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Bioética y educación: educación para la bioética

Por Guillermo León Zuleta Salas
Magisterio
06/06/2017 - 11:00
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Foto tomada de Revista Internacional Magisterio No. 71

En este artículo se pretende aportar algunos puntos de reflexión sobre la educación bioética en la escuela, en un sentido global e integral, algo que lógicamente va más allá de las “clases” de la “asignatura” y de la cuestión sobre si una institución educativa se define, o no, como confesional. Para esto, se busca responder a dos preguntas: ¿quién educa?, y ¿educar desde dónde?, y complementarlo con unas consideraciones acerca de la institución educativa y la familia, así como el significado de ser Educando hoy en día.

Palabras Clave

Bioética, educación, persona, familia, libertad, responsabilidad.

La bioética

La ética, centrada en la relación de los hombres con otros hombres (Albert Schweitzer) comienza a pensar que su ámbito de acción debe ampliarse a una consideración de la relación del Hombre con el BIOS evolucionado/creado; que hablar más de responsabilidad puede darle mejor réditos para ese mundo tecnocientífico, que seguir considerando una ética del mandato y la obediencia o de la simple juridización de los comportamientos, como si de ellos se desprendieran automáticamente las convicciones necesarias, por encima de las obligaciones impuestas, temerosamente impuestas; la autonomía no lo dijo todo y no todo lo dijo bien, la solidaridad y solidarización de las responsabilidades que nos implican como seres vivos y humanos se convierte en algo más prometedor pensando hacia el futuro, en el planeta que ocupamos y nos ocupa.

+Lea: Bioética para nacer y ética para vivir

En esta panorámica, en la década de los setenta, aparece Van Rensselaer Potter, un norteamericano, médico oncólogo y bioquímico, que si bien últimamente no ha sido reconocido como el único “autor” de lo que se llamaría la “bioética”, sí se reconoce como el que dio a conocerlo, a partir de tres grandes cuestionamientos, que en su ejercicio profesional se plantea: primero, los problemas de su práctica médica le muestran un cambio en el modelo de relación Medico/Paciente; segundo, se pregunta por el sentido o finalidad de la ciencia, y tercero, advierte el peligro de la supervivencia de la vida en el planeta.

Esta última preocupación resultó ser la más importante, la que dará origen como tal a la Bioética, ya que para conservar la vida se necesita un puente que permita que la ética y la ciencia se puedan interrelacionar, toda vez que una ciencia sin ética termina desorientándose y deshumanizándose y una ética sin ciencia queda solo como algo abstracto y sin sentido real.

De allí que hoy exista una necesidad de formar en Bioética, no solo desde la educación superior, sino también desde la misma educación básica.

La educación bioética. Propuesta para la educación básica y superior

En diferentes lugares, hoy existe una acentuada sensibilidad hacia todos los temas relacionados con la enseñanza. Preocupan los aspectos sociales, económicos, religiosos, administrativos, entre otros, que de alguna manera puedan incidir en el tema educativo. Sin embargo, salvo en contadas ocasiones, no se observa una preocupación suficiente por la formación bioética en la escuela (Diccionario de la Lengua Española. XXI), seguramente por inadvertencia de la mayoría o, tal vez, por ser abordada desde una dimensión religiosa o en los cursos de ética.

No obstante, así estos esfuerzos sean válidos, ante la descomunal cantidad de información científica y tecnológica que disponemos, se hace necesaria la enseñanza formal de la bioética, que permita al estudiante una reflexión crítica ante la realidad que vive. Acorde también a los procesos actuales de enseñanza-aprendizaje, donde no solo se exige que la parte receptora sea muy participativa, muy activa, sino que además existe un contraflujo que parte de quien aprende y le permite a quien enseña continuar mejorando, en cuanto a su modo de realizar la parte correspondiente del proceso.

A raíz de lo anterior, en el presente artículo se busca responder a dos preguntas: ¿quién educa?, y ¿educar desde dónde? Y a su vez, complementarlo con unas consideraciones acerca de la institución educativa y la familia, así como unas reflexiones finales sobre lo que significa ser Educando hoy en día.

¿Quién educa?

Esta cuestión es incluso tan importante, o más, que los mismos contenidos educativos y la metodología. Resulta evidente que la labor de la escuela, de los maestros, es en este, como en otros aspectos de la educación, subsidiaria de la tarea de los padres. Es decir, la educación que imparte la escuela no se limita, ni debe limitarse jamás a “tapar huecos”, suplir deficiencias, corregir errores respecto al bagaje formativo que el niño traiga desde su familia. La escuela tiene su propia y específica tarea educadora en todos los campos de la persona. También, por supuesto, en el campo bioético.

