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Asere: Diálogo de saberes para vivir en paz

Magisterio
03/12/2018 - 10:30
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Escribir es plasmar en grafías convencionales la fuente inagotable de motivos que es la vida, así como es la vida misma: instantes y más instantes. Para expresarse hay diferentes formas. En todo caso, en la escritura y la oralidad, las palabras que cada quien elige dependen de su sentir, de su concepto de mundo, pues todas las personas pensamos y sentimos diferente; de eso da cuenta el discurso.

Me críe en un mundo familiar y social en donde el lenguaje racista estaba en la boca de las personas, como el pan de cada día. Incluso llegué a pensar que los chistes grotescos que le hacían a mi hermana por su color de piel eran divertidos; con el tiempo concluí que, cuando el chiste es una persona, eso se llama crueldad. Esta es una herencia que viene desde la colonia, en la cual denigraron al indígena y lo llamaron indio; al afrodescendiente, negro. 500 años después, seguimos repitiendo las mismas palabras con el mismo significado en mente: inferioridad. Aunque la vida nos habla de distintas maneras, seguimos interpretándola de la misma forma en que nos llegó el poder europeo.

En mi caso, la vida me habló a través de mi hermana menor, de mi esposo y de mis hijas. Todos ellos tienen dos elementos en común: los amo profundamente y son de piel oscura; pero también esta misma vida me habló a través de un padre machista y racista, un hombre católico que consideraba que “le habían llenado la casa de negros” _en palabras decentes_ y que algo muy malo había hecho para merecer ese castigo divino. Así las cosas, eran diversos discursos, un abanico de posibilidades que la vida me estaba ofreciendo; debía elegir las palabras correctas para interpretarla.

Como esposa y hermana, llegué a tolerar el lenguaje despectivo; sin embargo, como madre, no podía permitir que el poder de esa clase de palabras afectara a mis niñas; como maestra de vocación sabía que debía hacer algo desde la educación: decidí escribir la serie ASERE. Me llevó diez años de lecturas, de equivocaciones, de trasnochos y madrugadas; quise luchar contra la discriminación y la reforcé sin saberlo; pero la vida me seguía hablando a través de grandes maestros, como Juan de Dios Mosquera. De él escuché textualmente, con una palmadita en el hombro, “lo único bueno que tiene este proyecto es tu buena intención”. Y tenía toda la razón: había elegido las palabras equivocadas porque, sencillamente, yo estaba equivocada.

Luego de darle otra mirada a la historia, al pasado, a la vida misma, inicié escribiendo un cuento, que finalmente se volvió una colección de doce cuentos contra el racismo y la discriminación. Esta colección pretende fortalecer la identidad individual, colectiva y cultural, con lo cual concluí que la base es el amor propio.

La colección inicia con el cuento Los colores del Carnaval, basado en el Carnaval de Negros y Blancos; lo elegí porque este carnaval cuenta la historia de los pueblos con alegría. Lo anterior se evidencia en el grito ¡Qué viva Pasto, carajo!; para mí, este grito es más una paráfrasis: ¡que viva la diversidad, carajo!

Los cuentos parten de África con el entrañable capitán Agoyá, quien se va de travesía con los hermanos Akín y Salomé; así, cada cuento narra una aventura.

Un tintineo ancestral. En el mar hay un barco encallado hace más de 500 años. Nadie lo ve; no pasa nada con ese barco; necesita un combustible mágico para moverse, ese combustible se llama la fuerza del nommo _la fuerza de la palabra_. En la medida en que los niños y niñas empiezan a hablar de África y de su relación con nuestro país, empieza a sonar un tintineo: los ancestros que siempre nos han acompañado, pero que estábamos ignorando.

En la siguiente travesía, La cunita del arcoíris, el capitán Agoyá y su tripulación les enseñan a los niños y niñas la importancia de la naturaleza, a través de una visita a la Isla Gorgona. Con la magia de la palabra llegan a San Andrés Islas, donde conocen la nobleza de los raizales, a la arañita Ananse y al paraíso en la tierra.

Para mí era muy importante identificar la diversidad que somos en nuestro país, así que nos fuimos en el cuento La gente del maíz a conocer a los Embera. Esta historia es un encuentro de afrocolombianos, mestizos e indígenas, donde la mayor riqueza es la diferencia.

