citado en García Amilburu, 2009), se llama cultura a esa naturaleza transformada por el ser humano que le permite su acomodación y su existencia. La cultura es la “segunda naturaleza”, elaborada y vivida por el hombre. Según García, la naturaleza humana es perfeccionada por la cultura, la condición humana adquiere plenitud a través de su acción transformadora del mundo y de sí mismo. Para finalizar la argumentación de esta perspectiva, la autora argumenta que siempre se concibe la cultura en la naturaleza humana, en tanto que el hombre como sujeto es capaz de objetivar su realidad, de captarse como objeto tanto en la teoría como en la práctica, es decir, es capaz de interpretar su propia condición y existencia humana, tomar posturas y transformarse. 

Es así como la autora menciona unas características fundamentales de la educabilidad: es una cualidad específicamente humana; consiste en la capacidad de adquirir nuevos conocimientos y habilidades; incluye las dimensiones biológica y cultural del hombre; supone la influencia del medio exterior, personal y social; constituye la condición de posibilidad de un proceso abierto, que no acaba nunca; permite al sujeto dirigir este proceso hacia la finalidad que él mismo se propone; sitúa a los hombres en condiciones de ser plenamente humanos (García Amilburu, 2009, p. 97). 

La última perspectiva que desarrolla la autora tiene que ver con las dimensiones educables del ser humano. Se plantea inicialmente qué facultades del ser humano son susceptibles de ser educables. Desde esta perspectiva, todas las facultades humanas tienen la posibilidad de adquirir conocimientos y habilidades; quizá las funciones de tipo vegetativo, que salen del control y conocimiento humano, no serían susceptibles de ser educables, pero la sensibilidad, la afectividad, la inteligencia y la autodeterminación a obrar libremente, son facultades que deben ser educables y en este sentido juega un papel fundamental la educación artística.

El ser humano como ser acogido y reconocido

Siguiendo con nuestra reflexión sobre la emergencia de lo humano, reflexionaremos sobre los planteamientos que hace Lluis Duch (2002) acerca de los elementos fundamentales en las estructuras de acogida y su relación en la construcción del ser humano; abordaremos el concepto de mundo humano desarrollado por García Amilburu María (2002) y el concepto de finitud que plantea Joan-Carles Mélich (2005).

Cuando hablamos de cultura nos referimos a diversos discursos, símbolos, concepciones, construcciones, representaciones, imaginarios. Al hablar de estructuras de acogimiento estamos refiriéndonos a contextos, situaciones, tiempos y espacios con sus correspondientes significados. El poder comprender cómo surge la interacción del individuo con su medio y con “el otro” es abrir un campo de investigación que nos permita comprender e interpretar el mundo de sentidos y significaciones, así como la red de relaciones sociales que permanentemente se resignifican en nuestros contextos locales. 

La constante dicotomía hombre-naturaleza, hombre-medio ambiente, normal-patológico, tiende a concebir lo social como algo ajeno a lo humano y la naturaleza humana se identifica con la base biológica hereditaria; esta dualidad implica una comprensión cosificada. Frente a esta concepción es necesario afirmar que lo social es constitutivo esencial de cada persona humana y, por consiguiente, la existencia de una persona supone la existencia de una sociedad que le ha configurado a través de una historia. La persona emerge, se configura a partir de procesos históricos particulares. 

+Lea: El ciudadano prudente: un reto de la educación en Colombia

Socializarse no es un simple cambio de un estado a otro, una modificación; es un paso hacia el ser, y hacia el ser personal. En el proceso de socialización la persona no cambia; la persona se hace, la persona emerge.

En el momento de nacer, el hombre es un ser desvalido y desorientado; le faltan puntos de referencia fiables y, sobre todo, lenguajes adecuados para instalarse en el mundo, es decir, para humanizarse en el mismo acto de humanizar su entorno (Lluís, Duch: 2002, p. 11).

El ser humano se ubica en un mundo que no ha escogido, ni previsto, pero que desde su interior deberá convertirse, poco a poco, en un empalabrador eficiente de él mismo y de la realidad. (Empalabrador es un término abordado por Duch en el sentido de la tarea propia del ser humano: percibir el mundo, darle un sentido, nombrarlo, significarlo).

