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Desafíos de la educación intercultural en la escuela

Por Ana Lucía Rosero Prado , Por Patricia Lasso , Por Sandra Liliana Londoño
Magisterio
05/07/2018 - 14:45
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Foto de Pixabay

Introducción 

La presentación de hoy la hemos denominado “Desafíos de la Educación Intercultural en la Escuela”, y el título resulta suficientemente amplio como para entender que en este lapso en que podremos intercambiar sobre el tema no quedarán todos los desafíos posibles agotados. Solo podremos referirnos a unos cuantos, que no pretenden ser exhaustivos y que seguramente no recogen muchos de los que, en la experiencia cotidiana de quienes trabajan con educación intercultural, se priorizan cotidianamente.

Hemos seleccionado cinco desafíos que pueden ser motivo de debate y que en virtud de las necesidades particulares de cada pueblo, del Estado, de las instituciones, de los maestros y de los estudiantes pueden tener diferente prioridad. La motivación de presentarlos tiene que ver con un trabajo de investigación que actualmente desarrollamos desde la Universidad de San Buenaventura Cali, que busca realizar un acompañamiento a la Escuela Intercultural Indígena de la Ciudad de Cali, en sus procesos de fortalecimiento y consolidación de su propuesta educativa.

Queremos partir de una premisa y es que la necesidad de la educación intercultural ya ha sido ampliamente reconocida y existen normas internacionales y locales que así lo confirman. Solo para nombrar algunas podría enunciarse el Convenio número 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de 1989, para pueblos indígenas y tribales, ratificado a través de la Ley 21 de 1991 por Colombia, pero también la Convención Internacional para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (1965), la Convención Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966), la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas Pertenecientes a Minorías Étnicas, Religiosas y Lingüísticas, la Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (ONU, 2007), la Declaratoria de Naciones Unidas de la Segunda Década de los Pueblos Indígenas 2005-2015 y a nivel local, la Ley 70 de 1993 o Ley de las Comunidades Negras y el Decreto 1953 de 2014 para los pueblos indígenas. Estos marcos regulatorios así como en general los cambios constitucionales en América Latina, a partir de los años noventa, muestran los resultados de los procesos y luchas políticas de los pueblos étnicamente diferenciados por sus derechos entre los que desde luego se distinguen aquellos que se relacionan con la educación y a través de ella, su derecho a la pervivencia cultural y como pueblos. 

Una vez reconocida la importancia de la lucha de los pueblos étnicos de acceder a una educación que respete, promueva, conserva y fortalezca sus valores culturales y su identidad que se expresa en las normas ya citadas y en un conjunto más amplio de foros mundiales, eventos y declaratorias, nos parece oportuno identificar lo que hemos de entender aquí por educación intercultural y en particular, educación intercultural en la escuela.

Consideramos que la educación intercultural, si bien se puede hacer a partir de la diversidad propia de cada pueblo o de diferentes pueblos, indígenas, afrodescendientes, Rrom, raizales o palenqueros, también podría, dada su pertinencia y relevancia, estar abierta a cualquier estudiante en el país y a muchos grupos sociales que tienen necesidades o características particulares que requieran atención diferencial, por ejemplo, personas en situación de discapacidad, con vulnerabilidad social o económica o que han estado expuestas a condiciones de violencia o a algún tipo de catástrofe humanitaria (Aguado, 1991).

Respecto de lo anterior, sería importante decir que este es para nosotras el primer desafío que pensamos que se hace necesario considerar para la educación intercultural del presente y de los próximos años en un país como Colombia:

Primer desafío 

Una educación intercultural para todos.

Este desafío implica poder transformar las escuelas en lugares capaces de construir currículos interculturales que sean el resultado del esfuerzo institucional por constituirse y desarrollarse a partir del diálogo entre actores sociales diversos, polarizados y contradictorios. La escuela que emerja de este esfuerzo se caracterizaría no solo por recibir estudiantes diversos, atendiendo con pertinencia a sus particularidades y necesidades sino que implica el cambio de toda la institución para afrontar las tensiones que emergen no solo de la diversidad interna, sino también de las demandas del Estado, de sus sistemas de calidad y de certificación y de todas las demás presiones que convergen en la escuela de acuerdo con los fines nacionales y globales. Una educación intercultural para todos implica entonces hacer compatibles y poner en diálogos normas, valores y visiones del mundo que pueden llegar a ser realmente muy diversas. 

