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Cerca de la educación, lejos del conflicto

Por Consejo Noruego para Refugiados
Magisterio
23/08/2017 - 11:30
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Foto de ANSES. Tomada de Flickr

Palabras clave: educación, rural, Colombia, conflicto, etnoeducación, postconflicto.

 

Mejorar el acceso a una educación de calidad para jóvenes y adultos de comunidades étnicas abrirá la puerta a las oportunidades en las áreas rurales del país, a la vez que se desincentivará la violencia.

 

Al menos la mitad de los jóvenes de las áreas rurales de Colombia no llegan a superar el quinto grado de primaria. Cuando alcanzan los 16 años, casi 75% está fuera del sistema educativo; 20% nunca ha ido a la escuela. Esto significa que jóvenes de 13, 14 o 15 años están abocados a un futuro con escasas o nulas oportunidades, lo que los hace más vulnerables al reclutamiento por parte de grupos armados o los lleva a trabajar en la economía ilegal de las drogas. El analfabetismo de la población adulta, en estas zonas, es muy alto.

 

Un estudio recién publicado por el Centro Noruego de Resolución de Conflictos (Noref) y el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), titulado: El verdadero fin del conflicto armado, explica cómo las más de cinco décadas de conflicto han ampliado la brecha de la educación en áreas rurales y urbanas. La inequidad en Colombia tiene un fuerte sesgo rural.

 

+Lea: Educación Media y Superior para poblaciones rurales en Colombia: posibles diálogos

 

Dos factores se combinan para explicar la precariedad y la falta de opciones para los jóvenes y los adultos de las áreas rurales: El primer factor hace referencia a que ellos han sufrido especialmente este conflicto. Hay ocho millones de víctimas inscritas en el registro único; un tercio tiene menos de 18 años y la mitad, menos de 28. Las violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario en relación con el conflicto son muy graves: desplazamiento, reclutamiento forzoso, extorción, violencia sexual, secuestro, amenazas, tortura, desaparición y asesinatos.

 

El segundo factor que explica su situación de precariedad es la amplia gama de problemas del sistema educativo en las áreas rurales. Por un lado, la escasa presencia del Estado en las zonas rurales y, por otra parte, las mismas pocas escuelas han sido objeto de ataques y han sufrido los efectos del conflicto. Los grupos armados han usado los centros educativos como campamentos temporales, lo que impide la práctica educativa; los caminos para llegar a algunas las escuelas están minados, y la escuela es en ocasiones un escenario de propaganda y reclutamiento, en lugar de un entorno protector. Muchos maestros que tratan de impedirlo tienen que huir cuando son amenazados. La inseguridad y la violencia en la escuela y en la ruta hacia la escuela evitan que 4% de estudiantes del sexo femenino y 5% de los estudiantes de sexo masculino acudan a centros educativos.

 

El sistema educativo carece, en áreas rurales, de condiciones para garantizar el acceso y la permanencia de los alumnos y la educación de calidad: en algunos casos, atendidos por el Consejo Noruego para Refugiados, los jóvenes deben recorrer grandes distancias para llegar a la escuela; hay una grave carencia de profesores suficientemente capacitados y muchos de ellos tienen contratos temporales, hecho que limita el impacto de las formaciones en quienes las reciben; los uniformes y útiles escolares son muy caros para las familias pobres, y los calendarios y horarios rígidos hacen que muchos dejen la escuela en época de cosecha y ya no regresen por la dificultad de “ponerse al día”. Las infraestructuras escolares son precarias y la inversión se ha centrado en las cabeceras municipales.

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La educación pública ofrecida no siempre es relevante para la cultura, el medio ambiente y la identidad de las poblaciones étnicas. El programa de estudios, desarrollado en las comunidades afrocolombianas e indígenas rurales, a menudo no se adapta a su cotidianidad y su entorno para satisfacer sus necesidades, y por lo tanto disminuye la relevancia de lo que se enseña.

 

+Lea: Ruralidad, equidad y diversidad: desafíos para la educación. Encuentros de diálogo local-internacional

 

Los programas de alfabetización, en zonas rurales afectadas por el conflicto, son limitados y las modalidades flexibles de enseñanza, que pueden adaptarse a las necesidades de los jóvenes y adultos que trabajan o que han estado fuera de la escuela por un largo período, no están disponibles en todos centros educativos. Como consecuencia de un conflicto prolongado, niños y jóvenes (hoy en día adultos) que habitan en la zona rural nunca retomaron la educación después del desplazamiento forzado.

 

El esfuerzo institucional que Colombia ha llevado a cabo para mejorar la educación no ha alcanzado a estas zonas. Si la educación ha recibido en los últimos años una inversión pública anual de aproximadamente 4,6% del PIB, sólo 0,5% ha alcanzado al área rural. Esto se refleja en datos y encuestas sobre rendimiento escolar: si se toma a dos jóvenes del mismo curso, uno en el área rural y el otro en la urbana, la diferencia entre ellos equivale a tres años de aprendizaje.

 

La falta de educación, de oportunidades laborales formales y la condición de pobreza, se han convertido en la receta perfecta para perpetuar el conflicto armado durante cinco décadas en el país. Por eso un elemento clave para poner fin a los interminables ciclos de violencia en Colombia será ofrecer oportunidades educativas.

