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Construyendo paz, una realidad posible

Magisterio
13/09/2019 - 10:30
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Foto de Revista Internacional Magisterio No. 69

Entrevista a Eric D. Dawson, presidente y co-fundador de Peace First 

Su vinculación con Peace First se da desde que era estudiante en la universidad de Harvard. Ha sido merecedor de numerosos premios y distinciones, entre ellos el del Fondo de Youth Service America para Emprendedores Sociales, el eco de Fellowship Verde para el servicio público, la Fellowship de Ashoka para emprendedores sociales líderes, ¡y Pop! Innovación Social de Becas de Tech. 

Actualmente se desempeña como presidente de Peace First; bajo su liderazgo la organización pasó de ser manejada por estudiantes de la Universidad de Harvard en 1992, a convertirse en un estamento líder en la educación para la prevención de violencia; proporcionando entrenamiento en habilidades sobre la paz a más de 40.000 estudiantes de primaria y secundaria en Boston, Nueva York y Los Ángeles. Dawson es también autor de docenas de textos sobre violencia, currículos prevención y guías de enseñanza, además de informes de evaluación de programas que han recibido reconocimiento nacional.

Darío: sabemos que Peace Games cambió de nombre, ahora se llama Peace First. Cuéntanos qué ha cambiado, qué están haciendo ahora, cuál es la nueva idea. 

Eric: Siempre se está diciendo a los jóvenes qué es lo que no deben hacer. Se suele pensar en los jóvenes como víctimas o víctimas potenciales que hay que proteger. Se emplea mucha energía en mantenerlos a salvo o encontrando la manera de castigarlos, porque también se piensa que son problemáticos. Así, las escuelas se vuelven prisiones en las que todo el tiempo se escucha: “¡quédese en su puesto!” o “¡no hable!”. La gran idea detrás de lo que queremos hacer consiste en ayudar a los jóvenes a hacerse poderosos. Queremos dejar de verlos como el futuro y comenzar a entenderlos como el presente y comenzar desde ya a liberar su imaginación, ayudándolos a pensar y realizar grandes ideas sobre cómo cambiar el mundo. 

Entonces creamos un premio como el Premio Nobel, pero para jóvenes entre 8 y 22 años, por ahora en los Estados Unidos y después para el resto del mundo. Consideramos tres aspectos: la compasión, el hecho de poder cruzar fronteras entre la gente; el coraje, tomar riesgos, demostrar perseverancia, y la transformación de la realidad mediante la colaboración, o sea movilizar comunidades para que sean más fuertes y seguras. 

Así, hicimos una gran búsqueda. Llegamos a más de 100 mil personas, 9 mil colegios y universidades y recibimos cientos de formularios; seleccionamos sólo 10 proyectos ganadores, cada uno de ellos recibió 50 mil dólares. Pero la idea no consiste solamente en entregar dinero, sino en generar un movimiento, unir a los jóvenes, cambiar la manera sobre cómo pensamos en los jóvenes. 

Y los proyectos eran impresionantes: hubo un caso de un niño de 13 años que fue golpeado por sus compañeros y lo enviaron al hospital, él comprendió que no se trataba de culpar a sus compañeros, sino que era un problema de la cultura de la escuela, ya que allí se aceptaba esta clase de comportamiento como correcto; así que organizó una manifestación en la que los chicos dijeron que no iban a ir a una escuela que no los respetaba. Los chicos llegaban hasta la puerta de la escuela, se quedaban afuera y daban conferencias de prensa; interpusieron una demanda contra la escuela, la primera de este estilo, y la ganaron. Consiguieron un nuevo rector y nuevos profesores que fueran capaces de liderar una transformación en la cultura de la escuela. Esta es la clase de estudiantes que ganó el Premio Peace First. 

Nosotros tenemos una concepción de la paz que es positiva y poderosa. Normalmente cuando se piensa en la paz se piensa en lo pasivo: tomarse de las manos, cantar, en lo suave. Nosotros retomamos la palabra “paz” y la hicimos poderosa y accesible para los jóvenes. Así que comenzamos a preguntar a los jóvenes cómo podían convertirse en constructores de paz en el presente. 

Darío: Pero continúan con Peace Games…

Eric: En la actualidad hacemos tres cosas. En primer lugar, sociedades con colegios para acompañarlos a usar el currículo de Peace Games. En segundo lugar, estamos liderando un movimiento de educadores que están usando nuestro currículo en diferentes ámbitos, como las escuelas o las iglesias. Más recientemente creamos el premio Peace First. Este se trata de contar historias, poderosas y accesibles sobre jóvenes constructores de paz. 

Estas tres cosas encajan muy bien juntas. Las historias inspiran a la gente. Cuando escuchas la historia de un constructor de paz, dices: “¡Hey!, ¡yo quiero hacer algo así!”. Entonces buscas nuestro currículo. Después, los colegios en los que trabajamos sirven como modelos. Así que puedes venir a Boston, New York o a Los Ángeles a ver y vivir lo que es un colegio Peace First, traerlo de regreso y compartirlo con tu gente. 

