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Carta de una maestra

Magisterio
26/11/2019 - 12:45
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By Freepik

Medellín, abril 27 de 2017 

Queridos compañeros y compañeras 

Les escribo esta carta deseando que al recibo de la presente se encuentren muy bien. Después de tantos días de no verlos, tengo varias cosas que contarles. Empezaré por decirles que se nos murió Winny, la perrita que habíamos adoptado ya hace como tres años. El dolor es inmenso, casi podría decir que es el primer contacto directo con la muerte que hemos tenido mis hijos y yo como familia. Las personas que han padecido la muerte de un ser querido ya sabrán de lo que les estoy hablando. Este acontecimiento nos recordó lo frágil que somos, y nos llevó a unirnos mucho más como familia y a valorar más la vida. 

Siento que el papel de la escuela en la vida de los estudiantes en ocasiones se diluye, se confunde, se esconde y es usurpado por otras realidades que también son ciertas y que viven los maestros, los estudiantes, el país y el mundo.

Por otro lado   a mí sobrina   Mileidy,   la que estuvo muy grave el año pasado   (algunos de ustedes se enteraron), por fin le salió el trasplante de riñón, estamos muy felices y agradecidos por una nueva oportunidad que Dios y la vida le dan. Mis hijos muy bien afortunadamente. Un poco preocupada por Elder mi compañero ya que próximamente le practicarán una cirugía de alto riesgo, pero muy confiada y esperanzada en que todo saldrá bien. 

De mi trabajo en el Colegio les cuento, que la rectora con la cual compartí cerca de   seis   años, se fue de la Institución y llegó un nuevo rector. Siento mucho la partida de Alexandra, aprendí mucho de ella y siempre valoré su compromiso con el Colegio y el que propiciara el trabajo en equipo   entre los directivos.  (Uno de los motivos que me hizo regresar de nuevo al Joaquín Vallejo). Pero bueno, comprendo las dinámicas y lo más importante es que ella tiene mucho que aportar a la Educación a donde vaya.  

Desde siempre me he inquietado por tener muy claro el papel de la Escuela en la vida de los estudiantes y hacerlo visible en la cotidianidad, y por estos días de manera particular, dado a una cantidad de situaciones que se vienen presentando no solo a nivel de mi Institución sino del país y del mundo (diálogos de paz, acuerdos, situación en Venezuela, en Siria, entre otros…), vengo haciendo una reflexión que quiero   compartirles   a través de esta carta.  

Siento que el papel de la escuela en la vida de los estudiantes en ocasiones se diluye, se confunde, se esconde y es usurpado por otras realidades que también son ciertas y que viven los maestros, los estudiantes, el país y el mundo. 

Nunca antes como ahora; siento que la realidad social que viven nuestros estudiantes entra a la Escuela con tanta fuerza, sin darnos cuenta y sin que nos hubiéramos preparado para ello; desbordando a docentes y directivos que no siempre estamos preparados para enfrentarla. Esto lo evidencio todos los días en situaciones cotidianas y se hace palpable, visible, e innegable cuando los maestros me dicen:

“Este estudiante está consumiendo en el baño. Hoy vino sin comer nada. Como no hay restaurante dice que le duele el estómago y no quiere hacer nada. Aquí le traigo estos dos que estaban peleando. No hay quien venga porque la mamá trabaja interna. Están peleando a la salida. Este muchacho me está contestando mal. Se robaron un celular en el aula. No deja dar clase. No trabaja. Y como aquí no hacen nada; son muy permisivos, siempre con consejitos, dialogo; se necesita mano dura; por qué no los suspenden”. 

Y lo que pasa mis queridos compañeros y compañeras, es que yo aprendí  de mis amigos y paradójicamente en la Escuela con mis maestros, que las cosas se podrían resolver de otra manera, que  las personas merecían otra oportunidad, que era importante creer en ellas, que para corregir no era necesario maltratar y que el papel del maestro era acompañar, escuchar, orientar, en resumidas cuentas, formar y amar profundamente lo que se hacía para trasmitirlo con pasión a los estudiantes, y provocar en ellos el deseo de aprender como lo diría Bladimir Zapata. Vale la pena aclarar que para ese entonces no había salido ni la 1620, ni se hablaba de justicia restaurativa en la escuela, ni de comité de convivencia escolar.   

