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De la educación artística a la pedagogía artística en la educación inicial

Magisterio
01/09/2016 - 11:30
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Foto de David Martín. Tomada de Flickr

 

Para el niño, la expresión artística es más que un pasatiempo, es una comunicación significativa consigo mismo, es la selección de las cosas y los materiales de su medio con los que se identifica y la organización de todos ellos en un todo nuevo y con sentido.

Lowenfeld y Lambert

 

 

Este artículo recoge algunas reflexiones en torno a la importancia de dar lugar protagónico a los lenguajes de expresión artística en la educación inicial. Las reflexiones se apoyan en la experiencia adelantada desde hace más de 35 años por el Centro de Expresión Artística, Jardín Infantil Mafalda en la ciudad de Bogotá. Es una invitación no solo a reconocer la relación vital entre arte y educación, sino a plantearse desafíos y caminos para pasar de la mera educación artística a la construcción de pedagogías artísticas, a partir de construcciones propias, acordes con la capacidad creadora de educadores y educadoras.

 

Palabras clave: Arte, infancia, educación inicial, pedagogía artística, exploración asistida.

 

Resulta importante reconstruir un poco de historia para abordar la reflexión acerca del arte y la educación inicial. Como la historia vivida es la que mejor conocemos y de la que mejor podemos hablar, será a través de ella como retomaremos algunos elementos presentes en torno a la reflexión que hoy nos convoca. El Centro de Expresión Artística Mafalda, Jardín Infantil Mafalda, es una experiencia de educación inicial ubicada en Bogotá y fundada en 1975. El proyecto desarrolla una ruta pedagógica donde los niños se apoyan en su sentir, en su capacidad de comprensión y acción para que, por medio de los lenguajes de expresión artística, la pongan al servicio de generar nuevos conocimientos y realizaciones, alcanzando un crecimiento armónico e integral. (Conozca la Revista Arte y educación)

 

A mediados de los años setenta, cuando iniciamos la experiencia, nos movía un propósito claro: aportar al crecimiento de los niños, sin dejar que se nos filtraran formas, incluso, sutiles de maltrato con frecuencia presentes en los procesos educativos. En cierta medida, teníamos más claridad acerca de lo que no queríamos hacer, que de la propuesta educativa propiamente dicha. Aún así, confiábamos en nuestra capacidad de construcción de conocimientos y en el espíritu creativo con el que hemos sido dotados todos los seres humanos. Con apenas unas pocas lecturas entre ceja y ceja, pero sobre todo, con la evocación de los momentos de alegría de nuestra infancia en el corazón, sentimos la certeza de que el arte y su aliado indispensable, el juego, serían lenguajes fundamentales para ir al encuentro de los niños. Sentíamos que ellos les permitirían a los niños el asombro, los aprendizajes y el goce necesarios para el soporte necesario para su crecimiento. Confiábamos en el arte como camino que lleva al encuentro esencial consigo mismo, con otros y con el mundo.

 

En aquella época, gentes inquietas en todo el mundo veían la educación como instrumento para construir una sociedad más humana, justa y equitativa. Se producían grandes discusiones acerca de la relación entre educación, sociedad y cultura y, por ese camino, se abría la reflexión en torno al lugar del arte en la educación. Tuvimos acceso entre otros, a la obra de Paulo Freire acerca del diálogo de saberes, de Víctor Lowenfeld sobre las artes plásticas, de Gianni Rodari referente a la literatura, de Rudolf Steiner relacionado con la euritmia, así como conversaciones con la dramaturga colombiana Julia Rodríguez acerca del teatro y los títeres, quienes nos brindaron, no solo guía y fundamentación conceptual, sino que fueron un impulso vital. Sin embargo, eran muy pocas las experiencias educativas y en particular los jardines infantiles que compartían el camino de la educación artística como impronta pedagógica. En ese entonces y hasta hace muy poco, predominaba una concepción de infancia en la que los niños eran vistos como seres vacíos, que necesitaban ser formados moldeándolos y llenándolos de información.

 

La idea acerca de la infancia como sucesión de etapas unilineales de desarrollo evolutivo y universal, marcaba las prácticas pedagógicas, orientadas a la obtención de logros. Se entendía la educación inicial como un paso previo a la educación propiamente dicha, es decir pre-escolar, en donde se debería aprestar a los niños para lo realmente importante: la educación básica. Las actividades al interior de los jardines se enfocaban a realizar ejercicios repetitivos que conformaban el pre-lenguaje, pre-matemáticas, etc., definidos por un plan dirigido a la medición de resultados.