Darío: ¿Puedes contarnos más sobre Peace Games?, ¿puedes resumirnos en qué consiste?, ¿cómo se lleva a la práctica?

Eric: Comencé con Peace Games cuando tenía 18 años, por mi propia experiencia con la violencia. Me sentía impotente y quería generar otras oportunidades para los jóvenes. Había muchos programas diseñados por los adultos que no conectaban con los jóvenes y, como te contaba, se trataba de decirles qué era lo que no debían hacer. Entonces comenzamos a invitar a los jóvenes a pensar en grande y a decirles que no debían esperar a que tuvieran 30 años. 

Nosotros tenemos una concepción de la paz que es positiva y poderosa. Normalmente cuando se piensa en la paz se piensa en lo pasivo: tomarse de las manos, cantar, en lo suave. Nosotros retomamos la palabra “paz” y la hicimos poderosa y accesible para los jóvenes. Así que comenzamos a preguntar a los jóvenes cómo podían convertirse en constructores de paz en el presente. 

A veces las cosas tienden a complicarse y pensamos en currículos, programas, pero al final lo que queremos es que los chicos piensen cómo pueden convertirse en productores de paz. Trabajamos en escuelas y colgamos nuestro currículo en la red. Ahora tenemos socios en más de 130 países y en los 50 Estados de los Estados Unidos que usan nuestras actividades, que son muy sencillas, en sus comunidades. 

+Conozca la Colección Juegos de paz

Darío: ¿De qué manera evalúan los resultados y el impacto de Peace Games?, ¿cómo se ven los avances?

Eric: Nosotros medimos dos cosas. Queremos ver que la violencia se reduce y que la construcción social, la eficacia pro-social aumenta. En algunos lugares hacemos un seguimiento a los estudiantes desde el inicio del programa, a los 4 o 5 años, hasta que tienen 14 o 15. De modo que hacemos un pre-test y un post-test y miramos qué cambios hay cada año y en una década. Y lo que hemos encontrado es que los niveles de violencia disminuyen dramáticamente. Así que hay menos peleas, menos daños a las instalaciones públicas. También vemos que los chicos son más eficaces en la resolución de problemas sin pelear, que invitan y comprometen a otros chicos en sus actividades y que intervienen cuando alguien más está siendo abusado, aunque no sea su amigo. De manera que los chicos toman la elección de tener un impacto positivo en sus comunidades. Te voy a dar un ejemplo de un pequeño colegio en Boston. Este es un colegio de unos doscientos estudiantes, es la hora del almuerzo y no hay adultos que acompañen a los estudiantes en el restaurante escolar. ¿Te imaginas? Están los chicos ellos solos, y de repente una chica empuja a otra y comienzan a gritarse. Va a comenzar una pelea. Entonces, un grupo de estudiantes reaccionan, interrumpen la pelea y dice, “¡Hey! ¡Nosotros no peleamos! Nosotros no somos eso. Nosotros somos una escuela que construye paz”. Los chicos no dicen que no deben pelear porque ya viene el profesor. Tampoco se van a pelear afuera de la escuela. Ellos no pelean porque ya no son eso. Y esto es muy profundo, es un asunto de identidad. No se trata de lo que hacemos. Se trata de lo que somos. 

Darío: ¿Cómo se implementa en las escuelas el currículo de Peace Games?

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Eric: Hacemos 3 cosas. Por un lado, está el currículo, es decir, lo que se enseña. Por otro, está el entrenamiento y el acompañamiento, o sea el cómo se enseña. No se trata solamente de llevar el currículo y de decir: “bueno, ¡buena suerte!”. Dejas que jueguen con él, hagan ensayos y encuentren la manera de hacerlo parte de su práctica. No es difícil de hacer, es divertido y sencillo… Pero es mejor tener apoyo al comienzo. En fin, la tercera cosa es conectar a los maestros y hacer comunidad. No me interesa si hacen la lección número 4 y leen el guión exactamente como está escrito, lo que interesa es que encuentren tiempo en su día de trabajo con los estudiantes para decirles que es muy importante construir la paz. 

+Video: La escuela de la paz: educación integral

Por eso es importante que los maestros estén conectados, pues esto los hace parte de algo más grande que ellos mismos. En este momento tengo estudiantes en Los Ángeles aprendiendo a ser constructores de paz y maestros elaborando actividades. ¿Por qué no conectarlos con maestros en Bogotá, de tal manera que puedan apoyarse mutuamente y hacer el trabajo? Ser maestro es muy duro. Tienes la presión de los padres de familia, niños a los que no puedes alcanzar como querrías, gobiernos que cambian de idea cada dos o cuatro años, y todo el mundo espera lo mejor de ti, puede ser una tarea solitaria y dura. Nuestra labor consiste en conseguir que los maestros se conecten y se apoyen unos a otros. Es mediante la combinación de estas tres estrategias que pensamos que es posible construir una cultura de paz. 