Consustancial a este reto está el poder lograr una interculturalidad equitativa. Esto quiere decir, renunciar a la preponderancia de una cultura o un saber por encima de los otros o resistir la tentación de anular a quien sea minoritario o menos fuerte epistemológicamente en la escuela, aun en el caso en que quien trate de imponerlo sea un pueblo indígena o cualquier otra comunidad o grupo en la institución. 

Implica también comprender el papel que puede tener la educación convencional, llamada occidental u occidentalizada, bajo los parámetros de ciencia moderna y monocultural, que habría de entrar en diálogo con otras maneras de adquirir o producir conocimiento y que seguramente debería en el trance procurar el reconocimiento de proyectos y planes de vida de pueblos y comunidades con sus particulares expectativas y metas y sus propios conocimientos, metodologías y perspectivas de saber.

 Segundo desafío: interculturalizar el sistema educativo como totalidad

 La labor de la escuela intercultural queda trunca si a su vez no promueve el cambio de todo el sistema a su alrededor. Si la escuela no considera todos los niveles formativos, la labor que realice en su escuela local y específica se perderá cuando el estudiante continúe en los siguientes momentos de su proceso educativo. La alianza con todo el ciclo formativo permite que los diferentes niveles se preparen, investiguen y hagan propuestas que posicionen y hagan visible una formación intercultural para todos, desde el comienzo de la vida y para siempre.

 La incidencia en todos los momentos formativos va limando asperezas y transformando actitudes racistas y descalificadoras que abundan en la sociedad y que contribuyen a que los estudiantes no sean recibidos con una actitud abierta, no se les brinden oportunidades, se discriminen, no se atiendan diligentemente sus necesidades o se permita el rezago y la deserción por razones que pudieran prevenirse o afrontarse. 

Esta interculturalización debe alcanzar a la sociedad en general para que se prepare y reciba de una manera abierta y dispuesta a quienes tienen otras maneras de ver e interpretar el mundo. Una clave para hacerlo es promover las redes de conocimiento y colaboración, a través de por lo menos tres elementos en la vida de la institución:

  •  La colaboración en la construcción de los currículos, a fin de que se incorporen al proceso, las comunidades y las distintas organizaciones y personas que tienen que ver con la escuela e incluso algunas que amplían su espectro de influencia y cooperación, por ejemplo, otras escuelas o comunidades que podrían aportar o beneficiarse del proceso.
  • La socialización en red de la producción de la escuela, de sus innovaciones pedagógicas, de sus buenas prácticas, de sus éxitos y de sus dificultades. 
  • La participación en las mesas intersectoriales y en los espacios donde se definen, consultan y construyen las políticas públicas. 

Tercer desafío: no estandarizar la educación intercultural

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Resistir la tentación de la estandarización (Quijano, 2000) para el aseguramiento de su calidad o de sus procedimientos. Un detalle importante para este tipo de educación es su capacidad creativa para ajustarse y desarrollar respuestas específicas y pertinentes a cada contexto y momento. No parecería deseable generar un modelo único para educar interculturalmente pues lo que caracteriza precisamente esta educación es la necesidad de la concertación con quienes hacen parte de la escuela, la diversidad que tensiona las formas únicas de hacer, de enseñar y de aprender y el reconocimiento de las identidades y culturas (Mignolo, 2003) que exige mantener la diversidad y la capacidad de reflexionar para rehacer, reconocer o replantear según sea necesario para cumplir con las aspiraciones de quienes acuden a este tipo de escuela. Esta no estandarización debe permitir flexibilidad como una condición sustancial de la propuesta. 

Cuarto desafío: formar buenos docentes interculturales 

Buena parte de la acción educativa se realiza a partir del fortalecimiento de los procesos de formación de docentes interculturales. Un docente en el sistema puede tener diferentes niveles de interculturalidad, por lo que no basta una formación sobre pedagogía y didáctica para la interculturalidad, se hace necesario tocar las personas profundamente y permitirles avanzar hacia una interculturalidad que no sea solamente la aceptación de la diferencia sino la disposición a cambiar valores y perspectivas para favorecer la. Implica también que puedan actuar como verdaderos traductores interculturales que pueda tramitar o desarrollar lo antagónicos o contradictorios de los conocimientos y valores y que pueda decir en otras palabras y en otras lenguas una misma idea (Walsh, 2008). El maestro intercultural en formación tendría que disponerse para aprender diferentes idiomas (esto puede ser muy difícil para adultos con lengua materna diferente), tendría que conocer distintas cosmovisiones, tendría que manejar distintos saberes relacionados con su campo de conocimiento, tendría que poder adaptarse a distintas maneras de aprender y de producir conocimiento, tendría que estar en capacidad de hacer trabajo colaborativo entre culturas, producir y usar materiales y metodologías apropiadas, entre muchas otras facultades.