La persona que educa a otros en la dimensión ética/bioética de la persona es ciertamente importante. Pero lo es más en el caso del profesor de niños y adolescentes, ya que tienden a personalizar las ideas y los contenidos educativos con frecuencia. Y de esta manera, mostrarles cuál asignatura es o no agradable según lo sea, o no, para ellos o el maestro.

Añádase a esto el progresivo sentido crítico de los educandos, hoy seguramente acentuado por diversos motivos. Muchas veces, estos observarán con lupa las actuaciones de los maestros, por eso la coherencia personal en quien imparte una enseñanza de contenidos bioéticos es algo fundamental. Durante la etapa escolar, el niño no tiene todavía la suficiente capacidad para relativizar las actuaciones de sus profesores; por eso es fácil advertir en sus juicios dureza, acritud y hasta crueldad. ¿No estará aquí, en parte al menos, una de las causas del rechazo de la asignatura de religión y ética por parte de un considerable número de alumnos?

En la actualidad, nos encontramos frente a un problema frecuente: no raras veces por imperativos académicos, se ve obligado a impartir los contenidos de formación éticos y religiosos quien no es creyente o no se adscribe a una posición concreta frente a la ética. En la práctica esto ha sido motivo de conflictos, pues lo deseable es que imparta estas enseñanzas quien opta libremente por ello, y esto será también muy importante para quien pretenda impartir la enseñanza de la bioética. Pues es claro que en este terreno no se puede dar ejemplo, mientras se piensa y/o se viva lo contrario. Ni tampoco se puede hablar en plan simplemente aséptico y frío.

Quien forma en la dimensión ética y bioética debe ser alguien capaz de sintonizar y empatizar con el mundo de los educandos, capaz de entablar una relación equilibrada, cálida y personal con cada uno. No es solo impartir conocimientos; es ser capaz de formar personas libres y responsables. Para ello se necesita capacidad de cercanía, amor al educando, respeto profundo por él, habilidad para educar y sacar del fondo de la personalidad humana las más nobles potencialidades. Es realmente un arte el que hay que poseer.

Así mismo, se exige también, desde luego, a quien imparte los contenidos éticos en la educación, una preparación técnica. Pienso que tal como se está llevando a cabo en los momentos actuales, encierra grandes deficiencias, aunque también es cierto que están surgiendo grupos de maestros cada vez más y mejor comprometidos con esta tarea de prepararse adecuadamente.

Cabe aclarar que la educación bioética en la escuela va más allá de las clases y de los profesores que las imparten. En este proceso, es importante todo el grupo de profesores, también es fundamental el ideario del centro, el estilo, los métodos que se emplean, etcétera. La mejor clase de bioética puede quedar relativizada y desprestigiada ante el alumno cuando es impartida, mirando el conjunto de lo que es y supone el centro, en un contexto no coherente.

¿Educar desde dónde?

Quienes defienden la posición de educar, desde la neutralidad, piensan de momento en una educación bioética que no pone sus raíces en una ética definida.

Tal neutralidad creo que resulta utópica. El hombre es unidad, un todo global, y cuando el profesor educa lo hace desde sus convicciones personales, dentro de las cuales, quiérase o no, ocupan un lugar importante las convicciones éticas/bioéticas.

El mismo centro, explícita o implícitamente, tiene una ideología, un estilo, una serie de opciones y actitudes que ha ido asumiendo a lo largo del tiempo, todo lo cual constituye, a no dudarlo, un universo ético determinado. La neutralidad parece algo irreal y cuando pretende darse termina generando confusión. Se cae en relativismos que parecen dar todo por válido. Siempre será más coherente y sincero que el centro y los profesores se definan en este campo ante los alumnos, los padres o tutores de los mismos.

¿Podría hablarse entonces de una educación bioética de los educandos, desde una serie de principios generales basados en un cierto humanismo? De afirmarlo, nos encontraríamos en una situación parecida a la opción anterior. Lo primero que habría que dilucidar es ante qué humanismo nos encontramos, pues hay diversos. Y, aunque todos ellos coincidan en algunos puntos fundamentales, también habría que explicitar tales puntos ante los educandos y sus padres. Por lo demás, es difícil quedarse en un humanismo vago e indefinido. Esta cuestión quedaría, por tanto, reducida a lo que se dijo en el punto anterior.

Mientras que si se educa desde una posición definida, el panorama se aclara suficientemente. Cada vez más, los padres que envían a sus hijos a un centro educativo debieran ser conscientes de la opción que toman. Y a los mismos educandos se les debe ir haciendo partícipes progresivamente de tal opción, ya que no se concibe una verdadera educación integral si esta no ayuda al alumno a ser libre y responsable, a enfrentarse consciente y humanamente con la realidad circundante, a relacionarse adecuadamente con los demás, y a abrirse, de una u otra manera, al sentido trascendente de la vida.