Darío: En estos días estamos preparando un nuevo libro, “Los pequeños ejércitos” de Camilo Bácares. Esta es una investigación muy seria y completa sobre la participación de niños y jóvenes en los grupos armados ilegales (guerrillas y paramilitares) en Colombia. El libro nos revela que al menos 200.000 niños y jóvenes están permanentemente expuestos a estos grupos y que viven en una realidad en la que las armas son una opción para niños de 14 años en adelante. ¿Cómo ves esta situación desde tu experiencia?

Eric: La sociedad enseña a los niños a ser violentos, les enseña a odiar, del mismo modo que les enseña intolerancia. Esto no sólo ocurre en la escuela y en las familias, pasa en todos los ámbitos. Los niños no son naturalmente violentos, quizá sólo algunos pocos lo son. La violencia es algo que se enseña y se celebra. Lo que se ha aprendido después de 40 años de investigación sobre el tema es que la violencia se aprende. 

Si esto es cierto, también se puede enseñar la paz. También podemos celebrar la paz. De hecho, es algo que debemos hacer, es una obligación. Yo vivo en Boston. Hace poco hubo un atentado terrorista allí. Todo el mundo estaba asustado, todos sentían rabia. Mi punto es que hay gente en Boston que vive de esta manera todos los días. Es gente que vive en medio de violencia impredecible, por causa de las drogas, las pandillas, la policía. Así que lo que pasa allí no es muy diferente de lo que pasa en Colombia. Allí los jóvenes ingresan a ejércitos, así estos no sean ejércitos oficiales, que se dedican a vender armas y drogas, y donde el único sentido de comunidad proviene de estas pandillas. 

Lo que nosotros hemos aprendido es que si lo único que conoces es la violencia, es lo único que serás capaz de hacer, a menos que encuentres alternativas, otro cuento, una elección. Así que lo que debemos hacer con los jóvenes en Colombia que están rodeados de violencia es ofrecerles una elección; posibilidades, esperanza y una oportunidad para usar su inteligencia y su poder para hacer algo positivo. 

También quisiera decir que lo opuesto de la paz no es la violencia. Es la apatía. Paulo Freire decía que cuando luchamos sin esperanza, nuestra lucha es suicida. Lo que está pasando es que pedimos a los jóvenes en Colombia, en Estados Unidos, por todas partes, que luchen sin esperanza. Nosotros debemos darles esperanzas, pero no con promesas vacías, sino mediante algo tangible, como decirles que pueden ser productores de paz y que pueden hacer una diferencia. 

Así que creo que lo más importante que pueden hacer los adultos, ya sean padres, maestros, o lo que sea, es tomar en serio a los jóvenes. Y esto es duro. Creemos que podemos hacerlo, pero cuando lo intentamos es difícil.

Darío: ¿Tienes planes de trabajar en Colombia?

Eric: En el pasado ya trabajamos en Colombia, en Norte de Santander y en Putumayo, y aprendimos mucho. Es importante estar leyendo la coyuntura nacional, actualmente Colombia se encuentra en una mesa de negociación de Paz y es importante que todas las organizaciones públicas, privadas y la sociedad civil, inicien actividades que favorezcan este trabajo, además es importante aprovechar la apertura que se tiene frente al tema, por lo pronto estamos pensando en cómo podemos contribuir de la mejor manera. 

Actualmente se tiene nuestro currículo, que ha sido publicado por la Editorial Magisterio, y está la corporación Educación y Desarrollo, que tiene nuestro aval y toda la experiencia para trasferir la metodología de Juegos de Paz en los diferentes contextos educativos, adicionalmente, hay un gobierno que está interesado en ver cómo se puede unir a la gente, trascender diferencias y tenemos un montón de experiencia. 

Entonces yo creo que ya no se trata de hacer unas cuantas charlas o capacitaciones, sino de ver cómo creamos algo más completo y sistémico. Pero necesitamos retroalimentación de la gente para poder construir, porque las transformaciones sólo ocurren cuando la gente se relaciona. Todas las buenas cosas pasan cuando hay relaciones. No es sólo el currículo o el entrenamiento, o los grandes discursos, lo único que interesa, es clave que la gente se conecte. 

Darío: ¿Quieres enviar un mensaje a los maestros?, ¿cómo pueden ellos convertirse en constructores de paz?

Todos los jóvenes constructores de paz siempre recuerdan a un adulto que los tomó en serio. Así que creo que lo más importante que pueden hacer los adultos, ya sean padres, maestros, o lo que sea, es tomar en serio a los jóvenes. Y esto es duro. Creemos que podemos hacerlo, pero cuando lo intentamos es difícil. Cuando llega un joven y dice que tiene una gran idea para cambiar el mundo y tú le dices que está bien, que le vas a ayudar, es mucho trabajo. Es más sencillo que los chicos nos respeten, que se queden callados y se mantengan en sus puestos. El cambio social es desordenado y los adultos no queremos compartir ese poder con los jóvenes, pero eso es lo que pienso. Hay que tomar a los chicos en serio. 

Si deseas mayor información del Programa, puedes ponerte en contacto con el programa Juegos de Paz al siguiente correo: info@juegosdepaz.net

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 69