Quinto desafío: procurar las ayudas y condiciones necesarias para aprender

La escuela intercultural tiene el desafío de acompañar el estudiante en su proceso formativo, preocupándose por el antes y después de su formación. Muchos de los elementos que rodean la formación intercultural, sus éxitos, fracasos y devenires tienen que ver con la precariedad de condiciones que enfrentan los estudiantes y algunas veces los maestros que acuden a ellas. En un sentido local, la educación intercultural no necesariamente es una educación global (donde se encuentran culturas y lenguas del mundo, cosmopolita y altermoderna), la educación intercultural puede estar poniendo en concurrencia estudiantes y profesores que provienen de más de una forma de exclusión, es decir, aquella que tiene que ver con pobreza, exposición a la violencia, discriminación social y otros flagelos que demandan a la escuela nuevas adecuaciones.
 Un gran desafío de esta escuela intercultural es entonces fijar la atención sobre la producción de condiciones necesarias para mitigar e incorporar en forma adecuada estos obstáculos a los procesos educativos para que no impidan la labor de la escuela. 

Algunas ideas a modo de cierre

La educación intercultural es necesaria en un país como Colombia y en una región suroccidental tan diversa étnica y culturalmente. Existe un amplio marco legislativo y una consciencia global sobre la importancia de afrontarla y desarrollarla en el mundo y en particular en Latinoamérica. 

La educación intercultural no implica solo la concurrencia de profesores y estudiantes en escuelas creadas para atender necesidades de pueblos étnicamente diferenciados, ni en instituciones convencionales que realizan adecuaciones para responder con pertinencia a la diversidad de su entorno. La educación intercultural implica una transformación profunda de las instituciones que se proponen este tipo de educación, que empieza por trabajar en colaboración con las comunidades y pueblos (Gentil, 2001) para la construcción de currículos y propuestas culturales que atiendan sus prioridades, necesidades y justas aspiraciones. Una educación de este tipo debe ser una educación para todos. 

Existen muchos retos para la educación intercultural, cinco de ellos pueden ser: 

1. Una educación intercultural que facilite el diálogo entre la diversidad de culturas: pueblos indígenas, comunidades afro, raizales, palenqueros, Rrom, ya de por sí diversos interiormente, y otras formas de diversidad: mestizos, campesinos, población LGBTI, población en situación de discapacidad, entre otras posibilidades.
 2. Interculturalizar todo el sistema educativo en general. Todos los niveles de formación fomentando la cooperación, la colaboración y el aprendizaje mutuo. 
3. No estandarizar la educación intercultural para permitir el verdadero desarrollo de la diversidad. 
4. Formar docentes interculturales. 
5. Procurar las ayudas y condiciones necesarias para aprender. 

Referencias 
Aguado, M. (1991). La educación intercultural: concepto, paradigmas, realizaciones. En M. Jiménez, Lecturas de pedagogía diferencial (pp.89-104). Madrid, España: Dykinson.
Gentil, P. (2001). Un zapato perdido, o cuando las miradas saben mirar. Cuadernos de Pedagogía, (308), 24-29.
Mignolo, W. (2003). Historias locales / diseños globales. Colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo. Madrid, España: Akal.
Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En E. Lander (Comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires, Argentina: CLACSO. 
Walsh, C. (2008). Interculturalidad crítica, pedagogía decolonial. En W. Villa y A. Grueso (Comps.), Diversidad, interculturalidad y construcción de ciudad. Bogotá, Colombia: Universidad Pedagógica Nacional/Alcaldía Mayor.

Tomado de http://bienal-clacso-redinju-umz.cinde.org.co/IIBienal/memorias/Eje%205_... de la educación intercultural en la escuela pp 154-161.

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