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Carta pedagógica: Asumiendo retos: La docente del siglo XXI

Magisterio
14/11/2019 - 11:45
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By Freepik

Oportunidades para el cambio y la transformación 

En una constante lucha de poderes, leyes e imposiciones, se levanta la maestra, la docente, la educadora o como la llaman coloquialmente sus estudiantes “la profe”, que se niega a dejarse arrastrar por el olvido, porque su profesión es lo que ama y así lo refleja a quienes le rodean. Indudablemente, este es el primer acto cotidiano  de muchos de los docentes, que han visto relegados sus espacios por las exigencias del mundo globalizado que ha encasillado su labor, personas de carne y hueso que sienten, que aprenden y desaprenden, que inventan, crean y añoran un mundo mejor para sus estudiantes y para ellos mismos. 

Mi  formación inició en las escuelas normales de los años 80s y 90s que en su mayoría eran dirigidas por religiosas, los modelos a estudiar eran los aportados por Pestalozzi con sus principios de educación social, Rousseau el naturalista y Kant con sus postulados de voluntad y razón. Asimismo Pavlov con su condicionamiento clásico (el aprendizaje se da mediante una relación estímulo respuesta) y Skinner con su condicionamiento operante (motivación y el refuerzo de la conducta, premios y castigos), Sigmund Freud con el psicoanálisis y las etapas de desarrollo y los modelos de la escuela tradicional de la Madre María Mazzarello, San Juan Bosco y su sistema preventivo. Aunque antiguos aportes en mi formación inicial como pedagoga, aún tienen validez en la formación actual, porque revisten un estudio minucioso de las conductas y comportamientos de los seres humanos y la manera particular de cómo perciben y aprenden desde su propia visión del mundo. 

Las generaciones venideras y la nuestra deberán hacer grandes esfuerzos por lograr verdaderos procesos de transformación a nivel educativo, que trasciendan, que permeen la institucionalidad, que permitan a la educación colombiana convertirse en referente de prácticas educativas innovadoras, contextualizadas producto de la reflexión constante y que en la realidad podamos con certeza nombrar a “Colombia como la más educada de latinoamerica en el 2025”. 

En la escuela normal, aprendí a organizar el “parcelador”, un cuaderno que contenía cada uno de los momentos de las clases, realizaba carteleras, el periódico mural, material didáctico, empleaba el hectógrafo (la fotocopiadora de aquellos tiempos) para tener el material disponible para mis prácticas pedagógicas que desarrollaba en las escuelas municipales y las rurales que impartían, para la época, el novedoso método de escuela nueva. Estos estudios abarcaban un lapso de 4 años desde el grado 8° hasta el grado 11° y los debía cursar a la par con las áreas académicas obligatorias que ordenaba el MEN, que haciendo su análisis corresponden casi a las mismas de la actualidad, también recibí formación complementaria en artes y oficios. Esta vocación inicial de ser maestra me obligaba a estudiar en doble jornada: el año académico en la mañana y el pedagógico en la tarde, para así poder alcanzar los requerimientos legales. 

Al finalizar mi formación como Bachiller Pedagógico ya estaba preparada para el mundo laboral, así pude inscribirme al escalafón nacional bajo el decreto 2277 y ubicarme en el nivel 1 del mismo, de esta manera puede aspirar a un nombramiento por necesidad del servicio en OPS. A la par, porque la profesión docente requiere constante actualización inicié estudios de licenciatura donde ya los referentes eran María Montessori, Vygotsky, Piaget, Decroly, Dewey y Froebel entre otros. Dichos estudio requirieron en su momento  del mismo tiempo y dedicación de los de cualquier otra profesión. 

+Lea: Maestros formadores en la educación de futuro

Recibiendo el título de Licenciada en mi área de formación específica Artes Plásticas (pasados 6 años) logré ubicarme en el grado 7 del escalafón, lo que abría las posibilidades para mejorar los ingresos, aspirar a organizar mi vida personal y poder continuar estudiando una especialización y así complementar mis estudios previos. Todos los recursos para dichos estudios los asumí de manera personal ya que aunque el estado exige calidad en nuestras prácticas es casi nulo su aporte en beneficio de las mismas. 

Con la constante capacitación y actualización, y paseándome junto a mis estudiantes por todos los niveles de formación, encuentro que los referentes y modelos ya eran otros, aparece el constructivismo, las inteligencias múltiples, el aprendizaje significativo, cooperativo y colaborativo, la investigación escolar, los PEI, los paradigmas, los enfoques, la acreditación y la calidad, se inicia un proceso para  relegar la “escuela tradicional” e integrarla a una unidad educativa y convertirla en “institución educativa” postulado de los siete retos de la educación colombiana (Vasco, 2006). 

Aún así con múltiples cambios, con tantísima formación, el estado continúa en sus exigencias pero no vuelca totalmente su mirada a la educación, más bién se radicaliza y aprueba el decreto 1278 que deja sin piso el anterior y me obliga como licenciada y especialista, con muchos años de experiencia, a competir en igualdad de condiciones con profesionales para optar por un nombramiento en el sector educativo oficial (que por variadas causas no logré anteriormente). Apliqué al mismo presentado “una prueba de competencias” en mi área de formación, diseñada por equipos de profesionales y no por pedagogos. 

