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Días de radio y televisión popular

Magisterio
29/08/2019 - 11:00
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By Freepik

Colombia ha sido un país afecto a la radio, su injerencia en asuntos trascendentales de la historia como el 9 de abril de 1948 y otros eventos que están en la memoria es incuestionable. Así, mientras en Brasil se experimentaba el proceso de educación popular con Freire, al cual haremos referencia posteriormente, en Colombia un proyecto mediático de corte confesional se tomaba los campos y hacía lo propio desde una práctica ligada al poder. De igual manera, otros sucesos mediáticos de arraigo popular como el bolero, el tango y la ranchera ingresaban a los hogares colombianos reduciendo distancias y mostrando posibilidades en cuanto a lo popular. Unos años más tarde, con igual fuerza, irrumpió la televisión, que se disputa hoy con la radio el mercado de audiencias. 

Las generaciones que han vivido después de los años cincuenta y sesenta han experimentado cambios bruscos y fantásticos en cuanto a la tecnología, la educación y la cultura, si por ella se entiende las formas de vivir, trabajar, pensar, aprender, relacionarse con los otros y reconocerse a sí mismo. Sin embargo, desde entonces, cada generación que sucede a la anterior parece vivir con mayor desenfreno y vértigo. 

Gracias a la vuelta a Colombia en bicicleta y a la voz de los locutores, la población aprendió más geografía colombiana que en todas las clases de la escuela

Quienes vivieron la violencia partidista colombiana, posterior al 48, fueron los primeros sujetos mediáticos. Eran, como en la película de Wody Allen, días de radio en los que los locutores se pasearon por las montañas, valles, planicies, ríos, ciudades, pueblos y veredas, acompañando a los ciclistas. Gracias a la vuelta a Colombia en bicicleta y a la voz de los locutores, la población aprendió más geografía colombiana que en todas las clases de la escuela y supo que Argentina, además de mate producía futbolistas: el dorado del fútbol no hubiera podido existir ni tampoco el suspiro masivo del bolero; el drama del tango, la alegría del chachachá o el mambo o el macho de la ranchera mexicana no hubiera existido sin los millares de transistores que iban pegados al oído de la población colombiana. Tampoco hubiera sido posible el adormecimiento social y el control disciplinar. Entre tanto, los días domingos, las salas de cine les ponían cuerpo a las voces de María Félix, Pedro Infante, Agustín Lara, Jorge Negrete o Carlos Gardel. 

+Conozca el libro Los medios de comunicación y la sociedad educadora

pero algo parecía no haber cambiado: era la creencia firme y la devoción sobre lo que decían las noticias de la radio: todos pensaban que eran objetivas, veraces e incontrovertibles; ese quizás fue el legado más penetrante de la radio que aún se mantiene como una lapa en las prácticas adoptadas alrededor de la televisión.

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Sin embargo, la mole bogotana experimentó una golpiza de la turba y los campos empezaron su repliegue y desplazamiento; pero algo parecía no haber cambiado: era la creencia firme y la devoción sobre lo que decían las noticias de la radio: todos pensaban que eran objetivas, veraces e incontrovertibles; ese quizás fue el legado más penetrante de la radio que aún se mantiene como una lapa en las prácticas adoptadas alrededor de la televisión. Por supuesto este acaecimiento en la vida colombiana también cambió las prácticas pedagógicas y en la escuela ya no sólo habitaban maestros y estudiantes, ahora había maestros en forma de grabadoras o televisores. 

+Lea: Cine Club Memoria. “Un espacio para el debate juvenil a través del cine”

Título tomado del libro: Pedagogías críticas. Europa, América Latina, Norteamérica. Autor: Miguel Ángel Maldonado García. pp. 49-50 

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