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¿Cómo desarrollar la creatividad en el aula desde el taller educativo?

Magisterio
03/11/2016 - 09:15
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Foto del Ministerio de Cultura de Argentina Tomada de Flickr

Organizar un taller es un desafío; implica posibilitar a los participantes que asuman el proceso de aprender, de generar conocimientos, que se atrevan al acto creativo. Entiendo por creatividad la posibilidad que poseemos desde pequeños de producir cambios y novedades.

 

Nuestra educación, sistemática o asistemáticamente, las más de las veces cercena esa capacidad creativa que manifiestan los niños. Desde la escuela se mata toda respuesta original en el nombre de los objetivos, los contenidos y los sistemas de evaluación.

 

La creatividad aparece como ruptura de lo pensable, como el establecer nuevos enlaces, como irrupción de lo impensado, como salto cualitativo. El maestrocoordinador es ahora llamado animador, pero no siempre ese docenteanimador se anima, se atreve al acto creativo.

Conozca los libros Ayudas educativas Creatividad y aprendizaje y Cerebro creativo y lúdico. Hacia la construcción de una nueva didáctica para el siglo XXI

 

En años de recorrer escuelas, organizar encuentros, coordinar Talleres, he visto la tendencia casi abortiva ante la posibilidad de pensar las cosas desde otra mira, de transformar lo conocido en desconocido y viceversa.

 

Hoy mismo algunos cursos, llamados talleres, ofrecen recetas, muestran ajustadas planificaciones, señalan inobjetables objetivos de aprendizaje, que enmascaran el temor a lo imprevisible, a lo novedoso, a la transgresión, que se constituyen en nuevos recursos para la sujeción. En cambio, no siempre se valoran otros intentos, menos difundidos, donde se busca generar auténticas creaciones, donde se logra despertar capacidades dormidas, potenciar el pensar, recuperar lo cotidiano para hallar nuevas alternativas. Lo novedoso, lo original suele despertar desconfianza, crítica, temor eso puede explicar la promoción de novedades, en las que nada cambia, y el saboteo y ocultamiento hacia lo que el artista, el creador puedan proponer.

 

Cuando el maestro participa en un Taller con otros, cuando trabaja en equipo, pide supervisión, vivencia y reflexiona, puede discriminar entre tres opciones repetir, repensar y recrear o innovar.

 

Las ansiedades que moviliza una experiencia nueva pueden llevarnos a copiar o a extrapolar lo vivido en un grupo a cualquier otro grupo, incluso a aplicarlos con los alumnos. También puede darse un acercamiento progresivo, mediatizado por la reflexión, por el análisis de ventajas e inconvenientes.

Al coordinar un Taller tenemos que pensar que lo desconocido, el cambio, el abordaje del objeto de conocimiento, despierta ansiedades persecutorias y depresivas. El miedo al ataque y a la pérdida de lo sabido se traduce en conductas defensivas en resistencia al cambio. Apelar a lo conocido, evitar o dilatar la tarea repetir, posibilita reasegurarse.

+Lea Educar para crear

 

Los participantes eligen procedimientos técnicas ya probadas en un intento de resolver la situación por medios conocidos. Ese momento de confusión, del como si, sólo puede ser superado a través de la reflexión propiciada por el coordinador a través del salto cualitativo por sumación de las propuestas grupales. El atreverse a pensar distinto cuando el grupo funciona como sostén; ya no es riesgoso.

 

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Estrategias en el proceso creativo

 

Piaget explica a Bringuier, en una de sus entrevistas, que cuando intenta crear utiliza tres procedimientos:

 

• No lee nada acerca del tema que lo preocupa hasta haber hallado algunas ideas propias.

• Trata de leer todo lo que puede acerca de aspectos o campos afines al aspecto que le interesa;

• Utiliza un chivo emisario o cabeza de turco, como punto de partida para la contradicción, la superación y el descubrimiento de lo nuevo.

 

Sin duda, desde el pensamiento piagetiano, el período más creativo en la vida del hombre es el que abarca desde el nacimiento hasta los dieciocho meses. El bebé pasa de los reflejos congénitos al dominio de la marcha a la construcción de la inteligencia y con ello a la posibilidad de comunicarse, aprender, pensar, jugar y crear.

 

Para poder crear hay que poseer cierta disponibilidad, deseo, tiempo, alguna idea, algún material: podemos crear en la playa con la arena y un palito, en la soledad y el silencio de un cuarto, a partir de un lápiz y un papel, en la cocina, con tres o con cuatro ingredientes, en el laboratorio, a partir de algunos microorganismos.

Conozca el libro Construyendo imaginarios. Talleres creativos

 

La palabra crear proviene del latín creare, que significa engendrar o producir algo nuevo. Cuando hablamos de creatividad en educación, hablamos de desarrollar o potenciar la capacidad creadora de todos aquellos comprometidos en la tarea, maestros, alumnos, padres, supervisores.

 

Una estrategia sencilla para movilizar la capacidad creativa de un grupo, consiste en solicitarle que encuentren tantos usos como les sea posible inventar para un objeto cotidiano, una alfombra, un cesto de mimbre, un lápiz.

 

Otra propuesta puede ser saludar a los compañeros con una rima: Marcela ya no le duele la muela, Carlitos trajo zapatos limpitos, Juan Manuel escribe y escribe en un papel...

 

Se puede intentar de jugando y creando, la definición de una determinada palabra real; o inventada: Ojotroco: es un ojo situado a la derecha del cuaderno que mira lo que vas haciendo, que te dice si está mal o está bien. ¡Cuando te molesta mucho lo tapas con un papel glacé y listo!

El proceso creativo implica hallar soluciones integradoras. Es posible medir los resultados del proceso tanto por la calidad como por la cantidad. La estética del producto, su acabamiento como hipótesis confirmada, son siempre circunstanciales arbitrarias y replanteables. El rol del maestro ha de ser facilitador, su actitud será segurizante.

 

Niños y adultos para poder llevar a cabo un trabajo creativo deben:

 

• Aprender a expresarse con libertad;

• Aprender a escuchar a los demás antes de contestar o refutar;

• Aprender a dialogar más que a juzgar;

• Pensar por sí mismos, más que agregarse a lo dicho por otro;

• Intentar la autocrítica;

• Llevar adelante las propias iniciativas;

• Tener en cuenta al interlocutor imaginario que suele frenar dirigir o anular la propia idea.

 

Referencias:

GONZÁLEZ Cuberes, María Teresa. El taller de los talleres. Talleres Gráficos de Indugraf. Buenos Aires, 1987.

 

Tomado del libro: El taller educativo. ¿Qué es? Fundamentos, cómo organizarlo y dirigirlo, cómo evaluarlo.  Autor: Arnobio Maya. pp.235-237

 

Foto del Ministerio de Cultura de Argentina Tomada de Flickr