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Calidad: el sentido de una educación heurística

Magisterio
08/06/2016 - 16:30
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Tomada de: Revista Internacional Magisterio NO. 75 -web

Los griegos vieron por primera vez que la educación debía ser un proceso de construcción consciente.

 

En la educación como formación integral el ser humano se considera como totalidad, potencial posible de desarrollo y evolución. Esto ha sido la tendencia y la intención educativa a través del tiempo, sin embargo, ha quedado allí, en un acto intencional.

 

Integral:  Se deriva de la raíz latina teg-o (Par-tectum) que significa cubrir con un tejado que abarca todo el vacío y viene también, del verbo teger-tegere que significa tejer. Elaborar una urdimbre una malla, minuciosamente tejida y sin dejar ninguna rendija. Hacer del tejido una delicada, fuerte y llamativa obra de arte; así debe ser una educación de calidad: capaz de propiciar la formación de un ser hu­mano holístico para intervenir con responsabilidad en una sociedad global.

 

+Conozca el libro Administración estratégica y calidad integral en las instituciones educativas

 

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Sin embargo, a este concepto de la educación, se ha interpuesto una práctica pedagógica fraccionada, que no aborda la totalidad del ser, con la fragmentación del proceso formativo consciente de que nos hablaban los griegos, girando en torno a un saber estático, que se materializa en la repetición fría y despersonalizada de una serie de datos, que no tocan ni a quien los emite ni a quien los recibe.

 

El docente entrega al alumno (a) un saber que no es la síntesis propia y genuina de su saber, procesado y digerido, sino un saber extraído de “alguna parte” llámese referencia bibliográfica o texto de consulta. El alumno (a) recibe pasivamente este dato y a través de un ejerci­cio mecánico llamado examen o evaluación, la institución reclama al estudiante estos datos. El estudiante los entrega y la institución acredita este saber ante la sociedad. Las consecuencias del proceso son nefastas tanto para el desarrollo de la sociedad, como para la emancipación del individuo y del mismo saber.

 

El aprendizaje centrado en la adquisición de datos anula el conoci­miento reflexivo, crítico y autónomo, la evaluación concebida de esta manera, privilegia la memorización mecánica entorpeciendo en for­ma progresiva, las facultades psíquicas primarias (atención, memoria, imaginación y creatividad).

 

La educación fraccionada permite el desarrollo de unos procesos académicos y administrativos igualmente estáticos, verticales: diarios parceladores semanales, mensuales o bimensuales, registro de clases donde se consigna el “saber entregado”, regímenes disciplinarios, reglamentos internos, todo en su conjunto se califica en términos de organización, planificación, administración, orden y rigor, separada­mente de las transformaciones que pueda sufrir el estudiante, maes­tro/a, padres de familias, la institución, incluso, la misma sociedad, mediante la aplicación y proyección de los saberes.

 

+Lea: El derecho a una educación de calidad, con equidad para todos

 

La práctica de una educación heurística, fortalece una formación de calidad, si se tiene en cuenta que heurística, (del griego Eurisko) significa encontrar, hallar, descubrir, inventar, conseguir para sí. Por lo tanto, el aprendizaje será constructivo, creativo, producto de la constante indagación, búsqueda y creatividad de los estudiantes para posesionarse de los conocimientos.

 

Históricamente la heurística la ubicamos en su dimensión práctica, entre los filósofos griegos. Platón ejemplifica en su Menón el antiguo debate en torno a los problemas de la enseñanza. Sócrates, nos da muchas enseñanzas heurísticas con su método de la mayéutica. Pero es en el movimiento de la Escuela Nueva, donde encontramos los casos más directos de la metodología heurística, ya que ésta pone de relieve la participación directa del estudiante en la construcción de conocimiento y rechaza el poder absoluto del docente. Cousinet en su tiempo, rechazaba abiertamente la concentración de poder en manos de los docentes, lo cual hacía que los estudiantes fuesen sus subordinados; Freinet, abrogaba por una enseñanza centrada en la aplicación de métodos naturales, haciendo hincapié en el tanteo ex­perimental, el ensayo y error. Que el estudiante aprenda en la escuela mediante proyectos personales, trabajos de campo, lo cual posibilita un manejo directo de los objetos de aprendizaje, derivándose de dicha actividad, la transformación personal del estudiante.

 

La historia nos evidencia que es Dewey quien más ha definido, fun­damentado y aplicado la metodología heurística en el aprendizaje escolar. Hacia ver que los contenidos de los programas de estudio se justifican si en ellos hay una participación directa de los estudiantes, para que estos organicen su propio plan de trabajo el cual los orientará en la búsqueda y perfeccionamiento de los conocimientos. El método de proyectos desarrollado por Kilpatrick e inspirado en los principios educativos de Dewey, es un ejemplo fehaciente del aprendizaje por descubrimiento. Las asignaturas, temas o módulos, carecen de valor si ellas no proporcionan articuladamente los caminos útiles para que el estudiante se aproxime a la comprensión objetiva y holística de la realidad y de esa manera, intervenir en su transformación.

 

Una educación de calidad debe abrogar por la transformación plena del estudiante para que pueda incidir responsablemente en el desarro­llo social y la metodología heurística viabiliza éste proceso y la expe­riencia de la escuela nueva, se presenta como una gran oportunidad histórica para los educadores e instituciones educativas, de re-fundar sus procesos pedagógicos y colocar en el centro del aprendizaje signi­ficativo a los estudiantes, con sus múltiples potencialidades y “zona de desarrollo próximo pendientes de la oportunidad que deben darle sus maestros, maestras, padres y madres y otros acompañantes de los procesos de cómo enseñar y aprender para avanzar hacia la construc­ción de estructuras mentales cognitivas de mayor complejidad.

 

Tomado de:  Administración estratégica y calidad integral en las instituciones educativas (Pags 67-69). Autor: Cecilia Correa de Molina

 

Foto tomada de: Revista Internacional Magisterio No. 75 - web