Institución educativa y familia

Con gran frecuencia, encontramos serias contradicciones, incluso oposiciones, entre el mundo educativo familiar y escolar. En primer lugar, esto se debe a que muchos padres envían a sus hijos a ciertos centros no en función del ideario, sino por otros motivos, tales como la calidad técnica de la enseñanza, la cercanía del colegio respecto al hogar familiar, el coste de los estudios, la fuerza de diversas circunstancias, etcétera. Por eso no es raro encontrar a padres que no “sintonizan” con el mundo ético del colegio de sus hijos. Incluso, hay quienes quieren para sus hijos una formación ética que ellos mismos no viven ni en la teoría ni en la práctica. A nadie se le oculta que tales contradicciones resultan perjudiciales para el proceso educativo de los educandos.

+Lea: Familia y educación ¿Un matrimonio disoluto?

Lo deseable es que exista una continuidad, no una ruptura, entre estos dos agentes educativos: familia y escuela. Habrán de coordinarse los esfuerzos y las iniciativas. Se necesitará explicitar claramente el ideario del centro educativo, y será siempre exigible una presencia real, crítica y dialogante de los padres en el centro educativo de sus hijos. Con esto se pretende llegar a una verdadera comunidad educativa que encierre e implique a todos en el proceso educativo.

El educando de hoy

No hay que olvidar que los educandos de hoy están influidos por unos ambientes distintos a los tradicionales, dados por la relación de familia, los medios a su alcance y por una concepción determinada de la vida que existe por doquier y que influirá en el proceso educativo. Las siguientes son algunas características del educando de hoy, aunque advirtiendo que son un estereotipo y meramente aproximativas, se deben tener en cuenta.

Gracias a los medios de comunicación (TIC), sus vivencias son a nivel “planetario”, y tienen una alta receptividad. Es fácil que conozcan muchas cosas, tengan mucha información, pero también es frecuente encontrar en ellos buenas dosis de pasividad y una menor creatividad y originalidad; esto suele conducirlos a comportamientos “estándar”, acompañados de un sentido hedonista y consumista de la vida, añadido a un profundo individualismo y dificultad para la solidaridad y lo comunitario, así como intolerancia al dolor y al sufrimiento. De igual forma, presentan dificultad para el esfuerzo duro y continuado, se trate de lo que se trate, ya que están altamente permeados por un medio que exalta la inmediatez, lo automático, de lo eficaz y rápido.

Existe una mayor capacidad para el diálogo, para el pluralismo ideológico y religioso y para aceptar las diferencias. Pero también un alto sentido crítico, frecuentemente hipercrítico, ante los padres y figuras de autoridad. A la vez, hay un alto impacto de la agresividad ambiental, erotización y comercialización del sexo, todo lo cual resulta un verdadero atraco a la sensibilidad y al psiquismo de los educandos.

Evitando algunos defectos

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Por otro lado, son conocidos algunos defectos de modelos educativos pasados, que en algunos espacios aún perviven, por lo que quisiera llamar la atención sobre ellos:

Se debe evitar hacer una bioética casuística, ejemplar, de “receta”; pues es necesario pasar a la creación de actitudes y no solo quedarse en los contenidos éticos/bioéticos. La conciencia debe ser también esa formación del carácter que va más allá de entenderla como iluminación, saber y conocimiento de dónde está el bien y el mal. Pues en algunos casos, esto llevará a un directivismo, donde al educando se le crea la dependencia de preguntar antes de decidir y no es capaz de reflexionar por sí mismo.

También se debe evitar presentar la dimensión bioética como algo postizo y sobreañadido a la persona; o como algo abstracto, irreal, ajeno a la vida, como algo puramente deductivo y normativo. La bioética debe entender a la persona en un sentido integral, sin descuidar de la dimensión social, ni el sentido trascendente.

El docente debe cuidarse de presentar una bioética negativista, del no, del temor y de la culpa. Así como de transferir miedos, inseguridades, esclavitudes grandes o pequeñas, etcétera. Por ejemplo, quedarse en la simple “opinadera” sin una reflexión crítica y sin un horizonte claro; o imponer una visión sin presentar todas las posibles opciones y presentando los argumentos valiosos.

Hacia un tipo de ser humano bioético

Entonces, ¿qué tipo de persona queremos lograr? ¿Hacia dónde conduce el proceso educativo que deseamos llevar a cabo? ¿Cuál es el perfil personal deseable que se deduce de una acertada educación ética/bioética en la escuela?

Ante todo, no debemos olvidar que la bioética ha de ser proyectiva, realmente creativa y pedagógica, si es que de verdad queremos que constituya una dimensión fundamental de la persona. Entendida así, trataré de delinear en los siguientes puntos lo que me parece una meta por lograr con la educación bioética en la escuela:

Educar para ser persona

La bioética no puede resultar para el educando una realidad superpuesta y postiza, que venga a tarar o disminuir sus potencialidades. Ha de ser, por el contrario, una dimensión fundamental de la persona.