Desde luego, en el recorrido no podíamos dejar de lado la gastronomía y las danzas, así que en el cuento Baila Akín conocemos el manglar, su relación con la economía y el mejor plato del mundo: el tamal de piangüa.

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Terminamos la colección infantil con el cuento El nacimiento de la fiesta, donde se narra la filosofía social africana. Allá en África, existe un árbol muy alto; cuando los seres amados mueren, los despiden al son del tambor. En el pacífico colombiano, creen que esto les ayuda en el viaje ancestral y que ellos yacen en las ramas más altas del baobab. En este lugar, cuando nacen los niños y niñas, entierran la placenta del parto en una ceiba o en una planta, para desearles a nuestros hijos que vuelen lo más alto que puedan, pero que nunca olviden sus raíces.

Una vez terminados los relatos se requería una ilustración hermosa. La vida me cruzó con Diana Marcela Castro Hernández, quien ilustró la colección infantil de una manera tan bella que no puedo imaginar ASERE infantil de otra manera.

Esta es mi respuesta como madre y como maestra para los niños, niñas y jóvenes que de diferentes maneras han sido víctimas de la discriminación racial.
Con el cuento La embajadora afro inicio la colección juvenil; esta expresa la resistencia y la lucha que como mujeres debemos enfrentar. Una madre y su hija llegan a Bogotá en busca de oportunidades, pero sus derechos son vulnerados de diferentes formas, en espacial por su estética. Solo el amor propio y la resiliencia las fortalecen para salir adelante.

Mi familia es un pusandao es un homenaje a mi esposo y a Edison Castro; una historia que expresa la equidad de género en las relaciones de pareja y la importancia de un líder honesto; el concepto del Ubuntu, “yo soy si tú eres”, y la analogía de que somos un pusandao. Cada integrante de esta familia que somos la humanidad es importante para darle sabor a la vida. La obra está escrita con base en la filosofía social africana, en la cual el ser vivo es la suma de sus ancestros, de sus creencias y del hombre presente.

Las historias de Mama Keba son un tributo a mis abuelas y a mi madre. Íyáàmi Makeba logra arraigar su nombre por 500 años de generación en generación. La primera Íyáàmi era libre en Angola, pero fue secuestrada y traída a América en condición de esclavitud; la segunda nace y muere esclavizada; la tercera es la cimarrona, que se va por la vía de hecho a luchar por la libertad; la cuarta es el tesorito _mi madre_, que muere a causa de la violencia; la quinta generación de la cuba es la mujer que toma conciencia de la historia y que lucha porque las futuras generaciones se liberen de la carimba mental, y, finalmente, la gran Mama Keba es mi abuela chava, una mujer fuerte y alegre, a cuya única hija _su tesorito y nuestro tesorito en la vida real_ la mataron por atracarla. Sin embargo, Mama Keba no tiene tiempo para odiar, pasa por el mundo dejando huellas de fortaleza y alegría pese al dolor.
La historia de Dula Town narra la historia de la segregación y las guerras en diferentes espacios geográficos, desde California del norte _con la ley de Gin Crow_, hasta el Apartheid sudafricano y la masacre de Bojayá en Colombia. El hilo conductor del cuento es el amor fraternal expresado a través de la música.

La muerte de Iré Carabalí es una historia basada en la vida de Pambelé y en la muerte del personaje inventado en el cuento, que se llama Iré. Aquí se narra el ritual del lumbalú y las tradiciones de Palenque, a través de los rituales fúnebres que se le hacen al personaje.

Creía que estaba escribiendo, pero concluí que la vida me estaba interpretando. En cada instante me habló de diferentes maneras; lo hizo a través de CANAPRO, de mi familia, de mis hijas, de los ilustradores. En definitiva, este proyecto no se debe a mí, yo me debo a ASERE; solo elegí algunas palabras que creí correctas para expresarles a mis hijas y a las futuras generaciones qué es la afrocolombianidad.

Referencias
Burgos Cantor, R. (2010). Rutas de Libertad – 500 años de travesía. Bogotá, Colombia: Pontificia Universidad Javeriana.