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Carta de una mujer maltratada

Por Yolanda Herranz Gómez
Magisterio
22/02/2018 - 11:15
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Foto de pressfoto. Tomada de Freepik

Desde aquí puedo divisar el mundo como quien en lo alto de la montaña otea la llanura situando por primera vez sus pueblos, ríos, huertas y peñascos. La contemplación de este paisaje del mundo en su amplitud me lleva a comprender mi sufrimiento allí abajo y el de muchas otras mujeres.

En ese mundo de los humanos, el tuyo y el mío, nacer hombre te otorga un poder desde la cuna que a las que, como yo, nacen mujeres, se les niega. En él se pregona la igualdad entre los sexos como algo dado pero tan sólo es un ideal que está en un horizonte aún lejano. En este mundo, injusto y desigual, las mujeres iniciamos nuestro camino con la pesada carga de lo que se presupone que es “ser mujer”. Este “ser mujer” al que se nos invita parecernos es ser dulce, tierna, compasiva, comprensiva, amorosa, sacrificada, buena, sumisa, ser de otros y para otros. Se considera impropio de nosotras la libertad en todos los ámbitos de la vida, tener sueños y perseguirlos, pretender ser, hacer o decir. A aquellas que buscan su libertad se les culpabiliza de mala hija, mala esposa, mala madre o simplemente de “mala mujer”. A los hombres, sin embargo, se os presupone esa libertad que a las mujeres se niega, libertad para ser, ser para sí no para otros. Pero en el modelo al que se os invita a ajustaros, a pesar de la libertad que os presupone, tampoco os es fácil ser plenamente pues no se os enseña a amar: en él se os niega vuestra sensibilidad siendo la agresividad la única emoción que podéis mostrar sin avergonzaros.

El destino ha querido que tú y yo naciéramos en un momento histórico de cambio en el que las mujeres hemos decidido que vamos a luchar para desarrollarnos plenamente y que no vamos a aceptar el poder masculino impuesto. Nuestra liberación es lenta, silenciosa y pacífica pero con mucho dolor personal. A pesar de que la sociedad todavía mantiene instituciones que protegen vuestro poder, os sentís amenazados por nuestra revolución. Tenéis miedo por lo que perdéis y os acorazáis con complicidad sin plantearos dónde está la justicia y queriendo mantener, incluso por la fuerza, ese poder que las mujeres ya no os presuponemos.

Mi muerte escandalizó, pero tú sabes que me habías matado lenta y dolorosamente antes. Durante largos años de agonía me herían tus humillaciones, me lastimaban tus burlas y desprecios, me azotaban tus voces, me desfiguraban tus ofensas e insultos. En indigno y vergonzoso convertías poco a poco mi existir, ayudado por el silencio de aquellos que “me querían”. Has interpretado mi timidez como docilidad, mi humildad como sumisión, mi sencillez como simplicidad. Abatida y cansada de resistir, sin embargo, todos me han considerado servil culpándome de mi esclavitud. Mientras convertías tu miedo en furia y ocultabas tu cobardía en un duro caparazón, el mundo ha visto tu orgullo como virtud, tu prepotencia como masculinidad y tu arrogancia como valentía.

Ahora desde aquí sólo puedo sentir compasión por ti, por todas aquellas mujeres que han vivido o viven con hombres como tú, y por ellos mismos. Pero no puedo sentir esto por la sociedad en la que tú y yo hemos crecido; esa que mantiene y perpetúa la desigualdad, que tolera actitudes machistas como si fueran “normales” y que, en ciertos contextos, incluso las ensalza; la que me ha convertido en víctima no dándome otra opción que cuidar de otros, que ha fomentado mi inseguridad negándome mi autonomía; la que, mentirosa, te ha hecho creer que tienes un poder sobre mí, ha vitoreado tu agresividad desde que eras niño, ha fomentado tu desprecio hacia las mujeres y te ha negado el amor.

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Por esa sociedad que sigue manteniendo instituciones castrantes para hombres y para mujeres sólo puedo sentir indignación.

Desearía que consiguieras entender que el necesario camino hacia la igualdad no es más que tu propia liberación y que pudieras, desde tu dolorosa transformación, contribuir a la renovación de ese mundo en el que habitan nuestros hijos.

Título tomado del libro: Igualdad bajo sospecha. Autor: Yolanda Herranz Gómez. 

Foto de pressfoto. Tomada de Freepik