Ese saber pedagógico es propio, por eso nadie lo puede borrar de las mentes de quienes durante años nos hemos dedicado a formarnos como docentes; enseñar es una tarea titánica (no tiene nada de fácil) porque el educador se convierte en el referente del niño (a) o el (la) adolescente,

Me llenó de enorme felicidad y satisfacción personal haber logrado mi nombramiento al servicio del Estado, pero debí asumirlo a la vez con nostalgia porque tuve renunciar a años de experiencia que podían ser asimilados en el anterior y congelado escalafón 2277. Hasta ese momento desconocía totalmente como iba a ser la manera de ascender para lograr obtener mejores ingresos económicos, que permitieran darle un mejor sustento a mi familia y tambien seguir actualizándome. El panorama me cambió y como a muchos docentes de manera radical, el trabajo por vocación seguía siendo el mismo, pero debía y debo esperar a que finalizado cada año el rector emita una evaluación de desempeño estándarizada que no refleja mi esencia como educadora. 

Tiempo después reglamentaron los ascensos con la presentación de una “evaluación por competencias” donde lo que se me preguntaba era lo más recóndito y carecía de competencia alguna y además debia aprobar por un promedio superior al 80%. Logré reubicarme en dos ocasiones y quedarme relegada, a menos de una décima, en otras dos. Para el 2015 y después de una lucha sindical de años, se consigue que dicha evaluación “sanción” cambie presentado una ECDF (evaluación con carácter diagnóstico formativo) que nuevamente se ha quedado corta para que pueda mostrar lo que hago en mi día a día con mis estudiantes, ya que es irrisorio demostrar en 50 minutos mi desempeño profesional y demás factores descritos de la evaluación en mención; les cuento con tristeza que no logré el umbral para reubicarme directamente, ahora debo esperar a formarme en un curso donde me “enseñarán a ser maestra” y con suerte poder obtener mi reubicación, y en la próxima oportunidad que el estado me permita podré evidenciar mi título de maestría para lograr ascender. 

En ires y venires se ha convertido mi misión de educar por algo mas de 25 años a las futuras generaciones, en ensayos y errores de los gobiernos de turno, que muestran modelos ya obsoletos en otros paises, como panacea en el nuestro; con casi nulas posibilidades de formación estatal para docentes, que descargan en la educación los males que como estado generaron y no pudieron solucionar. 

No puedo desconocer los proyectos titánicos que han emprendido algunos entes territoriales como Bogotá D.C., con su programa de incentivos y becas a docentes, así como la aprobación del año sabático para adelantar estudios y Medellín con su programa Maestros para la vida y la formación en investigación educativa  y el centro de innovación del maestro MOVA, gobiernos locales que le han apostado a la educación haciéndo grandes inversiones para la cualificación constante de docentes. Además, cómo no sentirme orgullosa de pertenecer al nodo de investigación donde me he encontrado con personas maravillosas de las cuales he aprendido muchísimo, este es un espacio donde hacemos “sinapsis educativa”, donde reimos, gozamos y nos alentamos todo el tiempo, es un espacio donde generamos “saber pedagógico”. 

Ese saber pedagógico es propio, por eso nadie lo puede borrar de las mentes de quienes durante años nos hemos dedicado a formarnos como docentes; enseñar es una tarea titánica (no tiene nada de fácil) porque el educador se convierte en el referente del niño (a) o el (la) adolescente, ellos nos depositan junto a sus familias, esa confianza para educar sus mentes pero más que eso sus corazones y conseguir así arrebatarselos a la guerra, las pandillas, los combos, los grupos ilegales, el narcotráfico y el sinnúmero de males que aquejan la sociedad actual. 

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Las generaciones venideras y la nuestra deberán hacer grandes esfuerzos por lograr verdaderos procesos de transformación a nivel educativo, que trasciendan, que permeen la institucionalidad, que permitan a la educación colombiana convertirse en referente de prácticas educativas innovadoras, contextualizadas producto de la reflexión constante y que en la realidad podamos con certeza nombrar a “Colombia como la más educada de latinoamerica en el 2025”. 

Preciso finalizar mi carta mencionando a Rómulo Gallego (1992) 

“Toda transformación intelectual es una reestructuración parcial o total de la organización de saberes, desde la cual cada individuo formula y lleva a cabo, realiza, hace real sus interrelaciones consigo mismo, con la naturaleza, con la sociedad y con los saberes que en ella se disponen. Es un acto creativo que se experimenta”. 

Con enorme aprecio y total admiración; 

Nidia Yulieth Hernández Riveros 

Docente 

IE Diego Echavarría Misas - Medellín 

Referentes bibliográficos 

Galeano Quintero, R. M., & Rueda Ordoñez, E. V. Teoría de la pedagogía. Campus Virtual UDES. 

Roa Acosta, R., & Valbuena Ussa, E. O. (2009). Los límites de la profesión de ser profesor. Técne, Epísteme y Didaxis , 163 - 168. 

Vasco, C. E. (2006). Siete retos de la educación colombiana para el periodo 2006 a 2019., (pág. 8). Medellín 

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