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Coaching para el manejo del bullying en ambientes escolares, una mirada desde el modelo de psicología de las potencialidades

Por Giovanni Ramírez Villamil
Magisterio
15/12/2017 - 11:45
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Foto de Freepik. Tomada de Free Photo

De manera práctica y sencilla, el presente artículo trata el fenómeno del bullying o acoso escolar, desde un modelo innovador: el de la psicología de las potencialidades, donde a manera de coaching o entrenamiento busca dar herramientas prácticas a los docentes para el manejo efectivo y para mitigar, en parte, las expresiones de violencia que se dan en torno a este fenómeno en las instituciones educativas.

Entender el fenómeno social conocido como bullying o acoso escolar, es adentrarnos en una realidad poco explorada y que tiene ocurrencia en los espacios educativos, de barrio, e incluso en las familias. Por tal razón, pretender abordar estadísticamente el fenómeno resultará corto a la hora de brindar análisis más contextualizados, pues cada caso tiene una caracterización propia y se genera de manera casi distinta a todos los demás. En cada uno es primordial generar espacios de reflexión tendientes al análisis de los principales factores de riesgo y por qué no, los motivadores de este tipo de conductas en nuestra niñez y juventud. Para esto. iniciaremos dando un vistazo a nuestro modelo educativo que, sin querer, ha generado una especie de cultura y tradición dirigida hacia el competir, al ganar, al ser el mejor, donde nuestros estudiantes están desarrollando, de manera continua y cada vez más fuerte, una serie de tendencias y conductas de competencia con expresiones violentas que se hacen manifiestas en eventos deportivos, culturales y de integración en las comunidades educativas. Así mismo, en nuestra familia, los modelos tendientes a generar comparaciones entre hermanos, competencias, cargas de responsabilidad, premios y castigos, han dado pie a que en muchos hogares se evidencien conductas de acoso y maltrato entre ellos e incluso de padres hacia sus hijos y de sus hijos hacia sus padres. Sin embargo, esta mirada más ampliada de lo que puede llegar a generar una cultura de la competencia, está manifiesta además en las comunidades donde las barras futboleras, algunas pandillas y guerras de territorios así lo demuestran. Por ende, los factores de riesgo y motivantes como semilleros de violencia se encuentran en muchos escenarios y en ocasiones son alimentados por quienes damos el ejemplo de la convivencia armónica y la vida en comunidad.

+Lea: Los futuros docentes ante el bullying y sus posibles repercusiones

Visto así, hemos de adentrarnos no solo en el fenómeno llamado bullying o acoso escolar, que tiene manifestaciones claras de maltrato de diferente tipo hacia una o más personas y que es dado por una o más personas, donde el señalamiento, la humillación, el golpe, el robo, entre otras, toman forma y se dirigen hacia la o las victimas generando en ellas tanta presión que terminan en cuadros depresivos, aislamiento, deserción, ideación suicida e incluso la muerte. Revisemos más allá de la expresión negativa y violenta del acoso escolar, cómo estamos actuando para su manejo, para su mitigación, y cómo desde casa estamos apoyando a la víctima. Quizá, estamos dándole más pautas de respuesta violenta a lo ya de por sí violento, o quizá le estemos haciendo más daño aun al generarle sentimientos de culpa o inferioridad porque no se “defiende”. Es necesario hacer un análisis de cómo estamos manejando la situación en la institución, ¿damos herramientas adecuadas a nuestro docentes y orientadores para su manejo efectivo?, o simplemente actuamos según criterios normativos. ¿Revisamos el contexto de la víctima o las víctimas, pero revisamos además el contexto de quienes hacen bullying o acosan?, entendiendo el contexto, no solo como la funcionalidad familiar y estos otros factores que creeríamos son los disparadores psicosociales de quien hace realiza la acción, dentro de los contextos como un grupo de factores que están dando fuerza para que se den expresiones violentas.

Uno de estos contextos tiene que ver con la capacidad y potencial de liderazgo que tienen quienes hacen bullying, ya que logran reunir sus fuerzas y dirigirlas hacia el logro de su objetivo, desde la inconsciencia de lo negativo, sin percatarse que este liderazgo atenta y vulnera el derecho del otro. He aquí la cuestión seria sobre el papel institucional en el manejo de las capacidades y potencialidad líder que tienen los estudiantes. De igual manera, es necesario revisar qué apoyo reciben desde la institución para lograr canalizar de manera proactivas y positiva dicho potencial.

