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Carácter pedagógico de las escuelas deportivas en Bogotá

Magisterio
05/06/2019 - 11:00
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Foto de Pixabay
El artículo pretende encontrar la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es el objetivo que cumplen las escuelas deportivas en Bogotá, y cuáles son las políticas y el marco legal sobre los cuales emplazan su misión? Mediante una minuciosa revisión bibliográfica enfocada hacia la práctica a través de la reflexión, resalta el carácter pedagógico de las escuelas deportivas y hace un llamado a revisar los diferentes procesos de carácter pedagógico y el desarrollo humano y social que toda instancia comprometida con el factor educativo debe asumir. 
Palabras clave: Escuelas deportivas, iniciación deportiva, pedagogía.
Objeto
El estado colombiano plantea una práctica deportiva formadora en valores sociales, desarrollo cognitivo, participación social, desarrollo humano y desarrollo técnico deportivo que compromete diametralmente la gestión de las diferentes Escuelas y Clubes que han pretendido acometer esta misión pues es, desde el mismo COLDEPORTES, desde donde se fomenta el desarrollo de la educación física y el deporte en el país y se organiza y regula el deporte (COLDEPORTES  Documento Sector Formativo - Escuelas Deportivas).
La continua revisión de las diferentes posturas que se abordan desde los variados escenarios deportivos exhorta, en primera instancia, a considerar las variables que, desde diversas ópticas, asumen los actores y protagonistas del fenómeno “deporte formativo”; en este sentido, una tarea prioritaria consiste en determinar las bases sobre las cuales se identifican las características del hecho “formativo” que, durante mucho tiempo, se le viene endosando al deporte o, por lo menos, a una de sus etapas. Los diferentes imaginarios desde los cuales se emprende “la promoción” de las Escuelas Deportivas nos pueden sugerir, en principio, que se trata de un norte ya propuesto desde una instancia regidora y reguladora de estos procesos o, que por otra parte, se trata de posturas independientes e individuales que con mayor o menor profundidad se sienten comprometidas con este factor.
Una mirada a las escuelas deportivas en Bogotá sugiere una revisión de su misión, en función de una interpretación del propósito ya citado desde el estado. Si bien, la prisa por ser reconocidos como “hacedores” de campeones, de responder a expectativas familiares o profesionales, pueden ser entendibles, no menos, y por el contrario mucho más prioritarias, son las necesidades de articular y responder a los procesos de desarrollo humano y social, por lo que el acompañamiento de las diferentes entidades reguladoras del deporte en Bogotá a las escuelas deportivas pareciera no ser suficiente para orientar, desde la capacitación y control, la dinámica de sus procesos. 
Definir formación e iniciación, como sustantivos que determinen la orientación del compromiso social y humanizador del deporte en su etapa temprana, no basta, ni tampoco es una opción. Hablar de “escuelas de iniciación deportiva” no aparenta ser lo mismo que “escuelas de formación deportiva”, pero el compromiso de orden pedagógico, en cualquiera de las dos, no es negociable. 
Los diferentes modelos que sobre la estructura de escuela deportiva encontramos a diario en la nutrida bibliografía que hallamos en nuestro entorno tiene, por lo general, el mismo común denominador: un “alto compromiso pedagógico”.
En el documento sobre Escuelas Deportivas de COLDEPORTES, la claridad con que se presenta el propósito y la intencionalidad con que se desea abordar este tema exhorta a los actores del deporte formativo a un compromiso directo con esta tarea. “… Las Escuelas Deportivas es un proyecto educativo, implementado como estrategia extraescolar con estructuras pedagógicas para la orientación, aprendizaje y práctica de las actividades físicas, recreativas y la enseñanza del deporte en los niños en Colombia, buscando su desarrollo físico, cognitivo, motriz, socio-afectivo y psicosocial, mediante procesos pedagógicos y técnicos que le permitan la incorporación progresiva a la práctica del deporte…” . Y más adelante: “… Las Escuelas Deportivas, asignarán un recurso humano en las áreas pedagógica y técnica. Para ello se requiere, inicialmente, del personal Profesional (Licenciados en Educación Física, Profesionales del deporte, técnicos de las entidades estatales, privadas y del deporte asociado).”
Por otra parte, la reglamentación que obliga a Escuelas Deportivas a estructurarse con fines deportivos y sociales,  demanda especial atención en el cumplimiento de algunas premisas mínimas que garanticen su instancia.
Si bien, el deporte entraña una doble vía de expresión: allí donde es espectáculo, política y economía, y allí donde es diversión, aprendizaje, disfrute y lúdica, no deja de remitirse a sus orígenes de juego y lucha competitiva, y aunque ambos estén llamados a cumplir papeles diferentes en la sociedad actual,  igualmente, ambos tienen la responsabilidad (por lo menos en su proceso de iniciación) de ofrecer un derrotero de socialización.
