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Ciencia y Filosofía: un diálogo necesario

Magisterio
26/08/2019 - 11:00
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Ciencia y filosofía han estado relacionadas a lo largo de la historia del pensamiento humano; ambas comparten con el mito y la religión la misma semilla. La Revolución Científica llevó a la ciencia a desechar las explicaciones mitológicas y religiosas, y la alejó de la filosofía. El diálogo entre científicos y filósofos debe profundizarse, como ahora, cuando algunos investigadores de la teoría de cuerdas han planteado que, si una teoría física es suficientemente elegante y explicativa, ella no necesita ser sometida a la prueba experimental, que bastan los argumentos filosóficos y estadísticos para probar su veracidad.

George Ellis, del Departamento de Matemáticas de la Universidad de Cape Town, ha señalado que hay una tendencia creciente en física teórica y cosmología a sostener que no importa comprobar experimentalmente una teoría si ella se adapta en forma convincente y con gran poder explicativo a otras teorías. ¿Es posible defender una teoría como científica cuando ella no puede someterse a la prueba experimental, ya sea de manera directa o indirecta? Sabine Hossenfelder, física teórica del Instituto de Estudios Avanzados de Fráncfort, ha señalado: «…es imposible construir una teoría científica partiendo exclusivamente de su plausibilidad matemática... una teoría que no establece relación alguna con las observaciones no merece, en mi opinión, llamarse científica». El hecho de que una teoría no pueda ser contrastada experimentalmente no significa entonces que la verdad dependa únicamente de la consistencia matemática o de argumentos estéticos:

«Hasta que los partidarios de las cuerdas no interpreten propiedades percibidas del mundo real, simplemente no están haciendo física», escribió el físico estadounidense Sheldon Lee Glashow.

Cualquiera que haya leído Azar y necesidad de Jaques Monod o Dialéctica de la naturaleza de Federico Engels, por citar dos ejemplos, no podrá dejar de apreciar la importancia que para la ciencia tiene el escrutinio filosófico. Cuando Ignacio Morgado, profesor de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona (España), plantea: «El mundo es una ilusión creada por el cerebro…Nada de lo que hay aquí está realmente fuera, todo son ilusiones creadas por nuestro cerebro» y Albert Einstein defendía que: «La creencia en un mundo exterior independiente del sujeto perceptor, es la base de toda ciencia natural», hay dos hombres de ciencia anclados en los campos filosóficos irreconciliables del idealismo y del materialismo.

El científico debe atreverse a la elucubración filosófica y el filósofo adentrarse en el campo de la ciencia: los trabajos de Copérnico, Galileo, Newton, Darwin, Einstein desataron revoluciones en la esfera de la ciencia que tuvieron significativas repercusiones filosóficas.

Los logros de la ciencia pasan por el crisol del análisis filosófico y la filosofía es una guía para la acción en la investigación científica. El científico debe atreverse a la elucubración filosófica y el filósofo adentrarse en el campo de la ciencia: los trabajos de Copérnico, Galileo, Newton, Darwin, Einstein desataron revoluciones en la esfera de la ciencia que tuvieron significativas repercusiones filosóficas.

Peligro posmodernista
La ciencia es el camino más apropiado para alcanzar un conocimiento objetivo de la realidad material que nos rodea. Sostener que en el ámbito de las ciencias no es el experimento el evaluador de la veracidad o falsedad de una teoría, sino que lo son la belleza interna o el consenso de los que más saben, es renunciar al principio de objetividad. La peligrosa moda del relativismo filosófico niega ese principio al defender que en la ciencia cualquier explicación es válida. Valga el ejemplo del filósofo Paul Feyerabend para quien las proposiciones «la Tierra gira alrededor del Sol» y «la Tierra es una esfera hueca que contiene el Sol, los planetas y las estrellas fijas», tienen el mismo grado de validez.

+Conozca el libro Ciencias naturales: entre el materialismo y el idealismo de Guillermo Guevara Pardo

La ciencia no puede considerarse como «otro punto de vista». La validez de sus hipótesis y teorías no depende de la belleza que se pueda apreciar en ellas, de la fe o de la autoridad de un individuo sino del veredicto de la práctica experimental, de su relación con los hechos: fue el experimento de Joseph John Thomson cuando descubrió el electrón, el que demostró que la secular creencia en la indivisibilidad del átomo, era falsa; fue el experimento bien hecho, el que definió que los neutrinos no pueden viajar más rápido que la luz; también fue con el experimento como se demostró la existencia del bosón de Higgs; son distintos experimentos los que han demostrado la realidad de la selección natural; fue con el complejo experimento LIGO como se encontraron las ondas gravitacionales. Será el experimento el que defina si la teoría de cuerdas es cierta o falsa. Con los resultados experimentales en la mano el investigador hace predicciones sobre nuevos hechos (algo de lo que carecen las seudociencias): fue así como, por ejemplo, Wolfgang Pauli pronosticó la existencia del neutrino, John Couch Adamas y Urbain J. J. Le Verrier la de Neptuno y Dimitri Mendeléyev la de tres nuevos elementos químicos. La ciencia, recordemos, es una síntesis de teoría y práctica: sin la práctica experimental, queda reducida a la pura especulación; sin la teoría, se convierte en práctica protocientífica, en conocimiento cotidiano.

