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Desde un laboratorio escolar se combate a los temidos caracoles africanos

Magisterio
12/09/2018 - 15:00
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Foto de Pixabay

Los estudiantes de Mocoa, son defensores incondicionales de los animales. Así lo han demostrado en los trabajos y proyectos que han presentado a lo largo de su educación básica primaria y secundaria en la Institución Educativa Fidel de Montclar en Mocoa (Putumayo). Pero el aprecio hacia todo tipo de especies cambió cuando a la parcela del padre de una de los estudiantes llegó el temido Caracol Africano que en pocos días destruyó parte de los cultivos de maíz.

“Había que tomar cartas en el asunto”, reconoce la pequeña estudiante de 15 años quien cursa grado 11, pero que ya tiene la actitud propia para reconocer que existe una plaga que se debe combatir porque afecta el medio ambiente y la salud. 

La pérdida del cultivo de su padre hizo que la niña investigara sobre estos invertebrados. Encontró que los caracoles africanos pueden llegar a medir 20 centímetros de longitud y que representan un riesgo para los seres humanos y animales ya que pueden producir enfermedades intestinales, meningitis, trombosis y en el peor de los casos, la muerte. 

El Caracol Gigante Africano llegó a Colombia en la primera década del siglo XXI por las fronteras con Venezuela y Brasil. Quienes conocen la historia aseguran que fue traído bajo la creencia popular que ayuda a regenerar la piel. Lo cierto es que con los años este molusco, a simple vista inofensivo, se convirtió en un animal indeseable porque su dieta está compuesta por 800 variedades de plantas. Además es catalogado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), como una de las 100 plagas más peligrosas del mundo. 

La inquietud que tenía la pequeña era compartida por otros estudiantes del colegio quienes en el salón de clase explicaron  a sus profesores que el molusco de caparazón color marrón no solo estaba en los campos o en las plantaciones, sino que también convivían con ellos. A diario los veían en los jardines de sus casas, mercados y parques. “Es una situación preocupante y por eso nos interesamos en este proyecto para buscar fórmulas y erradicarlo”, recuerda el profesor del colegio líder. 

Tras realizar entrevistas con pobladores, conocieron que los caracoles se reproducían muy rápido y nunca aparecían al lado de plantas aromáticas. Los estudiantes habían avanzado en un proyecto para crear perfumes, por lo que tenían un camino allanado. Especies como el romero, el tomillo, el limoncillo, la albahaca, repelen su presencia. Con el conocimiento construyeron un alambique para extraer las esencias que podrán ayudar a su erradicación. El proyecto fue presentado a los jurados de Diseña el Cambio de la Fundación Terpel que prestó asesoría en el método de pensamiento de diseño y los inspiró para la formulación y su desarrollo. 

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Los resultados no se hicieron esperar. Los niños aprendieron sobre la responsabilidad que deben tener con el medio ambiente y el riesgo de traer especies peligrosas, sus avances los hizo merecedores de un reconocimiento. La tarea no ha terminado y hoy continúan gestionando recursos para combatir esta especie foránea que afecta la biodiversidad y pone en peligro a quienes tienen contacto con esta plaga. 

Invitamos a nuestros lectores a conocer otras historias inspiradoras en la web de la Fundación Terpel  y participar de su iniciativa Diseña el Cambio que busca premiar a los maestros, escuelas y estudiantes, que sueñan y trabajan por una mejor educación. 

Fundación Terpel - Diseña el cambio 

Foto de Pixabay