Hay que educar para ser y no para tener. En ello debemos insistir y poner una acentuación especial; si es que queremos que el educando haga frente a la sociedad hedonista, fácil y consumista que le rodea y en la que necesariamente ha de vivir. Educar para ser persona supone concebir a esta como algo unitario y global; no hay una bioética de y para el cuerpo y otra de y para el espíritu; hay que evitar esas dicotomías ya superadas y toda simplificación que comienza diciendo: “el hombre no es más que…”. En realidad no educa para ser persona quien no tiene capacidad de asombro para admirar esa singularidad maravillosa e irrepetible que es cada ser humano.

Educar para la libertad y la responsabilidad

La educación desde la libertad debe posibilitar la madurez personal para que el educando, poco a poco, sea capaz de enfrentarse responsablemente con la vida, con los demás y con la realidad toda. El individuo creativamente proyectado hacia la realidad es el individuo responsable y libre. La conciencia será lucidez. Esto constituye ya una actitud, más todavía, se trata de la verdadera dimensión bioética de la persona.

+Lea: Estrategias para educar en el valor de la justicia: Clarificación de valores

Educar para una vida entendida como proyecto dinámico

El individuo no puede ser un “reloj de repetición”, el eco de sus profesores, no se trata de aprender respuestas cliché. Es más importante, y ha de estar en la base de toda educación bioética, enseñarles a ser creativos, a vivir su propia e irrepetible originalidad vital, a entender y realizar su vida como proyecto siempre abierto a una mayor exigencia y perfección. La dimensión ética/bioética de la persona no es algo estático y dado ahí para siempre.

Educar para la alteridad

La educación bioética debe hacer del educando un ser abierto a los otros (dimensión social), al otro (dimensión interpersonal), a lo otro (dimensión de realidad), al Otro (dimensión trascendente, religiosa).

Para ello necesitará flexibilidad, adaptación, capacidad de cambio, diálogo, silencio y escucha, exigencias educativas indispensables y objeto por sí mismas de una especial atención en todo buen proceso educativo. Sólo mediante una educación para la alteridad, el educando podrá entender y vivir una bioética del amor, del sí, de lo positivo.

Por tanto, el perfil bioético personal que trataría de lograr la educación bioética en la escuela, es el de Ser Persona; lúcida, libre y responsable; como proyecto dinámico y creativo; en apertura al otro, a los otros, a lo otro, al Otro.

Referencias

Ciccone, L. (2006). Bioética: historia, principios, cuestiones. Madrid: Palabra.

Escribar, A., Perez, M., y Villaroel, R. (2008). Bioética: fundamentos y dimensión práctica. Santiago de chile: Mediterráneo.

Fornero, G. y Mori, M. (2012). Laici e cattolici in bioética: storia e teoría di un confronto. Firenze: Le lettere.

Kottow, M. (2005). Introducción a la bioética. Santiago de chile: mediterráneo.

Lucas, R. (2010). Explícame la persona. Roma: art.

Llano, A. (2007). Repensar la universidad: la universidad ante lo nuevo. Madrid: ediciones internacionales universitarias.

Masia, J. (2006). Tertulias de bioética: manejar la vida, cuidar a las personas. Madrid: Trotta.

Milani, M., Torres, R., Osorio, S. (1998). Elementos para la enseñanza de la bioética. Bogotá: ediciones el bosque.

Ochoa, F., Osorio, J., Taborda, M. (2012). Bioética plural. Medellín: CES.

Real Academia de la Lengua. (1992) Diccionario de la Lengua Española. XXI ed. I. T. Madrid: Ed. Espasa-Calpe. 883.

Zuleta, G. (2014). La aparición de la bioética y el porqué de la misma. Revista lasallista de investigación, 11 (1), 23-34.

El autor

Licenciado en Teología Moral (Magna cum laude) en la P.U. Gregoriana (Roma, 1984). Se especializó en Bioética en el Instituto Louis Pasteur (París, 1984) y en Biogenética en el Centro Borja de Bioética (Saint Cujart Des y Valles. Barcelona, 1984). Es licenciado en Filosofía y en Educación Religiosa Escolar en la UPB. Doctor en Teología (Summa cum laude) de la UPB. Diplomado en Gestión universitaria y Gerencia administrativa. Es miembro de la Comisión Teológica Internacional de la Ciudad del Vaticano y Miembro del Equipo de Reflexión Teológico Pastoral del CELAM. Docente de Bioética en la Escuela de Ciencias de la Salud de la UPB, Director del Instituto de Humanismo Cristiano (Instituto de Ética y Bioética, Doctrina Social y Espiritualidad) y Decano de la Escuela de Teología, Filosofía y Humanidades en la misma Universidad.

Tomado de Revista Internacional Magisterio No 71