El desarrollo socializador que implica el deporte formativo no reside en su mera práctica; el entorno que conforma este fenómeno pasa por diferentes momentos e instancias que, desde su opción, implementan, fomentan y estructuran el proceso. Es imperativo reconocer la importancia de las escuelas deportivas como agentes de cambio y crecimiento social y humano. 
En esta perspectiva Maritain  transfiere al maestro, a su palabra, a su rol, a su experiencia, el factor humanizante de la práctica deportiva; es decir, que el escenario deportivo desde la dinámica de su práctica genera las relaciones sociales que permiten a los sujetos humanizarse, crecer y reconocerse en los demás, por lo que no concibe formación sin práctica e intervención intelectual (maestro): práctica como escenario social, e intervención intelectual como capacidad del maestro para generar esos escenarios. Es preciso, entonces, evocar el llamado eterno a los actores mediadores y pedagogos del deporte, aquellos que siembran convencidos de que quien recoge es el mismo niño, luego joven, luego adulto.
Ommo Grupe , enfatiza con enorme convicción que es la pedagogía la llamada a abordar el tema de la educación físico-deportiva. Destaca así, el concurso definitivo y prominente de la intervención pedagógica en la formación deportiva y que nos obliga a considerar y resignificar el verdadero papel que cumplen en esta misión las Escuelas de iniciación Deportiva. Es necesario hacer un llamado a revisar esta realidad en procura de una identidad y referencia académica, social y pedagógica.
La importancia educativa en la práctica deportiva que destaca José María Cagigal , se identifica plenamente con la pedagogía.
“La pedagogía se asimila a uno de las derroteros del deporte a despecho de algunas teorías que tienden a minimizar su carácter educativo, desde un conjunto de realidades que pueden configurarse en una verdadera filosofía de la educación a través del deporte o del deporte como educación”  .
La teoría Educativa del deporte que nos ofrece Cagigal coincide plenamente con la intencionalidad, contemporánea y necesaria, de “humanizar” la práctica deportiva, a partir de una propuesta temparana que revierta sus esfuerzos desde una opción doble: fortalecimiento deportivo y desarrollo humano. No podemos aceptar la ausencia del carácter educativo-formativo en los procesos que nos obligan, desde la temprana edad, a cumplir con el compromiso social de construccción y tejido social.
“A parte de la función primordial reflexivamente educativa expuesta como tal, existen valores y funciones como el autocontrol, la autoexpresión, el juego limpio, la perseverancia, la expresión estética, el esfuerzo, el equilibrio, la entrega, la superación, etc., que constituyen toda una cantera educativa” .
Es claro que la propueta de Cagigal, alejada de la exclusividad tecnicista del deporte –o la práctica por la práctica–, está orientada hacia un fin especialmente social que encuentra su mejor aliado en el ejrcicio pedagógico. En tal sentido, el campo de valores y competencias ciudadanas, enfoque educativo, sentido de equidad y convivencia ciudadana, encontrarán un espacio deportivo-formativo de relevante importancia, en concordancia con ese hombre “completo”, integral, social y humano que imagina Cagigal.
Cuando revisamos la literatura concerniente a Escuelas de iniciación Deportiva, observamos fascinados cada uno de los imaginarios, supuestos e ideales con que deben estructurarse y difundirse en beneficio social; sin embargo, cuando, desde nuestra posición experiencial, nos acercamos a la realidad práctica de éstas, en nuestro medio, encontramos que los vacíos y falencias de los tan promulgados ideales y conductores normativos no son nada halagüeños; su ajuste a las necesidades del medio es precario o no existe, el desconocimiento de fuentes e instituciones orientadoras de estos procesos es evidente. 
El deporte formativo, como factor mediador de los procesos socializadores y humanizadores, engendra una clara intencionalidad que se articula de manera magistral con los procesos tecnomotores de las prácticas deportivas, respondiendo, de forma eficaz, al propósito de construcción y proyección del individuo;
Responder a las nuevas exigencias del momento, en un entorno concreto como el nuestro, envuelve demandas de todo orden que nuestro status de mediadores sociales de conocimiento y formación no puede obviar. La posibilidad que supone el deporte, como medio humanizador y socializador, riñe con el carácter tecnicista que impera en la mayoría de escuelas deportivas, evidenciando, desde la práctica, su debate entre su urgencia de fin y su necesidad de medio.
