Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0
ANUNCIO
peter_banner_mag_3_0.jpg

Educación en libertad

Por José Manuel Carballido Cordero
Magisterio
15/12/2017 - 09:30
0
Foto tomada de Revista Internacional Magisterio No. 74

El presente artículo se propone demostrar, a partir de la teoría de la imposibilidad del socialismo de Mises, que la educación representa una necesidad individual y que, por tanto, encuentra una mejor satisfacción en el libre mercado y no en los sistemas educativos estatales. El docente del siglo XXI, por tanto, debe entender su labor más desde el punto de vista de la empresarialidad, lejos del rol tradicional desempeñado en centros educativos reglados. La educación en libertad requiere de un espacio exento de coacciones. El mercado se presenta así como la mejor alternativa para salvar el estado de franca decadencia de los sistemas educativos.

 

Palabras clave: Educación, Mises, Rothbard, mercado, libertad.

 

Para mi primera publicación en la Revista Internacional Magisterio se me solicitaron algunas reflexiones sobre educación en el marco del tema de la economía y los procesos de formación en el milenio. Inmediatamente pensé que la mejor forma de preparar mis notas era releyendo el librito que el gran economista, y filósofo libertario estadounidense, Murray Newton Rothbard escribió sobre el particular. Su título en inglés Education. Free and Compulsory, ya permite hacernos las primeras preguntas de capital importancia aquí: ¿Qué tipo de educación podrá ayudar mejor al individuo a formarse en el siglo XXI?; ¿el que se elige libremente o el impuesto obligatoriamente? ¿No se supone a priori que, mediante la educación, el ser humano persigue mayores cotas de libertad? De ser correcto dicho presupuesto, ¿quién querría, en su sano juicio, optar por una educación de partida ya obligatoria, es decir, donde el estudiante no ha elegido ni el qué, ni el cómo, el cuándo o el dónde y con quién desarrollar su actividad educativa? ¿Qué parte de responsabilidad tienen los padres o tutores de los menores en la elección de la mejor oferta educativa para sus hijos? ¿Dicha responsabilidad ha de ser delegada enteramente en el Estado?

 

En este sentido, Rothbard la tiene clara, al señalar que el objetivo principal y siniestro del establecimiento de un sistema educativo obligatorio por parte del Estado ha sido, desde su surgimiento en la época moderna, inculcar la idea de que los hijos “pertenecen al Estado y no a los padres”. La conclusión no puede ser otra que la perpetuación de la relación de obediencia al Estado de los individuos adiestrados en el sistema obligatorio, no su educación en y para la libertad. Como prueba de ello, en las últimas décadas estamos asistiendo a una intensificación de la legislación estatal contra todo tipo de propiedad privada, un ataque sistemático a los derechos del individuo, incluyendo el derecho a la auto-posesión de la persona. La intromisión regulatoria del Estado en la privacidad parece no tener límites. Por ello, queridos compañeros docentes, el tema de la educación resulta de especial relevancia para la causa de la libertad, como resistencia a estos ataques por parte del Estado.

 

Si no es en el sistema obligatorio de adiestramiento donde encontramos espacios para la educación en libertad, ¿a dónde debemos acudir? Para responder a esta pregunta, ¿resulta válida hoy en día la aparente distinción entre centros públicos y privados? Como veremos más adelante, el término público se ha corrompido hasta tal punto en manos del Estado que, incluso en el ámbito educativo, esta dualidad de términos acaba diluyéndose y, por tanto, termina por perder su sentido originario. Por tanto, la alternativa al sistema educativo obligatorio deberemos encontrarla más allá de la oferta “tradicional”, por así decir, propia del Estado del bienestar en el que nos encontramos. Dicha alternativa habremos de hallarla finalmente en el libre mercado. Quizás a muchos lectores de este artículo pueda extrañarles la idea de la educación como mercado. Pero antes de seguir, debo presentar qué entiendo por mercado, para que se pueda comprender mejor esta alternativa.