¿Qué herramienta tienen a mano los docentes y orientadores para apoyar estos líderes?, y desde el otro punto de vista, el del contexto bajo el cual podrían estar las víctimas, ¿cómo podemos apoyar y canalizar quizá esos potenciales de generosidad, nobleza o sensibilidad?, que en muchas ocasiones acompañan la personalidad de quienes suelen ser víctimas de bullying, y por último, ¿cuál es el apoyo desde la institución a este tipo de capacidades?, y con qué herramientas los docentes y orientadores pueden apoyar el desarrollo potencial de las víctimas.

Por lo anterior, se hace imperante entrar en un proceso de coaching, entrenándonos todos hacia el proceso de cambio y transformación cultural, que es evidentemente necesario y primordial para que nuestros niños y jóvenes sean felices y logren su realización y éxito.

Para esto, es importante que desde el enfoque de la psicología de las potencialidades, dejemos de lado nuestras percepciones desde la perspectiva del problema, es decir, la situación de bullying tendemos a verla como el efecto de una serie de situaciones psicosociales. Se pueden observar a familiares que están detrás de quien acosa o maltrata y una serie de similares factores desde quien recibe el daño, donde solo hacemos diagnósticos, etiquetamos, normatizamos, entre otras.

Pero desde este enfoque de las potencialidades, debemos estar desde la perspectiva del potencial, donde la subjetividad cobra un papel importantísimo, pues es el sujeto quien logra sin presiones de competencia o de logros ser el mejor, encontrarse a sí mismo, visualizar sus potencialidades y desarrollar las habilidades necesarias enfocadas y dirigidas desde el servicio. Es desde el enfoque de las potencialidades como dejamos de lanzar juicios por doquier, sobre todas las conductas e incluso pensamientos de todos, clasificando el bien y el mal, y aceptando que todos, desde nuestras diferencias, podemos tener perspectivas que enriquecen la del otro.

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La subjetividad permite la expresividad, la opinión, la diferencia, el ritmo de aprendizaje; resalta el proceso más que el resultado; no genera competencias, sino que busca acuerdos; no resuelve desde la culpa, sino que genera espacios de concertación. Todo esto va ligado a la subjetividad, pues se desarrolla trascendente y clara la posibilidad de la transformación cultural, incluir nuevos códigos en el comportamiento, unos más solidarios, más incluyentes, que permiten la participación desde la integración y no desde la división. Por último, se puede afirmar que genera espacios constructores de paz y armonía, sin juicios ni etiquetas.

Para que este tipo de ambientes se logren dar en nuestras instituciones, debemos realizar ajustes a nuestras formas de integración escolar y convivencias, generando espacios de encuentro para el desarrollo de potencialidades como el liderazgo, la sensibilidad, la generosidad y la solidaridad, desarrollando escenarios donde se hable de acuerdos y no de confrontaciones. También se puede lograr al realizar jornadas de participación y convivencia dirigidas y ejecutadas por los estudiantes, donde el docente pasa de dirigir a acompañar.

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De una manera práctica y enriquecida por la subjetividad, este coaching busca lograr acuerdos de convivencia armónica, que nazcan desde la comunidad estudiantil, sin necesidad de que sea un proyecto de ley, donde los orientadores pasen de la sesión individual al trabajo grupal general con toda la comunidad. Así la común unidad se podrá ver manifiesta como un solo eje de convergencia para resaltar la importancia de la individualidad y la frescura de la diferencia como aporte y crecimiento comunitario.

Entrenémonos pues en generar nuevas subjetividades, transformaciones culturales desde casa, donde las mismas reuniones de padres sean un pretexto más allá del brindar informes, y generen espacios de encuentro, donde se resalte la individualidad como factor social de participación e inclusión, y se cambie el pensamiento de rechazo y señalamientos; donde la familia se integre en unidad con individuos que dejan de seguir patrones conductuales prestablecidos y pasan a desarrollar potencialidades como la autonomía, solidaridad e interés por el bienestar propio y del otro.

Se piensa en una transformación donde los cambios culturales sean reales, manifiesten su existir desde la subjetividad como eje propiciador de autonomía, y la perspectiva de potencialidad se convierta en la forma como vemos a los otros, cambiando juicios de valor, presión y maltrato, por inclusión, acompañamiento y apoyo.

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 71

Foto de Freepik. Tomada de Free Photo