El deporte formativo: debatiéndose entre la urgencia de fin y necesidad de medio
Privilegiar el desarrollo tecnomotor de los niños durante su etapa de iniciación deportiva, constituye un peligro. Padres de familia y entrenadores responden con un ya acostumbrado estado de inconciencia a las exigencias implícitas que a diario pregona el escenario deportivo. El aprendizaje se convierte, entonces, en una carrera hacia el éxito, sin prevenirlo, anunciarlo, y menos, elaborarlo. 
La prisa del padre de familia por el éxito de su hijo y el afán del entrenador por su reconocimiento, se confabulan en contra del niño en formación, sometiéndolo a cargas psíquicas y/o físicas que atropellan su libre desarrollo, libertad y autonomía, llevándolo a abandonar (a veces odiando) su práctica deportiva. 
Imponer los intereses particulares, descalificar, excluir, mentir, engañar, se convierten en costumbres “razonables”, cuando se trata de ganar, figurar o llegar alto, haciendo de estas prácticas un equivocado modelo de referencia.
El ser humano constituye una unidad integrada, única y, como tal, responde a lo motriz, a lo psicosocial y a lo biológico, condiciones éstas que son inseparables y complementarias, por lo que, pretender reducir alguna en beneficio de otra, implica un desequilibrio desafortunado en su conjunto armónico. Se trata más bien, de fortalecer, de manera natural, pertinente y consciente la integralidad de esa unidad que constituye el ser humano.
El deporte formativo, como factor mediador de los procesos socializadores y humanizadores, engendra una clara intencionalidad que se articula de manera magistral con los procesos tecnomotores de las prácticas deportivas, respondiendo, de forma eficaz, al propósito de construcción y proyección del individuo; en consecuencia, construir la estructura pedagógica de formación integral y seguir la huella que deja un alto nivel de compromiso desde cada uno de los frentes, debe ser el propósito de cada uno de los escenarios comprometidos en esta tarea.
Misión pedagógica
La importancia que representan las escuelas deportivas para la sociedad, se proyecta desde las bases fundamentales del aprendizaje y práctica de valores y principios, propios de las relaciones humanas que permiten reconocer a los demás y ser reconocidos por ellos. 
El concepto “Deporte formativo” nos insinúa un encuentro con estructuras de disposición pedagógica y técnica, encargadas de contribuir a la formación física, cognitiva, afectiva y social de los niños deportistas; seguramente, implica también la elaboración de programas sistemáticos que, desde su estructura curricular, permitan adquirir una disciplina deportiva formativa de interacción social y desarrollo humano, fortaleciendo los intereses propios del sujeto que proyecta sus esfuerzos dentro de lineamientos inherentes al proceso formativo como lo son la educación, la salud, la recreación y/o el rendimiento. 
Cuando el devenir cotidiano nos va demostrando que las acciones básicas de comunicación y relación social, aquellas capaces de ejercer dinámicas de humanización, como saludar, despedirse, pedir el favor, etc., van quedando ancladas en la estación de lo inusual, y que en su lugar emergen, con cierta frivolidad, la indolencia, la apatía, el desafecto, la intolerancia, la individualidad, la conveniencia, la exclusión, etc., nos asalta la incertidumbre por lo que nos espera pero, así mismo, la urgencia de llamar la atención y actuar en función de propuestas de redireccionamiento. 
El currículo orientará las acciones prácticas que consolidan los aprendizajes propuestos, su cómo, cuándo, qué, a través de la relación pedagógica permanente que se establece entre el niño y el profesor-entrenador en cada uno de los espacios que abarca la práctica deportiva.
Dar cuenta de la misión pedagógica en las Escuelas Deportivas, es una tarea que, en teoría, pareciera estar ya resuelta. Sin embargo, desde la dinámica de su práctica y el ejercicio de la intervención didáctica no parece muy evidente. La competencia, como estado de confrontación que evidencia el aprendizaje, impone la implementación técnica de rendimiento alcanzada durante las prácticas, más allá de los actos comportamentales; si bien es claro que en la mayoría de escuelas su política reza “orientando hacia el alto rendimiento”, esta es una política necesaria y determinante más para el padre de familia que para el propio niño. Y no está mal que se pretenda llegar a las esferas de las altas competiciones deportivas; lo importante es comprometerse en favorecer la construcción de un ser humano capaz de responder con altos índices de adaptación y proyección social. 
La palabra, el afecto, el significado y la consideración que alberga cada acción durante el tiempo de aprendizaje y disfrute de los movimientos y las técnicas deportivas, responden a la misión educativa y pedagógica de estos espacios, en tanto que forman para la vida y también para el deporte. 