 

El arte en la educación bajo esta antigua concepción, que desafortunadamente apenas se empieza a superar en nuestro país, ha sido entendida por muchos como una forma de entretenimiento que alegra a los niños, como “manualidad” que sigue moldes dados en cuadernos para colorear, patrones para puntear, cortar, rasgar etc., como estrategia de “motivación” para hacer que los niños ejecuten ejercicios de aprestamiento, con la finalidad de presentar “espectáculos” para exaltar el ego o como lugar de competencia, en el que se destacan unos pocos y se excluye a muchos. Esta misma concepción se ha visto claramente reflejada en los referentes estéticos presentes en la idea de “decorar”, lo que, por demás, es cuestionable, pero, además, por medio de imitaciones de la imagen tan frecuentemente comercializada de lo infantil.

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En nuestra experiencia, sostener y consolidar una propuesta pedagógica para la educación inicial en la que los lenguajes de expresión artística sean elementos estructurantes, al tiempo que desarrollar una pedagogía artística coherente con los principios de la concepción de infancia, persona y sociedad presente en lo que se llamó nuevas pedagogías, ha sido, sin duda, central. Hemos imaginado, experimentado, ideado, debatido, investigado y creado con cada día. La travesía conceptual y, claro está, el arte mismo, han sido y siguen siendo sustento para la exploración pedagógica.

 

Discusiones de larga data como aquella acerca de la validez del uso del arte con fines pedagógicos o de si el arte sólo puede tener sentido por el arte mismo, nos ubicó en los lenguajes de expresión artística, más que hablar del arte en un sentido genérico. La expresión artística toma la dimensión de lenguaje en la medida en que contiene morfologías, gramáticas, sintaxis y semánticas propias. A estos lenguajes se accede por múltiples vías, pero las más reconocidas están dadas por el acceso que nos facilitan medios como el sonido, la luz, el cuerpo, el movimiento, la palabra y los objetos. Así mismo, es importante enfatizar que el carácter de nuestro proyecto está en la educación artística, que no en la formación de artistas. (…) Durante la primera infancia, los medios expresivos y las artes, no se excluyen entre sí, sino al contrario, tienden a integrarse. La música incluye la poesía, la literatura incluye el ritmo, el teatro incluye la literatura, las plásticas el movimiento, y así sucesivamente. Entendemos que la expresión artística toma cuerpo a través de medios expresivos como son la música, la danza, la literatura, el teatro, las plásticas y otros medios visuales.

 

Las expectativas tanto en la instancias oficiales como en muchos padres y madres de familia acerca de la educación en función de necesidades sociales, nos llevó a fortalecer una posición donde vemos e interactuamos con los niños como seres únicos e íntegros, como sujetos que poseen saberes, que tienen derechos y donde entendemos que le corresponde a la pedagogía proteger y potenciar la unicidad de su Ser. Encontramos afinidad con la mirada de Rudolf Steiner ante esta posible ambivalencia: No hemos de preguntarnos qué necesita saber y conocer el ser humano para el orden social, sino qué potencial hay en el hombre y puede desarrollarse en él. Así será posible aportar al orden social nuevas fuerzas procedentes de la generación joven. De esta manera, siempre pervivirá en este orden social lo que hagan de él los hombres integrales que se incorporen al mismo y no se hará de la nueva generación lo que el orden social quiere hacer de ella.

 

A estas alturas de nuestro proceso, no guardamos dudas acerca de cómo los lenguajes de expresión artística son un camino fiable para que el niño y la niña expresen sus sentimientos, sus ideas, sus necesidades e intereses que no se limita simplemente a un proceso de dejar hacer por medio del arte. Sabemos que el arte es un lenguaje del cuerpo, del pensamiento y del alma, en el que se construyen significados, ya sea dibujando, modelando, musicalizando o dramatizando o acercándose a la cultura desde las producciones literarias. Los lenguajes de expresión artística abren posibilidades infinitas para que, de manera espontánea, los niños “dejen su huella” por medio de la exploración, composición y transformación de elementos corporales, sonoros, visuales, materiales, de la oralidad o la escritura.

 

A lo largo de este complejo proceso nos hemos planteado la necesidad de hacer de la educación artística una pedagogía artística. Para ello, ha sido necesario profundizar en la filigrana pedagógica y redimensionar nuestras concepciones y prácticas educativas. Por esta vía han sido muchos los interrogantes que nos hemos planteado, pero haremos apenas una ligera mención de tres de ellos:

 

  • ¿Es posible potenciar un desarrollo pleno e integral en los niños por medio de los lenguajes de expresión artística, como nos compete a los proyectos pedagógicos?
  • ¿Es consecuente dar prioridad a una de las formas del arte, sobre las demás?
  • ¿Qué recorridos metodológicos necesitamos trazar para desarrollar una pedagogía artística?

