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Educación en casa: una filosofía de vida

Por Luz Ángela Moreno Flórez
Magisterio
13/12/2017 - 11:00
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Foto de bristekjegor. Tomada de Freepik

La vivencia fundamental que le da sentido a la vida de todo ser humano es el Amor. Amar y sentirse amado por otro es la experiencia más enriquecedora y gratificante en la vida. Cuando te enamoras tu mundo toma color, forma, sabor; ese otro le da una energía y un brillo distintos, encuentras alegría y motivación. La vida adquiere otro significado porque no reside en ti sino en el otro y las cosas que normalmente suceden y que haces son más especiales. Dejas de pensar y actuar sólo en y para ti, abandonas tu egocentrismo para darte al otro; por esta razón formas pareja y por la misma razón decides formar una familia. Tener un hijo es la decisión más trascendental que una pareja puede tomar en la vida. Ser padres es la elección más satisfactoria y gratificante que realizan dos personas que se aman. Un hijo te cambia la percepción que tienes de la vida. ¡Cambia tu mundo!.

 

Ser madre se aprende y son nuestros hijos los maestros en esta profesión. Es la oportunidad única y maravillosa de redimensionar tu mundo, de reestructurar tus prioridades y de redefinirte como persona: ¿Quién soy? ¿Cuál es mi verdadero propósito en la vida? ¿Para dónde voy? Son las preguntas fundamentales que surgen en tu mente cuando tienes a esta pequeña criatura en tus brazos por primera vez. Tener un hijo no te convierte en madre, la maternidad inicia cuando nace tu bebé y es un proceso particular que tienes que vivir siendo, sintiendo y haciendo. No hay un curso ni una metodología. ¡Y ahora! ¿Qué hay que hacer? Pero, principalmente: ¿Qué voy a hacer yo? No tienes ninguna preparación previa ni el conocimiento necesario para hacerlo, sólo debes responder con el corazón y dejarte guiar por la intuición. Es esta respuesta la que define tu postura en la vida y determina el camino que vas a seguir como madre. No tienes tiempo para pensar, elegir o decidir sólo para ser y sentir.

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+Lea: Educación en casa

 

Decidir como mujer, esposa y madre, quedarse en el hogar al cuidado de los hijos y hacerse responsable de su crianza y educación es la opción libre y voluntaria que hacemos muchas mujeres para disfrutar del placer de criar a los hijos personalmente: disponer de todo el tiempo para estar con ellos pequeñitos cuando demandan tanta dedicación: amor, tiempo, atención, cuidados, protección, asesoría, apoyo, compañía y respaldo es un privilegio que nos disfrutamos día a día. Poder estar presente en todos los momentos de su desarrollo siendo testigos del misterio y sabiduría natural de la vida y convirtiéndonos en facilitadores de todos los procesos, asombrándonos ante cada pequeña y gran adquisición que va repercutiendo paulatinamente en su crecimiento físico, en su aprendizaje académico y en la construcción de su personalidad: -el dominio de sí mismos- haciéndolos cada vez más competentes, responsables y conscientes del don maravilloso de la vida es una vivencia única y una satisfacción personal invaluable.

 

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La presencia activa de la madre, estar ahí, en el proceso de crecimiento del niño es fundamental en la estructuración de la personalidad y el desarrollo óptimo de todas sus potencialidades. Los días pasan y te vas enamorando y apegando a ese pequeño ser que depende de ti en todo y ya no quieres separarte de él o dejarlo sólo, renuncias a todo por disfrutar de su compañía: su amor, sus besos, sus caricias, su inocencia y su ternura. ¡Quedas atrapada! Y sin embargo, crecen tan rápido y aprenden a hacerlo todo tan espontánea y hábilmente que no te das cuenta y ya son grandes. La vinculación afectiva que genera la convivencia diaria a través de todas las actividades que se realizan en el hogar deriva en un sentido de pertenencia que se convierte en la clave de la seguridad y la confianza que el niño adquiere de sí mismo. Decides quedarte en casa para ser mamá, das tu vida: compartes tu tiempo para cuidar a tu bebé velando por su bienestar; pero más importante aún para hacer el aprendizaje más valioso de tu vida: aprender a amar y a ser feliz. Un niño es felicidad pura en su máxima expresión. Así inicias tu proceso de autoconocimiento personal que no puedes realizar en ningún otro espacio ni tiempo sino en el seno de tu hogar con tu familia. Un hijo pone a prueba tu construcción como persona, es el único ser que en el silencio de su presencia y sin preguntar cuestiona tu estilo y filosofía de vida: tus hábitos, prioridades y principios porque siempre está ahí observándote, escuchándote, sintiéndote, analizando cada uno de tus actos, palabras y actitudes. Tu hijo es tu espejo. Eres tú en miniatura. Obsérvalo y escúchalo. Es una réplica de ti mismo. Tu hijo te necesita a cada momento cuando es pequeño y siempre para poder hacerse mayor y convertirse en un adulto consciente. Esa es la ganancia y la riqueza de la familia.