Ahora bien, me pregunto y los invito a través de esta carta a pensar en lo siguiente: si hoy se habla de inclusión, mediación escolar, comité de convivencia, acuerdos, diálogos de paz, indulto; por qué la escuela sigue repitiendo los viejos modelos, las viejas prácticas (sancionar, señalar, discriminar, juzgar); por qué nos cuesta escuchar al estudiante, al compañero, dar la razón al que la tiene, construir con el otro, trabajar en equipo; por qué vemos a nuestros estudiantes, maestros y directivos algunas veces como nuestros enemigos. Lo que encuentro, es que se nos está planteando hoy un nuevo paradigma, de cómo enfrentar las dificultades de convivencia en las instituciones educativas; pero nos hace falta llenarlo de sentido y contenido para poder abordarlo en la práctica. Éste paradigma implica un cambio de esquemas mentales frente a la manera como concebimos la escuela y el mundo, lo cual requiere tiempo, formación y una gran disposición de maestros y directivos.  

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Este nuevo paradigma de cómo abordar la convivencia en la Escuela, nos pone a todos maestros y directivos, ante un protocolo (debido proceso), que si bien es necesario y se nos exige desde lo legal, no todos estamos preparados ni en la disposición de hacerlo. 

“Que si puso la queja por escrito; que si hizo los descargos; que si hubo testigos; que si el padre estuvo presente; que no se puede desescolarizar; que si le avisó a la mamá; que cuales son los atenuantes y los agravantes; que si ya se vencieron los plazos…”,

en fin un sinnúmero de términos que a veces nos hacen pensar, en que deberíamos haber estudiado derecho para atender todos los casos que se presentan en la escuela. Situación que genera miedo, inseguridad y mucho desgaste frente al proceder en una situación. Pareciera que siempre tenemos que estar a la defensiva porque no se sabe que va a pasar o qué puede ser usado en nuestra contra.  

Me pregunto entonces quien nos acompaña en esta transición, ¿Será suficiente apropiarse del debido proceso para construir relaciones de respeto, valoración e igualdad en la escuela?, ¿Cómo aprovechar este nuevo paradigma, en la formación del estudiante como ciudadano?, ¿Cómo contener la realidad que viven nuestros estudiantes y que irrumpe en la escuela sin que estuviéramos preparados?, ¿Cuáles son los límites?, ¿Cómo visibilizar las prácticas de maestros, maestras y directivos que diariamente y desde sus acciones plantean otras miradas de la escuela en la formación de niños, niñas y adolescentes? 

Cómo hacer para que la Escuela no se convierta en el lugar del que todos nos tenemos que cuidar, porque en cualquier momento podemos caer en un proceso jurídico- disciplinario; Cómo construir procesos de paz en la escuela desde nuestras prácticas cotidianas? 

Ante tantos interrogantes, los cuales no pretendo responder en esta carta pero si dejar abierto el dialogo para la reflexión. Considero que es necesario volver al maestro para acogerlo y acompañarlo en esta transición donde todos tenemos mucho que aprender y aportar. Es necesario que todos nos sintamos seguros y confiados en la escuela para que retomemos el papel de esta en la vida de nuestros estudiantes y por tanto en la sociedad. Confieso que sigo creyendo en el maestro, y en la posibilidad que tenemos de aportar a la transformación de la realidad de nuestros niños, niñas y adolescentes. Resalto y valoro el trabajo de maestras y maestros, compañeras, compañeros, amigos, amigas, que todos los días entregan lo mejor de sí al servicio de nuestros niños, niñas y adolescentes y por tanto a la transformación de esta sociedad, 

Me despido   deseándoles muchos éxitos   y les animo a mantener la esperanza y los sueños. 

Un abrazo 

Marta Echeverri Munera. Coordinadora. I.E Joaquín Vallejo Arbeláez 

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