 

+Lea: Educación y globalización

 

Entonces, ¿qué es el mercado? Es un “proceso de cooperación” entre los que buscan unos bienes y servicios determinados, y los que ofrecen dichos bienes y servicios. Esta concepción de mercado como “proceso”, y no como “lugar”, introduce, frente a la idea neoclásica, más estática, un componente dinámico que será crucial para entender la oferta educativa ajustada a cada participante en el mercado: los gustos y necesidades del educando pueden cambiar a lo largo de la vida, cada persona tiene intereses y necesidades educativas diferentes, etc. Por lo tanto, el mercado como proceso se nos presenta como una mejor solución que el sistema uniformador impuesto por el Estado para el problema de la educación de los individuos en sociedad.

 

“El hecho fundamental más importante en el libre mercado es que solo habrá intercambio si ambas partes se benefician con el mismo”.

Milton Friedman.

 

¿Qué intercambio puede haber entre los educandos y un sistema educativo impuesto coercitivamente? Cualquiera que éste pueda ser, no es un intercambio libre. ¿Qué recibe un estudiante de dicho sistema durante 14 años? Déjenme responder a esta pregunta un poco más adelante.

 

Podemos definir entonces la “empresarialidad” como el rasgo más distintivo de la acción humana en libertad. En este sentido, Ludwig von Mises define la acción humana como comportamiento con un propósito, deliberado. Y dicho propósito se puede resumir en la idea de que el que actúa lo hace con vistas a mejorar su situación presente. Claramente, esta definición se ajusta para el caso de la educación. El educando busca, por medio de su instrucción, saber más, tener más y mejores habilidades para la vida. Quien invierte en educación hoy, busca un mejor estatus para mañana y, en cierto modo, así deberíamos vernos siempre, constantemente aprendiendo para mejorar nuestra situación actual. El educarse, por tanto, podría considerarse como una acción humana esencial y, de hecho, lo es para millones de personas. En conclusión, se requiere de “emprendimiento” para educarse. Algo que el actual sistema educativo no parece advertir.

 

Por eso, gracias al ejemplo de la educación, también podemos entender que toda intervención desde “arriba” sobre los procesos de mercado, acaba distorsionándolos. Los participantes en el mercado pierden así información relevante para percatarse de las oportunidades de beneficio. ¡Imagínense todas las oportunidades para aprender y educarse que pierde un estudiante durante 14 años en el sistema obligatorio!

 

Consecuentemente, debemos tener claro que el mercado no necesita que lo regulen, necesita que se le deje ser un proceso de libre encuentro entre sus participantes. Los errores del mercado, como hemos dicho antes, son subsanados por los empresarios, siempre y cuando éstos puedan percatarse de dichas oportunidades de beneficios. Un mercado intervenido, como muestra la teoría austriaca del ciclo, impide que los empresarios adquieran la información necesaria para subsanar dichos errores.

 

La fuerza que impulsa el mercado es la empresarialidad, o capacidad de emprendimiento que tienen los participantes en el mercado. El empresario es aquel capaz de percatarse de los errores de coordinación en el proceso de mercado, y de subsanarlos produciendo y ofreciendo aquellos bienes y servicios demandados. ¿El premio a tan fino olfato? El beneficio económico. La función empresarial, por tanto, juega un papel fundamental en la división del conocimiento y en la cooperación dentro del mercado.

 

ANUNCIO
inteligencia_emocional_v2_1.png

+Lea: Michael Apple: la expresión pedagogía crítica

 

¿Es el empresario alguien con unas dotes especiales? ¿La función empresarial se enseña en las escuelas de negocios? ¿Quién puede ser empresario? Todos los seres humanos estamos dotados de esa capacidad creativa de observar oportunidades de beneficio. Bien es cierto que, como cualquier don o habilidad, hay gente que tiene más que otra. Pero la clave está en la perseverancia, más que en la habilidad misma. Incluso los consumidores muestran esta capacidad a la hora de conseguir los bienes y servicios que necesitan a un precio más conveniente. Pero está claro que hay personas que han logrado ser más emprendedoras que la inmensa mayoría, y por eso su reconocimiento está más que justificado, ya que sus acciones producen un inmenso beneficio para la sociedad.

