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Con la pepa del mango, bachilleres crearon un nuevo plástico

Magisterio
31/08/2018 - 09:30
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Foto de Pixabay

En Barrancabermeja (Santander) es común ver a los habitantes parados en cualquier esquina bajo la sombra, consumiendo piña o mango. Lo hacen para saciar la sed que les producen los 28 grados centígrados que a diario se registran. También es fácil ver, botadas por andenes y parques, las ‘pepas’ de los mangos que contaminan y alteran el ambiente porque atraen roedores y moscas cuando la semilla se descompone.

“Empezamos a mirar en qué podíamos utilizar ese mango”, recuerda uno de los estudiantes que lideró el proyecto para aprovechar los residuos de la popular fruta y que hoy los tiene a la vanguardia y en la lupa de científicos. 

Este estudiante líder y sus compañeros de grado 11 del colegio John F. Kennedy encontraron que este era un problema que alteraba la vida de los habitantes, por ser esta ciudad una de las principales productoras y consumidoras de mango en el país. En el colegio también veían las consecuencias porque en las zonas verdes existían varias plantas cuyas frutas terminaban por el suelo y nadie las comía porque estaban picadas por los pájaros. 

De la mano de la profesora y en la clase de química lanzaron una idea que pronto tomó forma: utilizar el almidón de la semilla para convertirlo en un plástico biodegradable. “Consultamos la composición química y creamos este plastimango, un producto que no se ha hecho en ninguna parte del mundo”, dice orgullosa la educadora. 

Con las batas puestas como si fueran químicos expertos, los estudiantes crean en el laboratorio un bioplástico con el cual confeccionan forros para celulares, USB, CD´s, cosmetiqueras y bisutería. También plastilina no tóxica que manipulan los niños de preescolar y primaria del colegio y piezas biomédicas para cubrir cicatrices.

El proyecto cuenta con la ayuda de la Fundación Terpel que hizo a los niños pensar que los sueños son posibles. Científicos e interesados en Chile, Brasil y México ya conocen esta iniciativa que salió de un aula de clase y que ayuda a mejorar el medio ambiente.

“Consultamos la composición química y creamos este plastimango, un producto que no se ha hecho en ninguna parte del mundo”

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Uno de los estudiantes líder del proyecto terminó sus clases en el colegio y ahora estudia negocios internacionales, pero a diario recuerda con alegría la primera vez que se paró frente a los jurados en Colombia y otros países como Paraguay y México para exponer el proyecto de plastimango.

“Sentimos que habíamos hecho un gran trabajo, jamás nos imaginamos que iríamos a lugares tan distantes para nosotros”.

Invitamos a nuestros lectores a conocer otras historias inspiradoras en la web de la Fundación Terpel  y participar de su iniciativa Diseña el Cambio que busca premiar a los maestros, escuelas y estudiantes, que sueñan y trabajan por una mejor educación. 

Para conocer el documento completo haga click aquí: 10 historias de cambio Reto 2016

Fundación Terpel - Diseña el cambio 

Foto de Pixabay