El autor argumenta que, para que el ser humano pueda llevar a cabo esa tarea, necesita de un conjunto de transmisiones que le faciliten la inserción en el trayecto vital que le corresponde, en cuyo recorrido deberá ser acogido en el seno de una comunidad y reconocido por ella. Sólo entonces, con la ayuda de unos adecuados procesos pedagógicos, será capaz de adquirir aquella “competencia gramatical” que le permitirá orientarse a través de los caminos de la vida, y que, paulatinamente, el mundo vaya convirtiéndose en su mundo.

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Es así como desde el punto de vista antropológico, debemos reconocer la educación como aquel proceso de apropiación, construcción, significación, expresión y transformación del mundo cultural del sujeto.

Siguiendo a Duch, una competencia gramatical le permitirá mostrar la calidad humana de sus relaciones porque el ser humano en concreto es lo que son sus relaciones (y en este aspecto es importante señalar la labor de la familia, del ámbito educativo y particularmente la relación docente-estudiante, en la construcción de esta competencia gramatical). El acogimiento y el reconocimiento son imprescindibles para que el recién nacido vaya adquiriendo, en palabras de Duch, una “fisonomía auténticamente humana”.

Es desde la cultura, donde se hace posible el acogimiento y el reconocimiento y desde la instalación en el mundo cotidiano, simbólico y social donde se actualiza y perfecciona la naturaleza del ser humano. Desde esta misma perspectiva García Amilburu, en otro texto, propone la necesidad de comprender el mundo de las creaciones humanas y su relación con el mundo físico en el que se asienta… no se trata de pensar que el hombre vive en dos mundos superpuestos, uno físico y otro simbólico, sino en un único ámbito que es todo él cultural, porque asume el mundo físico elevándolo a una nueva dimensión (García Amilburu, 2002, p. 52).

El ser humano no vive en un mundo de hechos, continua la autora, el ser humano construye interpretaciones, emociones, esperanzas, anticipaciones cognitivas; el ser humano puede integrar la realidad actual con los mundos posibles porque, como afirma la autora, sus conductas no están prefijadas por el instinto, sino que el ser humano debe proyectar, crear sus propias acciones que le permitan suplir sus necesidades. La cultura es fundamental para el desarrollo de la condición humana, pues, en palabras de la autora, sin la cultura el hombre es un animal inviable. 

Desde otra perspectiva, Mélich (2005), plantea que el ser humano se caracteriza por su finitud. Se sabe que el hombre nace y tiene certeza de que va a morir, pero, la finitud no es “esencial”, sino que deberá expresarse culturalmente, es decir en un tiempo y en un espacio. Que el ser humano sea finito significa que siempre vive en una urdimbre de interpretaciones, que constantemente anda situándose (y resituándose) en una tradición, en un espacio y en un tiempo. 

La anterior perspectiva no se contradice con el concepto de que el hombre es inacabado, por el contrario, esa característica de ser finito es lo que, a mi modo de ver, fundamenta su acción, su libertad y su capacidad de transformar y resolver problemas. Por ello, el ser humano es inacabado, porque necesita, a lo largo de su vida, actualizarse y resignificarse.

La educación ciudadana: una interacción con la estética y la ética

La educación debe tener unos fines que permitan esta emergencia del sujeto social, que le posibiliten al individuo no solamente pensarse en su condición legal de ciudadanía, sino que a su vez, sea capaz de reconocerse como sujeto de derechos y deberes en las sociedades diversas, plurales y multiculturales. Pensar los procesos educativos para el perfeccionamiento de lo humano implica, por tanto, reconocer los diversos ámbitos educativos del ser humano, donde la familia, la escuela, la ciudad, le brinden espacios de acogida, pero también de encuentro, comprensión e interpretación de estos contextos, y así mismo le permita desarrollar procesos de transformación acordes con sus principios morales construidos desde el otro y sus contextos. 

+Lea: Educación y ética para una ciudadanía mundial

Una educación para la ciudadanía como lo plantean López y Jurado, (2009) debe contemplar una educación permanente del hombre, que integre su dimensión interna y externa, que le permita enriquecer su sistema de valores y relacionarse con el otro desde el respeto, el reconocimiento, la aceptación. 