 

Además, la mayoría de nuestras interacciones son de tipo anárquico, es decir, no necesitamos de la intervención del Estado para generar esas oportunidades de beneficio, esa riqueza producto de los procesos de mercado. De hecho, las regulaciones (impuestos, legislaciones), suelen dificultar nuestras interacciones, más que facilitarlas. El caso extremo de un estado intervencionista son las dictaduras, donde la libre interacción de los individuos desaparece debido a la micro-regulación de la vida en sociedad. Así es como el profesor Huerta de Soto define el intervencionismo: “Es todo sistema de agresión institucional al libre ejercicio de la función empresarial”.

 

La educación como mercado no es una utopía, ya hay un mercado para la educación. Sin embargo, a nivel macro, la situación actual de la educación es una que podemos denominar de crowding out: como dejamos en manos del Estado la labor de educar, entonces la iniciativa privada termina despreocupándose del asunto. Esto llega al punto de que incluso los padres, directos responsables de la educación de sus hijos, de manera creciente delegan esta labor en el sistema educativo impuesto. Este es precisamente el objetivo del Estado al reglar la educación, como señalamos al mencionar el libro de Rothbard: quitarle, de alguna manera, los hijos a sus padres. Además, la supuesta alternativa de los colegios privados no es tal, pues el Estado, vía legislación, impone los contenidos curriculares a ser impartidos en los centros supuestamente no reglados. Así, ningún colegio privado puede difundir una ideología contraria o siquiera alternativa a la del Estado, so pena de perder su licencia o certificación.

 

Vivimos en una sociedad en la que la educación es ofrecida fundamentalmente por el Estado en forma de monopolio. Por tanto, la regla liberal del libre acceso al mercado educativo en este caso no se cumple. Por el contrario, el Estado aplica coercitivamente un modelo de planificación central de la educación, en donde los burócratas del ministerio son los que toman las decisiones sobre lo que millones de personas tendrán que estudiar, cómo, dónde y cuándo. Así, el concepto de lo público se ha corrompido debido a la intervención del Estado, pues favorece intereses particulares.

 

Igualmente, el concepto de educación “pública” se ha corrompido hasta el punto de significar en nuestros días “educación financiada coercitivamente a través del sistema impositivo” (Richman, 2000). Del mismo modo que se aplica de forma exitosa el teorema de Mises, de la imposibilidad del socialismo o intervencionismo en el terreno de la economía, se puede hacer en el de la educación. A fin de cuentas, la educación debe ser vista como parte del mercado y no como un sector de “especial interés” para el Estado.

 

El prejuicio o cliché de que si el gobierno no se ocupa de proveer los servicios educativos, nadie lo hará, con lo que aquellos que no pueden costearse una educación privada jamás recibirán una educación reglada, suele ser el principal argumento para justificar la intervención del Estado en el mercado educativo. Pero este argumento resulta ser una falacia, pues la educación, contrariamente a lo que mucha gente cree, no es un “bien público” que haya que proteger por medio de un derecho positivo. Esta es la visión que impone el actual Estado del bienestar sobre la educación, para incluirla en la relación de partidas de los impuestos generales.

 

+Lea: Conectar la educación superior con el sector productivo

 

Pero la educación no es un derecho de la sociedad (es decir, alguien tiene el deber de pagar por la educación en el país), sino del individuo (es decir, es mi obligación, a lo sumo la de mis padres o tutores). Y entender esta diferencia es crucial para llegar a la autenticidad de la educación, que es lo que aquí está en juego: para poder recuperar un verdadero concepto de educación, debemos primero ser conscientes del travestismo del mismo, provocado por la intervención del Estado.