 La culpa no está en el conocimiento científico, recae en la forma de organización social que tiene la humanidad.

Ciencia y filosofía son caminos para desechar prejuicios y supersticiones, para lograr una visión racional de los fenómenos que suceden en el mundo natural y social. Esto hace parte de su grandeza. No importa que a veces el conocimiento científico y sus aplicaciones tecnológicas entren en contradicción con la dignidad humana y traigan consecuencias indeseables. La culpa no está en el conocimiento científico, recae en la forma de organización social que tiene la humanidad.

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¿Son las teorías científicas una descripción aproximadamente fiel de la realidad material?, ¿tiene la ciencia la misma capacidad explicativa que el mito?, ¿existe la realidad independientemente de la conciencia o es una proyección de esta?, ¿cómo logramos saber que una teoría científica es falsa o verdadera?, ¿existe la verdad absoluta?, ¿qué es la verdad relativa? A estas preguntas los defensores del posmodernismo y del constructivismo han dado respuestas con las que pretenden defender una concepción epistemológica que, en el fondo, ataca al conocimiento científico.

En estos momentos de corrupción en auge y talento escaso, cuando la triquiñuela, la picardía, la mentira descarada, el desinterés de los gobernantes de turno por el destino del país y el facilismo intelectual están a la orden del día, se hace necesario tener claridad filosófica en los asuntos del conocimiento científico

El significado más común de la palabra relativismo tiene que ver con la afirmación de que podemos atribuir un peso o valor equivalente a cualquier explicación posible, pues no existe un criterio objetivamente válido para decidir cuál de todas las opciones es la verdadera, ya que toda afirmación depende de las condiciones o contextos de la persona o grupo que la afirma. Alan Sokal y Jean Bricmont en su magnífico libro Imposturas Intelectuales definen al posmodernismo como «una corriente intelectual caracterizada por el rechazo más o menos explícito de la tradición racionalista de la Ilustración, por elaboraciones teóricas desconectadas de cualquier prueba empírica, y por un relativismo cognitivo y cultural que considera que la ciencia no es nada más que una “narración”, un “mito” o una construcción social». Ana Rioja, Profesora Titular de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, aclara: «…una cosa es reconocer la dimensión social de la ciencia, tanto desde el punto de vista histórico como sistemático, y otra muy diferente convertir el conocimiento científico en mera construcción social. Introducir una perspectiva social e histórica en el estudio de la ciencia en tanto que actividad surgida y llevada a cabo en el seno de una determinada colectividad no significa disolver el contenido mismo de las diversas teorías científicas en el producto consensuado de los miembros de esa colectividad. Ni las leyes físicas tienen el mismo estatuto que las leyes políticas, ni los laboratorios son parlamentos».  

+Lea: ¿Para qué sirve la filosofía?

El relativismo epistémico considera que la ciencia no es más que un “mito útil”, una “narración”, “otra opinión”, una “construcción social” u “otra forma de hacer política”. Consideraciones semejantes tuvieron algunos científicos alemanes antes que el nazismo llegara al poder cuando impulsaron la creación de una «ciencia aria» que suplantara a la existente. Esa nueva ciencia se basaría principalmente en principios intuitivos; en el éter, lugar de residencia del Geist (espíritu); sería un constructo social donde el origen racial del observador «afecta directamente la perspectiva de su obra»; el materialismo debía ser completamente erradicado de la ciencia; la práctica científica se basaría no en la prioridad de la materia, sino en el espíritu; la objetividad en la ciencia se consideraba como una tetra de los profesores universitarios para defender sus intereses.

En estos momentos de corrupción en auge y talento escaso, cuando la triquiñuela, la picardía, la mentira descarada, el desinterés de los gobernantes de turno por el destino del país y el facilismo intelectual están a la orden del día, se hace necesario tener claridad filosófica en los asuntos del conocimiento científico si deseamos, junto con la claridad política, forjar una sociedad donde ciencia y tecnología puedan ser disfrutadas por las más amplias mayorías de Colombia.

Guillermo Guevara Pardo. Licenciado en Ciencias de la Educación, especialidad Biología, Universidad Distrital “Francisco José de Caldas”
guillega28@gmail.com

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