 

Sabemos que estos interrogantes no tienen respuestas únicas, ni mucho menos que conformen verdades estáticas o absolutas. Las respuestas que nos surgen se transforman en nuevas preguntas, como fruto de las dinámicas sociales, de la reformulación de concepciones y las reorientaciones en el aula. Tal vez, lo más valioso de ese proceso radica en el cuidado, la honestidad y la conciencia con que llevamos nuestros procesos.

 

  • Para dar respuesta al primer interrogante, partimos de la premisa de que durante la primera infancia, la apertura del mundo representa para el niño el descubrimiento de sí mismo, de su propio cuerpo como distinto de lo que lo rodea y, principalmente, el encuentro con el cuerpo social representado por su familia, los demás educadores y sus pares. Proyectar su vida, significa apropiarse de los medios fundamentales para relacionarse con ese mundo, siendo, entonces, su logro más significativo el reconocerse como persona en medio de personas, de seres vivos y de objetos inanimados que se encuentran en interdependencia mutua, a través de relaciones que son complejas y constantemente transformadas por la acción. Entendemos que la potenciación plena, integral e integrada de los procesos cognitivos, corporales, emocionales, sociales, culturales y espirituales, ha sido posible gracias a una orientación cuidadosa y pormenorizada de elementos constitutivos de cada lenguaje de expresión artística, de un acompañamiento personalizado de los niños, en donde se ubiquen sus fortalezas y aspectos de énfasis que requieran de un proyecto individual.

 

La expresión musical genera en los niños sentimientos de alegría que elevan su estado emocional y su espíritu. El canto, la euritmia, la expresión corporal, las representaciones coreográficas, la construcción y ejecución de diversos instrumentos, la composición, la apreciación, audición y el análisis de obras musicales, conforman el gran universo sonoro que envuelve a la sociedad. La música permite posibilidades de experimentación y de realizar asociaciones, clasificación, inferencias, asociaciones, clasificaciones, formular hipótesis, verificaciones, seriaciones, anticipar o establecer relaciones de proporción, cantidad, dimensión, equivalencia, son base fundamental para la inserción de los niños en el sistema numérico. (Conozca el libro Juego musical y aprendizaje).

 

El juego dramático conformado por el teatro, la animación de objetos/títeres e incluso actos performativos, les permite a los niños recrear la imaginación y la literatura, “haciendo como si…”. En este acto creativo, ellos ponen sus saberes, la fantasía, la comunicación, su relación con el tiempo y el espacio para representar su mundo y el mundo por medio del cuerpo, del gesto, de la palabra y del movimiento. El juego dramático se sitúa en el juego espontáneo, las salas de teatro, el circo, el teatro callejero, etc. Por medio del juego dramático se permite la espontaneidad, coordinación y manejo intencionado del movimiento, al tiempo que se sucede una conformación de la vida social mediada por la equidad, la participación, la cooperación, el reconocimiento y el respeto de sí mismo, del otro y de lo otro. (Lea: El juego en el desarrollo de procesos del pensamiento creativo)

 

La expresión gráfico-plástica se logra, fundamentalmente, por medio el color y la imagen. Ella invita a los niños a incursionar en el dibujo, la pintura, el modelado (cerámica), la escultura, el cine, la infinidad de construcciones posibles con materiales, objetos o elementos del medio. Además del salón de clase, es en el espacio familiar y personal más íntimo, en los museos, la ciudad y sus espacios arquitectónicos donde los niños pueden crear y recrearse en este medio expresivo. La expresión gráfica como forma de escritura conlleva a la realización de operaciones que permiten la inserción en el sistema letrado. (Conozca: Didácticas innovadoras: hacia una formación infantil integral y La expresión artística en el preescolar).

 

Foto de niñas ante el espejo

 

La expresión literaria la experimentan los niños desde antes de nacer, en la escucha de los sonidos del cuerpo interior de su madre y del mundo exterior. Allí graban tonalidades, estados de ánimo y significados presentes en el lenguaje. Cuando el niño empieza a ser nombrado, esto le crea un lugar, surge a la vida en un mundo de lenguaje que se vuelve fundamental en su existencia. A través de las narraciones y la literatura, el niño da significado y sentido a su mundo, estableciendo un diálogo consigo mismo y otros, movilizando pensamientos, emociones y afectos a partir de palabras, gestos, sonidos, formas, signos, símbolos, movimientos y colores. El libro se constituye en fuente de vínculo y de goce, de imaginación y juego, como objeto de vida e instrumento de conocimiento de la realidad.