 

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 74

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los que creen en la educación como derecho positivo esgrimen el argumento a favor de un sistema educativo estatal y obligatorio, ligado a la imposibilidad de los padres para educar a sus hijos directamente todo el tiempo: la incorporación de la mujer al mercado laboral, el cada vez más alto coste de la vida (debido, claro está, a la inflación imparable generada por el actual sistema financiero y monetario), lo cual obliga a los progenitores a permanecer más horas fuera del hogar, al tener que emplearse en muchos casos en más de un trabajo, lleva a muchos a concluir que son las escuelas del sistema las que deben encargarse de la educación de los hijos e hijas de los ciudadanos.

 

A su vez, esta resulta ser una justificación más del Estado de bienes, redistribuidor de la riqueza: los que más tienen deben pagar por la educación de los que menos tienen. Pero si aplicamos al caso de la educación el teorema misesiano de la imposibilidad del socialismo, entonces podemos afirmar que el Estado no tiene forma de saber cuáles son las verdaderas necesidades educativas de cada uno de los hijos e hijas de los ciudadanos. De hecho, como es imposible un cálculo cuantitativo y en tiempo real en este sentido, el Estado ofrece un pésimo servicio educativo a la sociedad.

 

El Estado es incapaz de producir bienes. Lo único que puede generar son “males”.

 

Hans-Herman Hoppe.

 

Y para muestra, un botón:

 

En realidad, si reflexionamos por un momento, podremos ver que todos estos pseudo-argumentos muestran una clara desconfianza hacia el mercado, y la iniciativa privada, a la hora de proponer soluciones para los escenarios contemplados: incapacidad de los que menos tienen y de los padres en general de hacerse cargo de la educación de los hijos. De hecho, incluso se llega a culpar directamente al capitalismo de dichas situaciones. Por lo tanto, la educación sería vista como otro fallo del mercado, por lo que el Estado debe intervenir hasta el punto de establecer un monopolio para este sector, monopolio directamente manejado por el gobierno, porque el mercado no puede ofrecer soluciones a los problemas que genera en este sentido. Como decía Israel Kirzner, ya en 1974, la “mentalidad anti-capitalista” ha impregnado la forma de pensar del hombre masa, el cual es, paradójicamente, el principal beneficiario del mercado. Y, por supuesto, la idea de que el mercado es el origen de todos los males de la sociedad constituye un faktum, una verdad incontestable para el estatus quo de la comunidad de intelectuales afines al poder político (Kirzner, 1974).

 

El argumento de que una educación de calidad es demasiado cara para la mayoría, se puede refutar fácilmente:

 

Un libre mercado que puede proporcionar a la sociedad todo tipo de bienes y servicios, puede con toda seguridad producir buena educación para la sociedad de masas. La clave reside en la empresarialidad (Sheldon Richman, Vicepresidente del Future of Freedom Foundation).

 

El mundo es un conjunto de procesos inconclusos, la sociedad cambia constantemente gracias a la interacción de miles de millones de seres humanos todos los días. Nuestros conceptos, incluido el de la educación, están siendo revisados continuamente en dicho marco. No obstante, la tendencia en este sector, como ya hemos mencionado con el fenómeno del crowding out, sigue siendo la de creer que el Estado planifica mejor porque conoce mejor lo que es la educación. Sin embargo, nuestro conocimiento es imperfecto, y no puede anticipar el futuro.

 

 

 

 

¿Qué es lo que implica en realidad la idea de propuestas como la ley de educación en Estados Unidos, popularmente conocida como “No child left behind”, que comienzo a ver replicada en Colombia? A veces pienso que en realidad el sistema educativo, diseñado como una especie de gran igualador, tiene como modelo la competencia perfecta de la escuela neoclásica en economía, arruinando así la idea liberal de competencia con el establecimiento de medidas intervencionistas, como la discriminación positiva.