 

+Lea: Las familias actuales

 

La Educación en Casa, en nuestro caso, nace como el proceso natural y espontáneo de disfrutar de la vivencia maravillosa de tener un bebé en casa con nosotros y ser responsables de él. Para nosotros como padres surgió esta opción ante el asombro del desarrollo precoz que ellos mostraron desde el primer momento. Nuestra vida comenzó a girar en torno a todas las experiencias cotidianas convirtiéndose cada una en una vivencia especial: el despertar, el bañarlos, el vestirlos, el alimentarlos, hablarles, reír, cantar, bailar, jugar, dibujar, modelar, actuar, saltar, correr, trepar, leer, escribir, pintar, cocinar, salir al parque, ver películas y videos; toda actividad y cada cosa fue tomando un significado fundamental en su crecimiento, desarrollo y aprendizaje. Estructuramos nuestro tiempo a partir de sus necesidades e intereses y optamos por estar con ellos y participar de todas sus actividades de manera activa siendo el apoyo y soporte a todos sus logros. Ahora somos sus managers y asesores en todos sus proyectos.

 

Homeschool, para nosotros, es nuestra filosofía de vida. Aprendemos juntos. Somos autodidactas. Elegimos recorrer el camino del conocimiento a través de la exploración y la investigación llegando al descubrimiento de nosotros mismos como seres inteligentes: protagonistas de nuestra propia historia. Hemos redimensionado el aprendizaje como la oportunidad de ser- estar y hacer a través de vivencias A MILES: en Amor y Alegría, en Movimiento y Motivación, con Interés e Intuición, en Libertad pero con la Laxitud de la Espontaneidad y el Entusiasmo de la vida cotidiana siendo totalmente Sinceros en el proceso y teniendo en cuenta la Singularidad de cada quien. Es nuestro propio sistema natural de aprendizaje basado en las necesidades y los intereses individuales; respetando el ritmo, espacio y tiempo particulares y trabajando en equipo en las áreas de interés común.

 

El sistema educativo tradicional -la escuela- nos ha venido absorbiendo en una espiral de actividades, tareas y compromisos que no nos dejan tiempo para compartir en familia. La escuela y el trabajo vienen asfixiando la convivencia familiar convirtiendo el hogar en un campo de batalla en el que lo más importante es cumplir con todo. Muchos padres terminan dándose cuenta que no conocen a sus hijos o que nunca han estado con ellos en realidad porque siempre están haciendo algo o hay algo por hacer. En nuestra sociedad actual, con padres y madres profesionales y productivos, los niños desde temprana edad (3meses) luego de la licencia de maternidad son sometidos al rigor de horarios estrictos, rutinas y hábitos: aseo, comidas, desplazamientos, clases, actividades, tareas, sueño que tienden a estructurar y sincronizar el tiempo de todos para poder mantener a los niños ocupados “haciendo algo” y permitir a las madres tener el espacio para poder trabajar afuera con el fin de tener recursos y completar un presupuesto digno que permita a la pareja sostener el hogar. Trabajar y producir se convierte en la prioridad fundamental de muchas familias sacrificando el tiempo para estar juntos y poder compartir. Desatendemos a nuestros niños en sus necesidades psíquicas básicas: amor, escucha atenta, compañía, asesoría, tiempo para compartir: jugar y dialogar, todo ello intangible pero que redunda en el bienestar emocional general de la persona y que propicia la energía, la satisfacción y el impulso para hacer todas las cosas que tenemos que hacer diariamente.

 

+Lea: Los nuevos desafíos para la familia y la educación

 

La educación en casa surge como la necesidad imperiosa de muchas familias de poder compartir y disfrutar de la compañía de sus hijos durante períodos de tiempo más largos que los que nos permite el sistema escolar; poder ser partícipes activos en el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus hijos y, adicionalmente, debido a las inclinaciones deportivas, artísticas, científicas y/o a las necesidades o intereses particulares de cada niño y cada familia.

 

Homeschool se convierte entonces en la mejor alternativa para muchas familias para lograr el objetivo de estar juntos más tiempo y a la vez poder educarlos desarrollando los talentos que cada niño tiene de una manera más flexible, lúdica e informal. De manera que elegir quedarse en el hogar y educar a los hijos en casa no es una decisión fácil y rápida ya que las críticas se suman, los ingresos se restan, el compromiso se multiplica y el tiempo se divide. Es una decisión analizada, reflexionada y tomada en familia con seriedad, tiempo y cabeza fría. Ser madre renunciando a desempeñar tu profesión, ganar tu propio dinero, avanzar en tu carrera, depender de tu pareja, sentirse reconocida y valorada socialmente son “sacrificios” que vale la pena asumir a la hora de evaluar los beneficios en la salud física, mental y emocional de nuestros niños y de nosotras mismas como personas. Ver a nuestros hijos crecer, desarrollarse, aprender y madurar a nuestro lado convirtiéndose en ciudadan@s ejemplares: responsables, autónomos y conscientes es el regalo más hermoso que nos hemos otorgado a nosotras mismas y el aporte que como mujeres damos a la sociedad en la que vivimos.

 

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Foto de bristekjegor. Tomada de Freepik