Entender la Educación para la ciudadanía como elemento que permite el perfeccionamiento de lo humano implica, por tanto, reconocer igualmente el desarrollo estético como componente fundamental de este ámbito educativo. 

Percibir al otro, su entorno y sus diversas dimensiones desde un sentido estético, implica reconocer sus diferencias y poder establecer, desde un encuentro y convivencia, las posibilidades de enriquecimiento que se construyen en este proceso de interacción. 

La estética no se circunscribe al campo del arte, la estética pertenece a la capacidad de interpelación de la realidad desde la sensibilidad; la estética es el ámbito donde es posible sostener la comunicación compartida. 

Vicenc Arnaiz Sancho (2008) plantea que la estética le permite al sujeto construirse en términos comunicativos para explicarnos: “Nuestra realidad es simbólica y está inscrita en el tiempo. Las generaciones construyen y son atravesadas por ciertos imaginarios y en tanto sujetos, nos construimos a partir de nuestros significados. Estos significados son imágenes que no son constructos racionales… necesitas parámetros estéticos para moverte en el mundo. Y en esa medida todos nos percibimos más como sujetos metafóricos con vidas simbólicas” (Vicenc Arnaiz Sancho, 2008, p. 14).

Cuando se habla de una educación para la ciudadanía desde una perspectiva estética, implica desarrollar la capacidad del ser humano para interpretar y percibir la relación con el otro y su entorno, que su acción adquiera sentido y significado para sí mismo y para aquellos con los que convive; que su virtud cívica sea libre y responsable.

Hablar de lo estético es comprender que la construcción de sentidos y significados que construye el sujeto en interacción con el otro, le permite un tipo de interacción en la familia, la escuela, la ciudad, a partir de una actitud sensible como base de sus relaciones con el mundo. En este sentido Mario Gennari, plantea que “quien no sabe percibir desde el sentimiento estético, vive en el orden de la indiferencia por el mundo… no existe formación del hombre si éste se encuentra sumergido en la apatía, en el desinterés… El hombre estéticamente indiferente nunca sabrá entregarse a la percepción de la diferencia” (1997, p. 230).

Bibliografía

Arnaiz Sancho, V. (2008). “El maestro: un visionario y un seductor. La estética su imprescindible”. En: Revista Internacional del Magisterio. Educación y Pedagogía. No 34. Agosto-Septiembre. Bogotá: Magisterio.

Duch, L. (2002). Antropología de la vida cotidiana. Madrid: Trotta. 
García Amilburu, M. (2002). La educación, actividad Interpretativa. Hermenéutica y filosofía de la educación. Madrid: Dykinson. 

García Amilburu, M. (2009). La naturaleza del ser humano y su educabilidad en MURGA. Escenarios de innovación e investigación educativa. Madrid: Editorial Universitas, S.A.

Gennari, M. (1997). La educación estética: Arte y Literatura. Barcelona: Paidós.

Mélich, J. C. (2005). “Finales de trayecto. Finitud, ética y educación en un mundo incierto”. En: Arellano Duque, A. La educación en tiempos débiles e inciertos. Barcelona: Antropos.

Le Breton, D. (1990). Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires: Nueva Visión. 

López, M. & Jurado, P. (2009). “Educación para la ciudadanía”. En: Escenarios de innovación e investigación educativa. Madrid: Editorial Universitas, S.A. 

Nohora Patricia Ariza Hernández

Docente de la Facultad de Ciencias y Educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Licenciatura en Pedagogía Infantil. Antropóloga, Maestra en Arte Dramático, Especialista en Gestión Cultural, Maestría en Psicología Comunitaria (E). Adelanta estudios de Doctorado en Teoría de la Educación y Pedagogía Social de la UNED (Madrid-España). Miembro del grupo de investigación en artes GALATEA. Investigadora en el campo de la educación artística, Asesora pedagógica y conceptual en programas de televisión educativa, amplia experiencia en docencia en Educación Superior y en Educación artística. 
nohoraariza@gmail.com

Tomado de Revista Internacional Magisteiro No. 49

Foto:  Ari He on Unsplash