 

El gran igualador que es este sistema educativo, con la excusa supuestamente moral de ser el más justo dentro de la democracia, en realidad genera innumerables situaciones de injusticia todos los días, al desactivar en los estudiantes la idea de tener que competir para destacar en el mundo. En su lugar, el constructivismo se ha convertido en la pedagogía dominante, eliminando la importancia del individuo, de la creatividad, de la superación personal. La innovación es penalizada. La iniciativa privada no tiene lugar en un sistema educativo reglado coercitivamente; es sustituida por el valor del aprendizaje colectivo, donde los aportes del individuo son siempre evaluados colectivamente.

 

La idea del gran igualador asfixia la natural iniciativa humana, este sistema educativo transmite la idea de que la competición es perjudicial para los niños. Yo digo: esto es un gran error. ¿Cómo van estos niños y jóvenes a aprender a descubrir oportunidades de beneficios y de crecimiento, si lo que se les enseña es a comportarse pasivamente y a depender constantemente del colectivo, no para cooperar los unos con los otros, sino para obedecer órdenes? ¿Cómo van a aportar a la sociedad si lo que este sistema educativo les inculca es delegar en los demás la toma de decisiones? No es de extrañar que el espíritu de estos futuros ciudadanos haya sido moldeado para no cuestionar jamás al Estado paternalista encargado de tomar las decisiones fundamentales que guiarán el resto de sus vidas.

 

Conclusión

 

Nadie puede educar a quien no quiere aprender. La educación requiere de un espíritu de búsqueda permanente por parte de quien quiere aprender. Educación es auto-motivación para encontrar las respuestas, elegir lo que realmente se quiere estudiar, cómo, cuándo y dónde. Solo el actor principal de su educación puede comprender cómo encajar las piezas del puzle de su formación. El sistema reglado de adoctrinamiento estatal ha generado la imagen de que aprender es un ejercicio pasivo, donde otros deciden por ti qué debes aprender, cómo, cuándo, dónde, a través de quién.

 

En este breve ensayo he intentado mostrarles que no existe ningún argumento serio que pueda defender la necesidad de esta intervención. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de nosotros ha sufrido el rigor de este modelo educativo en su proceso de crecimiento. Desactivar esa creencia en cada uno de nosotros, una vez que somos conscientes de su falacia, puede requerir de un esfuerzo titánico de nuestra parte. Muchos no lo lograrán jamás. Pero si queremos creer en un mejor futuro para nuestra sociedad, y en una educación para la libertad, es posible.

 

Referencias

 

Coulson, Andrew J. (2012). Public School Spending. There’s a Chart for That! Obtenido desde www.cato.org

 

Friedman, Milton. (2012). Capitalismo y libertad. Madrid: Síntesis.

 

Gobierno de los Estados Unidos de América. Administración de George W. Bush. (s.f.). No Child Left Behind Act. Obtenido desde http://www2.ed.gov/nclb/landing.jhtml

 

Huerta de Soto, Jesús. (2010). Socialismo, cálculo económico y función empresarial. Madrid: Unión Editorial.

 

Kirzner, Israel. (1974). The Ugly Market: Why Capitalsim Is Hated, Feared and Despised. Obtenido desde www.fee.org

 

Kirzner, Israel. (1995). Creatividad, capitalismo y justicia distributiva. Madrid: Unión Editorial.

 

Kirzner, Israel. (1998). Competencia y empresarialidad. Madrid: Unión Editorial.

 

Mises, Ludwig von Mises. (2010). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

 

Mises, Ludwig von Mises. (2007). El socialismo. Madrid: Unión Editorial.

 

Richman, Sheldom. (2000). Can the Free Market Provide Public Education? Obtenido desde www.fee.org

 

Rothbard, Murray N. (1999). Education. Free and Compulsory. Auburn, Ala.: Ludwig von Mises Institute.

 

 

1 José Manuel Carballido Cordero nació en el sur de España, actualmente vive en Medellín, Colombia. Docente de Filosofía, Ética y Economía en el Colegio San Ignacio de Loyola. Magister en Economía, Universidad Rey Juan Carlos de Madrid; Licenciado en Filosofía por la Universidad de Granada.