 

  • El segundo interrogante nos lleva al hecho que frecuentemente vemos cuando al hablar de arte en la educación se hace referencia a las artes plásticas, distinguiéndola de la literatura, la música o la dramaturgia. Más allá de la delimitación de los campos del arte, hemos cuestionado profundamente si es posible establecer prioridades. La manera natural en que los niños gozan e integran los lenguajes de expresión artística, transitando por el movimiento, el color, el sonido, la palabra, la animación de objetos o el gesto, como mencionábamos antes, nos han llevado a situarnos en el reconocimiento equitativo de todos los lenguajes. Buscamos brindar las mismas posibilidades a los niños en su exploración para que, eventualmente, decidan centrarse en una u otra. De esta manera encontramos que en nuestra gran aula, cada lenguaje del arte es un “atelier/taller”, si lo pusiéramos en términos de Reggio Emilia, todos nuestros espacios tienen el carácter de “taller”.

 

Habitar el aula como lugar de bienestar, aprendizaje, creación y riqueza estética envuelve todo el espacio, incluye, hasta los baños. Allí por ejemplo, se integran la posibilidad de experimentar la importancia de una relación de intimidad corporal y de cuidado personal, acompañados de la palabra y la fantasía, del sonido, los gestos, el movimiento o las imágenes. Hemos desarrollado un proceso de diseño de estos espacios donde los principios armonizadores han estado presentes y en el que los niños han participado activamente.

 

Fotos baños

 

  • El tercer interrogante nos ubica ante uno de los componentes más difíciles de establecer en un proyecto educativo. Se refiere a los aspectos epistemológicos que subyacen a los procesos de enseñanza-aprendizaje. La concepción de construcción de conocimiento que contempla la esfera de la metodología, requiere de un delicado proceso de constante revisión que permita establecer de qué manera se están adquiriendo conocimientos. No se trata, simplemente, de un proceder mecánico o de la transferencia de técnicas del arte, sino de una lógica de pensamiento, de construcción de sentidos y sentires. Trazamos en nuestra experiencia pedagógica una propuesta metodológica que hemos llamado una exploración asistida. El punto de partida está en la concepción misma del niño que marca una manera de relacionarse e interactuar con su desarrollo como ser humano. Los docentes nos situamos como sujetos culturales dinamizadores de procesos cognitivos por medio del acompañamiento. Nos proponemos asistir al niño estando atentos a su bienestar, salud y seguridad como nos corresponde, pero permitiéndole responder a su curiosidad, explorar, expresar, entender cuáles pueden ser las causas y consecuencias de sus acciones y los fenómenos presentes en la realidad próxima. La pregunta problematizadora es la mediadora del acompañamiento, motor de la comprensión, la interpretación, de la acción y de la proposición. Así, antes que dar al niño instrucciones o resultados que se convierten en limitantes, nos proponemos una exploración asistida que construye una verdadera autonomía y anima la búsqueda vital para la vida.

 

Muchas más reflexiones deben ser tenidas en cuenta por este camino de la conformación de la pedagogía artística en la educación inicial. Para mencionar apenas algunos de gran relevancia: ¿De qué manera afecta la propia capacidad creadora de los docentes, en la presencia de los lenguajes de expresión artística en el aula de educación inicial? ¿De qué manera contribuye la expresión por medio de lenguajes artísticos en los procesos de fortalecimiento cultural presentes en la intraculturalidad, la interculturalidad y la inclusión social?

 

A lo largo de casi cuatro décadas, seguimos confirmando que los lenguajes de expresión artística junto con otros elementos fundamentales del proyecto, como la exploración asistida, la pedagogía por proyectos, el desarrollo personal, constituyen el entramado pedagógico de una educación para la vida. Ahora bien, se trata de un proceso que, necesariamente, incluye a las familias y al conjunto del equipo pedagógico.

 

Foto padres de familia disfrazados

 

Hoy podemos celebrar que se expanden las iniciativas que dan lugar protagónico a los lenguajes de expresión artística en la educación inicial. Experiencias como la adelantada por Loris Malaguzzi en Reggio Emilia han sido recibidas en el país con asombro y con los brazos abiertos. Esperamos que, de igual manera, otras experiencias del mundo nos continúen llegando para inspirar nuestros procesos educativos pero, sobre todo, confiamos en que podamos construir pedagogías propias para que la autenticidad dé vuelo a nuestra propia capacidad creadora.

 

 

La autora

Antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia. Cofundadora y directora del Centro de Expresión Artística y Jardín Infantil Mafalda desde 1975. Es catedrática del Departamento de Antropología de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha sido investigadora y autora de numerosos textos en las áreas de antropología social, educación e infancia. Ha sido consultora del MEN y de Secretarías de Educación, entre otras dependencias gubernamentales y es asesora del programa IDIE de la Organización de Estados Iberoamericanos y del programa Ipec de la Organización Internacional del Trabajo.

 

Tomado de: Revista Internacional Magisterio No. 49. Arte y educación

 

Foto de David Martín. Tomada de Flickr