 

La oportunidad es ahora

Diversos estudios han mostrado que el acceso a una educación relevante y de calidad contribuye a la estabilización y a la construcción de la paz por su capacidad para ofrecer dividendos rápidos y tangibles a las poblaciones afectadas, mejorar la legitimidad de las instituciones y crear oportunidades para la participación y la transformación social.

 

En áreas de conflicto, la educación proporciona no solo protección, estabilidad, conocimientos esenciales y habilidades para la vida, sino que es clave para alcanzar soluciones duraderas. Por esta razón, y por más de una década en Colombia, el Consejo Noruego para Refugiados (NRC) ha promovido que la población afectada por el conflicto continúe aprendiendo en los lugares más afectados por el conflicto.

 

+Lea: La pedagogía para la paz

 

Tres acciones para promover la transformación

Se han implementado tres acciones concretas para promover el acceso a una educación de calidad en comunidades étnicas afectadas por el conflicto. En principio, la organización ha aplicado censos en coordinación con las secretarías de educación para identificar a la población no escolarizada y comprender sus necesidades educativas y las barreras que les impiden el acceso a la educación y la permanencia en la escuela. Esta información es fundamental para adaptar la respuesta en educación. Los censos también han sido una herramienta clave para promover el compromiso de las familias con la educación y mejorar su capacidad para reclamar su derecho a la educación. Así mismo, los censos proporcionan evidencias contundentes y efectivas para que el Ministerio de Educación Nacional y las secretarías de educación mejoren las oportunidades educativas.

 

Desde 2011, el NRC identificó más de 53.000 niños, niñas y jóvenes fuera de la escuela y trabajó junto con el Ministerio de Educación para ofrecerles oportunidades de educación en clases regulares o a través modelos de educación flexible.

 

Ahora bien, la situación de analfabetismo en la población adulta también es extensa en el sector rural. En relación con la segunda acción, el Consejo Noruego para Refugiados ofrece a niños, niñas y jóvenes, identificados en los censos, la oportunidad de asistir a “programas puente”. Se trata de un programa de transición de cuatro meses que tiene como objetivo proporcionar apoyo escolar personalizado a los niños y jóvenes desescolarizados. En el marco de estos programas, los niños y jóvenes aprenden las habilidades, los conocimientos y los comportamientos necesarios para regresar a la escuela. Este período de transición desempeña un papel clave para garantizar el aprendizaje efectivo de los niños y jóvenes en su retorno a la escuela. Les ayuda a entender cómo aprender y cómo estar mejor preparados para unirse a las clases regulares o a los modelos de educación flexibles.

 

+Lea: Rutas emergentes para la alfabeTICzación con adultos

 

Como parte de los esfuerzos para mejorar el acceso a la educación en las áreas más afectadas por el conflicto, hemos apoyado en la última década a más de 20.000 niños, niñas y jóvenes en Colombia a través de los “programas puente”, en coordinación con el Ministerio de Educación Nacional.

 

La tercera acción propuesta por el NRC está relacionada con la promoción, el diseño, el pilotaje y el desarrollo de modelos educativos flexibles, pertinentes, de calidad e incluyentes. Específicamente, el modelo de etnoeducación se reconoce como un modelo educativo flexible que brinda la posibilidad de atender a jóvenes y adultos de las comunidades negras ubicadas en áreas rurales del Pacífico colombiano. Este modelo fue construido con las comunidades locales, a través de un proceso participativo, e incorpora en su diseño características culturales, territoriales y de identidad propia.

 

Este modelo promueve estrategias educativas semiescolares con procesos convencionales y no convencionales de aprendizaje que permiten la articulación entre diferentes recursos pedagógicos, de modo que se fomente la permanencia en el sistema escolar y el diseño de un currículo pertinente de acuerdo con las expectativas y las necesidades de la vida rural.

 

Pensar en educación étnica ha permitido, por ejemplo, contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades negras rurales del Pacífico colombiano; promover el diálogo de saberes a la luz de las prácticas ancestrales para fortalecer la identidad, la cultura y la territorialidad; fortalecer los procesos organizativos; garantizar el acceso y la permanencia en la educación de las personas jóvenes y adultas; contribuir al desarrollo humano y social de hombres y mujeres de las comunidades negras y promover cambios en los estereotipos relacionados con la discriminación de las mujeres negras rurales, reivindicando su derecho a la educación con el fin de fortalecer su liderazgo.

 

Colombia tiene hoy una inmensa tarea de implementar los Acuerdos de La Habana y construir la paz; pero también tiene las herramientas y una gran oportunidad. El acuerdo general para la terminación del conflicto incluye, en su primer apartado sobre el nuevo campo colombiano y la reforma rural integral, medidas para el fortalecimiento y la mejora de la educación rural. Más allá de un imperativo ético y de justicia, en términos pragmáticos, la mejora y la extensión de los servicios educativos puede ser clave para la estabilización de las áreas más afectadas por el conflicto en el corto plazo. Esto le permitiría al Estado colombiano ofrecer un rápido dividendo de paz con potencial de generar cambios reales. Una educación étnica de calidad promoverá las oportunidades económicas y sociales y, al hacerlo, disminuirá la motivación de involucrarse en la violencia. La educación rural es clave para construir una paz sostenible.

 

+Lea: Educación para jóvenes y adultos a través de los ojos de tres expertas latinoamericanas

 

Foto de ANSES.  Tomada de Flickr