Apoyar la instauración de bases fundantes de estructura, misión, metodología, programación e implementación en las escuelas deportivas, ha sido una tarea teorética de los diferentes entes administrativos del estado encargados para este fin. Sin embargo, el seguimiento y el control para que cada una de las enmiendas propuestas se cumpla no ha sido un ejercicio notable, lo que dispersa y desenfoca el cumplimiento del propósito por el cual las escuelas son o han sido creadas. Las jornadas de actualización y acompañamiento, la vigilancia sobre programas, el diálogo con padres, niños, tutores, directores y profesores-entrenadores es de capital importancia; el apoyo y orientación por parte de psicólogos, trabajadores sociales y médicos debe ser periódico; la revisión de escenarios y material didáctico de trabajo es otra consideración de suma importancia.
La misión pedagógica de las escuelas implica una estructura más: el currículo. Pensar y decidir sobre modelo pedagógico, ciclos de aprendizaje, tipo de conocimiento, perfil del profesor, contenidos, evaluación, etc., en atención a la función social y deportiva propuesta, envuelve una tarea académica precisa, que requiere dedicación y puntualidad. El currículo orientará las acciones prácticas que consolidan los aprendizajes propuestos, su cómo, cuándo, qué, a través de la relación pedagógica permanente que se establece entre el niño y el profesor-entrenador en cada uno de los espacios que abarca la práctica deportiva.
Conclusión
El factor formativo endosado a las Escuelas Deportivas, como valor social que culturiza y humaniza, se debe caracterizar por su enfoque educativo de alto valor pedagógico, sobre una construcción de equidad y competencias ciudadanas mediante un proceso que asegure una verdadera atención y desarrollo integral de los niños de cualquier estrato.
El esfuerzo Nacional (COLDEPORTES) y el esfuerzo local (Alcaldías, I.D.R.D. y ligas) que se evidencia en las propuestas de políticas consecuentes con la proyección de instituciones deportivas con carácter formativo, se deben convalidar en el ejercicio cotidiano de las acciones que supone la práctica deportiva.
Es preciso crear un marco amplio que permita identificar con mayor precisión los procedimientos que se manifiestan en las diferentes escuelas deportivas, en función de lo que aquí se ha denomidado “carácter pedagógico de las escuelas deportivas”, desde un enfoque cualitativo (reflexivo y constructivo), que convalide la intencionalidad pedagógica, en la relaciones didáctica-metodología, formación-educación, escuela-vida-ciudad, deporte-desarrollo humano.
Bibliografía
Blázquez S., D. (1999). Iniciación Deportiva y el Deporte Escolar. Barcelona, España: Ed. Inde. 
Cagigal, J. M. (s.f.). “La Pedagogía del deporte como educación”. En: Revista de Educación Física. Renovación de teoría y práctica. 
Cagigal, J. M. (1981). “Oh Deporte”: Anatomía de un gigante. Valladolid: Ed. Miñon, D.L. 
De Zubiría, M. (2003). Enfoques pedagógicos y didácticas contemporáneas. Bogotá: FIPC Alberto Merani.
Gallego Badillo, R. (1995). Saber Pedagógico. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio. 1ª Edición. 
Grupe, O. (1976). Teoría pedagógica de la Educación Física. Madrid: Editorial INEF.
Rodríguez L., J. (1995). Deporte y Ciencia. Barcelona: Ed. INDE. 
Savater, F. (2000). El valor de educar. Bogotá: Ed. Ariel. 
Serna, E. y otros. (2003). Documento proyecto Curricular Licenciatura en Deporte. Bogotá: UPN. 
Notas
  COLDEPORTES, Instituto Colombiano del Deporte, es la entidad gubernamental que regula el deporte en Colombia. Depende del Ministerio de Cultura.
2 Escuelas Deportivas Instituto Colombiano del Deporte, COLDEPORTES, Subdirección de Técnica del sistema nacional y proyectos especiales, división del sector competitivo, coordinación nacional del deporte en los Centros Educativos. Documento preliminar Escuelas Deportivas Bogotá, D. C. 
3 Resolución 0576 de 1997. Por medio de la cual se reglamenta la creación de escuelas deportivas. 
4 Cagigal, J. M. Oh Deporte. Anatomía de un gigante (1981).
5 Citado por Rodríguez J. Deporte y ciencia, p. 51 (1995).
6 Grupe, O. Teoría pedagógica de la educación Física (1976).
7 Cagigal, J. M., citado por Rodríguez, J., Deporte y Ciencia. INDE publicaciones. España, 1998. 
8 Cagigal, J. M., citado por Rodríguez J. Deporte y Ciencia p. 33. 
9 Cagigal J. M., La pedagogía del deporte como educación, citado por Rodríguez Robles y otros. http://www.efdeportes.com 
 
Mg. José Luis Forero Rodríguez.  Lic. Educación Física, Especialista en entrenamiento deportivo, Magíster en enseñanza problémica, docente universitario. Bogotá.  Joseluis486@gmail.com
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